Notas para una autobiografía, Roberto Bolaño, p. 376
Yo en Chile estuve preso ocho días,
ocho días. En Alemania colocaron —no sé en dónde— que había estado medio año
preso, lo cual me pensar que los alemanes o son muy exagerados o que ellos ocho
días era una porquería y necesitaban aggiornarlo un poco más; o que mi inglés,
cuando dije eso, estaba a peor de lo que yo creía. Porque ocho días en inglés es
«eight days» y medio año es «six months». Bueno, debí decir «eight days». Yo,
en todo caso, siempre lo he dejado claro que estábamos en situaciones muy
distintas. El caso es que yo, durante los ocho días en que estuve detenido —y
que no fui torturado—, me extrañó muchísimo enorme profesionalidad de ese
ejército en la máquina de moler carne que era la represión. Pero una verdadera máquina
de moler carne, pero iqué bien lo hacían! Cómo respetaban cada paso: era como
una obra de teatro no de teatro kabuki. Todos nosotros interpretábamos una obra
de teatro japonesa —sin que nadie supiera hablar japonés, por supuesto— y que
nos daba una sensación de irrealidad, de sueño. Por ejemplo, durante esos ochos
días un compañero se quiso suicidar. ¡Y va el tonto y lo dice! «Si te quieres
suicidar no lo digas, isuicídate!» Y este tipo dice: “Yo no aguanto más. O me sacan
de este limbo o me suicido». Lo sacaron del limbo. Lo tuvieron veinticuatro
horas en una celda de castigo de presos comunes y al cabo de ida veinticuatro
horas volvió y yo nunca he visto en mi vida –tenía veinte años— salir a alguien
más o menos entero y ver cómo regresa alguien absolutamente demolido. Y claro,
esto Io hicieron ellos en su estructura de teatro kabuki simplemente para
convencerlo de que no se suicidara, de que dentro de lo mal que él estaba no
estaba nada mal. Era como una especie de psicoanálisis, pero como si en vez de
que te diera el psicoanálisis un psicoanalista te lo diera un carnicero
psicópata, pero que se refrenaba siempre. Y tenía un cierto encanto, sobre todo
si uno lo veía con veinte años y bajo la óptica del humor negro. Por supuesto
que si yo hubiera tenido mujer e hijos, me hubiera sentido muy mal y hubiera
intentado suicidarme. Bueno, de hecho a los veinte años uno está siempre
haciendo teatro y en algún momento pensé: «esto va a ser interminable y esto es
kafkiano, y lo mejor que puedo hacer es suicidarme».



























