Vendrá la noche y junto a ella el latido de los grillos, La hacienda se convertirá en un montoncito de nada que la oscuridad se tragará con su boca de monstruo. La abuela es la única que se atreve a caminar por los pasillos cuando el sol se ha escondido. No tiene miedo. Vendrá pronto en busca de los grillos porque los odia, odia ese cricricri que parece el llanto de un niño enfermo. Pero en esta hacienda no hay niños enfermos. En esta hacienda nos ocupamos de ser fieles y dormir temprano con un padrenuestro, no más cae la tarde dormimos, igual a las gallinas tristes de los corrales que viven cacareando al sol, que sin el sol no son gallinas sino carne muerta con plumas.
Hacen bien los grillos en huir
cuando sienten los pasos de la abuela, que es rápida aunque le duelan los
huesos. El dolor se le ha incrustado en su mano izquierda, la mano del corazón.
Son los huesos los traidores de la edad, carajo. dice siempre. El año pasado,
en estas mismas fechas, soñó una noche que la selva había vuelto a ser roja.
Despertó angustiada en la soledad de los pasillos de la hacienda, asqueada del
mundo que había sido, asqueada de sus recuerdos y de sí misma. y por un momento
tuvo ganas de que le fallara la mente o el corazón. que le doliera el pecho y
le crujiera hasta que el esternón se le rajara.








.jpg)



















