Aquí me paro, Javier Marías, p. 269
La capacidad fantasmagórica
Al hablar de ensayos de
Benet, sería tan injusto como ridículo
no mencionar uno de sus primeros textos, La inspiración y el estilo. aunque
sólo fuera por el deslumbramiento que para muchos autores de mi generación supuso
en su ya lejano día. Independientemente de eso, creo que se mantiene como uno
de los ensayos literarios más originales y más importantes de las letras
españolas, desde sus inicios hasta hoy. Aunque la comparación sea obligadamente
inexacta, representa lo mismo que en su momento representó para los europeos
Mimesis, de Erich Auerbach. Es decir, una revelación.
Pero hay un ensayo más breve, y
muy posterior, que también me gustaría destacar: «¿Se sentó la Duquesa a la
derecha de don Quijote? En esa pieza Benet muestra la ambigüedad, por fuerza,
de toda literatura. En lo espacial, sin duda, pero también en lo temporal, en
lo narrativo y en lo reflexivo. La literatura –por supuesto, la poesía, pero en no menor grado
la novela- es per se algo incompleto, impreciso y ambivalente, que requiere
siempre de la imaginación del lector. Lo no dicho o no contado —lo que el autor
decide no decir o no contar. O lo que no sabe decir ni contar está, sin
embargo, en el texto, como si éste tuviera la capacidad fantasmagórica para
mostrar también lo que no existe ni existirá nunca. Como si contuviera su
espacio y su tiempo, y a la vez el revés de tiempo y espacio.

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