Ésta será una historia de terror. Será una historia policiaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.
Yo soy la amiga de todos los
mexicanos. Podría decir: soy la madre de la poesía mexicana, pero mejor no lo
digo. Yo conozco a todos los poetas y todos los poetas me conocen a mí. Así que
podría decirlo. Podría decir: soy la madre y corre un céfiro de la chingada
desde hace siglos, pero mejor no lo digo. Podría decir, por ejemplo: yo conocí
a Arturito Belano cuando él tenía diecisiete años y era un niño tímido que
escribía obras de teatro y poesía y no sabía beber, pero sería de algún modo
una redundancia y a mí me enseñaron (con un látigo me enseñaron, con una vara
de fierro) que las redundancias sobran y que sólo debe bastar con el argumento.





























