Cuentos autobiográficos. Volumen II, Alvaro Pombo, p. 17
2. UN ENCUENTRO CON HENRY JAMES
La clave de mi entusiasmo por
Henry James, tanto el joven como el intermedio como el último, procede de la
idea de la maravilla del estar siendo consciente rodo: «The wonder of
consciousness». Lo que Henry James quiere a todo trance es incrementar y
refinar la atención cuidadosa de sus lectores, y en esto otra escritora inglesa
de finales del siglo xx, Iris Murdoch, se le parece mucho. También sus novelas
son un ejercicio de atención de los personajes y las tramas, y reclaman una
concentración especial del lector. Los libros de Henry James, antes de dar con
La campana de Iris Murdoch, fueron mi guía de Londres. Recuerdo que vivía en un
estado de ánimo intenso que yo sentía como insustancial, vacío de
significación, me sentía de más. Esto significaba entonces, quizá, la cualidad
del hechizo londiense. Durante un año por lo menos, mi muy deshilvanada
capacidad de leer textos largos o complicados en inglés tuvo su parte. Puedo
mencionar, sin embargo, dos libros fáciles nuestro autor, y comentar después mi
primera lectura de Retrato de una dama, esta ya una novela muy extensa y elaborada.
El asunto a que había que prestar atención en Otra de tuerca era la circulación
del otro mundo por este con un componente claro de malignidad, de mala
intención. Una vez empezabas el libro, por cierto expuesto solemnemente,
calmosamente al principio, luego te ibas internando, más y más, en la vida de
los dos niños abandonados en una casa de campo al cuidado de criados, y el la
evolución de sus almas. El segundo libro, Washington Square, era, al decir de
Grahan Greene, un libro felino. Esto quería decir que, excepción hecha de la
sincera pasión (equivocada) de la protagonista por el seductor que quería
casarse con ella, los sentimientos de los demás personajes tenían ese carácter
educado, sedoso, repentino, que parece que puede atribuirse a las panteras
negras o a los tigres.
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