Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 1.214. EL ARTE DE LA NOVELA / KUNDERA


En 1935, tres años antes de su muerte, Edmund Husserl pronunció, en Viena y Praga, las célebres conferencias sobre la crisis de la humanidad europea. El adjetivo “europea» señalaba para él una identidad espiritual que se extiende más allá de la Europa geográfica (hasta América, por ejemplo) y que nació con la antigua filosofía griega. Según él, esta filosofía, por primera vez en la Historia, comprendió el mundo (el mundo en su conjunto) como un interrogante que debía ser resuelto. Y se enfrentó a ese interrogante no para satisfacer tal o cual necesidad práctica, sino porque la “pasión por el conocimiento se había adueñado del hombre”.

La crisis de la que hablaba le parecía tan profunda que se preguntaba si Europa se encontraba aún en condiciones de sobrevivir a ella. Creía ver las raíces de la crisis en el comienzo de la Edad Moderna, en Galileo y en Descartes, en el carácter unilateral de las ciencias europeas, que habían reducido el mundo a un simple objeto de exploración técnica y matemática y   Habían excluido de su horizonte el mundo concreto de la vida, die Lebenswelt, como decía él.


BELLEZA DE NUEVA YORK

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera, p. 107-108
BELLEZA DE NUEVA YORK: anduvieron por Nueva York durante horas; a cada paso variaba el espectáculo como si fueran por una estrecha vereda de un paisaje montañoso arrebatador: en medio de la acera un joven se inclinaba y rezaba, a poca distancia de él dormitaba una negra hermosa, un hombre vestido con un traje negro atravesaba la calle dirigiendo con gestos ampulosos una orquesta invisible, el agua brotaba de una fuente y alrededor de ella almorzaban sentados unos obreros de la construcción. Las escaleras verdes trepaban por las fachadas de unas casas feas de ladrillos rojos, pero aquellas casas eran tan feas que en realidad resultaban hermosas. Junto a ellas había un gran rascacielos acristalado y, detrás de aquél, otro rascacielos en cuyo techo habían construido un pequeño palado árabe con sus torrecillas, sus galerías y sus columnas doradas.
Sabina se acordó de sus cuadros: en ellos también se producían encuentros de cosas que no tenían nada que ver: una siderurgia en construcción y detrás de ella una lámpara de petróleo, otra lámpara más, cuya antigua pantalla de cristal pintado está rota en pequeños fragmentos que flotan sobre un paisaje desértico de marismas.
Franz dijo:
. -La belleza europea ha tenido siempre un cariz intencional. Había un propósito estético y un plan a largo plazo según el cual la gente edificaba durante decenios una catedral gótica o una ciudad renacentista. La belleza de Nueva York tiene una base completamente distinta. Es una belleza no intencional. Surgió sin una intención humana, algo así como una gruta con estalactitas. Formas, que en sí mismas son feas, se encuentran casualmente, sin planificación, en unas combinaciones tan increíbles que relucen con milagrosa poesía.
Sabina dijo:

-Una belleza no intencional. Sí. También podría decirse: la belleza como error. Antes de que la belleza desaparezca por completo del mundo, existirá aún durante un tiempo como error. La belleza como error es la última fase de la historia de la belleza.

MUJER

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
Pequeño diccionario de palabras incomprendidas (primera parte)
MUJER: ser mujer era para Sabina un sino que no había elegido. Aquello que no ha sido elegido por nosotros no podemos considerarlo ni como un mérito ni como un fracaso. Sabina opina que hay que tener una relación correcta con el sino que nos ha caído en suerte. Rebelarse contra el hecho de haber nacido mujer le parece igual de necio que enorgullecerse de ello.

Una vez, durante uno de sus primeros encuentros, Franz le dijo con especial énfasis: «Sabina, es usted una mujer”. No comprendía por qué se lo anunciaba con el gesto jubiloso de Cristóbal Colón viendo por primera vez las costas de América. Más tarde comprendió que la palabra mujer, en la que había puesto un énfasis particular, no significaba para él la denominación de uno de los dos sexos humanos, sino un valor. No todas las mujeres son dignas de ser llamadas mujeres.

ANA KARENINA

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera, p. 59-60
Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias. Co-incidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran: Tomás aparece en el restaurante y al mismo tiempo suena la música de Beethoven. La gente no se percata de la Inmensa mayoría de estas coincidencias. Si en el restaurante estuviera el carnicero local en lugar de Tomás, Teresa no se hubiera dado cuenta de que en la radio sonaba Beethoven (aunque el encuentro entre Beethoven y el carnicero es también una interesante coincidencia). Sin embargo, el amor, que se estaba aproximando, había exacerbado su sentido de la belleza y ella ya nunca olvidará aquella música. Cada vez que la oiga se conmoverá. Todo lo que ocurra en ese momento a su alrededor estará iluminado por aquella música y se hará hermoso.
Al comienzo de la novela que llevaba bajo el brazo cuando llegó a casa de Tomás, Ana se encuentra con Vronsky en circunstancias extrañas. Están en un andén en el cual alguien ha caído bajo las ruedas del tren. Al final de la novela, la que se lanza bajo las ruedas del tren es. Ana. Esta composición simétrica, en la que aparece el mismo motivo al comienzo y al final, puede parecer muy “novelada”. De acuerdo, pero con la condición de que la palabra «novelado» no se entienda en el sentido de “inventado”, «artificial», «que no se parece a la vida». Porque es precisamente así como se componen las vidas humanas .
Se componen como una pieza de música. El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (la música de Beethoven, una muerte en la estación en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata. Ana se hubiera podido quitar la vida de otro modo. Pero el motivo de la estación y la muerte, ese motivo inolvidable unido al nacimiento del amor, la atraía con su oscura belleza en el momento de la desesperación. Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación.

Por eso no es posible echarle en cara a la novela que esté fascinada por los secretos encuentros de las casualidades (como el encuentro de Vronsky, Ana, el andén y  la muerte o el encuentro de Beethoven, Tomás, Teresa y el coñac), pero es posible echarle en cara al hombre el estar ciego en su vida cotidiana con respecto a tales casualidades y dejar así que su vida pierda la dimensión de la belleza.

DEL COMUNISMO

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera, p 102
-No diga eso. Todos ustedes son responsables de lo que pasó. Usted también. ¿Qué hizo usted allí contra el régimen comunista? Pintar cuadros, eso es todo ...

La evaluación y el examen de los ciudadanos es una actividad permanente, la principal de las actividades sociales en los países comunistas. Si a un pintor se le ha de autorizar una exposición, si un ciudadano debe obtener un visado para poder ir durante las vacaciones al mar, si un futbolista debe formar parte de la selección nacional, primero hay que reunir todos los dictámenes e informes sobre él (de la portera, de los compañeros de trabajo, de la policía, de la organización del partido, de los sindicatos), luego éstos son analizados, sopesados y resumidos por funcionarios especiales designados para esos fines. Pero aquello de lo que hablan esos dictámenes no se refiere a la capacidad del ciudadano para pintar, jugar al fútbol o a si su salud necesita que pase las vacaciones junto al mar. Se refiere única y exclusivamente a lo que se dio en llamar «perfil político del ciudadano» (o sea, a lo que el ciudadano dice, a lo que piensa, al modo en que se comporta, a si participa en reuniones y en manifestaciones del primero de mayo). Dado que todo (la vida cotidiana, la carrera profesional y hasta las vacaciones) dependen de la evaluación que se haga del ciudadano, todo el mundo (si quiere jugar al fútbol en el equipo nacional, exponer sus cuadros o pasar las vacaciones junto al mar) tiene que comportarse de modo que la evaluación sea positiva.

DEL AMOR

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera, p. 48
Hace mucho tiempo, el hombre oía extrañado el sonido de un golpeteo regular dentro de su pecho y no tenía ni idea de su origen. No podía identificarse con algo tan extraño y desconocido como era el cuerpo. El cuerpo era una jaula y dentro de ella había algo que miraba, escuchaba, temía, pensaba y se extrañaba; ese algo, ese resto que quedaba al sustraerle el cuerpo, eso era el alma.
Hoy, por supuesto, el cuerpo no es desconocido: sabemos que lo que golpea dentro del pecho es el corazón y que la nariz es la terminación de una manguera que sobresale del cuerpo para llevar oxígeno a los pulmones. La cara no es más que una especie de tablero de instrumentos en el que desembocan todos los mecanismos del cuerpo: la digestión, la vista, la audición, la respiración, el pensamiento.
Desde que sabemos denominar todas sus partes, el cuerpo desasosiega menos al hombre. Ahora también sabemos que el alma no es más que la actividad de la materia gris del cerebro. La dualidad entre el cuerpo y el alma ha quedado velada por los términos científicos y podemos reírnos alegremente de ella como de un prejuicio pasado de moda.

Pero basta que el hombre se enamore como un loco y tenga que oír al mismo tiempo el sonido de sus tripas. La unidad del cuerpo y el alma, esa ilusión lírica de la era científica, se disipa repentinamente.

INCIPIT 571. LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER / MILAN KUNDERA

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás fIlósofos: i pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito¡ ¿Qué quiere decir ese mito  Demencial?
El mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.
¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?
Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.

Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. 

INCIPIT 410. LA FIESTA DE LA INSIGNIFICANCIA / MILAN KUNDERA



Alain medita sobre el ombligo
Era el mes de junio, el sol asomaba entre las nubes y Alain pasaba lentamente por una calle de París. Observaba a las jovencitas que, todas ellas, enseñaban el ombligo entre el borde del pantalón de cintura baja y la camiseta muy corta. Estaba arrobado; arrobado e incluso trastornado: como si el poder de seducción de las jovencitas ya no se concentrara en sus muslos, ni en sus nalgas, ni en sus pechos, sino en ese hoyito redondo situado en mitad de su cuerpo.
Eso le incitó a reflexionar: si un hombre (o unaépoca) ve el centro de la seducción femenina en los muslos, ¿cómo describir y definir la particularidad de semejante orientación erótica?

EL COMUNISMO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACION

De La fiesta de la insignificancia de Milan Kundera, p.109-110
-La gran idea de Schopenhauer, camaradas, es la de que el mundo no es más que representación y voluntad. Eso significa que, tras el mundo tal como lo vemos, no hay nada objetivo, ninguna «Ding an sich» y que, para hacer que exista esa representación, para hacerla real, debe haber una voluntad; una enorme voluntad que la impondrá.
Zhdánov protesta tímidamente:
-ilósif, el mundo como representación! Toda la vida nos has obligado a afirmar que era una mentira de la filosofía idealista de la clase burguesa.
-¿Cuál es, camarada Zhdánov –contestó Stalin-, la primera propiedad de una voluntad?
Zhdánov calla y Stalin responde:
-Su libertad. Puede afirmar lo que quiera. Dejémoslo. La verdadera pregunta es ésta: hay tantas representaciones del mundo como hay personas en nuestro planeta; eso crea inevitablemente el caos; ¿cómo poner orden a ese caos? La respuesta es clara: imponiendo a todo el mundo una única representación. Y sólo se puede imponer gracias a una única voluntad, una única, inmensa voluntad, una voluntad por encima de todas las demás voluntades. Esto es lo que he hecho mientras las fuerzas me lo han permitido. iY os aseguro que, bajo el dominio de una gran voluntad, la gente termina por creer cualquier cosa! iOh, camaradas, cualquier cosa!
Y Stalin rió, con felicidad en la voz.
Al acordarse de la historia de las perdices, mira con malicia a sus colaboradores y, en particular, a Jrushchov, bajito y rechoncho, que en aquel instante tiene las mejillas enrojecidas y que se atreve, una vez más, a mostrarse valiente:

-No obstante, camarada Stalin, aunque entonces se creyeran cualquier cosa que proviniera de ti, hoy ya han dejado de creerte del todo. 

INCIPIT 263. LA DESPEDIDA / MILAN KUNDERA


1
Empieza el otoño y los árboles se vuelven amarillos, rojos, castaños; es como si el pequeño balneario del hermoso valle estuviera rodeado por un incendio. Por el pórtico pasean las mujeres y se inclinan hacia las fuentes. Son mujeres que no pueden tener hijos y que en este balneario esperan lograr la fertilidad.
Los hombres son mucho menos frecuentes entre los pacientes, pero hay algunos, porque, al parecer, los baños, además de sus mágicos efectos ginecológicos, fortalecen el corazón. Sin embargo, por cada paciente masculino hay nueve pacientes femeninos, lo cual resulta desesperante para la joven soltera que trabaja aquí como enfermera y atiende en la piscina a las damas estériles.
Ruzena nació aquí, aquí viven sus padres, ¿logrará salir algún día de este sitio en el que abundan tan terriblemente las mujeres?
Es lunes y se aproxima el fin de la jornada de trabajo. Aún hay que envolver con una sábana a las últimas señoras gordas, acostarlas en sus camillas, secarles la cara, sonreírles.
—¿Le vas a llamar? —le preguntan a Ruzena sus compañeras de trabajo; una de ellas es una robusta cuarentona, la otra es más joven y delgada.
—¿Por qué no? —dice Ruzena.
—No hay nada que temer —le dice la cuarentona

LA BELLEZA


De La despedida, de Milan Kundera, p. 83

Después los compañeros de mesa se despidieron y se marcharon y Jakub dijo mirando a Ruzena:
—Hegel tiene una reflexión interesante sobre el denominado perfil griego, cuya belleza consiste, según él, en que la nariz guarda la misma línea que la frente, con lo cual se acentúa la parte superior de la cabeza, que es donde residen la razón y el alma. Al mirar a tu vecina compruebo que en su caso todo el rostro se centra, en cambio, en la boca. ¡Fíjate con qué empeño mastica y al mismo tiempo habla en voz alta! La acentuación de la parte inferior, la parte animal del rostro, le disgustaría a Hegel y sin embargo esa chica, aunque me resulta antipática por algún motivo, es bastante guapa.

NACIMIENTO

De La despedida, de Kundera, p. 191-192
Y en ese momento se le pasó por la cabeza un recuerdo que duró un segundo: Tenía alrededor de diez años cuando se enteró de cómo nacían los niños y desde entonces aquella imagen lo perseguía cada vez más, a medida que con los años iba conociendo mejor la materia concreta del organismo femenino. Desde entonces se imaginaba con frecuencia su nacimiento; se imaginaba el cuerpecito pasando por ese túnel estrecho y húmedo, su boca y su nariz llenas de esa extraña mucosidad; se imaginaba que estaba todo untado y señalado por ella. Sí, aquella mucosidad femenina le había dejado señalado, para poder ejercer su poder sobre Jakub durante toda su vida, para poder tener derecho a que acudiese a su llamada en cualquier momento y a darles órdenes a los extraños mecanismos de su cuerpo. Todo aquello le producía repugnancia y se resistía a aquella servidumbre negándose, al menos, a entregarle su alma a las mujeres, defendiendo su libertad y su soledad, limitando el dominio de la mucosidad sólo a ciertas horas de su vida. Sí, quizá por eso quería tanto a Olga, porque para él estaba más allá de la frontera del sexo, porque estaba seguro de que nunca le recordaría, con su cuerpo, la humillante manera en que había nacido.

EL NOMBRE DEL PADRE

De La despedida, de Milan Kundera, p.88
—Vengarse del padre en la hija no tiene nada que ver con la justicia. Recuerda que por culpa de tu padre perdiste tu hogar, tuviste que irte de la ciudad, no te dejaron estudiar. ¡Por culpa de tu padre muerto al que casi no conocías! ¿Y ahora, por culpa de tu padre, te tienen que perseguir estos otros? Te diré cuál es el descubrimiento más triste que he hecho en mi vida: las víctimas no eran en nada mejores que los victimarios. Me los puedo imaginar perfectamente con los roles cambiados. Tú puedes pensar que es una excusa del hombre para quitarse la responsabilidad de encima y cargársela al Creador por haberlo hecho tal como es. Y puede que sea bueno que lo pienses. Porque llegar a la conclusión de que no hay diferencia entre el culpable y la víctima, significa abandonar toda esperanza. Y a eso se le llama infierno, hijita.

INCIPIT 126. UN ENCUENTRO / MILAN KUNDERA

Un día Michel Archimbaud, que se propone publicar un libro de retratos y autorretratos de Francis Bacon, me invita a escribir un pequeño ensayo inspirado en estos cuadros. Me asegura que éste fue el deseo del propio Bacon. Me recuerda un breve artículo mío publicado hace tiempo en la revista L'Arc que Bacon consideraba como uno de los pocos textos en los que él se reconocía. No negaré mi emoción ante semejante mensaje que provenía, después de tantos años, de un artista a quien jamás he conocido y que me ha gustado tanto.
Escribí ese texto en L'Arc (que, más tarde, inspiró parte de mi Libro de la risa y del olvido), dedicado al tríptico de retratos de Henrietta Moraes, en los primeros tiempos de mi emigración, hacia 1977, obsesionado como estaba por los recuerdos del país que acababa de abandonar y que permanecía en mi memoria como la tierra de los interrogatorios y la vigilancia. Este es el texto
Traducción tomada de un blog.

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