Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
Mostrando entradas con la etiqueta Islam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Islam. Mostrar todas las entradas

INCIPIT 932. MAHOMA / KAREN ARMSTRONG


Mahoma, el enemigo
Los occidentales nunca han logrado comprender del todo la violenta reacción musulmana al retrato ficticio de Mahoma que Salman Rushdie presentó en Los versos satánicos. Parecía increíble que una novela pudiera inspirar tanto odio, una reacción que se consideró prueba de la incurable intolerancia del islam. Resultó especialmente perturbador para los británicos descubrir que las comunidades musulmanas de sus propias ciudades se regían de acuerdo con valores distintos, en apariencia ajenos, y que dichas comunidades estaban dispuestas a defenderlos hasta la muerte. Pero este trágico asunto también trajo a la luz recordatorios incómodos del pasado occidental. Cuando los británicos contemplaban a los musulmanes de Bradford quemar la novela, ¿Lo relacionaban con las hogueras de libros que ardieron en la Europa cristiana a lo largo de los siglos? En 1242, por ejemplo, el rey Luis IX de Francia, un santo canonizado por la Iglesia católica, condenó el Talmud judío por considerarlo un ataque maligno contra la persona de Cristo. El libro fue prohibido y muchos ejemplares se quemaron públicamente en presencia del rey. Luis IX no estaba interesado en discutir sus diferencias con las comunidades judías de Francia de forma pacífica y racional. En cierta ocasión afirmó que la única manera de debatir con un judío era matarlo “clavándole la espada en el vientre hasta la empuñadura”. Fue Luis quien creó la primera Inquisición a fin de llevar a los cristianos herejes ante la justicia y quien no sólo quemó sus libros, sino también a cientos de hombres y mujeres. Odiaba asimismo a los musulmanes y lideró dos cruzadas contra el mundo islámico. En tiempos de Luis IX la negativa a coexistir con otras religiones no  procedía del islam, sino del Occidente cristiano.

MOSUL

Diccionario enciclopédico, JP Andújar, p. 302
Mosul es actualmente una ciudad en manos del Estado Islámico en la que degüellan en público a los homosexuales, o los arrojan desde los tejados, y se arranca de raíz cualquier vestigio cultural. Entre los primeros restos arqueológicos que destruyeron los yihadistas el verano de 2014 al tomar Mosul, se encontraba la tumba donde algunos creen que está enterrado el profeta Jonás. No permiten venerar más que a su profeta. El nombre de Nínive, o eso dicen algunos etimólogos, nace del túmulo en que yacen los restos de Jonás: Tell Nabí Yunus. El tell (montículo) del nabí (profeta) Yunus Oonás). También, eso fue en 2012, en Mali, en Tombuctú, la ciudad de los 33 santos, los yihadistas de Ansar Dine (que significa {{defensores de la fe») destruyeron históricos mausoleos de santos musulmanes, profanaron cementerios sufles y saquearon mezquitas y madrazas del siglo XIV en su guerra por someter a la gente al islamismo radical.
El museo de Mosul, que ya había sido saqueado en 2003 cuando tomaron la ciudad los marines y las fuerzas británicas para derrocar a Sadam Husein, esta vez veía destruidos con martillos y taladros sus estatuas, frisos, todo lo que pudiera ser considerado como ídolo, y por tanto idolatrable. El Estado Islámico se muestra devastador con las piezas arqueológicas. Sobre todo cuando son demasiado grandes para traficar con ellas. De lo contrario, se las llevan para venderlas en el mercado negro. Se cree que, después del petróleo, el tráfico de objetos antiguos (calculado según Le Monde en 7.000 millones de euros) es la segunda fuente de ingresos del Estado Islámico. Muchas de las piezas de tesoros asirios, partos, acadios ... , conservadas en el museo de Mosul procedían de los yacimientos de otras ciudades, como Nimrud y Hatra, y en este museo se creían al resguardo del pillaje, de posibles asaltos, a los que están acostumbradas todas las antigüedades desde que nació la arqueología.

En la grabación de este asalto, que difundieron los propios yíhadistas, un combatiente se dirigía a cámara para hablarle a su público: «Fieles musulmanes, estos artefactos que tengo detrás eran ídolos que las gentes antiguas adoraban en vez de adorar a Dios». Han convertido su causa en un espectáculo de masas porque saben que desde tiempos de los romanos el personal lo que quiere es verlo y aplaudirlo. Tanto es así, que incluso ha difundido vídeos de falsas destrucciones de monumentos, de destrucciones de copias de obras de arte, para tener satisfechos a sus seguidores y aterrados a quienes consideran sus enemigo: la cultura occidental.

MUJERES ARABES

De Sumisión de Houllebecq, p. 214-215
Con grandes carcajadas, las dos muchachas árabes se habían concentrado en el juego de las siete diferencias de Picsou Magazine. Alzando la vista de su hoja de cálculco el hombre de negocios les dirigió una sonrisa de doloroso reproche. Le devolvieron la sonrisa y siguieron en modo de susurro excitado. Tomó de nuevo el móvil y entabló otra conversación, tan larga y confidencial como la primera. En un régimen islámico, las mujeres -o por lo menos las que eran suficientemente guapas como para despertar el deseo de un esposo rico- tenían en el fondo  la posibilidad de seguir siendo niñas prácticamente toda su vida. Poco después de dejar atrás la infancia ellas misma se convertían en madres y se sumergían de nuevo en el  universo infantil. Sus hijos crecían, luego se convertían en abuelas, y así pasaba su vida. Sólo había unos años en los que compraban lencería sexy y cambiaban los juegos infantiles por juegos sexuales, lo que en el fondo venía a ser más o menos lo mismo. Evidentemente perdían autonomía, pero fuck autonomy, por mi parte estaba obligado a reconocer que había renunciado con facilidad, e incluso con verdadero alivio, a cualquier responsabilidad de orden profesional o intelectual, y que no envidiaba para nada a aquel hombre de negocios, sentado al otro lado del pasillo de nuestro compartimento de TGV Pro Premiere, cuya tez se volvía macilenta de angustia a medida que proseguía la conversación telefónica, visiblemente las cosas iban mal: en ese instante, el tren acababa de dejar atrás la estación de Saint-Pierre-des-Corps. Por lo menos tenía la compensación de dos esposas graciosas y encantadoras para distraerle de sus quebraderos de cabeza de hombre de negocios agotado, y quizá tuviera una o dos más en París, me parecía recordar que el número máximo de esposas era cuatro, según la sharia. Mi padre había tenido... a mi madre, esa puta neurótica. Me estremecí ante esa idea. Al fin y al cabo ahora estaba muerta, los dos estaban muertos; yo era el único testimonio vivo -aunque un poco fatigado en esos últimos tiempos- de su amor.

POLIGAMIA

De Sumisión de Houellebecq, p. 252-253
 Diez preguntas sobre el islam era en efecto un libro sencillo, estructurado de manera muy eficaz. El primer capítulo, que respondía a la pregunta: “¿Cuáles son nuestras  creencias?”, casi no me aportó nada nuevo. Era a grandes rasgos lo que Rediger me había dicho la víspera, a lo largo de la tarde que pasé en su casa: la inmensidad y la armonía del universo, la perfección del diseño, etc. Seguía luego un breve desarrollo sobre la sucesión de profetas, que concluía con Mahoma.

Como sin duda la mayoría de los hombres, me salté los capítulos consagrados a los deberes religiosos, a los pilares del islam y al ayuno, para ir directamente al capítulo VII: “¿Por qué la poligamia?”, La verdad era que el argumento era original: para llevar a cabo sus sublimes designios, exponía Rediger, el Creador del universo pasaba, en lo relativo al cosmos inanimado, por las leyes de la geometría (obviamente no una geometría euclidiana; tampoco una geometría conmutativa; pero geometría al fin y al cabo). En cuanto a los otros seres vivos, por el contrario, los designios del Creador se manifestaban a través de la selección natural: gracias a ésta, las criaturas animadas alcanzaban su máxima belleza, vitalidad y fuerza. Y entre todas las especies animales, de las que el hombre formaba parte, la ley era la misma: sólo algunos individuos estaban llamados a transmitir su esperma y a engendrar la generación futura, de la que a su vez dependería un número indefinido de generaciones. En el caso de los mamíferos, y teniendo en cuenta el tiempo de gestación de las hembras  comparado con la capacidad de reproducción casi ilimitada de los machos, la presión selectiva se ejercía principalmente sobre los machos. La desigualdad entre machos -si a unos se les concedía el goce de varias hembras, otros forzosamente se verían privados de ello- no debía verse como un efecto perverso de la poligamia, sino como pura y llanamente su objetivo real. Así se cumplía el destino de la especie.

WIKIPEDIA

Todo el saber universal a tu alcance en mi enciclopedia mundial: Pinciopedia