El libro de todos los libros, Roberto Calasso, p. 278
En una carta a Gretel Adorno.
Benjamin escribía que en el estilo tardío de Freud «los pensamientos más
grandes» se presentaban «de pasada». Y así precisamente se puede leer un pasaje
del Moisés que el propio Freud consideraba cuando menos arriesgado. Pasaje de
un lamarckismo extremo, desconsiderado y desmedido, que sin embargo tenía la
virtud de poner en duda todo el sistema, universalmente aceptado, de las
relaciones entre hombres y animales: «Si admitimos la permanencia de estas
huellas mnemónicas en la herencia arcaica, habremos tendido un puente sobre el
abismo que separa la psicología individual de la colectiva, y podremos tratar a
los pueblos como individuos neuróticos. Aun aceptando que no tenemos
actualmente ninguna prueba válida de las huellas mnemónicas en la herencia
arcaica al margen de los fenómenos residuales del trabajo analítico que exigen
ser derivados de la filogénesis, esta prueba nos parece, empero, lo bastante
válida para postular semejante estado de cosas. Si no fuera así, no
avanzaríamos ni un más por el camino que hemos emprendido, tanto en el análisis
como en la psicología colectiva. Es una temeridad inevitable.
"Actuando así obtenemos
también algo más. Reducimos la grieta entre el hombre y el animal que los
viejos tiempos dc arrogancia humana han ampliado en exceso. Si los instintos de
los animales, que les permiten comportarse desde el inicio en una nueva
situación vital como si fuese pasada y desde hace tiempo familiar, si de alguna
manera esta vida instintiva de los animales admite una explicación, no puede
ser más que esta: los animales llevan consigo en su nueva existencia las
experiencias de su especie, es decir, han conservado en sí recuerdos de lo que
habían experimentado sus progenitores. En el fondo, en el animal hombre las
cosas no serían tan diferentes. Su herencia arcaica, aunque de extensión y
contenido diferentes, se corresponde a los instintos de los animales».

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