Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

UNA ANECDOTA DE FERNANDEZ MALLO


El ángel de la Inteligencia Artificial, Agustín Fernández Mallo, p. 136

Una anécdota personal. En el año 2004. Tras permanecer seis meses convaleciente de una rotura de cadera, en una de las revisiones rutinarias, la prueba de resonancia magnético-nuclear reveló una pequeña mancha en la cabeza de mi fémur derecho. Asistí a la discusión entre el radiólogo —humano que interpreta imágenes (digamos esas “caras de Bélmez” que todos llevamos en el interior de nuestros cuerpos)—, y el traumatólogo —humano que opera, abre la carne y llega hasta el hueso, así que su reino último es el de la materia, no el de las representaciones—. En aquel caso. el radiólogo interpretaba esa mancha en mi fémur como un ente que significaba algo muy concreto, algo familiar, una forma completamente "figurativa” que se traducía en un claro principio de un proceso de necrosis, y que debia ser inmediatamente operada, pero el traumatólogo interpretaba la mancha como algo que no tenia importancia alguna, algo que nada significaba más allá de una mera forma abstracta. Tras asistir al ping pong de argumentaciones por ambas partes, cada vez más acaloradas, el traumatólogo concluyó con un grito que debió de oírse en toda la planta del hospital: “¡yo no opero una imagen!”

Repitámosla; • yo no opero una imagen». Ahi se halla el núcleo de la pregunta: ¿es la enfermedad. revelada por métodos no directos, tales como los rayos X o las reso• nancias magnéticas, la «verdadera realidad.?, o, por el contrarto, ¿son esos métodos de diagnóstico una mera representación de la realidad, y, en ese caso, como la tografia o el cine o las novelas, están sujetos a las Interpretaaones propias de los relatos y de las artes? Dicho de


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