Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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¿MALTRATO?


La chica más lista que conozco, Sara Barquinero, p. 309

OBSERVACIÓN I: Es increíble facilidad de ciertos hombres heterosexuales para empatizar con las posibles fallas morales de otros desde el «¿y si me acusaran injustamente de esto a mí?». Los lugares más comunes son el abuso sexual soft (mal sexo, sexo violento, poca responsabilidad emocional que escala velozmente a la terrible palabra: «maltratador»), pero dicha empatía también puede darse en otros contextos, como un mal comentario en clase (el «negro humo» de Philip Roth), los límites de la libertad de expresión, las fantasías de poder. Sin embargo, nunca se sienten en la necesidad de apelar a una posible y macabra situación en la que podrían «verse acusados injustamente» cuando se habla de problemas como la mentira, el robo, la deslealtad, el asesinato. Ninguno de esos hombres se ve si mismo capaz de ser acusado de mal amigo o de ladrón, pero si de abusador por una exnovia delirante.


EL MALTRATADOR


El desván de las musas dormidas. F. Argüelles, p. 93

A menudo experimento un cierto terror cuando la realidad me golpea con descaro, cuando esa evidencia incuestionable que conforma lo real me desmantela algunas construcciones ideales que fue levantando mi memoria. Entonces me pongo a temblar y siento que algo se me escurre entre los dedos.

Había una mujer que vivía en la cuesta del lavadero y que venía a veces a refugiarse a nuestra casa huyendo de las palizas de su marido. Era muy joven y muy guapa, pero tenía un lunar en la frente del tamaño de un botón de camisa, así que era inevitable fijarse en aquella mancha y distraerse de su belleza. El marido era un animal. Con la misma vara pegaba a su mujer, a sus hijos y a las vacas. Un día su mujer y sus tres hijos desaparecieron. Mi padre habló con un párroco amigo suyo de la ciudad y gestionó el abandono. El maltratador era muy feo, el hombre más feo que habíamos visto jamás, más feo incluso que el quinquillero que vendía de viaje y que era a la vez judío y gallego. En cejas, las orejas y en los huecos de la nariz le brotaba la hierba.


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