Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 1.262. MELVILL / RODRIGO FRESAN


Ahora se sabe rodeado por todo y por todos, aunque también se sienta más solo que nunca. Aquí, la soledad perfecta de quien está afuera pero sin salida. Helado pero pronto a arder en fiebres. Hablando en crepitantes lenguas fogosas: chasqueando palabras que llamean y llaman, lejanas y ajenas a todo calor de hogar, a ese hogar al que se muere y en el que se morirá por volver.

Listo para ser un único recuerdo en tantas memorias diferentes. Deseando ser evocado así. Épico en su derrota. Hecho pedazos pero más fuerte que nunca porque ya no queda nada por romperse dentro de él. No hay nada que ocultar, todo ha sido revelado. Todo él para todos los demás. Expuesto ante todos y después de todo.

Su nombre pronunciado (mal pronunciado, acentuando la última sílaba, volviéndolo extranjero, afrancesado, aún más distante y, tal vez así, aún digno de mayor rechazo) con una mezcla de vergüenza y condena.

Su nombre a la vista de un jurado que jamás se arriesgaría a jurar por él y, de antemano, con veredicto alcanzado por unanimidad: “Joven Dilapidador de Familia Patricia”, así, con mayúsculas por escrito y remarcando las palabras al decirlas, es como se escribe en cartas y se dice de él en bailes y en banquetes y en misas.

Así, su sentencia a ejecutar sin demora ni posibilidad de apelación o indulto. Pero él todavía rogando por que al menos alguien testifique a su favor y tome nota y lo ponga en palabras y,  de algún modo, si no lo justifique al menos lo redima y le dé algún sentido y explicación y razón de ser.


THE NIGHTMARE


Melvill, Rodrigo Fresán, p. 127

Lo que no implica que Allan Melvill desprecie cuadros y esculturas (porque quedan tan bien enmarcados entre cortinas pesadas o sillones bien tapizados) y que ahora no sienta un escalofrío frente a ese cuadro que le señala Nico C., en Londres, antes de París y antes de Venecia.

«Ah ... Fuseli», le dice Nico C.

«The Nightmare», lee Allan Melvill.

«Magnífico ejemplo de chiaroscuro», continúa Nico C. «Este cuadro figura ... figurará en una página de esa novela con criatura muerta-animada que ya te mencioné. Supongo que llegado su momento nunca la leerás; pero la esperanza es lo último que se pierde. Tal vez deba decirte que en sus páginas se describen muy detalladamente artículos de lujo importados o algo así, porque ¿acaso hay algo más valioso y deseable que la posibilidad de un hombre muerto que ha sido importado de vuelta a la vida desde el Más Allá? ... Ja ... Y mira ese cuadro: ¿no piensas que están muy logrados esos doseles de brocado rojo y esa manta y esas sábanas en el fondo del cuadro? ¿ Y qué contendrán esos frascos sobre la pequeña mesa junto al lecho? ¿ Polvos afrodisíacos, alguna variedad de somnífero elegante y apenas prohibido; ese melódico y melancólico perfume que, anticipo, te dará a oler y a beber Cosmo de aquí a unos días? Y, ah, de nuevo, el simbolismo ... El simbolismo que es nuestra razón de ser y de no ser ... ¿Qué sería de nosotros sin él? El simbolismo que despierta todos los sueños a todas las interpretaciones. Digámoslo así, por ejemplo: en este cuadro tú eres la  doncella dormida y yo soy ese íncubo posado sobre tu cuerpo ... ¿ Y esa yegua nocturna? Digamos que esa yegua es todo aquello que no te atreves a montar pero, sin darte cuenta, que ya cabalgas hacia el abismo, Allan.»

INCIPIT 778. MANTRA / RODRIGO FRESAN

Muchos años antes de que empezara todo lo que tenía que terminar, antes de ese terrible y magnífico Día de los Muertos en que viajé y llegué para irme por primera y última vez a México Distrito Federal ( «Mexico City is known to Mexicans simply as México - pronounced ,MEH -kee-ko.' lf they want to distinguish .from Mexico the country, they call it either ,la ciudad de México' or el DF- el de EFF-e'»), cuando todavía faltaba demasiado tiempo para convertirme en quien soy ahora y jamás desearía haber sido, yo conocí a Martín Mantra o, mejor dicho, Martín Mantra me conoció a mí, me tendió su mano, y en su mano había un revólver.

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