Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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UPDIKE

Conejo es rico, John Updike
Harry lleva en los huesos la conciencia introyectada a lo largo de los años de que las noches de los dias en que Janice se ha peleado con su madre y ha bebido demasiado querrá hacer el amor. En los primeros diez años de su matrimonio, era difícil conseguir que ella se pusiera a tono, babia cantidad de cosas que se negaba a hacer y ni siquiera sabía que se hacían y que eran al parecer las cosas que estaban más presentes en la mente de Conejo, pero ella se desató desde que tuvo la aventura con Charlie Stavros, aproximadamente por la época de la llegada de una nave espacial a la luna, y como el estilo de los tiempos proclamaba que no había actos prohibidos, y además la muerte ya le estaba devorando el cuerpo lo bastante para que ella comprendiese que no era una vasija tan preciosa ni llegaría un superhombre para quien mereciese la pena reservarlo, Harry no tiene quejas. En realidad, las quejas en ese sentido podrían proceder más bien de ella con respecto a él. En algún momento de la primera época de la administración Carter, su interés por ella, que había sido bastante estable, comenzó a tambalearse y acabó convirtiéndose en una auténtica crisis de confianza. Él culpa al dinero: el hecho de tener por fin el suficiente le ha satisfecho enteramente; el dinero mismo, durmiendo en el banco, pierde valor constantemente, y eso también le preocupa, qué hacer con él, así como todo lo demás: los Phils, los muertos, el golf. Se ha apasionado por este deporte desde que se hicieron socios del Flying Eagle, sin que su juego haya mejorado mucho y sin que tampoco haya aumentado su impresión personal de que posee, escondidas en los recovecos de sus músculos, mayor potencia y pureza absoluta que en unos cuantos golpes afortunados de aquellas primeras partidas que jugó antiguamente. Se parece a la vida misma en que no se puede forzar su ejecutoria y en que su principio subyacente se niega a ser permanentemente invocado. Brazos como cuerdas) se dice él mismo a veces, con notable éxito, y luego, si la cosa va mal, Cambia de sitio tu peso" 0: No golpees con miedo, o Conserva el ángulo, refiriéndose al ángulo que forman el palo y los brazos cuando las muñecas están levantadas. A veces piensa que todo el secreto reside en las manos, luego que en los hombros y hasta en las rodillas. En este último caso no puede controlarlas. 

INCIPIT 943. CONEJO ES RICO / JOHN UPDIKE

Quedándose sin gasolina, piensa Conejo Angsttom mientras desde el ventanal polvoriento del verano de la sala de exposición de la Springer Motors observa desfilar el tráfico por la Nacional 111, un tráfico algo ralo y escaso en comparación con el que solfa haber. El puto mundo se está quedando sin gasolina. Pero a él no van a engancharle, no mientras sus Toyotas sigan teniendo más bajo consumo por kilómetro, y un precio de mantenimiento más barato que cualquier pedazo de chatarra que circula por las carreteras. Lea la Guia del Consumidor, el número de abril. Basta con decir eso a la gente que viene. Y vaya que si viene gente; se está poniendo frenética, sabe que el gran viaje americano está terminando. La gasolina se ha puesto a noventa y nueve punto nueve centavos el gaIón, y el noventa y nueve por ciento de las gasolineras cierra los fines de semana. El gobernador de la Commonwealth de Pennsylvania anda exigiendo un mínimo de compra de cinco dólares para evitar que cunda el pánico. Y los camioneros que no consiguen diesel disparan a sus propios camiones, hubo un incidente en el mismo Diamond County, en la autopista de peaje de Pottsville. La gente está perdiendo la cabeza, sus dólares no valen un centavo, se retrae como si ya no existiese un mañana. Cuando adquieren un Toyota, él les dice que están convirtiendo sus dólares en yens. Y se lo creen. Vendidos en los primeros cinco meses de 1979 ciento doce vehiculos nuevos y de segunda mano, además de ocho Corollas, cinco Coronas, incluyendo una camioneta del modelo de lujo y aquel Celica que Charlie dijo que se parecia a un Pimpmobile descargado, en estas tres primeras semanas de junio, a un promedio de beneficio bruto de ochocientos dólares por venta. Conejo es rico.

CHINA

Las viudas de Eastwick, John Updike, p. 113
China, en su mente, había adoptado diversas formas: una tierra fabulosa de niños hambrientos, campesinos de Pearl S. Buck, fatales «damas dragón», rickshaws y piratas de cómic; una democracia amiga, hábilmente dirigida por Chiang Kai-shek y su glamurosa esposa, una de las hermanas Soong; una víctima doliente de los despiadados japoneses y un fiel aliado del presidente Roosevelt; un campo de conflictos civiles posbélicos durante la Guerra Fría, donde el presidente Truman, astutamente, declinó intervenir y donde los nacionalistas acérrimos perdieron ante los comunistas; un firme bastión de un credo político adverso; una fuente de hordas de «voluntarios» enemigos que se dirigían al sur, a Corea; una enorme masa de humanidad robotizada que podía tragarnos, si se les pinchaba en Qyemoy, Matsu o Formosa; una multitud de Guardias Rojos que recitaban a Mao en una Revolución Cultural que parodiaba brutalmente la contracultura de los sesenta en Occidente; luego, después del viaje de Nixon y de los torpes brindis en los banquetes, de nuevo una aliada contra la Unión Soviética; tras la muerte de Mao y el derrocamiento de la Banda de los Cuatro, un tierno semillero de incipientes empresas libres; tras el triunfo del pragmatismo de Deng Xiaoping, una voraz consumidora de empleos americanos y receptora de dólares americanos; y ahora, la superpotencia en ciernes del siglo XXI, mil trescientos millones de obreros y consumidores, acreedora del desfalleciente capitalismo norteamericano y competidora por el decreciente suministro global de petróleo. Allí, en el aeropuerto, Sukíe gritó con su voz aguda, casi sin aliento:

-i Qué bien nos lo vamos a pasar!

DEL AMOR

Las viudas de Eastwick, John Updicke, p. 35
-Amigos, estos autobuses especiales de los glaciares, llamados Snocoaches, cuestan cien mil dólares cada uno. Relájense ... , estimamos que más de la mitad de ellos vuelven intactos, con muchos de sus pasajeros todavía a bordo.  -Hubo un risa nerviosa unánime. Se arrojaron por el precipicio y luego se deslizaron por el hielo plano hasta detenerse junto a otros Snocoaches. El conductor recitó al micrófono-: Una de las preguntas más habituales que nos hacen es: “¿Por qué está tan sucio el hielo?». Bueno, el hielo del glaciar está hecho de nieve, metros y metros de nieve que se comprimen hasta formar un centímetro o dos de hielo. Como ya sabrán, los copos de nieve y las gotas de lluvia se forman en el aire alrededor de una diminuta mota de polvo. La nieve se funde, pero el polvo sigue ahí.

¿sabía eso Alexandra? ¿Que los copos de nieve y las gotas de lluvia necesitan un germen de polvo? ¿Contiene el cielo suficiente polvo para suministrárselo a todos ellos? ¿Y si se acabara el polvo celestial? ¿Sería toda esa historia canadiense de la compresión lo que le presionaba el pecho por la noche? Si todo (nieve, sedimentos, rocas) se comprime sin parar, ¿por qué no se vuelve el mundo más pesado y pequeño, hasta convertirse en un agujero negro? Ése era el tipo de preguntas que solía hacerle a Jim, que nunca se reía de ella y siempre echaba mano de sus conocimientos prácticos para intentar darle una respuesta. Los hombres, a pesar de toda su rabia oculta, tenían eso: una sensación clara de la relación causa-efecto, un deseo práctico ser razonables. Las mujeres los aman por ese motivo.

INCIPIT 893. LAS VIUDAS DE EASTWICK / JOHN UPDIKE

A los que ya conocíamos su sórdida y escandalosa historia no nos sorprendieron los rumores, procedentes de las distintas localidades donde las brujas se establecieron tras huir de nuestro agradable pueblo de Eastwick, en Rhode Island, de que los maridos que las tres mujeres impías se habían agenciado mediante sus oscuras artes no se habían revelado del todo duraderos. Cuando se utilizan métodos malvados, se obtienen productos de mala calidad. Satán remeda la Creación, sí, pero sus resultados son inferiores.

Alexandra, la de mayor edad y cuerpo más ancho, y la que por su carácter más se acercaba a la humanidad normal y corriente, aquella que posee un espíritu generoso, fue la primera en quedarse viuda. Instintivamente, como les ocurre a muchas esposas entregadas de repente a la soledad, comenzó a viajar. Era como si el mundo entero, mediante las frágiles tarjetas de embarque, los tediosos retrasos en los aeropuertos y los mínimos aunque innegables riesgos que entraña volar en unos tiempos de combustibles cada vez más caros, líneas aéreas en quiebra, terroristas suicidas y fatiga acumulada del metal, estuviese obligado a suplir la fructífera molestia de tener un compañero.

SUEÑO CON HIJOS

De La granja de John Updike, p.157-158
Tenía miedo de soñar con mis hijos. Al dejarlos nunca me ocurrió. Cuando me dormía, los olvidaba por completo. Luego, cuando mi separación de Joan adquirió su propia colección de hábitos y se convirtió en algo habitual, soñaba con ellos cada noche. No podía cerrar los ojos  sin que Ann o Martha se me presentasen con caras anchas y pálidas, dándome cuerdas para que las desenredara, juguetes rotos para componer, frases difíciles para que se las explicara, rompecabezas imposibles para que les ayudara a construirlos. Después de casarme con Peggy, aquellos sueños se hicieron menos frecuentes. Los de esta noche eran los primeros en una semana: yo estaba segando la hierba. El tractor tropezó con algo; hubo un ruido sordo bajo las  ruedas. Paré y bajé temiendo descubrir que había aplastado un nido de faisanes. El campo cambió bajo mis pies. Me encontré en un paisaje extraño, un solar deshabitado, pantanoso y humeante, como un vertedero de basura. Algo estaba en el suelo, retorcido y cubierto de una capa de ceniza. Violentamente, con ansiedad, barrí lo que había encima, cogí aquello del suelo, lo examiné y descubrí que era un ser vivo. Era un diminuto ser humano, un hombrecillo encogido. Su cabeza estaba sepultada en su pecho, como si temiera un golpe. Una vocecita  dijo:
-Soy yo.
La cara, sucia y cubierta de polvo me fue, a pesar de su pequeñez, familiar. ¿Quién era?
-¿No me conoces, papá? Soy Charlie.
Le apreté contra mi pecho y prometí no apartarme jamás de él.
La voz de mi madre pronunció mi nombre. Su cara apareció después, agrandándose, inclinándose hacia mí. Llevaba un vestido verde y el pelo suelto.
Pregunté:
-¿Te vas a la iglesia?
-Sí, debo irme -dijo-. He pasado muy mala noche .

Era por la mañana. Me di cuenta de que Charlie no estaba entre mis brazos; que existía en Canadá; que era un muchacho sano y fuerte. Me di cuenta de que, al ver mis hombros desnudos sobresaliendo de la manta, mi madre pensaría que Peggy y yo habíamos dormido sin ninguna ropa encima después de hacer el amor. Peggy no estaba en la cama.

SEÑORA BUDISTA

De S. de John Updike, p.73-74
Mi querido Charles:
Tu carta me causó gran pesar. Cómo lamento que Midge te diera mi dirección, a pesar de todas mis súplicas; aunque, por supuesto, estaba segura de que te la daría. No en vano ella todavía está inmersa en tu mundo, todavía está muy impura. Incluso el propio lrving, y lo siento de veras, se limita a jugar a dvandvanbhighata, esto es, cerrar los ojos a la discordia generada por parejas de elementos antagónicos. Tú y yo, mi vida, ahora lo veo, éramos una de estas parejas antagónicas y conflictivas.
Hablas de nuestras cuentas bancarias y acciones. Incluso llegas a emplear el calumnioso término de “robo”. ¿No eran bienes conjuntos? ¿Acaso no trabajé yo para ti durante veintidós años sin percibir salario, en calidad de concubina, anfitriona, ama de llaves, cocinera, calientacamas, masajista, amistosa consejera y anuncio ambulante -con mis trajes y accesorios, mi estilo, mi acento, hasta con mi complexión corporal y tono muscular-, anuncio, decía, de tu nivel social y de tu prosperidad? ¿Cómo es posible que estés tan encenagado en la prakriti como para que te importen los números que se imprimen en los extractos de cuentas que, de todos modos, nunca te molestabas en leer? Esos números fluían de forma inevitable y sin esfuerzo de tu trabajo; tú no trabajabas para producirlos. Las cuentas las llevaba yo. Para ti, lo mismo que para nosotros, aquí, en el ashram, el trabajo es un culto; solo que tú rindes culto a un dios estúpido, un dios abúlico y mofletudo de respetabilidad y signos externos, un dios pijo, de apariencias, de coche caro, zapatos de firma y barrio residencial, de adquisiciones que se degradan y se convierten en desperdicios, mientras que los que toman la senda del yoga y la negación del ego se subliman en la samadhi y el vacío gozoso del Mahabindu. Te compadezco, tesoro. Tu cólera es como la del niño de pocos meses que golpea el pecho de la madre con sus débiles bracitos de goma, sin producir más efecto que una carcajada de amor y comprensión.

No tienes inconveniente en mezclar en esto a nuestra hija. Dices que Pearl está horrorizada. Me amenazas con la pérdida, no ya de su afecto, sino de toda comunicación con ella. Dices que me repudiará. Absurdo. No se puede repudiar a la madre ni al padre. Los padres pueden   repudiar a un hijo, para desheredarlo, pero los padres son irrenunciables.

SUEÑO CON HIJOS

De La granja de John Updike, p. 157-158
Tenía miedo de soñar con mis hijos. Al dejarlos nunca me ocurrió. Cuando me dormía, los olvidaba por completo. Luego, cuando mi separación de Joan adquirió su propia colección de hábitos y se convirtió en algo habitual, soñaba con ellos cada noche. No podía cerrar los ojos sin que Ann o Martha se me presentasen con caras anchas y pálidas, dándome cuerdas para que las desenredara, juguetes rotos para componer, frases difíciles para que se las explicara, rompecabezas imposibles para que les ayudara a construirlos. Después de casarme con Peggy, aquellos sueños se hicieron menos frecuentes. Los de esta noche eran los primeros en una semana: yo estaba segando la hierba. El tractor tropezó con algo; hubo un ruido sordo bajo las ruedas. Paré y bajé temiendo descubrir que había aplastado un nido de faisanes. El campo cambió bajo mis pies. Me encontré en un paisaje extraño, un solar deshabitado, pantanoso y humeante, como un vertedero de basura. Algo estaba en el suelo, retorcido y cubierto de una capa de ceniza. Violentamente, con ansiedad, barrí lo que había encima, cogí aquello del suelo, lo examiné y descubrí que era un ser vivo. Era un diminuto ser humano, un hombrecillo encogido. Su cabeza estaba sepultada en su pecho, como si temiera un golpe. Una vocecita dijo:
-Soy yo.
La cara, sucia y cubierta de polvo me fue, a pesar de su pequeñez, familiar. ¿Quién era?
-¿No me conoces, papá? Soy Charlie.
Le apreté contra mi pecho y prometí no apartarme jamás de él.
La voz de mi madre pronunció mi nombre. Su cara apareció después, agrandándose,  inclinándose hacia mí.  Llevaba un vestido verde y el pelo suelto.
Pregunté:
-¿Te vas a la iglesia?
-Sí, debo irme -dijo-. He pasado muy mala noche.

Era por la mañana. Me di cuenta de que Charlie no estaba entre mis brazos; que existía en Canadá; que era un muchacho sano y fuerte. Me di cuenta de que, al ver mis hombros desnudos sobresaliendo de la manta, mi madre pensaría que Peggy y yo habíamos dormido sin ninguna ropa encima después de hacer el amor. Peggy no estaba en la cama.

LA VERDAD QUE HAY DENTRO DE TI

De S. de John Updike, p.177-187
Querido Martín:

Me alegro mucho de que mi postal significara tanto para ti. Tu generosa respuesta -más larga, me temo, de lo que va a ser la mía- me esperaba en el motel. Yo no vivo aquí, sino a unos sesenta kilómetros, con una colección de gente que busca la paz interior que nos da la vida bien vivida. Si te escribí que todo el mundo material es una cárcel no era para trivializar tu situación ni las terribles condiciones del internamiento en Massachusetts, sino que solo pretendía consolarte con una frase hecha, la de que la vida a todos nos impone penalidades y limitaciones. Nacemos con un cuerpo, un sexo y un color dados, en un momento y un lugar determinados, de unos padres que nos protegen o que nos dañan según sus posibilidades, crecemos y alcanzarnos una estatura y un grado de inteligencia que no podemos remediar y nos instalamos en una actividad -en tu caso, la droga y el robo- y, desde cierto punto de vista, estas circunstancias pueden causarnos una intensa claustrofobia, ya que son mucho más estrechas y opresivas que una celda. Y, luego, el cuerpo y el cerebro envejecen y enferman y, finalmente, mueren, todo con una limitación muy estrecha. Pero hay una salida, la salida del espíritu, la aceptación de ese pequeño “yo” inalterable que está dentro de ti y forma parte de una realidad espiritual mayor que nosotros llamamos purusha, comparada con la cual la realidad material, con toda su especificidad limitativa, no es más que una ilusión, llamada maya, que significa también “quimera”. Y existen ejercicios y disciplinas que permiten a unos hombres llamados maestros (gurús) alcanzar la liberación (moksha) del mundo material y la dicha del puro ser espiritual, nirvana, que literalmente no significa “la nada”, sino ausencia de vientos, nos libraremos del viento, Martín, y existiremos en un lugar en el que todo es calma, luz y eternidad. El camino ortodoxo hacia el nirvana es largo y arduo (tienes que empezar por concentrarte en un punto situado detrás de tu frente, encima de la nariz); pero no es el único camino, hay atajos que se ofrecen de manera súbita  a las personas -incluso, o tal vez sobre todo, a los simples infelices- y no hay razón por la que, por lo menos el comienzo de la iluminación -un leve y sublime alfilerazo-, no te llegue a ti estando en la cárcel, como me llegó a mí en mi elegante casa de la costa (que aún echo de menos en mis momentos de debilidad). Pero tienes que buscar la verdad que hay dentro de ti. 

LA VERDAD

De La granja de John Updike, p.144-145
La idea de Peggy, que ahora podía convertirse de mera sospecha en clara acusación, dictaminando así sobre un pasado que ella había recibido de mis manos, era que mi madre había infravalorado y destruido a mi padre; que no había sido una «mujer» para él; que le había traído a la granja porque este era en realidad su único, su gigantesco amor y que así  había logrado mutilar en mí, en su hijo, el sentido de la virilidad. Sobre el rumor confuso de sus palabras pensé en mi padre tal y como él había sido, en su inquebrantable corporeidad, en su amabilidad casi cómica –condescendía con su constante renunciamiento igual que otros  hombres lo hacen con su sensualidad-, y cerré mis oídos a la voz de Peggy porque desentonaba con el verdadero, simple e inexpresable modo, según el cual las cosas habían sucedido. Y mi madre, por su parte, construía un sistema opuesto, del cual yo era el centro. Y o, su hijo único, el elegido, el poeta, había sido ignorantemente apartado de mi etérea y-comprensiva esposa ideal y arrastrado a un repugnante pecado de adulterio con la consiguiente maldición que unos hijos sin padre tendrían que padecer para siempre.
-¡Mírale a los ojos! -gritó violentamente mi madre y yo alcé la vista dando a las dos, con la expresión de mi cara, la evidencia que tanto la una como la otra estaban buscando.

_ Quizá tenían razón las dos. Todos los conceptos erróneos son en sí mismos datos que poseen la mínima verdad de existir por lo menos en una mente. La verdad, mi trabajo me lo había enseñado, no es algo estático, una cima de montaña a la que uno puede aproximarse poco a poco en sucesivos asaltos ascensionales, como lo hacen los alpinistas helados por la nieve. Más bien, la verdad se forma constantemente por un proceso de solidificación de ilusiones. En Nueva York trabajo entre hombres cuyas falacias son adoptadas en todas partes al año siguiente, como si se tratase de un nuevo estilo de zapatos.

HOMOFOBIA SUTIL

De S. de John Updike, p. 28
Estudia mucho, y no te dejes tentar por las drogas. People (que solo leo en el dentista, pero allí la devoro, lo reconozco) y National Enquirer (de la que Irving, mi maestro de yoga, es incondicional, por su dimensión espiritual y sus noticias sobre temas espaciales y de ovnis) están llenas de noticias sobre los jóvenes aristócratas ingleses y su terrible adicción a la droga, a la que les lleva, imagino, el afán de imitar a sus estrellas del rock, un complejo de culpabilidad de clase y un subconsciente impulso de autodestrucción de raíz marxista. Pero una joven americana no tiene motivos para eso. Tu madre, como tú sabes, no es una beata, pero creo firmemente que nuestro cuerpo, tal como lo hizo Dios, sin aditivos, no solo dura más sino que es mucho más divertido. Y, otra cosa, no te entusiasmes por los homosexuales. Sé que, con su acento inglés, su tez clara, su pelo rubio y sus ojos azules, parecen muy divertidos, muy monos y muy inofensivos; pero recuerda, cariño, que, en el fondo, las mujeres no les gustan. Piensan que son raras, muy raras para tratarlas y, además, las consideran rivales. Los hombres normales también piensan que las mujeres son raras, pero no tratan de quitarnos el novio y, por lo menos hasta la generación de tu madre, habían desarrollado cierta caballerosidad en relación con nuestra rareza, que podía resultar hasta enternecedora: nos trataban como si fuéramos personas impedidas, nos abrían las puertas y explicaban a los camareros lo que queríamos comer, como si nosotras no supiéramos hablar. Bueno, todo eso ya pasó, pero estoy segura de que algunos vestigios quedarán para que tú te concentres en los chicos normales y simpáticos, si encuentras alguno en ese viejo, encantador y decadente país.

INCIPIT 445. S. / JOHN UPDIKE

2I de abril
Mi queridísimo Charles:
La distancia crece incluso mientras mi pluma vacila. Los motores zumban en el espacio entre palabra y palabra, engullendo millas, acres de tierras de cultivo, en su gran cuadrícula castaña y verde que, poco a poco, va pasando bajo el ala. Cierro los ojos y veo nuestra casa blanca, con sus dos porches resguardados y su invernadero, sobre un fondo de mar y rocas, con la cala a sus pies -esas rocas grises en las que tú, Pearl y yo hemos merendado tantas veces y que el sol calienta incluso en febrero-, con su regazo de césped y el macizo de los lirios que retoñan ahora que ha llegado la primavera. Deja una nota a Jos chicos que vienen a segarlo mañana, para que suban las cuchillas de la segadora, ya que el martes pasado mondaron la zona de los rosales, donde el terreno se eleva. ¡Cuántas veces se lo habré dicho y para qué! Desde luego, cada año vienen chicos nuevos.
Compré dos cajas más de tus galletas de fibra con sabor a manzana y de las de salvado, así que tienes desayuno para un mes por lo menos. Quizá sea conveniente que hables con Mrs. Kimball para que vaya más de una vez a la semana. 

UN SERMON

De La granja de John Updike, p.162-163
-Hizo, pues, Yavé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, cerrando su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yavé Dios a la mujer, y se la presentó al  hombre. Como muchos de vosotros sin duda sabéis, este pasaje fue citado para justificar el uso del éter en las operaciones quirúrgicas, cuando se temía que la anestesia pudiera ir contra los principios del Cristianismo. Pero centremos nuestra atención en otros tres aspectos referentes a la creación de Eva. Ella fue sacada de Adán. Fue hecha después de Adán. Y fue hecha mientras Adán dormía. ¿Qué nos dice todo esto sobre los hombres y las mujeres de nuestros días? En primer lugar, ¿no es el problema de la Mujer el que ella fue sacada del Hombre y que, por lo tanto, se constituye como una subespecie menor  del Hombre, como la parte de un todo? El término universal «Hombre» incluye entre sus inferiores a la “Mujer”. En el juego de ajedrez, la Reina, aunque es extraordinariamente poderosa, es incluida entre los «hombres» de su ejército. Webster define a la mujer como “una persona adulta de sexo femenino, diferente del hombre y del niño”. Esto lleva a hacer pensar que ocupa un sitio entre ambos.
Los hermanos Henry se miraron entre sí y se oyó una risita cortés que venía de los primeros bancos. 
-En segundo lugar, fue hecha después del hombre. Pensad que Dios es un trabajador que va aprendiendo a medida que progresa en su obra. El Hombre es un artefacto elemental, ambicioso ; la Mujer es algo más refinado, más eficiente. Observad que ella fue formada poco después de haber hecho Dios las bestias de la tierra y las aves del cielo. Por eso, la mano del Creador, todavía habituada al ritmo que había depositado en esos otros seres, imprimió a la Mujer una belleza natural. Una costilla es perfeccionada. El Hombre, con la creación de la mujer no sabe a dónde dirigirse.

INCIPIT 443. LA GRANJA / JOHN UPDIKE

Dejamos atrás el Turnpike y entramos en una carretera de asfalto. Luego tomamos un camino polvoriento de color arcilloso. Llegamos hasta un pequeño promontorio y desde allí, donde estaba el buzón de Schoelkopf, semioculto por la hiedra y las madreselvas, mi mujer divisó la granja por primera vez. Se inclinó hacia adelante con una expresión de ansiedad, y el codo de su hijo tocó con fuerza mi hombro, por detrás. Los edificios conocidos esperaban en la distancia, distribuidos por la verde y cóncava pradera.
-Ese es nuestro granero --dije-. Mi madre hizo derribar un gran cobertizo en el que se guardaba la paja, porque ella siempre pensó que era muy feo. La casa está detrás. La pradera es nuestra. La parcela termina en esta línea de zumaques.
Descendimos la cuesta de grava que nos conducía a nuestros terrenos.
-¿Son tuyos los dos lados de la carretera? –preguntó Richard. Tenía once años y era preciso y hasta agresivo en su manera de hablar. -Desde luego -dije-. Al principio, la granja de

Schoelkopf formaba parte de la nuestra. Pero mi abuelo la vendió antes de trasladarse a Olinger. Algo así como cuarenta acres.

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