Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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El mismo mar de todos los veranos


Mujeres elegantes, Milena Busquets, p. 241

El mismo mar de todos los veranos

Mi madre publicó, hace muchos años, una novela que se titulaba El mismo mar de todos los veranos. Desde entonces he escuchado tantas veces esa frase que es casi como si la hubiese escrito yo.

No he leído el libro y no sé a qué mar Se refería, supongo que al de Cadaqués, tal vez no. Todos vivimos varias vidas, con varios mares y varios amores. Algunos parecen definitivos y algunos lo son. A veces lo sabemos desde el primer segundo y otras veces necesitamos tiempo (meses, años, cuando ya han acabado) para darnos cuenta.

Puede que mi madre se equivocase con su título tantas veces repetido (sabes que has escrito algo interesante cuando la gente empieza a repetirlo sin saber ni siquiera de dónde sale. Dejar una frase, aunque sea solo una, eso estaría bien). Pensaba que mi madre siempre tenía razón, iera tan lista!; pero la gente inteligente es también la que más errores comete porque es la que más opciones baraja y la que más se arriesga, Los tontos casi nunca se equivocan; los listos, todo el rato.

 


INCIPIT 1.228. TIEMPOS QUE FUERON / ESTHER TUSQUETS, OSCAR TUSQUETS BLANCA


TIEMPOS QUE FUERON

Desde un sillón de hamaca, en un patio, recordó con desorden y con amor los tiempos que fueron. JORGE LUIS BORGES, La otra muerte

En la segunda página de sus memorias Ingmar Bergman  confiesa que a los cuatro años, una tarde luminosa y soleada, creyendo que está solo en casa, entra sigiloso en el dormitorio de sus padres,-donde duerme la hermanita que le ha provocado unos celos incontrolables, decidido a estrangularla, proyecto que habría llevado a cabo, si su torpeza no hubiera provocado que el bebé despertase de inmediato con un chillido penetrante y que él, al intentar taparle la boca, perdiese pie y cayese de la silla a la que se había encaramado para perpetrar el fracasado homicidio. Cuenta también que más adelante, a los dieciséis años, es enviado a Alemania en un intercambio de estudiantes. En Weimar tiene ocasión de asistir a los festejos del día del Panido Nazi, que son encabezados por Hitler.


ESTHER TUSQUETS


Tiempos que se fueron, Esther Tusquets, p. 99

Me encantaba que tía Sara me invitase a pasar unos días en su casa del Maresme. Me mimaba y me cocinaba cosas exquisitas. Digas lo que digas, en casa siempre se comió fatal, las criadas sisaban de forma descarada, aseguraban que no podían comprar limón para disfrazar el pescado porque el limón era carísimo, y un día que nos  atrevimos a manifestar nuestra protesta, mamá dijo muy seria y estirada: «No pretenderéis que yo entre en la cocina. » Las tristes cenas en la mesa de mármol de la cocina ante un plato de patatas con verrugas negras hervidas y judías verdes blandas de tan cocidas no se me olvidan. Cuando expliqué estas cosas a Federico comparándolas con lo bien que comía cada día Lluís, a quien su madre cocinaba con amor, me contestó: «No sé de qué te sorprendes. Claro que Lluís come muchísimo mejor que nosotros. Toda la alta burguesía barcelonesa come fatal. Es cosa sabida.» Josep Pla lo había advertido muchos años antes. Pero tía Sara no solo cocinaba honestamente, ¡me dejaba mojar pan en la olla en que rustía el tajo redondo!, deliciosa ordinariez que nunca se hubiese aceptado chez nous, donde comer constituía una necesidad vital pero disfrutar con ello era de muy mal gusto. ¡Y no digamos beber! En casa, si no se esperaba un invitado, jamás hubo una botella de vino. Allí, en aquella casita del Maresme, creo que estuve más cerca de la muerte de lo que he estado nunca. Sara me acaba de bañar y, tras secarme amorosamente, me deja en la salita envuelto en la toalla, mientras ella va un momento a la cocina. Con la toalla húmeda y descalzo, veo pegado en la pared un cilindrito de porcelana blanca con dos ojitos negros que me miran. Con decisión pongo los deditos sobre ellos. Naturalmente, se trata de un enchufe de aquella época, con los terminales en superficie, y recibo una brutal descarga eléctrica que me recorre desde los dedos de la mano hasta las plantas de los pies. Los enchufes eran así y, naturalmente, la instalación no contaba con interruptores diferenciales.


INCIPT 446. TAMBIEN ESTO PASARA / MILENA BUSQUETS

Por alguna extraña razón, nunca pensé que llegaría a los cuarenta años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima, con cuarenta años. No sé muy bien cómo he llegado hasta aquí, ni hasta este pueblo que, de repente, me está dando unas ganas de vomitar terribles. Y creo que nunca en mi vida he ido tan mal vestida. Al llegar a casa, quemaré toda la ropa que llevo hoy, está empapada de cansancio y de tristeza, es irrecuperable. Han venido casi todos mis amigos y algunos de los de ella

ENSEÑANZAS DE UNA MADRE

De También esto pasará de Milena Busquets, p.169-170
A veces, me cuento la historia que tú me contaste un día, sentada en mi cama, para consolarme de la muerte de mi padre: Érase una vez que en un lugar muy lejano, tal vez China, había un emperador poderosísimo y listo y compasivo, que un día reunió a todos los sabios del reino, a los filósofos, a los matemáticos, a los científicos, a los poetas, y les dijo: “Quiero una frase corta, que sirva en todas las circunstancias posibles, siempre.” Los sabios se retiraron y pasaron meses y meses pensando. Finalmente, regresaron y le dijeron al emperador. «Ya tenemos la frase, es la siguiente: También esto pasará. Y añadiste: «El dolor y la pena pasan, como pasan la euforia y la felicidad., Ahora sé que no es verdad. Viviré sin ti hasta que me muera. Me diste los flechazos como única forma posible de enamoramiento (tenías razón), el amor al arte, a los libros, a los museos, al ballet, la generosidad absoluta con el dinero, los grandes gestos en los momentos adecuados, el rigor en los actos y en las palabras. La falta total de sentido de culpa, y la libertad, y la responsabilidad que conlleva. En casa, nunca nadie se sentía culpable de nada, uno pensaba y actuaba en consecuencia y, si se equivocaba, no valía sentirse culpable, se apechugaba con las consecuencias y punto. Creo que jamás te escuché un “lo siento”. También me regalaste la risa loca, la alegría de vivir, la entrega absoluta, la afición a todos los juegos, el desprecio por todo lo que te parecía que hacía la vida más pequeña e irrespirable: la mezquindad, la falta de lealtad, la envidia, el miedo, la estupidez, la crueldad sobre todo. Y el sentido de la justicia. La rebeldía. La conciencia   fulgurante de la felicidad en esos instantes en los que uno la tiene en la mano y antes de que eche a volar de nuevo. 

INCIPIT 45. HABIAMOS GANADO LA GUERRA / ESTHER TUSQUETS

BANDERITA ROJA Y GUALDA
Habíamos ganado la guerra. Hace unos días oí comentar que la guerra civil española la habíamos perdido todos. No es verdad. Cierto que, tras una contienda que dejaba el país en ruinas y había ocasionado un millón de muertos, tenía que haber forzosamente motivos de duelo en ambos bandos. Pero unos la habían perdido y otros la habían ganado. Los que la ganaron lo sabían bien, y los que la perdieron debían de empezar a calibrar, supongo, la magnitud de la catástrofe. Y yo, con mis tres añitos, pertenecía al bando de los vencedores.

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