Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.448. LA INFLACION ALEMANA / JOSEP PLA


Más prusificados que nunca

Berlín, agosto.-Toda la vida de Alemania se sitúa hoy bajo este hecho: el Gobierno de Cuno, para mantener la resistencia en la cuenca del Ruhr, ha dado préstamos enormes a los industriales. Con este dinero, los industriales han pagado el  jornal a los obreros, y así han asegurado la resistencia pasiva. Estos préstamos se han hecho a largo plazo, a sesenta, a noventa días. No obstante, en el transcurso del plazo para devolver los préstamos, los industriales han hecho que bajara el marco. Ello quiere decir que cuando llega el momento de liquidar los préstamos, el Estado recibe una cantidad nula. Y esto es así no porque los empresarios no devuelvan rigurosamente la cantidad que les ha dejado el Estado, sino porque esa cantidad, en el transcurso del plazo concedido, ha perdido su valor de adquisición. La cantidad prestada tenía, hace noventa días, en el momento de firmar el préstamo, un valor de adquisición, digamos, por ejemplo, de mil, mientras que, en el momento de la liquidación, a duras penas tiene un valor de diez.

Este es el gran hallazgo de la industria alemana. Toda la vida de Alemania en la actualidad está influida por este hecho. Yo pago doscientos marcos al día por mi habitación. El trato lo hice el lunes pasado, es decir, cuando doscientos mil marcos valían dos pesetas. Al final de la semana, liquidaré mi cuenta. Pero al final de la semana se habrá producido un hecho extraordinario. El marco habrá bajado. El sábado, antes de hacer cuentas con el propietario de mi hotel, para tener doscientos mil marcos, habrá suficiente con una peseta. De forma que yo habré dormido una semana entera a mitad de precio.


INCIPIT 1.447. OCHO ENTREVISTAS INVENTADAS / VILA-MATAS


MARLON BRANDO

«Sé que puedo terminar asesinado como los Kennedy o Luther King»

Marlon Brando ha iniciado su nueva actividad de «apóstol de la paz». Echando por la ventana, momentáneamente, más de veinte años de fabulosa carrera, el actor ha decidido dedicarse en alma y cuerpo a la gran batalla contra la guerra, contra las injusticias sociales y las discriminaciones raciales que conmueven su país y el mundo entero. El gesto de Brando, obviamente, ha despertado vivo estupor en los ambientes artísticos internacionales. Muchos lo han atribuido a su carácter extravagante, a esa pizca de locura que, según algunos, se esconde desde siempre en su cerebro. La línea de conducta de Marlon, sin embargo, por lo menos hasta este momento, se muestra intachable y coherente, desde todos los puntos de vista.


H.


La inflación alemana, Josep Pla, p. 317

La característica de Hitler es el impermeable. Es un impermeable vulgar, con cinturón y solapas grandes, pero parece el patrón del que han salido los impermeables vulgares, con solapas grandes y cinturón. En la manga del impermeable, Hitler lleva una gran cruz teutónica. Esta cruz, hoy, en Alemania, es el signo anti judío. Los judíos usan los dos triángulos superpuestos e invertidos. Los anti judíos usan una cruz con unas prolongaciones hacia los cuatro lados que le dan la impresión de ser una cruz con patas.

-La situación política en Alemania --dice Hitler para empezar- es desde el punto de vista de la dignidad de nuestro partido, desde el punto de vista de la dignidad de la raza, verdaderamente intolerable. Nosotros estamos decididos a todo, menos a petrificarnos en este estado de vergüenza y de abyección. La guerra es preferible, infinitamente preferible, a la continuación de esta abyecta servidumbre. En todas partes del mundo han triunfado los hombres de orden, de puño de hierro, los patriotas, los verdaderos amigos de su país. Aquí estamos aún dominados por una serie de experimentadores siniestros, vendidos al extranjero, marxistas y judíos. Todo esto se debe expeler. Sobre todo, tenemos que resolver de una forma general, con una explosión en los cuatro puntos cardinales del Imperio, el problema judío. Este problema lo resolveremos con la expulsión en masa. Tenemos un precedente en lo que hizo España con los judíos. Nosotros, sin embargo, corregiremos la solución española. No les dejaremos a los judíos la opción de la conversión o la expulsión, como hizo España. No. Estamos a favor de la expulsión pura y simple. Para España, el problema judío era un problema religioso: para nosotros es un problema de raza. Aquí, en Baviera, ya se está expulsando a los judíos, que no son ciudadanos bávaros. Es un primer paso para la expulsión general.


NAZISMO


La inflación alemana, Josep Pla, p. 248

Ya os podéis imaginar el estado de ánimo de toda esta pobre gente, la indignación y el pánico se traducen a menudo en puro y simple saqueo. Y también ustedes podrán figurarse la confusión que reina en las tiendas. Los precios están a expensas del humor del vendedor. A veces por comprar una botella de vino del Rin te piden cuarenta céntimos y de un cuarto de kilo de margarina te cobran cinco pesetas. Todo está patas arriba porque la gente ha perdido la carta de navegación.

Lo mismo que pasa en las tiendas ocurre en las casas de cambio. La gente, aterrorizada, invade las casas de los cambistas. Esta es la batalla diaria de todos los extranjeros que vivimos en Berlín. Como en esta batalla nos va la comida y la cena, tenemos las ideas muy claras y hacemos todo lo necesario para llevarlas a cabo. No nos privamos de nada. No es raro tener que hacer cola una tarde entera para conseguir los marcos suficientes para ir a cenar, y aún es más usual acabar a puñetazos con gente de todas las razas. La solidaridad humana, ante un trozo de papel con una hilera de ceros, se rompe con una facilidad aterradora.

Las calles tienen un aspecto de anormalidad. La policía no deja llegar al centro de Berlín a las cuadrillas, y las criaturas hambrientas se cuelan, y es raro el día en que la policía no tenga que disolver, ante la Casa de la Ciudad de Berlín especialmente, a manifestantes que gritan:  «¡Tenemos hambre! ¡Tenemos hambre!». Y esto no es solo cosa de parados. A pesar de la censura en los periódicos, se sabe que los obreros que tienen empleo han hecho manifestaciones en el interior de sus fábricas. Las direcciones de las fábricas importantes están vigiladas militarmente. Camiones llenos de policías armados hasta los dientes patrullan constantemente las calles. Y, a veces, pasa un camión cargado de obreros pálidos y endemoniados, esposados, estos pobres obreros alemanes que llevan sombrero hongo y sobre todo de tela fina.


MONDADIENTES


La inflación alemana, Josep Pla, p. 207

Un vecino nuestro, entre plato y plato, tomó un mondadientes y empezó a hacer una operación muy común en Alemania. Para un inglés limpiarse los dientes con un palillo en público es algo injustificable. En Barcelona, en cambio, usar un palillo es algo normal y hay mucha gente que va por la calle con su palillo tras la oreja. Es triste el espectáculo que dan los restaurantes en Barcelona después de que la gente haya comido. Los clientes, con el correspondiente palillo en la boca, empiezan a hacer todo tipo de ruidos, sonidos de succión, principalmente de forma que a esa hora los restaurantes parecen jaulas de pájaros. En Alemania, se ha adoptado el sistema ecléctico: es lícito limpiarse los dientes, pero es obligatorio poner la mano izquierda sobre la boca de forma que esconda las manipulaciones de la derecha. El conjunto forma un grupo escultórico poco recomendable. Estábamos en estas, y el vecino de nuestra mesa pidió la cuenta. El camarero se la dio, el señor pagó y se fue, y otro camarero vino a recoger los platos. Hasta aquí todo era normal pero, de repente, en un momento determinado el camarero dejó los platos y salió corriendo como un loco hacia la calle. Hubo un movimiento de expectación en el restaurante. Al rato, entraron mi vecino de mesa y el camarero.

-Perdone -dijo el camarero-. Usted ha usado tres mondadientes. Valen un millón y medio de marcos ...

El otro, evidentemente turbado, pidió perdón. Se sacó un montón de papeles del bolsillo y pagó su deuda.


LA INFLACION ALEMANA


La inflación alemana, Josep Pla, p. 94

La vida caótica

Berlín, agosto.-El catastrófico descenso del marco empieza de verdad a dar a la vida de este lugar un aspecto caótico y fantástico. No hay ningún precio seguro. Sales por la mañana de tu casa con el dinero que aproximadamente crees que te será necesario para vivir un día y te das cuenta, por la noche, de que el millón o millón y medio que te habías reservado para pagar la cuenta del restaurante no te sirve para nada. El millón se ha evaporado. Uno cree que llevaba en el bolsillo cuatro duros y la cotización de la bolsa te dice que solo tienes diez pesetas. Si te da pereza ir a casa a buscar más dinero, tienes que conformarte con reducir la cena. Esto, naturalmente, no es nada agradable. Sin embargo, lo único que puede consolar a los que tienen dólares o pesetas es que mañana irán a la banca y les darán, por el mismo pequeño billete de veinticinco ----dólares o pesetas-, el doble de papelamen en marcos. Ustedes serán el doble de ricos, su fortuna habrá crecido como la levadura, pero también serán el doble de pobres.


INCIPIT 1.446. MECANISMOS INTERNOS / JM COETZEE


ITALO SVEVO

Un hombre-un hombre muy grande al lado del cual uno se siente muy pequeño- te invita a conocer a sus hijas con la idea de que escojas a una de ellas para desposarla. Son cuatro y todos sus nombres empiezan con A; tu nombre empieza con Z. Vas a verlas a su casa y tratas de iniciar una conversación amable, pero de tu boca no dejan de salir insultos. Te das cuenta de que estás haciendo chistes subidos de tono; esos chistes solo reciben como respuesta un silencio helado. En la oscuridad, susurras palabras seductoras a la A más bonita; cuando se prende la luz descubres que estabas cortejando a la A bizca. Te apoyas en tu paraguas con actitud despreocupada; el paraguas se parte en dos; todos se ríen.

Suena a pesadilla, o si no a uno de esos sueños que, en manos de un talentoso intérprete de sueños vienés, Sigmund Freud, por ejemplo, revelarían toda clase de cosas embarazosas sobre ti. Pero no es un sueño. Es un día en la vida de Zeno Cosini, protagonista de La coscienza di Zeno, una novela de !talo Svevo (1861- 1928). Si Svevo es un novelista freudiano, ¿lo es en el sentido de que enseña cómo la vida de la gente común y corriente está llena de lapsus y parapraxias y símbolos, o en el sentido de que, usando La interpretación de los sueños y El chiste y su relaci6n con el inconsciente y Psicopatología de la vida cotidiana, se inventa un personaje cuya vida interior parece salida de un manual freudiano?


INCIPIT 1.445. LOS ULTIMOS DIAS DE ROGER FEDERER / GEOFF DYER


01.

«The End» es el último tema del primer álbum de los Doors, lanzado en enero de 1967 y grabado el agosto anterior, cuando la banda llevaba junta poco más de un año. Surgió de múltiples actuaciones en vivo en el Whisky a Go Go de Hollywood, aunque no ha sobrevivido ninguna grabación de esas versiones que evolucionaron hacia la canción. Desde el principio en el Go Go, por tanto, Jim Morrison se obsesionó con el final, y no solo con «The End». «When the Music's Over» termina con reiteradas garantías de que la música es tu única amiga «hasta el final». Es una apuesta segura, contemplar o proclamar el final así; el tiempo te demostrará que acertabas. «The End» fue la última canción que el cuarteto interpretó en vivo, en el Warehouse de Nueva Orleans, el 12 de diciembre de 1970. En marzo del año siguiente, Morrison, de veintisiete años, se mudó a París, donde fue encontrado muerto en la bañera de su apartamento el 3 de julio.


WILLIAM FAULKNER


Mecanismos internos, JM Coetzee, p. 207

«Ahora me doy cuenta por primera vez -le escribió William Faulkner a una amiga, recordando desde la posición ventajosa que le daba estar en plena cincuentena- de qué asombroso don he tenido: haber hecho, sin ninguna clase de educación formal, sin siquiera tener compañeros muy instruidos, mucho menos literarios, las cosas que hice. No sé de dónde salieron. No sé por qué Dios o los dioses o quien fuera me escogió a mí de recipiente.»

Esa incredulidad que con estas palabras asegura sentir Faulkner no es del todo sincera. Para la clase de escritor que quería ser, tenía toda la educación, incluso todo el conocimiento libresco, que necesitaba. En cuanto a la compañía, tenía más que ganar de vejetes parlanchines de manos nudosas y larga memoria que de littérateurs decadentes. De todas maneras, es normal un grado de asombro. ¿Quién habría imaginado que un muchacho de un pequeño pueblo de Mississippi sin ninguna distinción intelectual excepcional se convertiría no solo en un escritor famoso, célebre en su país y en el extranjero, sino también en la clase de escritor en la que se convirtió: uno de los innovadores más radicales de los anales de la ficción estadounidense, un escritor de quien aprenderían las vanguardias europeas y latinoamericanas?


WALTER BENJAMIN


Mecanismos internos, JM Coetzee, p. 58

A estas alturas, la historia es tan conocida que prácticamente no hace falta volver a contarla. El escenario es la frontera francoespañola; el año, 1940. Walter Benjamín, que estaba huyendo de la Francia ocupada, busca a la esposa de un tal Fittko, que ha conocido en un campo de concentración. Entiende, le dice a frau Fittko, que ella podrá pasarlos a él y a sus compañeros a la España neutral a través de los Pirineos. Cuando la mujer lo lleva a reconocer la mejor ruta, nota que él ha traído consigo una pesada cartera. “¿Es realmente necesaria?», le pregunta. «Contiene un manuscrito -responde él-. No puedo arriesgarme a perderlo. Debe salvarse. Es más importante que yo.»

Al día siguiente, mientras cruzan las 1nontañas, Benjamin se para a descansar cada pocos minutos a causa de su debilitado corazón. Cuando llegan a la frontera los detiene la policía española. Sus papeles no están en orden, les dicen; tienen que volver a Francia. Desesperado, Benjamín toma una sobredosis de morfina. La policía hace un inventario de las pertenencias del difunto. En ese inventario no se menciona ningún manuscrito. Solo podemos hacer conjeturas sobre qué había en la cartera y dónde fue a parar su contenido. Gershom Scholern, amigo de Benjamín, sugirió que la obra desaparecida era la última revisión del todavía inconcluso Passagen- Werk, conocido en inglés corno el Arcades Project [y en castellano como Libro de los Pasajes]. («Para los grandes escritores -escribió Benjamín-, las obras terminadas pesan menos que aquellos fragmentos en los que trabajan durante toda su vida.») Pero gracias a su heroico esfuerzo por salvar su manuscriro de los fuegos del fascismo y de transportarlo consigo a España, que él creía que era un lugar seguro, y más adelante, a Estados Unidos, Benjamín se convirtió en un icono del erudito de nuestros tiempos.

Por supuesto, la historia tiene un final feliz. Georges Bataille, amigo de Benjamín, había ocultado una copia del manuscrito de los Pasajes en la Bibliotheque Nationale. Recuperado después de la guerra, se publicó en 1982


ROBERT WALSER


Mecanismos internos, JM Coetzee, p. 33

Robert Walser nació en 1878 en el cantón de Berna, el séptimo de ocho hijos. Su padre, formado como encuadernador, tenía una tienda de artículos de papelería. A los catorce años, sacaron a Robert de la escuela y lo pusieron como aprendiz en un banco, donde desempeñaba tareas de oficina de manera ejemplar hasta que, sin previo aviso, poseído por el sueño de convertirse en actor, dejó el puesto y huyó a Stuttgart. Una vez allí, se presentó a una audición, que terminó siendo un fracaso humillante: lo rechazaron por demasiado acartonado, demasiado inexpresivo. Abandonadas sus ambiciones escénicas, resolvió convertirse -«si Dios quiere»- en poeta.3 Vagaba de empleo en empleo, escribiendo poemas, bocetos en prosa y pequeñas obras en verso (dramolets) para la prensa, con bastante éxito. Insel Verlag, editorial de Rilke y Hofrnannsthal, no tardó en publicar su primer libro.

En 1905, con el objetivo de hacer avanzar su carrera literaria, siguió a su hermano mayor, un exitoso ilustrador de libros y escenógrafo, a Berlín. Como medida prudente, también se inscribió en un instituto de formación de sirvientes y durante un corto período trabajó como mayordomo en una casa de campo, donde llevaba librea y respondía al nombre de «monsieur Robert ». Sin embargo, en poco tiempo, descubrió que podía mantenerse con las ganancias que le reportaba la escritura. Su obra comenzó a aparecer en prestigiosas revistas literarias y él era bien recibido en círculos artísticos serios. Pero no le resultaba fácil acomodarse al papel de intelectual metropolitano. Después de unas copas, tendía a mostrarse grosero y agresivamente provinciano. Poco a poco fue alejándose de la sociedad para vivir de manera solitaria y frugal, pasando la mayor parte del tiempo en pequeñas habitaciones.


BARBARA LENNIE


La llamada, Leila Guerriero, p. 336

El 25 de abril de 2022, el periodista Manuel Jabois entrevistó en el diario El País, de España, a Bárbara Lennie, que se preparaba para el estreno de la obra de teatro Los farsantes. Jabois comenzó preguntándole por sus orígenes. Ella dijo: «Mis padres se fueron de Argentina y me tuvieron en Madrid, y en cuanto pudieron nos fuimos de nuevo a Buenos Aires. Allí viví hasta 1990. Después nos volvimos definitivamente a España». «¿Por qué se fueron sus padres?», preguntó Jabois. «Exilio. Mi padre salió de Argentina a Brasil, y de ahí a España. Luego le siguió mi madre. Tenían grados diferentes de militancia, los dos estaban en contra de la dictadura militar y fueron perseguidos.» «La política», dijo Jabois. «Es parte de mi identidad. En mi familia lo han atravesado casi todo. Mi tía es una desaparecida. Mi otra tía tuvo que exiliarse en Brasil, vive allí. Mis abuelos han estado secuestrados en la ESMA, mi otra tía también fue torturada.» «Sus abuelos», dijo Jabois. «Eran montoneros. Los secuestraron para interrogarlos por mi tía, su hija, a la que desaparecieron.» «¿Tiene hermanos?» «Mi padre tuvo una hija con una mujer que también estuvo secuestrada en la ESMA. Joder, es un horror. En algún momento tengo que hacer algo con todo esto.»


INCIPIT 1.444. PASOLINI, MASACRE DE UN POETA / SIMONA ZECCHI


EL PORQUÉ DE UNA NUEVA INVESTIGACIÓN

Investigar la muerte de Pier Paolo Pasolini en los últimos veinticinco años ha adquirido un cariz inesperado y turbulento. No ha sido una excepción la tercera y última serie de pesquisas  preliminares iniciadas en marzo de 2010 por la Fiscalía de Roma que, aunque ha dedicado más tiempo del habitual al análisis de los hechos, no ha logrado esclarecer uno de los casos más turbios de la historia de Italia. Un caso que siempre se ha querido confinar dentro de las convenientes murallas del «misterio» y que corre el riesgo de permanecer en esta situación para siempre. Estos cinco años de investigación parecían presagiar una conclusión diferente, pero no ha sido así. En mayo de 2015, el caso fue archivado, y de este modo, se mantiene la frustración de aquellos que todavía sienten la necesidad de entender lo que realmente ocurrió esa madrugada entre el 1 y el 2 de noviembre de 1975 en el Idroscalo de Ostia.

Las premisas de las últimas investigaciones eran numerosas. A las pruebas científicas, que constituyeron el principal elemento novedoso, se sumaron una abundante serie de exhaustivas indagaciones, impensables hace cuarenta y siete años. Del análisis de la ropa de Pasolini y de Pino Pelosi ( el único condenado por la muerte del poeta) y de algunos objetos surgieron cinco nuevos perfiles genéticos que se sumaron a los de los dos históricos protagonistas: un enorme paso adelante en la búsqueda de la verdad. Con el paso del tiempo, sin embargo, esta novedad resultó tener un «recorrido limitado». No solo porque no se ha podido determinar la fecha de los rastros identificados en los hallazgos, sino también porque fue imposible enlazar los cinco perfiles encontrados con los de los sospechosos presentes en las bases de datos.


INCIPIT 1.443. LA LLAMADA / LEILA GUERRIERO


Empieza con un cántico en latín, en una terraza.

Hay viento la noche del 27 de noviembre de 2022 en Buenos Aires. La terraza corona un edificio de dos plantas que retiene una firme autoconciencia de su belleza con esa altanería refinada de las construcciones antiguas. Se llega a ella después de atravesar un corredor extenso cubierto de paneles de vidrio ensombrecidos por el hollín -un detalle que aporta humanidad, un defecto necesario- y subir una escalera, una ascensión virtuosa de mármol blanco. Inserta en el centro de la manzana, la terraza parece una balsa rústica rodeada por olas de edificios más altos. Todo luce atacado por una sequedad armónica, un ascetismo de diseño (lo que no es extraño puesto que dos de las personas que viven aquí son arquitectas): cañas indias, enredaderas, bancos largos, sillas plegables de lona, una banqueta con almohadones blancos. La mesa, de madera cruda, está debajo de una tela de media sombra que se agita con lo que fue primero brisa y ahora es un viento fresco que despeja el calor ingobernable del fin de la primavera austral. En la parrilla se cocinan a fuego lento morcillas, pollo, lomo. Cada tanto, uno de los dueños de casa, el fotógrafo Dani Yako, se acerca hasta allí para controlar la cocción. Está, como siempre, vestido de negro: chomba Lacoste, jeans. Hace algunos años tenía un bigote aparatoso. Ahora lleva barba corta, los mismos anteojos de marcos gruesos.


UN POCO DE PLACER


La llamada, Leila Guerriero, p. 245

-Porque me daba miedo, porque tenía pánico. Ya bastante estaba diciendo en esos putos juicios, hablando siete horas y media, como para además poner toda la carne al asador. «¿Y usted cómo no se resistió?» El juez de este último juicio me preguntaba: «¿Dónde la llevó la primera noche, la segunda, la tercera, la cuarta?». Le dije: «¡Mire, no las contaba!». Desde el momento del secuestro, no hay nada que pueda ser considerado que se hace por voluntad propia. Pero que en determinadas circunstancias tú hayas podido incluso tener placer sexual en esa situación, que era una violación, es perfectamente comprensible. En medio de esa noche oscura, donde estabas solo como un perro, que un tipo, aunque fuera un represor, te hiciera una caricia y te tratara humanamente, bueno, chica, no deja de ser una violación, pero por lo menos en ese mínimo momento evades. Un poco de placer. Una descarga. Pero todo eso es como un tabú. Como el tema del consentimiento. En el campo, el consentimiento no existe. Ni aunque hubieras follado con ese tipo mejor que con nadie en tu vida. Aun así es una violación. Todo eso que ocurre está condicionado por una situación de amenaza brutal. Pueden hacer contigo lo que quieren. Cortarte en pedacitos, secuestrar a tu hijo, a tu madre, a tu tía. ¿Fue una violación aunque hubiera placer? Por supuesto que sí. Yo creo que hay un sustrato terriblemente machista y no queda del todo claro que las mujeres no provocamos las violaciones.La justicia es troglodita, y la violada es la provocadora,la sucia.


SILVIA LABAYRU


La llamada, Leila Guerreiro, p. 170

-No lo fue pero lo era para mí. La situación era muy humillante. Entre mujeres siempre parece una cosa suave. Y no. Hay cosas que no te gustan y no te gustan. Además, yo tenía mucho miedo. Porque, como no me llevaba tapada, sabía dónde iba. Y esta violación por parte de su esposa no me atrevía a contarla. No solo eso, sino que me costó mucho entender que ella también era una violadora. Además, en esa época denunciar una violación era objeto de doble condena. En el mundo militante, que las secuestradas denunciáramos las violaciones venía a perjudicar la moral revolucionaria, la imagen de los montoneros. A Sara Solarz de Osatinsky, la esposa de uno de los máximos militantes montoneros, Marcos Osatinsky, que estaba en la que le habían matado a su marido y a sus dos hijos, un ahí adentro la violó durante meses y ella en uno de los juicios lo declaró. Se la querían comer porque había mancillado el nombre de Osatinsky. Entonces estos excompañeritos que militan tanto los derechos humanos prefieren que las violaciones queden impunes antes que este tema tan escabroso salga a la luz. Ellos mismos no las entienden como violaciones. Y nosotros tampoco teníamos tan claro que lo que ocurrió había sido una violación. Se empezaban a cruzar cosas: ¿hasta qué punto me he prostituido? Pero ahí dentro tú no decides nada. En un campo de concentración no hay  consentimiento posible. Te dicen: «Sí, te violaron, fue forzado, pero bueno, a lo mejor te gustó”. Y si me gustó, ¿qué? ¿Es menos violación? No. Es lo mismo. Además, en ese lugar tenías que hacer que no se te notara el miedo, el rechazo. Todo era: «Qué suerte, gracias por violarme, esto me va a hacer bien para mi recuperación».


ARGENTINA 1976


La llamada, Leila Guerriero, p. 167

Causa por violación, 2021. Hechos probados: «No recordaba si a la tercera o cuarta vez la sacó del mismo modo de la ESMA y le dijo que la iba a llevar a su casa, donde le exigió que tuviera relaciones sexuales con él y con su esposa. Le dijo que su esposa sabía cuál era su condición y ella tenía que decir que era una prisionera que estaba siendo muy bien tratada, que esta, ba bajo lo que ellos llamaban proceso de recuperación [ ... ]. La llevó en coche a su domicilio que estaba situado en la calle Marcelo T. de Alvear 1960 [ ... ]. Cuando entró, la señora la saludó con normalidad [ ... ]. La mujer era alta, de pelo oscuro, corto, lacio, delgada, ojos marrones, y su hija, llamada María Virginia, estaba durmiendo en la cuna en su cuarto. Después de estar un rato hablando con la esposa, le dijo que se llamaba Amalia Bouilly. La llevaron a su habitación, la desnudaron y le pidieron que tuviera sexo con ellos [ ... ], la niña durmiendo en el cuarto de al lado. [ ... ] él la penetró, ella le pedía cosas, le pedía que la besara, que la tocara, que le practicara sexo oral, le chupaba los pechos que estaban muy dañados por la tortura [ ... ]. Luego le exigieron dormir con ellos en la cama matrimonial y durante la noche, en el momento en que la esposa estaba dormida, él volvió a penetrarla. A la mañana [ ... ] se vistió y él la sacó de allí en el coche y le exigió que no comentara con nadie a dónde la había llevado [ ... ] estas violaciones conjuntas [ ... ] ocurrieron más veces, como cinco o seis [ ... ]. Una de las veces en que su padre estaba en vuelo [ ... ]. González se presentó allí con su mujer y la violaron los dos, en la casa de su padre».


PASOLINI

Pasolini, muerte de un poeta, Simona Zecchi, p. 225

Jóvenes enloquecidos, ebrios o neuróticos deambulan por las calles de Catania con el pelo enredado o revuelto, sus siluetas deformadas por pantalones que solo les sientan bien a los americanos: deambulan con un aíre satisfecho y provocador, como si fueran los depositarios de un nuevo conocimiento. En realidad, se conforman con la imitación perfecta del modelo de otra cultura. Han perdido la moral y su arcaica ferocidad se manifiesta informe




LA ESMA


La llamada, Leila Guerriero, p. 19

El predio de la ESMA ocupa diecisiete hectáreas. Desde el 24 de marzo de 2004, y por decreto del entonces presidente Néstor Kirchner, ya no lleva el nombre de Escuela de Mecánica de la Armada y es el Espacio Memoria y Derechos Humanos. Muchos le dicen «la ex-ESMA». Todas las personas entrevistadas para este libro la siguen llamando como entonces: «Vamos a la ESMA», «Nos encontramos en la ESMA», «Me llamaron desde la ESMA». Funcionan allí, en diversos edificios, el Museo Sitio de Memoria ESMA, el Archivo Nacional de la Memoria, la Casa por la Identidad, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, el Espacio Cultural Nuestros Hijos, el Museo Malvinas, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Equipo Argentino de Antropología Forense, entre otras cosas. Está casi al final de la avenida del Libertador -una vía amplia con construcciones elegantes en las que vive parte de cierta aristocracia criolla tradicional-, a pocas cuadras del límite entre la ciudad y la zona norte del conurbano bonaerense.


LORD PEPITO


Tres enigmas para la Organización, Eduardo Mendoza, p. 364

Desde hacía algo más de una década se había afincado en Palamós un aristócrata inglés, de apellido Jenkins, hombre de unos cincuenta años de edad, robusta constitución, talante expansivo y cuantiosa fortuna. Pagando a tocateja y sin regatear un euro había comprado una casa moderna, de dos plantas, con jardín, piscina y vista al mar en la urbanización del Club de Golf Can Masclet, algo alejada del núcleo urbano, así como un amarre en el puerto deportivo de Palamós, donde tenía atracado un bonito yate de setenta metros de eslora. Nadie entendía la razón de aquellas dos adquisiciones, porque su propietario no jugaba al golf y apenas salía a navegar, razón por la cual la embarcación no disponía de tripulación fija: su dueño la contrataba para cada singladura. En cambio, utilizaba con cierta frecuencia el yate para dar unas fiestas fastuosas en las que todos los invitados se emborrachaban y algunos se caían por la borda, siendo de inmediato rescatados por la policía de costas. De este modo, míster Jenkins adquirió notoriedad entre los habitantes de la localidad, donde se le conocía por el sobrenombre de Lord Pepito.

La existencia de Lord Pepito discurría por cauces tranquilos y previsibles la mayor parte del año; sólo de cuando en cuando un asunto requería su presencia en Londres o en otro punto del planeta; entonces Lord Pepito se ausentaba por periodos indeterminados, a veces de hasta tres meses, transcurridos los cuales, regresaba a su casa de Can Masclet y daba una fiesta en su yate. Nunca contaba nada sobre estos viajes repentinos, pero a veces insinuaba tener estrechos contactos con el MIS, con el MI6 e incluso con el MI7. Esta última afirmación arrojaba dudas sobre la veracidad de las anteriores.


INCIPIT 1.442. TRES ENIGMAS PARA LA ORGANIZACION / EDUARDO MENDOZA


Barcelona, primavera del año 2022.

En la calle Valencia, a escasos metros del Paseo de Gracia, refulgente de hoteles suntuosos y tiendas lujosas de grandes marcas internacionales, casi enfrente del pequeño pero simpático museo de antigüedades egipcias, donde no faltan momias, sarcófagos y tablillas, así como un número indeterminado de figuritas, se levanta un edificio estrecho, de estilo decimonónico, fachada de piedra gris con algunos relieves florales, balcones alargados con barandas de herraje y zaguán oscuro. No hay portero y es inútil pulsar el interfono. En las gruesas jambas de la puerta de entrada, una docena de placas de latón indican que el edificio, destinado en  sus orígenes a vivienda de familias acomodadas, está ocupado ahora por oficinas. Las placas que corresponden al segundo piso son cuatro.


INCIPIT 1.441. GORDO DE FERIA / ESTHER GARCIA LLOVET


Un borracho. Un borracho de Semana Santa. Un borracho de Semana Santa atraviesa la plaza Mayor de la capital de España, son las cinco de la tarde, parece que va hablando por el móvil pero la verdad es que no tiene móvil porque se lo han robado hace horas y no se ha dado ni cuenta. Habla solo. Se llama de usted.

-Qué cosa más rara me ha pasado -dice el borracho.

El borracho se ha puesto a mirar una obra de canalización. En realidad se ha quedado apoyado

en la valla amarilla que ponen en las obras para tener algo a lo que agarrarse, porque como se suelte sabe que se va al suelo, derecho a la zanja que hay en cualquier calle, las zanjas, las largas y hondas trincheras de Madrid, en guerra permanente contra todo lo contemporáneo.


LOS HOMBRES


Tres enigmas para la Organización, Eduardo Mendoza, p. 245

-Mira, hija -prosigue la señora Mendieta-, yo ya soy muy mayor y eso te hará pensar que no entiendo las cosas de los jóvenes porque en mi tiempo todo era distinto y lo que no era distinto ya lo he olvidado. No te engañes. Las cosas nunca han sido distintas, o el mundo no estaría lleno de gente. Y he olvidado muchas cosas, pero otras las tengo presentes como si estuvieran sucediendo en este mismo momento. Así que te voy a dar un consejo. No me harás caso, por supuesto, pero te lo voy a dar de todos modos. Es muy sencillo. No te fíes de los hombres. En este terreno, quiero decir. En otros terrenos los hay buenos, malos y regulares. Pero en éste, todos van a lo mismo. Primero te hacen creer que sólo quieren acostarse contigo, pero, en el fondo, lo que quieren es casarse. Y si te dejas embaucar, estás perdida. Porque los hombres, para un rato, están bien, pero como maridos, son insoportables. Y o estuve casada un montón de años y en rigor no me puedo quejar: mi Adrià era un santo varón; nunca me dio disgustos, siempre  fue paciente y dadivoso. Ahora, aburrido a más no poder. Me dirás que en tu caso él es distinto. Por supuesto, todos lo son: cada uno es un desastre a su  manera. Antes de conocer a mi marido tuve un novio paranoico; luego otro que parecía normal y resultó que coleccionaba ardillas disecadas.


EL JOROBADO


Tres enigmas para la organización, Eduardo Mendoza, p. 176

-Ah, eso ... -dice el jorobado-. He de andar con tiento, sí. Pero ustedes no tienen nada que temer. Aquí estoy muy a gusto. Y mis trastornos no son congénitos. Los adquirí con los años y tal como vinieron se pueden ir, o eso dice el doctor. La que sí es congénita es la deformidad. Nací con ella. Mis padres se llevaron un buen disgusto, como es natural. Cada uno por su cuenta estudiaba el árbol genealógico del otro para ver si encontraba un antepasado a quien achacar aquel percance genético. Ninguno quería asumir la responsabilidad y por el empeño de achacársela al otro arruinaron su relación matrimonial. Por supuesto, acudieron a un montón de especialistas para tratar de solucionar el problema, pero ya saben ustedes lo que pasa: cuando uno consulta a varios médicos buscando el diagnóstico más favorable, acaba ahogado en un torbellino de opiniones contradictorias. Uno proponía píldoras; otro, inyecciones; otro, cirugía; otro, ejercicios. Lo probaron todo, y entre unas cosas y otras adquirí los trastornos que ahora me estoy tratando. De mejorar la pinta, en cambio, nada. Y o, conforme crecía, me iba dando cuenta del embrollo ocasionado bien a mi pesar y buscaba la manera de compensarlo. Cuando empecé a ir al colegio trataba de sacar las mejores notas para que mis padres estuvieran orgullosos de mí al menos en ese terreno. Estaba atento en clase, hacía los deberes a conciencia, aprendía las lecciones de memoria y me aplicaba mucho en todo. Pero fue inútil: los profesores me tenían tirria porque alborotaba la clase. Los niños se burlaban de mí, yo me enfurecía y, como era tan corto de miembros, me caía del banco, los compañeros se reían y me saltaban encima. Donde yo estaba, reinaba la indisciplina. Por culpa de mi mal carácter. No sé si conocen al Increíble Hulk. Y o era igual, pero en vez de volverme verde, me ponía rojo como un tomate.


BATAILLE


Un bárbaro en París, Mario Vargas Llosa, p. 109

Había nacido en Billom (Puy-de-Dóme), en 1897, y la contradicción, clave de su pensamiento, aparece en su vida desde joven. Hijo de un médico de ideas radicales, recibió una instrucción laica, pero, a pesar de (más bien, gracias a) ello, tuvo una adolescencia religiosa, con crisis místicas, lecturas románticas y una salud ruinosa. Su primer escrito fue un artículo sobre la catedral de Reims; en ese tiempo, al parecer, leyendo La-Bas de Huysmans, oyó hablar por primera vez de Gilles de Rais. Estudió filología románica en la École de Chartres, se graduó con la edición crítica de un relato medieval, publicó trabajos sobre numismática en revistas eruditas. Luego se vincula al surrealismo, con el que hizo un corto trecho, que terminó en ruptura violenta. Su materialismo, su alergia a cualquier ilusión idealista (lo que no lo salvará de incurrir en ciertos idealismos) le acarrearon las invectivas de Breton, quien en el Segundo Manifiesto del Surrealismo (1930) escribió: «El señor Bataille se precia de interesarse únicamente en lo más vil, lo más deprimente y lo más corrompido del mundo». La fórmula es tosca pero no está descentrada; descargándola de todo resabio moralizante, diseña un perfil de Bataille: su fascinación por lo prohibido y lo horrible. En todo hombre buscaba, veía, con ansiedad apenas contenida, bajo las ropas elegantes y las ideas generosas, al animal dañino, a la bestia camuflada: «Hay en cada hombre un animal encerrado en una prisión, como un esclavo -escribió en 1929, en la revista Documenta-; hay una puerta: si la abrimos, el animal se escapa como el esclavo que encuentra una salida; entonces el hombre muere provisoriamente y la bestia se conduce como una bestia, sin tratar de incitar la admiración poética del muerto».


INCIPIT 1.440. LAS PALABRAS JUSTAS / MILENA BUSQUETS


6 de enero

Lo único que hay hoy para desayunar son los marrons glacés que me han traído los Reyes.

8 de enero

Carmen quiere saber qué hacer con los adornos de Navidad, si dejarlos un año más o hacer como «la gente normal» y guardarlos en lo alto del armario. Le pido que deje puestos unos cuantos días más. Resulta deprimente tener que desmantelar la Navidad. También tengo toda mi ropa mezclada, invierno, verano y entretiempo. ¡Si todo pudiese ocurrir a la vez y todo el rato! Es un incordio el tiempo, no solo porque pase tan deprisa y no nos demos cuenta y ya estemos muertos, sino por su manía del orden, primero esto, después aquello, después lo de más allá, como una profesora de guardería. Todo a la vez no puede ser, pero en cambio en nuestra cabeza y en nuestro corazón todo ocurre simultáneamente.


INCIPIT 1.439. UN BARBARO EN PARIS / MARIO VARGAS LLOSA




Una pasión francesa

Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que cualquier latinoamericano con ambiciones literarias o artísticas soñaba con París. El paso por aquella ciudad era algo más que un rito de iniciación o una experiencia educativa. Representaba la posibilidad de entrar en contacto con las fuentes vivas de la cultura más excitante, innovadora y revolucionaria de la modernidad occidental. Significaba vivir en un lugar donde el pensamiento y las artes tenían importancia e impacto en la sociedad, se valoraban, daban prestigio; significaba hacer parte de algo más grande, de una comunidad de artistas que estaban revolucionando la forma y las ideas que ordenaban el mundo. Nada extraño que muchos aspirantes a creadores, entre ellos Mario Vargas Llosa, albergaran la certeza de que jamás llegarían a convertirse en verdaderos escritores o pintores si no vivían en París.

Enemistados políticamente con Estados Unidos, por lo general desdeñosos de su cultura, los latinoamericanos de los siglos XIX y XX miraron siempre a Francia. El positivismo de Augusto Comte inoculó sueños de progreso y desarrollo en todo el continente, contrarrestados luego por el decadentismo de Verlaine y Rimbaud que sedujo a los poetas modernistas.


ANDRE MALRAUX


Un bárbaro en París, Mario Vargas Llosa, p. 97

Fue compañero de viaje de los comunistas y nacionalista ferviente; editor de pornografía clandestina; jugador de Bolsa, donde se hizo rico y se arruinó (dilapidando todo el dinero de su mujer) en pocos meses; saqueador de estatuas del templo de BanteaI-Srei:, en Camboya, por lo que fue condenado a tres años de cárcel (su precoz prestigio literario le ganó una amnistía); conspirador anticolonialista en Saigón; animador de revistas de vanguardia y promotor del expresionismo alemán, del cubismo y de todos los experimentos plásticos y poéticos de los años veinte y treinta; uno de los primeros analistas y teóricos del cine; testigo implicado en las huelgas revolucionarias de Cantón del año 1925; gestor y protagonista de una expedición (en un monomotor de juguete) a Arabia, en busca de la capital de la reina de Saba; intelectual comprometido y figura descollante en todos los congresos y organizaciones de artistas y escritores europeos antifascistas en los años treinta; organizador de la escuadrilla España (que después se llamaría André Malraux) en defensa de la República, durante la guerra civil española; héroe de la Resistencia francesa y coronel de la brigada Alsacia Lorena; colaborador político y ministro en todos los gobiernos del general De Gaulle, a quien, desde que lo conoció en agosto de 1945 hasta su muerte, profesó una admiración cuasi religiosa.


DE LA ELEGANCIA


Las palabras justas, Milena Busquets, p. 46

8 de julio

Un hombre inteligente no es nunca feo, si nos parece feo, es que no es inteligente.

La inteligencia siempre es elegante, si no es que no es inteligencia.

10 de julio

La buena educación no es más que una mayor tolerancia al aburrimiento y a las bobadas ajenas.

El objetivo debería ser intentar no hablar o hablar lo menos posible con las personas que antes de abrir la boca ya sabemos lo que nos van a decir.

12 de julio

La elegancia no tiene ni mucho mérito ni mucha importancia. Solo depende de la estructura ósea de cada uno y del buen gusto a la hora de escoger la ropa.

Para saber si alguien es de veras elegante, basta imaginárselo con diez kilos de más.

A las personas más elegantes que he conocido les importaba un pito la ropa.

Y tal vez la elegancia también sea una mezcla de bondad, de inteligencia y de generosidad. Alguien que no sea generoso ( de veras generoso, los que en el cómputo final siempre salen perdiendo, los que nunca calculan nada, los que siempre dan más de lo que reciben) no puede ser elegante, le faltará siempre una cierta soltura y fluidez vital.


Los fans


Las palabras justas, Milena Busquets, p. 27

Son adorables, siempre traen algún regalito, chocolate, galletas, un libro (suyo, aunque siempre he pensado que regalar un libro que has escrito tú no es propiamente hacer un regalo, es un poco como plantificarle un beso en la boca a alguien que no te lo ha pedido, da un poco de vergüenza ajena, es un poco embarazoso y deshonesto, mucho mejor regalar un libro de otro, de Dostoievski, por ejemplo), una flor. Están el tiempo justo, suelen mostrarse tímidos y encantadores, sonríen como niños y como si te conociesen de toda la vida, a veces se emocionan y acabáis llorando los dos (es mucho más contagioso el llanto que la risa). No intentan ligar. Sant Jordi y las demás ferias del libro no se prestan a ligar, no conozco casi ningún caso de escritor o de escritora que haya ligado en Sant Jordi. Desgraciadamente, no puedo dar consejos a los lectores o las lectoras que estén enamorados de un autor. Nunca me he enamorado de ninguno, ignoro cómo se les seduce. Pero de todos modos ya se sabe que, escritor o no, hay gente que sencillamente no es seducible, igual que hay gente que no tiene ritmo. A mí nunca se me ocurriría la idea de seducir a un escritor: si tuviese menos talento que yo, no podría amarle, y si tuviese más, tampoco.


FERIA DEL LIBRO


Las palabras justas, M.Busquets, p. 25

24 de abril

Una vez al año, en Barcelona, en Madrid y en muchos otros lugares, los escritores son expuestos al público, no para hacer lo que supuestamente mejor saben hacer, escribir, sino para firmar y dedicar sus libros. Tal cosa no ocurre con ninguna otra profesión artística, ni actores, ni músicos, ni pintores son expuestos de ese modo tan crudo: en plena calle, a menudo bajo un sol inclemente, detrás de un humilde tablón de madera colocado encima de un par de caballetes. Te sientas detrás de una mesita, firmas libros e intentas ofrecer algo auténtico y verdadero a cada una de las personas que se acercan a verte. Casi nadie viene solo a buscar una firma. ¿Lo conseguimos siempre? No lo sé, no es fácil, intentas decirles: «Sí, sí, no te has equivocado, detrás de estas páginas hay alguien no demasiado distinto a ti porque en realidad somos todos muy parecidos.» Intentas prestar a esa persona una milésima parte de la atención que ella ha dedicado o va a dedicar a tu libro. Tú sientes que estás en deuda con ellos y ellos se sienten en deuda contigo (no todos, hay un tipo de lector, el lector petulante, que viene a verte con la intención de darte un par de lecciones sobre literatura y vida). Tú en el fondo crees que ellos están equivocados y que deberían estar leyendo a Proust, pero igualmente deseas que te quieran eternamente. Cien firmas: cien microrromances de dos minutos. Por fuerza los pobres escritores acaban el día aturdidos (los que tienen la suerte de firmar libros, hay grandes escritores que no firman nada), entre eufóricos y profundamente deprimidos.


INCXIPIT 1.438. RETRATO DE UNA MUJER MODERNA / MANUEL VICENT



Fue una larga noche de insomnio. Con los ojos abiertos en la oscuridad, creí oír el pasodoble «Suspiros de España» que sonaba en un apartamento de Nueva York. Eran los tiempos en que la mafia calzaba con unos zapatos de cemento a los de otro bando para arrojarlos desde una hormigonera a los fundamentos de los primeros rascacielos que se estaban construyendo. Pero al son del pasodoble español un fiambre flotaba boca arriba en el río Hudson hasta desembocar en el Atlántico.


INCIPIT 1.437. LA LIBRERA DE PARIS / KERRI MAHER


Era difícil no sentir que París era el lugar.

Sylvia había pasado quince años tratando de regresar, después de que la familia Beach hubiera vivido allí, cuando su padre, Sylvester, era el pastor de la iglesia americana en el Barrio Latino y ella, una adolescente romántica que necesitaba algo más que Balzac o cassoulet. Lo que más recordaba de aquella época, lo que llevaba en el corazón cuando tuvo que regresar a Estados Unidos con su familia, era la sensación de que la capital francesa brillaba con más intensidad que cualquier otra ciudad en la que hubiera estado o a la que pudiera ir alguna vez. Era algo más que el parpadeo de las lámparas de gas que la iluminaban después del anochecer, o que la piedra blanca, ineludible y resplandeciente, con la que se había construido gran parte de la ciudad: era el esplendor de la vida que burbujeaba en cada fuente, en cada reunión de estudiantes, en cada espectáculo de títeres en los jardines de Luxemburgo y en cada ópera del teatro del Odéon. Era la manera en que su madre chispeaba de vida, leía libros y agasajaba a profesores, políticos y actores, sirviéndoles deliciosos y espléndidos platos a la luz de las velas, en cenas con animados debates sobre libros y acontecimientos mundiales. Eleaoor Beach decía a sus tres hijas -Cyprian, Sylvia y Holly- que vivían en un lugar único y maravilloso que cambiaría para siempre el curso de sus vidas.


INCIPIT 1.436. TROYA /STEPHEN FRY


CAYÓ DEL CIELO

Troya. El reino más maravilloso del mundo. La joya del Egeo. La rutilante Ilión, la ciudad que se elevó y cayó no una, sino dos veces. Guardiana de las entradas y salidas del bárbaro Oriente. Reino de oro y de caballos. Cuna extrema de profetas, príncipes, héroes, guerreros y poetas. Bajo la protección de ARES, ARTEMISA, APOLO y AFRODITA, se mantuvo durante años como modelo de cuanto se puede lograr en las artes de la guerra y de la paz, del comercio y los tratados, del amor y el arte, en la destreza de gobernar, en la devoción y la armonía civil. Cuando cayó se abrió un agujero en el mundo humano que tal vez nunca llegue a colmarse si no es por medio de la memoria. Los poetas han de cantar su historia una y otra vez, transmitiéndola de generación en generación, si no queremos perder una parte de nosotros mismos con la pérdida de Troya.

Para comprender el final de Troya, tenemos que entender su comienzo. El contexto de nuestra historia tiene muchos giros y vueltas. Entran y salen multitud de nombres de sitios, personalidades y familias. No es necesario recordar cada nombre, Ni todas las relaciones de sangre y matrimonio, ni todos los reinos y provincias. La historia emerge, y os prometo que los nombres importantes se os quedarán.


INCIPIT 1.435. CONTRA LA CENSURA / COETZEE


Ofenderse

LA OFENSA

A principios de la década de 1990, en el discurso público sudafricano se produjo un cambio revelador. Los blancos, que durante siglos habían sido afablemente insensibles a lo que los negros pensaran de ellos o a cón10 los llamaran, e1npezaron a reaccionar con susceptibilidad e incluso con indignación ante la denominación “colono”. Una de las consignas de guerra del Congreso Panafricanista tocó una fibra particularmente sensible: «UN COLONO, UNA BALA». Los blancos señalaban la amenaza a sus vidas que contenía la palabra «bala», pero, según creo, era «colono» lo que suscitaba una perturbación más profunda. Los colonos, en el lenguaje de la Sudáfrica blanca, son los británicos que recibieron concesiones de tierras en Kenia y las Rodesias, personas que se negaron a echar raíces en África, que enviaban a sus hijos a formarse en el extranjero y que hablaban de Gran Bretaña corno “la patria”. Cuando entraron en acción los Mau Man, los colonos huyeron. Para los sudafricanos, tanto blancos como negros, un colono es alguien que está de paso, diga lo que diga el diccionario.

 Cuando los europeos llegaron al sur de África, se llamaron a sí mismos «cristianos», y a los indígenas «salvajes” o “paganos”. Posteriormente la díada «cristiano/pagano» se transformó y fue adoptando una serie de formas, entre ellas «civilizado/primnitivo», «europeo/nativo» y «blanco/no blanco».


ROTH


La mancha humana, Philip Roth, p. 50

Hace varios años me extirparon la próstata, una operación para eliminar el cáncer que, si bien tuvo éxito, no carece de los efectos secundarios desfavorables casi inevitables en tales intervenciones, debido a los daños que sufren los nervios y a las cicatrices internas, y el resultado es que desde entonces soy incontinente. Así pues, lo primero que hice al regresar a casa tras mi visita a Coleman fue quitarme la almohadilla de algodón absorbente que llevo día y noche, colocada en la entrepierna del calzoncillo como una salchicha en el interior de un panecillo. Debido al calor de aquella noche y a que no iría a un lugar público ni una reunión social, había intentado arreglármelas con unos calzoncillos corrientes de algodón encima de la almohadilla, en lugar de los de plástico habituales, y la orina había rezumado y humedecido los pantalones caqui. En casa observé que los pantalones estaban descoloridos por delante y olían un poco. Las almohadillas tienen un tratamiento especial, pero en esta ocasión el olor era evidente. Coleman y su historia me habían absorbido de tal manera que había dejado de inspeccionarme. Mientras estuve allí, tomando cerveza, bailando con él, contemplando la claridad -la predecible racionalidad y la claridad descriptiva- con que él se esforzaba para que el giro que había dado su vida fuese menos inquietante, no había ido a comprobar, cómo andaban las cosas allá abajo, como hago siempre durante las horas de vigilia, y por ello aquella noche me ocurrió lo que ahora me ocurre de vez en cuando.


DESPENTES


Querido capullo, Virginie Despentes, p.73

Hasta entonces, el feminismo nunca me había parecido fundamental. Ya fuera en el cine o en el teatro, no era algo que me preocupara. Y añadiría que en los años ochenta y noventa, cuando veía a las feministas manifestándose, las consideraba más bien un fastidio. Algunas de ellas estaban obsesionadas con la mujer-objeto, y yo, en los carteles de las películas en que actuaba, siempre aparecía medio en pelotas, así que a veces, en un estreno, vacilaba a cuatro o cinco que andaban por allí repartiendo panfletos contra mi cosificación, haciendo como si yo no existiera. En otras ocasiones, se ensañaban escribiendo artículos asesinos porque yo había rodado una escena de sexo tórrido y eso podía no gustar, así que me caían por todas partes. Aunque tampoco puedo decir que me hayan incordiado demasiado; total, los últimos treinta años, en Francia apenas se ha oído hablar de ellas.

No me sentía concernida. Y cuando empezó el Me Too, mi primera reacción fue ir por ahí diciendo en el ambiente del cine «conmigo, ese señor Weinstein siempre se ha comportado como un perfecto caballero». Tonta tampoco soy, cuando me invitaron a hablar del asunto en la tele pública decliné. Pero en privado, ahí es donde me quedé: en Cannes. he visto a tantas actrices comportarse mal cuando comprendían de quién se trataba e intentaban conseguir el número de su habitación, que así de entrada no pude empatizar. Zoé Katana tiene razón, lo más extraño es el entorno. Weinstein, durante décadas, fue el rey del mambo. No solo he visto a chicas peleándose por acercarse a él, sino que he visto a los distribuidores enviando muchachitas al frente. Y sabían perfectamente lo que se hacían.  Y nadie tenía nada que decir al respecto. He visto a padres cuya carrera no había sido lo que ellos querían sacrificando a su propia hija adolescente como ofrenda. Y a toda esa gente, cuando el tipo cae de su trono, ya no los oyes decir ni pío. Eso vale con él como con todos los que han tenido problemas. A nadie en su entorno se le ocurría comentarle «eso que usted hace, señor, de hecho constituye delito».


ULISES


La librera de París, Kerri Maher, p. 74

Joyce había recuperado a Stephen del Retrato y le había dado un amigo más viejo y optimista, Leopold Bloom. La novela describía con minucioso detalle cada palabra, pensamiento y movimiento de Stephen y de Leopold a lo largo de un solo día de su vida -el 16 de junio de 1904- en la capital irlandesa. La nueva novela de Joyce parecía que deseaba hacer estallar todas las superficies protectoras de la vida moderna con la misma determinación con que las granadas habían volado ciudades y trincheras por toda Europa. Tanto si los personajes estaban en el retrete como si debatían sobre Hamlet Joyce no escatimaba detalles y nivelaba lo vulgar con lo sublime. Se trataba de un libro que no se permitía ningún tipo de concesiones, y que describía con absoluta claridad el cuerpo y la mente de Stephen y de Leopold.

La insistencia de la novela en detallar todo de manera exhaustiva y veraz fue también lo que provocó tanta controversia en Inglaterra y Estados Unidos, donde las revistas que iban publicando capítulos habían sido consideradas obscenas y confiscadas por la Sociedad Neoyorquina para la Supresión del Vicio de John Sumner. No hacía mucho que Margaret Anderson se había quejado de ello en sus editoriales de The Little Review, y Sylvia compartía su indignación. Entendía que algunos lectores no quisiesen seguir a Bloom hasta el retrete, pero ¿prohibirlo? Los lectores tenían que abrir los ojos ante la impactante honestidad del libro y la audacia de su prosa, porque la complejidad de la obra ocultaba su mayor verdad: el mundo tal como lo conocíamos ha terminado, y ha llegado la hora de que surja algo completamente nuevo. Joyce no solo había eliminado las comillas, sino que a veces se había burlado de las convenciones gramaticales para penetrar lo más profundamente posible en la mente de sus personajes, donde, después de todo, la gramática no existe. Era realmente una novela de su tiempo.


EL JUICIO DE PARIS


Troya, Stephen Fry, p. 68

París miró hacia la segunda diosa, que ahora se le acercó con una sonrisa grave en los labios. En la superficie del escudo que portaba (por medio de un artificio que no comprendía) distinguió la expresión furiosa y aterrorizada de Medusa. Solo con la égida ya supo que la diosa que tenía delante era Palas Atenea, y sus palabras confirmaron su convencimiento:

-Regálame la manzana, París, y yo te daré algo más que poderes y principados. Te ofrezco sabiduría. Con la sabiduría viene todo lo demás: riquezas y poder, si quieres; paz y felicidad, si quieres. Penetrarás en el corazón de los hombres y las mujeres, en los rincones más oscuros del cosmos y hasta en los comportamientos de los inmortales. La sabiduría te garantizará un nombre que jamás desaparecerá de la tierra. Cuando todas las ciudadelas y los palacios de los poderosos hayan quedado reducidos a polvo, tu conocimiento y tu dominio de las artes de la guerra, la paz y el pensamiento mismo elevarán el nombre de París más allá de las estrellas. El poder de la mente parte la lanza más poderosa.

«Bueno, menos mal que no le di directamente la manzana a Hera, porque aquí tenemos a la ganadora entre las ganadoras. Tiene razón. Por supuesto que la tiene. La sabiduría primero, y el poder y las riquezas vendrían a continuación, sin duda -pensó París-. Además, ¿de qué sirve el poder sin intuición ni inteligencia? La manzana debía quedársela Atenea.»


YO


Contra la censura, JM Coetzee, p. 58

El yo, según lo entendemos en la actualidad, no es la unidad que el racionalismo clásico daba por sentado que era. Por el contrario, es múltiple y está dividido de manera múltiple contra sí mismo. Es, por utilizar una metáfora, un zoológico en el cual residen una multitud de animales sobre los cuales el angustiado guardián, desbordado de trabajo, ejerce un control bastante limitado. Por la noche, el guardián del zoo duerme y los animales se dedican a rondar, realizando su tarea onírica.

En este zoo metafórico, algunos de los animales tienen nombre, como la figura del padre o la figura de la madre; otros son recuerdos o fragmentos de recuerdos transformados, a los que se vinculan poderosos elementos de sentimiento; una subcolonia entera la constituyen versiones anteriores del yo, semidomesticadas pero aún traicioneras, cada una de ellas con un zoo interior propio sobre el cual no tiene precisamente un control completo.

Los artistas, según la explicación de Freud, son personas que pueden llevar a cabo un recorrido de visita a la colección interior de animales salvajes con cierto grado de confianza y salir, cuando así lo desean, más o menos ilesos. De la explicación de Freud sobre el trabajo creativo tomo un elemento: que la creatividad de cierto tipo comporta habitar, manejar y explotar partes bastante primitivas del yo. Si bien no se trata de una actividad particularmente peligrosa, sí es delicada. Pueden ser necesarios años de preparación antes de que el artista dé con los códigos, las claves y los equilibrios correctos y pueda entrar y salir más o menos libremente. También es una actividad muy privada, tan privada que casi constituye la definición de privacidad: cómo estoy conmigo mismo.


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