Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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YO LEO A KIERKEGAARD

De El festín del amor de Charles Baxter, p.214
Hay un cuento de Kierkegaard que me gusta especialmente Un filósofo construye un palacio enorme pero, para sorpresa de todos, no vive en él sino que establece su residencia en una perrera adyacente. El filósofo se ofende cada vez que alguien le recrimina que viva de esa manera ridícula. ¿Pero cómo habría podido construir el palacio, responde, si no hubiese vivido también en la perrera?
Parece un chiste judío. Kierkegaard realizó grandes esfuerzos por vivir en el palacio de pensamiento que se había construido, pero naturalmente no pudo gobernarlo, proclive como era al furor polémico y a una singular especie de desdicha espiritual derivada del despecho. Además, uno acaba cogiendo apego a la caseta del perro y al cuenco de sobras diario. Tercamente ocupamos la perrera para demostrar que teníamos razón al habernos establecido en ella.

La historia sobre Kierkegaard que me gusta es la que cuenta que se cae de un sofá en una fiesta, borracho. Tendido en el suelo, empieza a referirse a sí mismo en tercera persona cuando los demás invitados intentan ayudarle a levantarse “Oh, déjalo ahí -dice, hablando de su propio cuerpo. Mañana por la mañana lo barrerán las criadas.”

BUEN FIN DE SEMANA

De Otoño en Madrid hacia 1950 de J. Benet

En otro momento me veo haciendo el inventario trimestral del almacén de la cocina de oficiales y, entre otras cosas, obligado a contar los huevos que contenía un enorme cesto de mimbre. Ante el miramiento con que, temeroso de romper uno, inicié la operación, el sargento me reprendió: “Esta visto que nunca has contado huevos” “No, sargento mío” “Te he dicho mil puñeteras veces que no me llames sargento mío, que parece cosa de maricones, a la próxima te mando a la preven” “Está bien, pero sepa que está permitido – y a veces es aconsejable- colocar el pronombre después del sustantivo” “Déjame de leches y a ver si aprendes a contar huevos. En el ejército se aprenden cosas que no se enseñan en ninguna parte” “¿Cómo por ejemplo contar huevos” “Exacto, cosas útiles que sirven para la vida. Los huevos se cuentan por medias docenas, a ver si te enteras, cogiendo tres en cada mano. Así” “¿Y qué hago con los que ya he contado?” “Trae aquel otro cesto y los vas poniendo ahí ¿entendido? Ah, los reclutas no sabeis nada de la vida. Y tú mucho ingeniero pero no sabes contar huevos” Y se fue, dejándome indefenso ante uno de los problemas más irresolubles que entonces se me hubiera planteado, pues ¿cómo introducir en el fondo de aquel cesto, ocupadas ambas manos, los seis huevos. La solución para otro momento)

DE LA SERIEDAD

Del prólogo de Vila-Matas a La hechizada de JA Barbey d’Aurevilly
Yo aquí veo que la levedad y el humorismo se entrelazan estrechamente en el mundo de Barbey y que por desgracia muchas de sus palabras -“La gravedad de su época, que a menudo le hace sonreír”- no han perdido la menor vigencia si de España se trata, pues me parece que, de entre todas las propuestas de Calvino, la de la levedad ha sido, de largo, la menos aceptada entre nosotros. Tal vez porque nuestra radical gravedad y seriedad la rechaza. Y sin embargo el Quijote, el menos celtibérico de nuestros libros, es puro juego de cabo a rabo. Pero si se exceptúa el más excepcional de nuestros libros, ¿qué más podemos oponer a la sustancial gravedad de nuestra apelmazada cultura? Torrente Ballester, que es el único escritor de su generación que se ha ocupado del libro de Calvino —los demás no se asoman, ni por casualidad, al próximo milenio—, se preguntaba no hace mucho si esa preferencia tan española por la gravedad obedece a una elección o a una limitación. Yo más bien diría que a lo segundo. Es muy posible que se trate de un grave defecto nacional. Me hace pensar en aquella máxima de Rochefoucauld que cita Laurence Sterne en su cervantino Tristram Shandy: “La seriedad es un continente misteriooso del cuerpo que sirve para ocultar los defectos de la mente”.

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