Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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LONDRES

 


Sobre la historia natural de la destrucción, WG Sebald, p. 111

Casi nadie dudará hoy de que el mariscal del aire Göring hubiera arrasado Londres si sus recursos técnicos se lo hubieran permitido. Speer cuenta cómo Hitler, en 1940, en una cena en la Cancillería del Reich, fantaseaba sobre la destrucción total de la capital del imperio británico: «¿Han visto alguna vez un mapa de Londres? Está tan densamente edificado que un incendio bastaría para destruir la sociedad entera, como ocurrió ya hace doscientos años, Göring quiere, mediante innumerables bombas incendiarias de efectos totalmente nuevos, producir incendios en las distincas partes de la ciudad, incendios por todas partes.   Miles. Entonces se unirán en una gigantesca conflagración. Göring tiene razón: las bombas explosivas no funcionan, pero se puede hacer con bombas incendiarias: idestruir Londres por completo! ¿Qué podrán hacer sus bomberos cuando todo esté ardiendo?.

 


INCIPIT 1.646. SOBRE LA HISTORIA NATURAL DE LA DESTRCCION / WG SEBALD

 

                 


El truco de la eliminación es el reflejo defensivo de cualquier experto.

STANISLAW LEM, Incógnita

Es difícil hacerse hoy una idea medianamente adecuada de las dimensiones que alcanzó la destrucción de las ciudades alemanas en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, y más difícil aún reflexionar sobre los horrores que acompañaron a esa devastación. Es verdad que de los Strategic Bombing Surveys de los Aliados, de las encuestas de la Oficina Federal de Estadística y de otras fuentes oficiales se desprende que sólo la Royal Air Force arrojó un millón de toneladas de bombas sobre el territorio enemigo, que de las 131 ciudades atacadas, en parte sólo una vez y en parte repetidas veces, algunas quedaron casi totalmente arrasadas, que unos 600.000 civiles fueron víctimas de la guerra aérea en Alemania, que tres millones y medio de viviendas fueron destruidas, que al terminar la guerra había siete millones y medio de personas sin hogar, que a cada habitante de Colonia le correspondieron 31 ,4 metros cúbicos de escombros, y a cada uno de Dresde 42,8....

               

 


INCIPIT 1.561. AUSTERLITZ / SEBALD


En la segunda mitad de los años sesenta, en parte por razones de estudio, en parte por otras razones para mí mismo no totalmente claras, viajé repetidamente de Inglaterra a Bélgica, a veces para pasar sólo un día o dos y a veces para varias semanas. En una de esas excursiones belgas que, según me parecía, me llevaban siempre muy lejos en el extranjero, llegué, un radiante día de verano, a la ciudad de Amberes, que hasta entonces conocía únicamente de nombre. Nada más llegar, mientras el tren entraba lentamente en la oscura nave de la estación por el viaducto de curiosas torrecillas puntiagudas a ambos lados, comencé a sentirme mal, y esa sensación de estar indispuesto no desapareció en todo el tiempo que estuve aquella vez en Bélgica. Recuerdo aún mis pasos inseguros al recorrer todo el centro de la ciudad por la Jeruzalemstraat, la Nachtegaalstraat, la Pelikaanstraat, la Paradijsstraat, la Immerseelstraat y muchas otras calles y callejas, y cómo finalmente, atormentado por el dolor de cabeza y pensamientos desagradables, me refugié en el zoológico, situado en la Astridsplein, al lado mismo de la Centraal Station.


INICPIT 1.249. LOS EMIGRADOS / SEBALD


A finales de septiembre de 1970, poco antes de tomar posesión de mi cargo en la ciudad de Norwich, en el este de Inglaterra, partí con Clara en dirección a Hingharn en busca de casa. La carretera recorre unas quince millas entre sembrados, a lo largo de setos, bajo majestuosas encinas y junto a varios poblados dispersos, hasta que por fin emerge Hingham, con sus frontispicios dispares, la torre y las puntas de los árboles apenas asomando sobre la planicie. La ancha plaza del mercado, rodeada de fachadas silenciosas, estaba desierta


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