Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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MM


Conversaciones íntimas con Truman Capote, p. 157

Clift siempre me recordaba mucho a Marílyn Monroe. Marilyn solfa decir: “A la única persona que le va peor en la vida que a mí es a Monty Clift.» Es curioso, porque más o menos tenían el mismo problema.

Ha escrito dos cosas sobre Marilyn; una se incluyó en Los perros ladran, la otra en Música para camaleones. En la primera, usted empieza: «¿Monroe? Una palurda, nada más ...” ¿Lo era? Claro que no. Eso es lo que ella creía que yo pensaba. No, yo adoraba a Marílyn. Me parecía maravillosa. Y su muerte me impresionó mucho. Yo estaba en España, en un pueblecito, y lo vi en un periódico español. Apenas podía creerlo. Aunque, no sé, había tratado de suicidarse al menos cuatro o cinco veces, que yo supiera, durante los años en que la traté, y la conocí desde la primera película que hizo, bueno, la primera en que tuvo diálogo, La jungla de asfalto. La dirigió John Huston, y él me la presentó.

¿Ha escrito algo sobre sus anteriores intentos de suicidio?

No. Escribí una semblanza de ella en Música para camaleones, pero no entré en eso.

¿Es ese retrato?”«Una hermosa criatura», el que prefiere entre los que ha hecho?

No, en ese libro mi preferido es el titulado “Un día de trabajo”, el de una mujer que va a limpiar casas.

¿Por qué cree que Norman Mailer se siente tan fascinado por Monroe?

Porque no la conocía.

¿Es verdad que Marilyn dijo: «Me gusta bailar desnuda delante del espejo y ver cómo saltan mis tetitas»?

Sí.

¿Sabía Marilyn que algún día escribiría usted sobre ella?

Yo tampoco lo sabía. Todo eso viene de mi diario. Todo el retrato salió de mi diario.

Lo terminaba con una pregunta: “¿Por qué la vida tiene que ser tan jodidamente podrida?» ¿Es eso lo que usted piensa de la vida en general?

Me refería a su vida ... , y también a algunos aspectos de la mía, sí. En general, no pienso así. Era una pregunta que le hacía a Marilyn, que al final del retrato aparece como una especie de espíritu. Como sí hablara con un espíritu.

Marilyn le contó que Errol Flynn tocaba el piano con el pene. ¿Es una anécdota corriente de Flynn?

No sé si lo es o no.

¿Le sorprendió o le chocó que a ella le gustara hablar de esa clase de cosas?

Le he dicho que la conocí durante mucho, mucho tiempo. Nada de Marilyn podía sorprenderme.

Usted ha escrito acerca de sus propias relaciones con Errol Flynn a los diecinueve años ...

Bueno, apenas pueden llamarse relaciones, Puede decirse que pasamos una velada juntos.


MARILYN


La mirada inconformista,  Vázquez Montalbán, p. 272
Creo sinceramente que el mito Marilyn es una creación de intelectuales, los que captaron las peculiaridades del comportamiento de Marilyn. El gran público se dejó llevar por el montaje publicitario y quedó fascinado por aquella muñeca hinchable que no tenía más busto que Jane Russell, ni más caderas que Anita Ekberg, ni más sexy espontáneo que Rita Hayworth. En la prehistoria del destape cinematográfico, los dos desnudos más famosos y divulgados eran el de Hedy Lamarr delgadita y a caballo en Éxtasis y el de Marilyn en un calendario en su etapa de starlet. Bastó la noticia de que aquella mujer se había desnudado para  posar ante un fotógrafo para que el hambre creara el menú. El gran público no supo apreciar la tremenda ingenuidad con la que la Monroe se prestó a posar para tan histórica fotografía.
-¿No tenía usted nada puesto? -le preguntó un periodista.
-Sí, la radio.
Esta respuesta ha dado la vuelta al mundo jaleada por intelectuales enloquecidos por esta muestra de esprit, y la realidad no es otra que la que se desprende exactamente de la respuesta de la Monroe y de la generosidad significativa de la palabra «tenía» en la pregunta. Y es que Marilyn Monroe iba por el mundo simbólicamente desnuda, sin otra cosa encima que las miradas, las voces, los ruidos ajenos. Mientras le duró el cuerpo y las luminarias publicitarias, nada hizo que se rompiera el encantamiento de aquella mujer ensimismada. Pero en cuanto empezó a dejar de oír el ruido de los alaridos de entusiasmo y los murmullos insinuantes, la muchacha distanciada descubrió de pronto que lo peor de la soledad es descubrir que existe y que no solo existe, sino que además te envuelve. Hoy Marilyn hubiera cumplido cincuenta años y es fácil deducir que su imagen era irreconvertible en otra imagen, que jamás hubiera podido hacer el papel de madre de galán o galana. Que en el horizonte solo le quedaba el papel de mujer madura, solitaria y despistada interpretando alguna película de Alfred Hitchcock. Una mujer que pasó por el mundo sin darse excesiva cuenta de lo apetecible que era, sin comprender cuánto calor la rodeaba y, en cambio, cuánto frío sentía ella en el interior, a la fuerza tuvo que angustiarse cuando aquella noche, la última noche, nadie contestaba a las llamadas de teléfono. Descubrió de pronto que había sido una muñeca hinchable a la que empezaban a abandonar en cuanto perdía algo de aire. En Los desarraigados había interpretado su primer gran papel de otra posible Marilyn Monroe. Y no le gustó el descubrimiento de que dejar de ser una muñeca hinchable significaba convertirse en una mujer madura perpetuamente en lucha con el tiempo, el peso, la distancia, el silencio.
MARTA DOUGHAM
Siesta, diciembre de 197 4

ERROL FLYNN

Música para camaleones, Truman Capote, p. 260-261
MARILYN (tentada, pero reacia): ¿De qué trata tu historia?
TC: De Errol Flynn.
MARILYN: (Silencio.)
TC: (Silencio.)
MARILYN (odiándose a sí misma): Vale, empieza. te: ¿Recuerdas lo que has dicho de Erro!? ¿Lo orgulloso que estaba de su picha? Puedo garantizarlo. Una vez pasamos una agradable noche juntos. ¿Me comprendes?
MARILYN: Te lo estás inventando. Me quieres engañiar,
TC: Palabra de explorador. Estoy haciendo un trato limpio. (Silencio; pero veo que ha picado, así que, tras encender un pitillo .. . ) Pues eso ocurrió cuando yo tenía dieciocho años.   diecinueve. Fue durante la guerra. En en invierno de 1943. Aquella noche; Carol Marcus, o quizá se había convertido ya en Carol Saroyan, dio una fiesta para su mejor amiga, Gloria Vanderbilt. La celebró en el piso de su madre, en Park Avenue. Una gran fiesta. Unas cincuenta personas. A. eso de medianoche se presentó Errol Flynn con su amigo de confianza, un mujeriego fanfarrón llamado Freddie McEvoy. Los dos estaban bastante borrachos. A pesar de eso, Errol empezó a charlar conmigo y estuvo divertido, nos hicimos reír el uno al otro; de pronto dijo que quería ir a El Morocco, y que yo fuera con él y con su amigo MacEvoy. Le dije que muy bien, pero McEvoy dijo entonces que él no quería dejar la fiesta con todas aquellas principiantes, así que Errol y yo terminamos yéndonos solos. Pero no fuimos a El Morocco. Tomamos un taxi hasta Gramercy Park, donde yo tenía un pequeño piso de una habitación. Se quedó hasta el mediodía siguiente.
MARILYN: ¿Y qué puntuación le darlas? En una escala de uno a diez. te: Francamente, si no hubiera sido Errol Flynn, no creo que lo hubiese recordado.
MARILYN: No es una historia maravillosa. No vale lo que la mía; ni por asomo.

TC: Camarero, ¿dónde está nuestro champaña? Tiene usted sedientas a dos personas.

EL ASESINATO DE MARILYN

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 940-941
La puta del Presidente era una alcohólica y una drogadicta, de manera que su muerte no sorprendería a nadie en Hollywood y sus alrededores. Sobre su mesilla de noche había un sórdido despliegue de frascos de pastillas, ampollas y un vaso medio lleno de un líquido turbio. junto a la ventana vibraba y zumbaba un pequeño aparato de aire acondicionado ineficaz para purificar el punzante hedor femenino mezclado con polvos de talco y perfume, toallas y sábanas sucias y un penetrante olor a una sustancia química que hacía llorar los ojos del Francotirador; dio gracias por llevar un pasamontañas de tejido tupido, que le protegía la boca y la nariz de ese aire enrarecido.
«El sujeto no ofrecerá resistencia.» Las palabras de R. E, confirmadas.

La mujer estaba desnuda, cubierta por una sábana blanca como si ya estuviese en la camilla del forense. La sábana se adhería a su cuerpo febril, marcando el vientre, las caderas y los pechos de una manera a la vez excitante y repugnante. Debajo de la sábana, ¡las piernas lascivamente abiertas, con una rodilla semiflexionadal Uno de sus pechos, el izquierdo, estaba prácticamente al descubierto. El Francotirador habría querido taparlo. El enmarañado cabello platinado, semejante al de una muñeca y fantasmagóricamente pálido, era casi invisible sobre la almohada. Su piel también era fantasmagóricamente pálida. El Francotirador había visto muchas veces a esta mujer y siempre le había sorprendido la blancura y la antinatural suavidad de esa piel. Y lo que el mundo, con su cobarde servilismo, llamaba belleza. También los grandes pájaros del cielo, las águilas reales y los halcones peregrinos, eran hermosos en vuelo y sin embargo podían reducirse a simple carne para después colgar sus cadáveres de unos postes. Ahora sabes lo que eres. Ahora ves el poder del Francotirador. Los párpados de la mujer temblaron, como si hubiese oído sus pensamientos, pero el Francotirador no tuvo miedo; en semejante estado, «el sujeto, podía abrir los ojos y sin embargo no ver nada, perdida en sus sueños y ajena a todo lo que la rodeaba. Su boca estaba flácida como un tajo cortado en la cara, y los músculos de sus mejillas se movían espasmódicamente, como si  quisiera hablar. De hecho, gimió en voz baja. Tembló. Tenía el brazo izquierdo sobre la frente, enmarcando su cabeza. Exhibiendo una axila cuyos pelos rubios oscuros brillaron a la luz de la linterna, inspirando repugnancia al Francotirador. Sacó una jeringuilla del maletín. Un médico contratado por la Agencia la había preparado con Nembutal líquido. Aunque el Francotirador llevaba guantes, éstos eran de fino látex, como los que usaría un cirujano. Sin prisa alguna, el hombre dio vueltas alrededor de la cama, calculando el mejor ángulo de ataque. Debía ser un ataque rápido y certero tal como le habían ordenado. Lo ideal habría sido sentarse a horcajadas sobre su objetivo, pero no podía arriesgarse a despertarla. Finalmente, se inclinó sobre el lado izquierdo de la mujer inconsciente y mientras ella respiraba hondo, levantando la caja torácica, le hundió la aguja de quince centímetros en el corazón.

MARILYN EN 1941

Blonde: una novela sobre MM, JCOates, p.934
El blanco traje de baño de 1941. «Esa encantadora y estúpida jovencita. Todos la conocíamos, por supuesto. Tenía un traje de baño nuevo, blanco, bonito, de una pieza, con tirantes  cruzados en la parte delantera y la espalda descubierta, y ese monumento de mujer tenía una figura espectacular y una melena ondulada que caía sobre su espalda, pero el traje de baño era de una tela barata y cuando se metió en el agua (sucedió en Will Rogers Beach) se volvió casi transparente, se le veía el vello del pubis y los pezones, pero ella no parecía notarlo mientras corría y chillaba entre las olas, y Bucky se puso rojo de furia y debió de decirle algo porque al final la tranquilizó, le ató una toalla a la cintura y la obligó a ponerse una de sus camisas, que le quedaba tan grande que parecía una tienda de campaña inflada por el viento. Se quedó cohibida y no dijo una sola palabra más durante el resto del día. Aunque nunca lo hacíamos en su cara, nos burlábamos mucho de ella, era una especie de chiste entre nosotros; cuando Bucky y su chica, Norma jeane, no estaban delante, nos reíamos como hienas.

MARILYN Y ARTHUR MILLER

Blonde, una novela sobre Marilyn Monroe, JCOates, p. 792
Miedo escénico. Porque no podía expresar la ira. Porque podía expresar con estilo y sutileza todas las emociones menos la ira. Porque podía expresar el dolor físico, la confusión, el temor, el sufrimiento moral, pero no podía presentarse de manera convincente como instrumento de tales reacciones en otros. No en escena. Su debilidad, el temblor de la voz cuando la alzaba con enfado. En son de queja, encolerizada. ¡Pero no, no podía! Y alguno, situado al fondo del local donde ensayaban (fue en Manhattan, en el New York Ensemble, y ella sin micrófono), gritaba: «Perdona, Marilyn, pero no te oigo.» El hombre que era su amante o que había deseado ser su amante, al igual que todos sus amantes convencido de que sólo él conocía el secreto que resolvería el enigma, la maldición de Monroe, le dijo que como actriz debía aprender a expresar la ira, que ella sería entonces una gran actriz o que al menos tendría una oportunidad para serlo, él guiaría su trabajo, él le elegiría los papeles, la dirigiría, haría de ella una gran actriz de teatro; bromeando y reprendiéndola incluso mientras copulaban (sin dejar de hablar como solía, con lentitud y desconcierto, medio abstraído, más que en el momento del orgasmo, y aun así por poco tiempo, como si fuera un paréntesis) y diciéndole que sabía por qué no era capaz de expresar la ira, ¿lo sabía ella?, y ella negó con la cabeza, y él dijo Porque quieres que te amemos, Marilyn, quieres que el mundo te ame y no te destruya, aunque tú destruirlas el mundo y temes que conozcamos tu secreto, ¿no crees?, y ella huyó de él y amó a su amigo el Dramaturgo, y se casó con el Dramaturgo, que la conoció como Magda y que apenas llegaría a conocerla.
(En la foto el matrimonio acompañado de Yves Montand y Simone Signoret)

MARILYN Y BILLY WILDER

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 794
Se rumoreaba que Marilyn y W “se entendían y habían acabado mal”. Oíamos a W echarle la bronca, no en la cara, sino en la espalda que se alejaba. La llamaba por teléfono al ver que no llegaba pero no conseguía localizarla; a veces se retrasaba cinco horas, seis horas, o no aparecía. Los problemas de espalda de W comenzaron durante el rodaje de Con faldas y a lo loco, con contracturas. Enviaron al ayudante de W a buscarla a la caravana (estábamos entonces en exteriores, en Coronado Beach, para rodar la secuencia de Florida, y allí estaba Sugar Kane totalmente maquillada y con el traje de baño, hacía una hora que estaba lista y nos estaba esperando, de pie, con impaciencia, leyendo un libro que seguramente seria de ciencia ficción, El origen de las especies, y el ayudante de W dijo: «Señorita Monroe, W la espera», y Marilyn, sin mirarlo ni inmutarse, va y le suelta: «Dile a W que le den por el culo.»

Sus comienzos como joven promesa de la pantalla. Monroe era astuta y práctica. Adquiría los muchos fármacos que tomaba (Benzedrina, Dexedrina, Miltown, Dexamyl, Seconal, Nembutal, etcétera) en distintos drugstores de Hollywood y Beverly Hills, del mismo modo que consultaba a diversos médicos, sin que ninguno conociera y ni siquiera sospechara (por lo menos es lo que dirían después de su muerte) los servicios que prestaban los demás. Pero su drugstore favorito, según diría en las entrevistas, sería siempre Schwab's. «Donde Marilyn comenzó a prometer como actriz mientras Richard Widmark le miraba el culo.»

MARILYN Y TONI CURTIS

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 790-791
En el cerrado dormitorio trasero de la casa de Whittier Orive un hombre decía con ternura Norma ya sabes que me preocupo mucho por ti, y ella decía sí lo sé, con la cabeza puesta en Sugar Kane y en la sesión de rodaje del día siguiente, que era una escena de amor entre Sugar Kane y un hombre que (en la película) la adoraba y que interpretaba e, un actor que (en la vida real) había acabado por despreciar a Marilyn Monroe. Su conducta infantil y egoísta, su reiterada incapacidad para llegar al estudio a tiempo Y, una vez allí, su incapacidad para recordar frases, por mezquindad, por estupidez o porque las drogas le estuvieran derritiendo los sesos, obligaban a C y a los demás a repetir las tomas, y se sabía que su propia actuación en la película era cada dia peor, y W. el director, se inclinaría por Monroe en el montaje definitivo, porque la atracción principal de la película era Monroe, la muy guarra. Y por eso la despreciaba C, y en la culminante escena del beso le habría gustado escupir a Sugar Kane en aquella falsa cara de ingenua que tenía. ya que por entonces el simple roce de la legendaria pile de Monroe le revolvía las tripas, y  sería enemigo de Monroe durante toda la vida, ¡y la de cosas que contó de ella después de muerta! Así pues, al día siguiente, delante de las cámaras, aquellos dos tenían que besarse fingiendo pasión e incluso afecto, y el público tenía que creérselo, y era esta perspectiva a la que daba vueltas mientras un hombre le decía con voz suplicante ¿Qué puedo hacer por ti cariño? Por los dos. Recordó con un estremecimiento de culpa que aquel hombre que quería confortarla, aquel hombre adusto, honrado y medio calvo, era su marido. ¿Qué puedo hacer por nosotros, cariño, por los dos, dímelo? Quiso hablar, pero tenía algodón en la boca. 

MARILYN Y AVA

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 815
-Bueno, me ... titubeó la Actriz Rubia-me daría vergüenza hablar así.
La Morena se echó a reír.
-A mí me dan vergüenza muy pocas cosas.
Pero la Actriz Rubia insistió.
-Actuar es una forma de vivir. No sólo por dinero. Es ... bueno, ya lo sabes. Un arte.
La turbaba hablar con tanta vehemencia.
-Tonterías --dijo la Morena-. Actuar no es más que actuar.
Pero quiero ser una gran actriz. Seré una gran actriz.
Compadeciéndola tal vez, al ver su expresión, la Morena cambió de tema y se puso a hablar de los hombres. Graciosos y crueles. De los hombres que conocían las dos, jefazos de los estudios, productores particulares. Actores, directores, guionistas, agentes y escurridizos y fantasmales inquilinos de la cultura marginal. Claro que había follado con Z, «para subir. ¿Quién no?»  también había jodido, hacía años, con «Shinn, aquel judío retaco y sexy», e incluso ahora echaba de menos a l. E. También con Chaplin. Bueno, con Charlie padre y con Charlie hijo. Con Edward G. Robinson padre y con Edward G. Robinson hijo. «A estos dos, a Cass y a Eddy G, también te los tiraste tú, ¿verdad, Norma?» Con Sinatra, con quien había estado casada durante unos cuantos años de inestabilidad. Frankie, a quien había dejado de respetar el día que quiso matarse con somníferos.
-Por amor. Por amor a mí. Llamaron a una ambulancia, no a mí, y lo salvaron. Así se lo dije a él: «So panoli. Toman somníferos las mujeres. Los hombres se ahorcan o se saltan la tapa de los sesos. » Nunca me perdonó, pero a otras mujeres aún las perdonó menos.
La Actriz Rubia habló entre titubeos de lo mucho que admiraba a Sinatra el cantante.

-No es malo -prosiguió la Morena, encogiéndose de hombros--. Si te gustan las ñoñerias blandengues de los blancos americanos. A mí lo que me va es el sonido negro sucio, el jazz, el rock. Frankie era bueno jodiendo. Cuando no estaba borracho o drogado. Era puro nervio. Un esqueleto saltarín con la polla a punto. 

MARILYN Y SU MADRE

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 394
-De todos los enigmas, madre, hay uno que me parece el más incomprensible --dijo con aire pensativo--. Que algunos “existimos”, pero la mayoría, no. Un filósofo griego dijo que no hay nada tan agradable como no existir, pero yo no estoy de acuerdo, ¿y tú? Porque en ese caso estaríamos privados del conocimiento. Hemos conseguido nacer y eso ha de significar algo. ¿Dónde estábamos antes de nacer? Una amiga mía llamada Nell, una actriz que trabaja conmigo en La Productora, dice que se pasa toda la noche en vela, atormentada por esa clase de preguntas. ¿Qué significa nacer? Cuando muramos, ¿todo será igual que antes de que naciéramos? ¿O habrá una nada diferente? Porque quizá entonces conservaríamos el conocimiento. La memoria.
Gladys se removió en la silla, incómoda, pero no respondió.
Gladys, lamiéndose los pálidos labios.
Gladys, la mujer que guardaba secretos.
Fue entonces cuando Norma Jeane se fijó en las manos ajadas de su madre. Fue entonces cuando recordó que, en la sala de visitas del hospital, las había visto enlazadas sobre las rodillas de Gladys, y más tarde hundidas en su regazo. Las manos de la madre cerradas en puños. O abiertas, con los delgados e inquietos dedos acariciándose unos a otros. Las uñas mordidas, rotas, rodeadas de sangre, clavándose las unas en las otras. En ocasiones, las manos de Gladys parecían disputarse el control. Incluso cuando la mujer aparentaba una indiferencia propia de una sonámbula, allí, sobre su regazo, estaba la prueba de su actitud alerta, de su agitación. Las manos son su secreto. ¡Ha revelado su secreto!
La Bella Princesa devolvió a su madre al Pabellón C del Hospital Psiquiátrico de Norwalk para que la cuidaran. La Bella Princesa se enjugó las lágrimas y se despidió de su madre con un beso. Con delicadeza, desató el vaporoso pañuelo negro del cuello de la mujer madura y lo colocó alrededor de su hermoso cuello sin arrugas.

-¡Perdóname, madre! Te quiero.

MARILYN SIN ESTADO

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p.777
Buena parte del tiempo que pasó en el hospital estuvo callada. Yacía con los hinchados ojos entornados, como si flotase un poco por debajo de la superficie del agua. Una misteriosa sustancia le entraba gota a gota en las venas y por las venas le llegaba al corazón. Su respiración era tan superficial que el Dramaturgo no estaba seguro de que respirase en realidad, y si el Dramaturgo daba una ligera cabezada, un velo de un blanco destellante en su cerebro, porque estaba agotado, porque no era joven, porque estaba perdiendo los siete kilos de más que tenia desde que se había casado, despertaba aterrorizado por la posibilidad de que su mujer hubiera dejado de respirar. Le cogía las manos, para garantizarle la vida. Le acariciaba las hinchadas y yertas manos. ¡Pobres manos lastimadas! Viendo con horror que aquellas manos eran más bien pequeñas y de dedos cortos, manos vulgares, con una franja de mugre  bajo las mordisqueadas uñas. Su pelo, su famoso pelo, oscurecido en las raíces, seco, quebradizo y raleante. Le murmuraba con voz queda, como a una niña: “Te amo, queridisima Norma. Te amo”, con la certeza de que ella lo oiría. Ella también lo amaba, y lo perdonaría. Y de repente, al atardecer del tercer día, le sonrió. Le cogió las manos y pareció revivir.
¡El genio del actor! Sacar energía de las indescriptibles profundidades del alma. No podemos abarcarle. No es extraño que te temamos. Estamos en una lejana orilla, alargándote las manos con veneración .

-Volveremos a intentarlo, ¿verdad, papá? las veces que haga falta. -Quien no había abierto la boca durante días se puso a hablar con rapidez. Estuvo enérgica e implacable. Sus ojos de  enferma brillaban. El marido no quería que ella le viese la cara-. No nos rendiremos nunca, ¿verdad, papá? Nunca. ¿Me lo prometes? 

LECCIONES DE SEXO

Blonde, una novela sobre MM, JC Oates, p. 177-178
-Quizá la noche de bodas deberías beber de más --decía Elsie-. No digo que te emborraches, pero sí que te achispes un poco con champán. Por lo general el hombre se pone encima de la mujer y ella está preparada para recibirlo, o debería estarlo. No duele.
Norma Jeane se estremeció. Miraba a Elsie de reojo con gestodesconfiado.
-¿No duele?
-No siempre.
-Ay, tía Elsie. Todo el mundo dice que duele.
-Bueno, a veces --concedió Elsie. Al principio.
-Pero la mujer sangra, ¿no es cierto?
-Si es virgen, tal vez.
-Entonces ha de doler. Elsie suspiró .
-Supongo que eres virgen, ¿no? -Norma Jane asintió con solemnidad y Elsie, violenta, explicó-: Bueno. Tu marido te prepara. Ahí abajo. Entonces te mojas y estás listas. ¿Nunca te ha pasado?
-¿Qué cosa? -preguntó Norma Jeane con voz temblorosa.
-Si has deseado hacer el amor.
Norma Jeane sopesó la cuestión.
-Casi siempre me gusta que me besen y me encanta que me abracen. Como a una muñeca. Aunque entonces la muñeca soy yo.
-Rió como solía hacerlo, con voz aflautada, asustada, chillona-. Si  cierro los ojos, ni siquiera sé quién lo hace. Cuál de ellos es.
-¡Qué cosas dices, Norma Jeane!
-¿Por qué? Sólo son besos y abrazos. ¿Qué importancia tiene quién sea el chico?
Elsie meneó la cabeza, un tanto escandalizada. ¿Qué importancia tenía? Que la condenaran si lo sabía. Pensaba en que Warren la habría matado si hubiera besado a otro hombre, y ¡qué decir si hubiera tenido una aventura! Claro que él le había sido infiel muchas veces y ella había sufrido y se había puesto furiosa, le había dicho lo que pensaba de él, loca de celos, llorando, y él lo había negado todo aunque era evidente que disfrutaba con la reacción de su esposa. Era parte del juego, parte del matrimonio, ¿no? Al menos en la juventud.

-Debes ser fiel a un solo hombre -declaró Elsie con falsa indignación-. «En la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte os separe.» Son cosas de la religión, supongo. Quieren asegurarse de que si tienes hijos, éstos sean de tu marido y no de otro. Te casarás con una ceremonia cristiana. Yo me ocuparé de ello.

MARILYN EN ESTADO

Blonde, una novela sobre MM, JC Oates, p. 321
Ella, su hija, nacería el día de Año Nuevo de 1950.
En una época de explosiones radiactivas secretas. Fuertes vientos cálidos soplaban sobre las salinas de Nevada. Sobre los desiertos del oeste de Utah, las aves alcanzadas en pleno vuelo caían en picado a la tierra como pájaros de dibujos animados. Antílopes, pumas, coyotes moribundos. Los ojos de las liebres reflejaban terror. En los ranchos de Utah que rodeaban los restringidos campos de pruebas del desierto de Great Salt Lake, morían vacas, caballos, ovejas. Era un tiempo de «pruebas nucleares defensivas». Un tiempo de tragedias y alerta constante. Aunque la guerra había terminado en agosto de 1945 y ya había empezado el añio 1950, una nueva década.
También era la época de los platillos volantes: «objetos voladores no identificados» detectados sobre todo en el cielo del oeste de Estados Unidos. Aunque algunos verían estos artefactos planos y veloces también en el noroeste. Millares de luces parpadeantes, apariciones y desapariciones casi instantáneas. A cualquier hora del día o de la noche, aunque más a menudo de la noche, uno podía divisar alguno al alzar la vista. Los fogonazos podían cegarte y los feroces vientos calientes dejarte sin respiración. Una atmósfera de peligro y al mismo tiempo de profunda trascendencia. Como si el cielo se abriera y nos revelara lo que estaba detrás, oculto hasta el momento.

En el otro extremo del mundo, lejano como la luna, los misteriosos soviéticos hacían detonar sus bombas nucleares. Eran demonios comunistas empeñados en la aniquilación de los cristianos. Era imposible hacer una tregua con ellos, igual que con cualquier demonio. Sólo era cuestión de tiempo -¿meses?, ¿semanas?, ¿días?
En la imagen Eva al desnudo (1950)

MM

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 284-285
Hablaban con entusiasmo entre sí y no me hacían caso como suelen hacer los hombres como si yo no estuviera allí entonces reconocí la voz misteriosa de mis sueños la voz de los presagios y premoniciones de hecho eran dos voces, voces masculinas hablando de mí pero no conmigo Uno de los ayudantes del señor X le había pasado una lista de nombres femeninos y él y el señor Shinn discutían al respecto
Moira Mona Mignon Miriam Marilyn Mina Mavis
y el apellido sería «Miller» Me molestó que no me consultaran porque ahí estaba yo, sentada entre los dos pero prácticamente invisible para ellos Detestaba que me trataran como a una niña y me acordé de Debra Mae cuyo nombre habían cambiado contra su voluntad «Marilyn» no me gustaba en el orfanato había una celadora que se llamaba así y era odiosa y «Miller» no me parecía un apellido bonito ¿Por qué era mejor que el de «Baken~. que ni siquiera consideraron? Traté de explicarles que me habría gustado conservar por lo menos «Norma» había crecido con ese nombre y siempre sería mi nombre pero se negaron a escucharme
Marilyn Miller Moira Miller Mignon Miller
querían el sonido MMMMMM lo pronunciaban como si cataran un vino dudando de su calidad entonces el señor Shinn se dio una palmada en la frente diciendo ya existe una actriz llamada Marilyn Miller, trabaja en Broadway y el señor X soltó una maldición porque estaba perdiendo la paciencia me apresuré a proponer qué tal “Norma Miller” pero los hombres seguían sin escucharme añadí con tono suplicante que el apellido de mi abuela era «Monroe» en eso el señor X chasqueó los dedos como si la idea acabara de ocurrírsele a él y él y el señor Shint dijeron al unísono como en una película
Mari-lyn Monroe
¡saboreando el sonido rumoroso!
MARl-LYN MONROE
lo repitieron varias veces riendo y felicitándose el uno al otro y a mí y eso zanjó la cuestión
MARlLYN MONROE

sería mi nombre artístico y con él figuraría en los títulos de crédito de Scudda-Hoo! Scudda-Hay! Ahora eres una auténtica starlet dijo el señor Shinn con un guiño Estaba tan contenta que lo besé y también al señor X y a todos los que estaban cerca y ellos estaban contentos por mí

MENAGE A TROIS

Blonde: una novela sobre MM, JC Oaptes, p.420
Le había costado identificar a los hombres, aunque, naturalmente, los conocía: Cass Chaplin y Eddy G Robinson, hijos de padres célebres que los despreciaban, príncipes destronados. Eran pobres, pero vestían ropa cara. No tenían casa, pero vivían con lujo. Se rumoreaba que bebían en exceso y que consumían drogas peligrosas, pero quién lo diría al verlos: eran el prototipo perfecto del americano joven y viril. ¡ Cass Chaplin y Eddy G habían ido a buscarla! ¡La querían! A ella, a quien otros hombres despreciaban, usaban y tiraban corno si fuera un pañuelo de  papel. De acuerdo con la historia que los jóvenes contaban una y otra vez, Norma Jjeane llegó a la conclusión de que habían asistido a la fiesta del magnate de Texas con el único propósito de verla a ella.

Lo que no podía saber entonces era que harían posible mi vida. Que, entre muchas otras cosas, me permitirían interpretar a Rose. Uno de ellos la arrojó sobre la arena fría y húmeda,  compacta como si fuera tierra. Ella luchaba, riendo, con el vestido desgarrado y el portaligas y las medias de encaje negro, torcidos. El viento le alborotaba el pelo y le hacía llorar los ojos, de modo que no veía prácticamente nada. Cass Chaplin comenzó a besarla en la boca, primero con suavidad y luego con creciente pasión, metiéndole la lengua, recuperando el tiempo perdido. Nonna Jeane se abrazó a él desesperadamente, rodeándole la cabeza con los brazos, mientras Eddy G se arrodillaba para bajarle las bragas y por fin las desgarraba. La acarició con sus hábiles dedos, y con su lengua igualmente hábil la besó entre las piernas, frotando,  estregando, moviéndose a un ritmo vertiginoso; Norma Jane enlazó las piernas alrededor de los hombros y la cabeza del joven: comenzaba a balancear las cadera, estaba a punto de correrse, de modo que Eddy, rápido y ágil como si hubiera practicado esa maniobra muchas veces, se puso de cuclillas sobre ella mientras Cass adoptaba la misma postura sobre su cara, y los dos la penetraron: el delgado pene de Cass en la boca y el más grueso de Eddy en la vagina, empujando con rapidez y maestría hasta que la chica se puso a gritar como no había gritado nunca, como si fuera a morirse, abrazando a sus amantes en semejante paroxismo de emoción que más tarde todos reirían con pesar de la escena.

MATRIMONIO DE MM

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p.224
 -Encima quiere tener hijos -prosiguió Bucky, indignado-. En plena guerra. Ha estallado la Segunda Guerra Mundial, el mundo se está yendo a hacer puñetas y mi mujer quiere tener hijos. ¡Señor!
-No seas blasfemo, Bucky -protestó débilmente la señora Glazer-. Ya sabes cuánto me fastidia.
-Yo sí que estoy fastidiado -replicó Bucky-. Cuando vuelvo a casa, Norma Jeane se comporta como si se hubiera pasado el día entero limpiando y haciendo la cena para mí, esperándome. Como si no existiera sin mí. Como si yo fuera Dios o algo por el estilo. -Dejó de pasearse, respirando con díficultad. La señora Glazer le había servido gelatina de cerezas en un plato y él empezó a comer con voracidad. Con la boca llena, añadió-: Yo no quiero ser Dios. No soy más que Bucky Glazer.
El señor Glazer, que había permanecido callado hasta ahora, declaró con contundencia:
-Mira, hijo, vives con esa chica. Os casasteis por la Iglesia «hasta que la muerte os separe». ¿Acaso crees que el matrimonio es un tiovivo?, ¿que puedes dar unas cuantas vueltas y luego apearte para jugar con los demás chicos? No, señor. Es para toda la vida. Mientras comía la gelatina de cereza, Bucky emitió un sonido semejante al que haría un animal herido.

Quizá en tu generación, viejo. Pero no en la mía.

NIÑOS MALTRATADOS

Blonde, JC Oates, p.105
Porque en la Casa de Expósitos de Los Ángeles había niños más desdichados que Norma Jeane. A pesar del dolor y la confusión, ella lo sabía. Niños retrasados, con lesiones cerebrales,  tullidos –bastaba un vistazo para saber por qué los habían abandonado--; niños feos, furiosos, salvajes, derrotados, que no te atrevías a tocar por miedo a que la viscosidad de su piel se adhiriera a la tuya. La niña de diez aftas que dormía en el camastro contiguo al de Norma Jeane en el dormitorio de la tercera planta, Debra Mae, había sido maltratada y violada (qué dura, qué cruel era la palabra «violación», una palabra adulta; pero Norma Jeane sabía, o casi sabía intuitivamente lo que significaba; era un sonido lacerante y algo vergonzoso que tenía que ver «con lo que una tiene entre las piernas y nunca debe enseñar», ese sitio donde la piel es blanda, sensible y se lastima con facilidad; si Norma Jeane se estremecía ante la sola idea de que la tocaran allí, cuánto menos podía imaginar algo duro y punzante penetrándola por la fuerza). Había también unos gemelos de cinco años, hallados a punto de morir de desnutrición en un cañón de las montañas de Santa Mónica, donde su madre los había abandonado en un «sacrificio semejante al de Abraham en la Biblia» (según explicaba en su nota); una niña de once años llamada Fleece, aunque tal vez su nombre original fuera Felice, que pronto hizo amistad con Norma Jeane y no se cansaba de contar, con morbosa fascinación, la historia de su hermana de dos años, a quien el amante de su madre había «golpeado contra la pared hasta esparcir sus sesos como semillas de melón». Norma Jeane, enjugándose las lágrimas,  econoció que a ella no le habían hecho daño. Que ella recordara.

NIÑOS ABANDONADOS

Blonde: una novela sobre Marilyn Monroe, JC Oates, p. 103
Perdida
Si era suficientemente bonita, mi padre vendría a buscarme y me llevarla con él. Cuatro años, nueve meses y once días.

A lo largo y ancho del vasto continente de América del Norte era época de niños abandonados. Y en ningún lugar eran tantos como en el sur de California. Tras numerosos días de cálidos, crueles e implacables vientos procedentes del desierto, comenzaron a descubrir niños entre la arena y los desperdicios que llenaban las secas cunetas, las alcantarillas o las vías férreas; arrastrados por el vendaval hasta las escalinatas de granito de las iglesias, hospitales y edificios públicos. Niños recién nacidos, con el sanguinolento cordón umbilical todavía unido al vientre, aparecían en lavabos públicos, bancos de iglesia, cubos de basura y vertederos. Cómo aullaba el viento día tras día; aunque en cuanto empezó a amainar, se descubrió que los aullidos provenían de los bebés abandonados. Y de sus hermanas y hermanos mayores: niños de dos o tres años que deambulaban, desorientados por las calles, algunos con las ropas y el pelo chamuscados. Eran seres sin nombre. Criaturas incapaces de hablar, de entender. Niños heridos, muchos con graves quemaduras. Otros, aún menos afortunados, habían muerto; el servicio sanitario retiraba con presteza de las calles de Los Angeles sus pequeños cadáveres, a menudo calcinados e imposibles de identificar, y los cargaban en camiones para luego enterrarlos en fosas colectivas en los cañones. ¡Ni una palabra a la prensa o la radio! Nadie debía enterarse.

LOS AMANTES DE LA MONROE

Blonde: una novela sobre Marilyn Monroe, JC Oates, p. 519
“No se harta del chorizo polaco”

¡Sus amantes! Según el voluminoso expediente del FBI etiquetado con el nombre NORMA JEANE BAKER, ALIAS MARILYN MONROE, eran: Z, D, S , T y media docena más de miembros de La Productora. El fotógrafo comunista Otto Óse, el guionista rojo Dalton Trombo, el actor comunista Robert Mitchum. Howard Hughes, George Raft, l. E. Shinn, Ben Hecht, john Huston, Louis Calhern, Pat O'Brien, Mickey Rooney. Richard Widmark, Ricardo Montalbán, George Sanders, Eddie Fisher, Paul Robeson, Charlie Chaplin (padre), Charlie Chaplin (hijo), Stewart Granger,Joseph Mankiewicz, Roy Baker, Howard Hawks, Joseph Cotten, Elisha Cook hijo,  Sterling Hayden, Humphrey Bogart, Hoagy Carmichael, Robert Taylor, Tyrone Power, Fred Allen, Hopalong Cassidy, Tom Mix, Otto Preminger, Cary Grant, Clark Gable, Skid Skolsky, Samuel Goldwyn, Edward G. Robinson (padre), Edward G. Robinson (hijo), Van Hellin, Vanjohnson, Tonto, JohnnyWeissmuller («Tarzán»), Gene Autry. Bela Lugosi, Boris Karloff, Lon Chaney, Fred Astaire, Leviticus, Roy Rogers y Tigre, Groucho Marx, Harpa Marx, Chico Marx, Bud Abbott y Lou Costello, john Wayne, Charles Coburn, Rory Calhoun, Clifton Webb, Ronald Reagan, James Mason, Monty Woolley, W. C. Fields, Red Skelton, ]immy Durante, Errol Flynn, Keenan Wynn, Walter Pidgeon, Fredric March, Mae West, Gloria Swanson, Joan Crawford, Shelley Winters, Ava Gardner, «Buzz Yard», Lassie,Jimmy Stewart, Dana Andrews, Frank Sinatra, Peter Lawford, Cecil B. DeMille y muchos más. ¡Todo esto en 1953, cuando sólo tenía veintisiete años! Sus aventuras más escandalosas aún pertenecían al futuro.

INCIPIT 539. BLONDE: UNA NOVELA SOBRE MARILYN MONROE / JOYCE CAROL OATES

Entrega en mano
Ahí venía la Muerte, avanzando presurosa por el bulevar, bajo la mortecina luz sepia.
Ahí venía la Muerte, volando sobre una vulgar y pesada bicicleta de mensajero, como en los dibujos animados.
Ahí venía la Muerte; infalible. Una Muerte imposible de disuadir. Una Muerte con prisas. Una Muerte que pedalea frenéticamente. La Muerte, que lleva un paquete con la inscripción ENTREGA EN MANO. FRAGIL en un rústico cesto situado detrás del asiento.
 Ahí venía la Muerte, abriéndose paso diestramente con su vulgar bicicleta entre el tráfico del cruce de Wilshire y La Brea, donde, debido a reparaciones en la calle, los dos carriles con dirección oeste de Wilshire se habían fundido en uno.
¡Qué Muerte tan rápida! Haciendo morisquetas a los conductores maduros que le tocaban la bocina.
La Muerte burlándose: ¡Vete a la mierda! Y tú también. Como Bugs Bunny adelantando a toda velocidad a los resplandecientes automóviles de último modelo.
Ahí venía la Muerte, sin amilanarse ante el aire enrarecido y contaminado de Los Ángeles ni ante el cálido aire radiactivo del sur de California, donde la Muerte había nacido. Sí, he visto a la Muerte. Soñé con ella la noche anterior y muchas noches antes. No tenía miedo.

Ahí venía la Muerte, tan resuelta. Ahí venía la Muerte, inclinada sobre el herrumbroso manillar de una bicicleta destartalada pero imparable. Ahí venía la Muerte, luciendo una camiseta del Instituto Tecnológico de California, pantalones cortos limpios pero sin plancha, zapatillas de deporte sin calcetines. 

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