Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 1.643. CONFERENCIAS REUNIDAS 1960-1985 / JORGE LUIS BORGES


Poesía gauchesca

El tema que trataré, la poesía gauchesca, se vincula desde luego con el Brasil. Recuerdo que Groussac decía que la primera aparición histórica del gaucho corresponde a esa región que el Brasil y la Argentina se disputaron: el Uruguay. Afirmaba también que la palabra «gaucho» puede ser de origen brasileño. Es así que en boca de viejos orientales he oído decir gaúcho (acentuando la u), lo cual sería la forma intermedia entre guacho y gaucho. El protagonista de la poesía gauchesca correspondería no sólo a las dos riberas del Plata, sino también a la región de Rio Grande do Sul y hasta San Pablo.

 Quienes han estudiado la poesía gauchesca la han vinculado a la poesía popular de los payadores, pero hay un hecho que conviene analizar. Si abrimos una antología de poesía popular, encontraremos que ésta está redactada en un español muy límpido, muy comprensible hasta para los mismos españoles, mejicanos o venezolanos. En cambio, si consideramos la poesía gauchesca, veremos que en ella abundan los términos criollos, y esto se debe a que los autores eran personas cultas que buscaban el color local. Así, en la obra capital de la poesía gauchesca, el Martín Fierro, hay al final una payada. Martín Fierro se enfrenta con un negro y los dos cantan en una pulpería: el autor olvida las metáforas pastoriles usadas hasta entonces. Los personajes definen el tiempo, la medida, el canto del mar y el canto de la noche. Es como si Hernández hubiera querido señalar la diferencia entre su obra y la de los gauchos, que no tienen por qué cultivar el color local. No sabemos cuál será el «color local» de nuestra época para las generaciones venideras. Los payadores tratan de eludir lo vernáculo pues tienen una visión reverencial del arte y quieren abordar temas alejados de lo cotidiano.

 


LA MEMORIA DE SHAKESPEARE


Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p.118

DE CÓMO SE OBSERVAN LOS DíAS

Cuando tenía once o doce años, mi padre me leyó un cuento de Borges, «La memoria de Shakespeare», sobre la relación entre la memoria y la imaginación. El narrador del cuento se está tomando un trago en un bar después de un congreso de shakespearianos, cuando de pronto se le acerca un hombre y le dice algo así como:

Te ofrezco la memoria de Shakespeare, ¿la aceptas?

El narrador es un catedrático de cierta edad. probablemente un poco deprimido. y en definitiva nada propenso a creer en ninguna clase de magia o de alquimia. y ni siquiera en la posibilidad de las segundas oportunidades en la vida. Así que, un poco incrédulo. y tal vez un poco borracho. acepta la oferta, paga sus tragos y se va a su cuarto de hotel a dormir. Sería un despropósito resumir lo que ocurre después de eso. Como tantos cuentos de Borges —tan a medio camino entre la parábola biblica y la fisica teórica— este tiene una trayectoria más bien filosófica en vez de una trama y un desarro110 en el sentido tradicional. Lo importante es que, a partir de ese momento, a partir de que el narrador acepta la memoria de Shakespeare, lo que se desenvuelve es la vida interior de un hombre en cuya imaginación confluyen ahora las aguas de dos memorias: la portentosa memoria de Shakespeare y el caudal más modesto de su experiencia pasada.


FGL


    •  En una mesa vecina —yaya coincidencia!— estaban el pintor Raúl Soldi, su mujer, el crítico de arte Osvaldo Svanascini y el legendario cantaor y bailarín Miguel de Molina, toda una leyenda de España, casi al final de la cena ambas mesas se convirtieron en una sola. Noto que a Borges para nada le agradó esa uión. Dejamos de hablar de literatura para divagar sobre temas generales. Miguel de Molina, por demás verborrágico, no paró de contar anécdotas. Cuando algo le desagrada o se siente incómodo, Borges pide que lo acompañe para marcharse.
    • «¿Por qué no nos vamos, Alifano? —y muy en voz baja completa—. Ya no aguanto más».
    • Cuando lo dejo en su casa, me dice que el bailarín y cantaor Miguel de Molina, que a mí me resulta divertido, le pareció insoportable y no dudó en calificarlo de «histrión insoportable».
    • «Yo no sé cómo Soldi puede ser amigo de un imbécil como ese. Me recuerda mucho a García Lorca, quiere ser el centro de atención todo el tiempo. Pareciera que esta gente el único propósito que tiene es hacerse notar, sobresalir y agradar a los demás de manera forzada. Lorca era igual, parecía una mariposa. iba de un lugar a otro, imitaba voces, saltaba, si había un piano o una guitarra ponía a tocar. Yo estuve con él un par de veces y me abrumó con su exagerado histrionismo. ¿No le parece muy raro y desgastante todo ese exceso de afección en un solo hombre? A mí me parece una carga durísima de sobrellevar. ¿Y para qué, qué sentido tiene? En cambio me resultó una muy grata persona poeta Ángel González, un hombre bien ubicado y respetuoso. Es todo un caballero. Lo felicito por tener un amigo así».

INCIPIT 1.573. PRIMER CUADERNO BORGES / ROBERTO ALIFANO

 


En una página dedicada a sus recuerdos más entrañables, Jean Paul Sartre escribe que «la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados». Tuve el privilegio de pertenecer al reducido círculo de personas que trataron íntimamente a Jorge Luis Borges, y evocar aquellos días me encanta la existencia. Fui el amanuense que registró para su obra literaria una parte de sus dictados y, también, quien lo acompañó en diálogos públicos durante jornadas en las que viví, de manera casi familiar, imborrables experiencias anotadas en estos cuadernos. Que me haya elegido para escoltarlo en aquel tramo de su creación literaria es un regalo acaso inmerecido que no termino de agradecer.

Sabio, multifacético, siempre literario, con una humanidad y un sentido del humor incomparables, Borges hizo de su estilo de vida otro modo de creación estética. Nadie que lo haya conocido podrá olvidar la felicidad que daba escucharlo; desligado de lugares comunes, con giros poéticos inesperados y sorprendentes, desde el interlocutor ocasional de la calle hasta los vastos auditorios elitistas que supo convocar, todos recibían su palabra, que dejaba estupefacto de asombro.

Borges no fue sólo el artífice de fabulosas tramas literarias, sino también el hacedor de un personaje que en su espontaneidad nunca dejó de brillar. En su interior, como él imagina en «Borges y el otro», habitaban esos dos Borges que jugaban con su realidad de un modo desconcertante e insólito

JOYCE BORGES K


Dos tardes con Kafka, Manuel Vilas, p. 96

Joyce, James

EI escritor argentino Jorge Luis Borges escribió esto a propósito de la inevitable competición entre Joyce y Kafka por la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de la Literatura:

Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfemia. Es que Joyce es importante dentro de la lengua inglesa y de sus infinitas posibilidades, pero es intraducible. En cambio Kafka escribía en un alemán muy sencillo y delicado. A él importaba la obra, no la fama, eso es indudable. De todos modos, Kafka, ese soñador que no quiso que sus sueños Fuera conocidos, ahora es parte de ese sueño universal que es la memoria. Nosotros sabemos cuáles son sus fechas, cuál es su vida, que es de origen judío y demás, todo eso va a ser olvidado, pero sus cuentos seguirán contándose.


INCIPIT 1.550. LOS DIALOGOS / BORGES, FERRARI


1 La identidad de los argentinos

Osvaldo Ferrari: Desde hace tiempo me interesa la idea que usted ha expresado acerca de la posible identidad de los argentinos, porque, según esa idea, la nuestra sería una identidad en pleno desarrollo. Usted ha dicho, Borges, que los argentinos, al tener una historia limitada, y provenir, a la vez, de una historia vasta como la europea, somos una nueva posibilidad de ser. Usted dijo: somos lo que queramos y lo que podamos ser.

Jorge Luis Borges: Sí, efectivamente, creo que el hecho de ser europeos en el destierro es una ventaja, ya que no estamos atados a ninguna tradición local, particular. Es decir, podemos heredar, heredamos de hecho todo el Occidente, y decir todo el Occidente es decir el Oriente, ya que lo que se llama cultura occidental es, digamos, simplificando las cosas, una mitad Grecia y la otra mitad Israel. Es decir, que somos orientales también, y debemos tratar de ser todo lo que podamos; no estamos atados por una tradición, recibimos esa vasta herencia y tenemos que tratar de enriquecerla y de proseguirla a nuestro modo, naturalmente. En cuanto a mí, yo he tratado de conocer todo lo posible pero, desde luego, ya que el mundo es de hecho infinito, lo que un individuo puede conocer es una partícula. Yo pienso a veces que la literatura es como una biblioteca infinita. "La Biblioteca de Babel" en un cuento mío, y que de esa vasta biblioteca cada individuo sólo puede leer unas páginas: pero quizás en esas páginas esté lo esencial, quizás la literatura esté repitiendo siempre las mismas cosas


BORGES Y LAS MUJERES


Diálogos, Borges Ferrari, p. 521

-Y he descubierto que las mujeres son excelentes para la amistad, que tienen un admirable sentido de la amistad.

-Cierto.

-Cosa que mucha gente niega, yo no sé por qué ... bueno, claro, yo creo que las mujeres son más sensatas y más sensibles que los hombres ... más sensibles no sé, pero más sensatas sí, por lo general, ¿no? La prueba está en que una mujer es difícilmente fanática, y un hombre -sobre todo en este país- es fácilmente fanático, y de causas, bueno, indefendibles; que es necesario ser fanático para profesarlas, si no, no se entienden.

-Además, se suele decir que las mujeres son más inofensivas en la relación de amistad que en la relación de amor, ¿qué opina usted?

- ... Y, la relación de amor es una relación vulnerable, ¿no?; además requiere continuas confirmaciones, y si no hay confirmaciones hay dudas; y si uno pasa unos días, y no sabe nada de ella, uno está desesperado. En cambio, uno puede pasar un año sin saber nada de un amigo, y eso no tiene ninguna importancia. La amistad, bueno, la amistad no exige confidencias, y el amor sí. Y el amor es un estado así, de recelo; es bastante incómodo, ¿eh?, bastante alarmante. La amistad, en cambio, es un estado sereno: uno puede ver o no ver, uno puede saber o no saber lo que hace el otro. Ahora, posiblemente haya personas que sientan la amistad de un modo celoso, pero yo no. Hay mucha gente que siente la amistad como se siente el amor, y hasta desean ser la única amistad de la otra persona.


Swedenborg


Diálogos, Borges Ferari, p. 490

El demonio es más bien un título: es el jefe. Pero como ellos viven en un mundo así, de envidia y de rivalidad-el mundo de los políticos, digamos-, ninguno de ellos dura, porque los demás están conspirando a favor de otro, que lo sigue, y contra el cual conspiran a su vez. De modo que el hecho de ser el demonio no se aplica a un yo, sino a diversos individuos que se odian entre ellos. Y llevan una vida terrible, pero esa vida, desde luego, es más llevadera para ellos que, bueno, que el insoportable paraíso.

-Entiendo, ahora ...

-Y luego, él describe todo eso con muchos detalles: el infierno, como digo, con ciénagas, lupanares, tabernas; y, sobre todo, conspiraciones continuas. Esas conspiraciones son de personajes que se traicionan también, ya que son de índole demoníaca. Y sin embargo, ambos están regidos por el Señor: el cielo y el infierno. Y el universo está hecho de una suerte de equilibrio entre esas dos regiones: esa zona de sombra y de crímenes y de pecados, y la otra, el sereno cielo conservador, filosófico. Bueno, todo esto es materia de varios libros; yo tengo varias biografías de Swedenborg ... Él fue a Inglaterra porque quería conocer a Newton, pero no llegó nunca a conocerlo. Y después él recibió, bueno, la primera visita de Jesucristo en Londres. Y los sirvientes que él tenía, lo oían; él caminaba, oían sus pasos, ¿no?, el cielo raso: estaba caminando arriba y conversando con los ángeles. También conversando con los ángeles en las calles de Londres; yo escribí un soneto sobre eso.


LEONOR ACEVEDO DE BORGES


Diálogos, Borges Ferrari, p. 362

-Pero en relación con eso, otro rasgo de ella pareció ser el coraje; hay que acordarse de las llamadas telefónicas.

-Sí, yo recuerdo que la llamaron una vez por teléfono, y una voz debidamente grosera y terrorista le dijo: "Te voy a matar, a vos y a tu hijo". "¿Por qué señor?", le dijo mi madre, con una cortesía un tanto inesperada. "Porque soy peronista''. "Bueno", dijo mi madre, "en cuanto a mi hijo, sale todos los días de casa a las diez de la mañana. Usted no tiene más que esperarlo y matarlo. En cuanto a mí, he cumplido (no me acuerdo qué edad sería, ochenta y tantos años); le aconsejo que no pierda tiempo hablando por teléfono, porque si no se apura, me le muero antes". Entonces, el otro cortó la comunicación. Yo le pregunté al día siguiente: "¿Llamó el teléfono anoche?". "Sí", me dijo, "me llamó un tilingo a las dos de la mañana'', y me contó la conversación. Y después no hubo otras llamadas, claro, estaría tan asombrado ese terrorista telefónico, ¿no?, que no se atrevió a reincidir.


EL TRABAJO DE BORGES


Diálogos, Borges Ferrari, p. 235

-Yo trabajé durante unos nueve años en la Biblioteca Miguel Cané, en Carlos Calvo y Muñiz. Empecé como auxiliar segundo, y luego alguien insistió, quizá demasiado, en que me nombraran auxiliar primero, había una diferencia de treinta pesos, bueno, creo que treinta pesos son imperceptibles ahora, pero en aquel tiempo eran treinta pesos. Entonces, creo que Honorio Pueyrredón era el intendente, y él dijo que muy bien, que me harían auxiliar primero, a condición de no volver a oír mi nombre. Pero creo que, a lo mejor, lo oyó un par de veces después, ¿no? (ríen ambos). En fin, en todo caso, me ascendieron, y yo llegué a ganar -incredibili dictum- doscientos cuarenta pesos mensuales. Pero doscientos cuarenta pesos mensuales no eran desdeñables. Ahora, yo hubiera debido dejar esa biblioteca -era un ambiente asaz mediocre-pero seguí trabajando. No sé si la palabra "trabajando" es exacta; éramos, creo, unos cincuenta empleados, y nos asignaron un trabajo que tenía que ser lento. Yo recuerdo que me dieron libros para clasificar el primer día, y el  manual de Bruselas, que emplea el sistema decimal -el mismo que se usa en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos-. Yo trabajé, y creo que clasifiqué casi ochenta libros -había que simular que se trabajaba cada día-, yo clasifiqué los libros y eso se supo; y, al día siguiente, uno de los compañeros vino a recriminarme, me dijo que eso era una falta de compañerismo, porque ellos se habían fijado un promedio de cuarenta libros para clasificar por día. Ahora, para fines de realismo, esos cuarenta no eran siempre cuarenta; podían ser treinta y nueve, treinta y ocho, cuarenta y uno, para que todo resultara más verosímil, ¿no?, según exige la novela naturalista. Entonces, me dijo que yo no podía seguir así, y yo, al día siguiente, clasifiqué treinta y ocho, para no quedar como presuntuoso.


BORGES


Secreto y pasión de la literatura, Juan Cruz, p. 32

En la comida pidió un plátano, no una banana, se refirió a los distintos modos de llamar a la luna, por alguna razón dejó sin explicar esta frase suya «La mujer es más importante que el hombre», pero le gustó deletrear este hallazgo, que «Bungalow, ¿ye qué fácil?, significa casa hecha al estilo de Bengala» o esto otro: «Voltaire lo dijo: las vocales no cuentan y las consonantes muy poco», o: «Andalucía viene de los vándalos, el Mar de los Vándalos».

Habló de más cosas. Decía:

Lengua, poesía fósil. Náusea, Navis, mareo de mar. Window: ojo del viento. Margarita, Daysi, ojo del día. Pérez Galdós se hizo madrileño, No soy católico, Me gustan las peleas de gallo porque a los gallos les gustan mucho. Es como un frenesí. Con las frases que me atribuyen se podrían hacer mis obras completas. ¿Por qué me meto con Lorca? ¿y por qué no me meto con Lorca? Con Cervantes nunca me meto. Alguien impertinente vino a mi casa, no le gustó. Yo le dije: «Usted está en ella cinco minutos y yo llevo en ella la vida entera: no se queje». Me dijo (era mexicano): «Octavio Paz no vive así». Le dije: «Modestamente, yo soy Borges».

Cuando ya nos despedíamos apunté, para decírselo a Cueto, algo más de lo que no había anotado: «Y o me he llamado Beethoven alguna vez. Y o prefiero no ir a los congresos. Acepto ácidamente, con toda evidencia. Mi abuela, siendo jovencita, asistió a la lectura de un capítulo de Dickens, por Dickens. Cambiaba de entonación y de cara».

Esto puse al final del texto que luego Cueto publicó (con fotos, en otras páginas estaba ya Borges acostumbrado a la vejez y, en otra de 1961, resignado a ser Borges en una visita a la Universidad de Texas). Ahí está con los brazos cruzados, tan pensativo como los ciegos callados.


EL REMORDIMIENTO


Animales difíciles, Rosa Montero, p. 300

Mira, durante mi largo destierro en la existencia, cuando todos los años eran el mismo túnel y todos los sentimientos una congoja interminable, recordé muchas veces un poema de Jorge Luis Borges, un escritor muy famoso del siglo XX. Se titula «El remordimiento » y dice así, me lo sé de memoria ...

Yiannis tomó aire, se recostó en el sillón y comenzó a recitar con lenta sonoridad:

- He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías. Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi lado la sombra de haber sido un desdichado.


INCIPIT 1.527. PRIMERA ENCICLOPEDIA DE TLON. TOMO XI, HLAER-JANGR


HLAMUR o LA EPICA DE LOS DESNUDOS — Es el nombre como se conoce al episodio final de la Guerra del Austral. En él, siete soldados de Jangr vencieron al ejercito oficial, conocido como La furia de Alamar, tras verse perseguidos por tres días y tres noches alrededor del Cerro Brujo. Este evento puso fin a una guerra de seis años por el control de las tierras bajas de Tsai Jaldún y el delta del en la frontera sur de lJqbar, y dio origen a la consagración en Tlon de la literatura de los  Tigres Transparentes.

El inicio de la guerra se desató por una carta; el fin, también. Dicen que el primer día del XI mes del sexto año de guerra, el emperador Alamar recibió un sinfín de cartas desde todas las regiones de Uqbar. En ellas se agotaban los elogios, Ias alabanzas y las loas, se le felicitaba por sus estrategias y avances armamentísticos, y se le celebraba que al fin habían reducido al ejército rebelde de Jangr a apenas siete soldados. La victoria sobre los seguidores de lurga, líder de la rebelión y heresiarca de Jangr era considerada un hecho tanto por dioses como por hombres.

Dicen que cuando Alamar supo do los siete soldados restantes de Jangr, contó él mismo con su índice a sus guardias permanentes y vio que eran diez. Sonrió y ordenó retirar a tres de esos guardias para no ser injusto con las ahora fuerzas de Jangi. Durante siete días, ironizó sobre los siete soldados y bebió en cantidades sumergibles. Una semana después, uno de sus sirvientes le entregó una carta firmada por lurga. La última vez que había recibido una carta de lurga, seis años atrás, fue cuando este declaró que Jangr no sería de Uqbar mientras Uqbar fuera de Alamar. Ahí comenzó la guerra


EMMA ZUNZ


Bad hombre, Pola Oloixarac, p. 97 

“Te digo mas: el precursor de la nueva justicia feminista es nada menos que Jorge Luis Borges. Se trata de Emma Zunz, un cuento que Borges dedica a una mujer, Cecilia Ingenieros, que le dio el ar- gumento: una venganza que es un crimen perfecto. Zunz, el padre de Emma, había sufrido injustamente el oprobio y la prisión, condenado por un crimen que no cometió. Antes de morir en el exilio, el padre le jura a Emma que el ladrón era Loewenthal, el jefe de la fábrica donde trabajaba. En estricta soledad, ella diseña un plan para vengar al padre. Desciende a los lupanares del Bajo, se acuesta con un marinero sueco o finlandes, alguien que le desagrada, para que la pureza del horror no sea mitigada’ (en Borges, el sexo siempre implica el horror). Los jugos del sexo y el asco quedan dentro de ella, que acude al despacho de Loewenthal con un pretexto. Cuando el viejo sale a traerle un vaso de agua, Emma extrae el revólver del cajón y le pega dos tiros. Ya muerto, desordena el escritorio, le desabrocha el pantalón. Llama por teléfono: ‘El señor Loewenthal abusó de mí, lo maté’. El tono, el odio, el ultraje son verdaderos: solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”. El ultraje de Mireya era real; su odio al patriarcado era, mas que nunca, real y absoluto; solo no eran veraces las circunstancias y uno o dos nombres propios.


BORGES


El factor Borges, Alan Pauls, p. 12

Borges, "reaccionario” célebre, disimuló durante décadas dos pasados pecaminosos. En uno (que mal que mal consigue filtrarse en sus primeros textos canónicos) fue un nacional-populista ferviente, un revoleador de ponchos, un partidario de Juan Manuel de Rosas y del primer radicalismo de Irigoyen. El otro -un Borges rojo, allegado al Kremlin- fue durante mucho tiempo casi inconcebible. «En España [circa 1920] escribí dos libros», cuenta en  su Autobiografía. «Uno se llamaba (ahora me pregunto por qué) Los naipes del tahúr. Eran ensayos literarios y políticos (todavía era anarquista, librepensador y pacifista) escritos bajo la influencia de Pío Baroja. Querían ser amargos e implacables pero, en realidad, eran bien mansos. Recurría palabras como "estúpidos", "meretrices", "embusteros". No habiendo conseguido quien lo editara destruí el manuscrito cuando volví a Buenos Aires. El otro libro se titulaba Los salmos rojos o Los ritmos rojos. Era una colección de poemas ---quizás veinte- en verso libre en alabanza de la Revolución Rusa, de la fraternidad y del pacifismo. Tres o cuatro de ellos aparecieron en revistas (Épica Bolchevique, Trincheras, Rusia). Este libro lo destruí en España en vísperas de mi partida.”


LEONOR ACEVEDO DE BORGES


El factor Borges, Alan Pauls, p.29

Longeva (murió en 1975, a los 99 años), incondicional («ella fue una verdadera secretaria para mí, ocupándose de mi correspondencia, leyéndome, recogiendo mi dictado y viajando conmigo muchas veces”), secretamente influyente («fue ella, aunque demoré mucho en descubrirlo, quien silenciosa y eficazmente promovió mi carrera literaria”), despótica y posesiva (Estela Canto, uno de los romances fallidos de Borges, la responsabilizaba de la desgraciada biografía amorosa del escritor), Leonor Acevedo es sin duda la madre de escritor más célebre de una literatura que no brilla demasiado en figuras maternas. Fue una verdadera self made woman, y su «carrera” fue sigilosa pero sostenida. Aprendió inglés a través de su marido; accedió a la literatura a través de su hijo. Llegó afirmar, con el tiempo, algunas traducciones (La comedia humana de Saroyan, por ejemplo), y Borges hasta le atribuyó a ella las que lo habían hecho famoso a él (Melville, el Odando de Virginia Woolf, Las palmeras salvajes de Faulkner). Los dos hitos de esta biografía singular, que matiza la tenacidad con una razonable cuota de martirologio, son la muerte de su marido, en 1938, y el avance paulatino de la ceguera de su hijo, que va aislándolo del mundo y profundizando la dependencia materna. «Antes yo era ignorante”, le confesó Leonor a Jean de Milleret: «pero para no dejarme dominar por el dolor me puse a leer y a estudiar sola.” Y Borges cuenta, a fines de los años sesenta, que cuando murió su padre, «ella no sabía ni siquiera hacer un cheque; ignoraba lo que se puede hacer cuando se entra a un banco; no sabía depositar el dinero y ahora se ha vuelto perita en esas cuestiones. Y todo eso lo aprendió después de la muerte de mi padre, así como aprendió el inglés, ya que antes hablaba un inglés elemental, un inglés oral para conversar con mi abuela. Ahora puede incluso leer y captar el ritmo de los versos ingleses”. Leonor y Borges arman juntos una suerte de sociedad edípica de una eficacia impecable, donde el intercambio de asistencias y servicios alcanza una rara ecuanimidad: Leonor es los ojos de Borges; hace por Borges todo lo que Borges no puede hacer (leer, escribir, ocuparse de la vida práctica), se entrega a él por completo, y a través de ese sacrificio deja atrás su origen ignorante, crece, se ilustra


BORGES


El factor Borges, Alan Pauls, p. 103

Después de vapulear al «escritor Borges», Doll arremete contra Discusión, el libro de ensayos que Borges ha publicado un año antes. «Esos artículos, bibliográficos por su intención o por su contenido», escribe, «pertenecen a ese género de literatura parasitaria que consiste en repetir mal cosas que otros han dicho bien; o en dar por inédito a Don Quijote de la Mancha y Martín Fierro, e imprimir de esas obras páginas enteras; o en hacerse el que a él le interesa averiguar un punto cualquiera y con aire cándido va agregando opiniones de otros, pata que vea que no, que él no es un unilateral, que es respetuoso de todas las ideas (y es que así se va haciendo el artículo).» Doll está escandalizado, sí, pero su escándalo no tiene por qué empañar la atención, la nitidez con que busca incriminar a su presa. Dejando de lado los acentos morales -tan típicos de la profilaxis policial-, los cargos que levanta contra Borges suenan particularmente atinados. (Tan atinados, en realidad, que resultan redundantes: Borges, adelantándose a su perseguidor, a menudo los confiesa espontáneamente en el mismo libro por el que lo acusan.) Borges, según Doll, abusa de las cosas ajenas: repite y degrada lo que repite: no sólo reproduce textos de otros sino que lo hace inmoderadamente, corno si nunca hubieran sido publicados; asume una actitud «tolerante» sólo a modo de pose, como un ardid para legitimar moralmente algo que tal vez sea un vicio (la pereza) o un delito (el plagio). Difícil encontrar, para resumir esas imputaciones, una carátula más gráfica que la que elige Doll: parasitismo, literatura parasitaria. Es muy probable que Borges, contra toda expectativa de Doll, no la haya desaprobado. Con la astucia y el sentido de la economía de los grandes inadaptados, que reciclan los golpes del enemigo para fortalecer los propios, Borges no rechaza la condena sino que la convierte en un programa artístico propio.


INCIPT 1.499. EL FACTOR BORGES / ALAN PAULS


PRÓLOGO

Pese a lo que promete su título, este libro no es una novela de secretos y espías. Es un ensayo de lectura: un manual de instrucciones para orientarse (o extraviarse sin culpas) en una literatura. Y, sin embargo, en el fondo de esa práctica sigilosa que llamamos leer, ¿no hay acaso la ilusión, el vicioso designio de entablar con un libro, una obra o un autor esa relación de aventura y suspenso -hecha de incursiones nocturnas, cerrojos burlados y claves robadas- que conocemos de lejos bajo el nombre de espionaje? Hace mucho que las páginas de los libros dejaron de ofrecérsenos pegadas; anacrónicos -difícil imaginar un objeto más pasado de  moda-, los cortapapeles sobreviven a duras penas como souvenirs de comarcas turísticas fraudulentas. Pero ¿leer no es, no sigue siendo siempre desgarrar, entrometerse, irrumpir en un orden sereno, satisfecho de sí, devoto del silencio, las puertas entornadas y las persianas bajas? ¿ Y no es cierto acaso que el apellido Borges, además de designar al escritor más unánime de la historia de la literatura argentina, también identificó durante décadas una marca de cajas de seguridad, famosa por su eficacia a la hora de atesorar?


BORGES


La desaparición de Josep Mengele, p. 31

Los Perón quieren emancipar Argentina y anuncian una revolución estética e industrial, un régimen plebeyo. El presidente Perón atruena y vitupera, en la radio, ante las masas hechizadas, gesticula y fanfarronea, promete el fin de la humillación, de la dependencia, y una vida maravillosa, el gran salto: es el salvador, el justicialismo peronista logrará que Argentina figure en los libros de historia.

Perón es el primer político que sacude a la vetusta sociedad colonial argentina. Como secretario de Estado, ha mimado a los trabajadores; como presidente, impulsa los servicios públicos con el apoyo de la CGT, integrada en el inmenso aparato estatal. Crecimiento y autosuficiencia, orgullo y dignidad: Perón quiebra los privilegios de la oligarquía, planifica sus sueños de grandeza, centraliza y nacionaliza los ferrocarriles, el teléfono, los sectores estratégicos hasta ahora en manos de los extranjeros.

Evita es el icono de la modernización radical en ciernes. Vestida de gala, la madona de los pobres recibe a delegaciones sindicales, visita hospitales y fábricas, inaugura ramales de carretera, reparte prótesis dentales y máquinas de coser, arroja fajos de pesos por las  ventanillas del tren en el que recorre infatigablemente el país. Crea una fundación de ayuda a los descamisados, a todos los desheredados, y propaga el bondadoso mensaje peronista en el extranjero ante las multitudes que la aclaman. En 1947, durante su Gira del Arcoíris, la reciben el Papa y varios jefes de Estado. Los Perón, mediadores del pueblo y de la voluntad divina, consolidan el orden nuevo, nacionalista y autoritario. Purgan la universidad, la justicia, la prensa, la administración; triplican los efectivos de los servicios secretos, hombres de gabardina beis y traje oscuro. Perón vocifera: «¡Alpargatas sí; libros no!»: despedido de su puesto en la biblioteca municipal de Buenos Aires, Jorge Luis Borges es ascendido a inspector nacional de aves de corral y conejos.


BORGES


La desaparicón de Josef Menguele, p. 74

Apostado ante su mueble-radio, Gregor escucha la voz marcial de Aramburu, que remacha: «Será castigado con una pena de seis meses a tres años de cárcel todo aquel que haya colocado en lugar visible imágenes o esculturas de él, el tirano fugitivo, y de su cónyuge difunta, todo aquel que haya pronunciado en público palabras o expresiones tales como Perón, peronismo, tercera vía, y haya loado los méritos de la dictadura caída ... ». En nombre de la revolución libertadora, los líderes sindicales son detenidos y millares de funcionarios destituidos. Todos los lugares ( ciudades, barrios, provincias, calles, estaciones de tren, plazas, piscinas, hipódromos, estadios, dancings) que ostentan los nombres de los Perón son rebautizados; las pequeñas Evitas cambiarán de nombre de pila. La fundación es clausurada, sus sábanas quemadas, la cubertería fundida, las estatuas son retiradas, y los ciclomotores y adornos, exhibidos para mostrar el vicio y la codicia de la pareja derribada. Desaparece el cuerpo embalsamado de Evita. Borges es nombrado director de la Biblioteca Nacional y profesor de la Facultad de Letras de Buenos Aires. Perón encuentra refugio en Panamá, un exilio dorado, cabarés, cigarrillos, whisky, guapas jóvenes, y se enamorisca de una artista de variedades


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