TIEMPO PERDIDO
Estoy viva. Mi
marido, Paul Auster, está muerto. Murió el 30 de abril de 2024, a las 18.58, en
la casa de Brooklyn donde ahora escribo estas palabras. En enero de 2023 le
diagnosticaron un cáncer de pulmón no microcítico de tipo escamoso. Pero antes
de eso, a principios de noviembre de 2022, le hicieron un TAC en la sala de
urgencias del Mount Sinai West. El radiólogo le detectó «una masa» en el pulmón
derecho y dijo que podía ser cáncer.
Todos morimos,
pero solo algunos de nosotros sabemos que nuestra vida podría acabar pronto.
Aunque muchas veces me había preguntado qué significaría vivir sin Paul, empecé
a pensar en ello con más frecuencia. Me imaginaba deambulando sola por la casa.
Me imaginaba llorándolo. Si tu padre muere —le dije a nuestra hija Sophie—,
perderé mi día a día.
Lo que no
imaginé es que, tras la muerte de Paul, el tiempo perdería toda forma
reconocible. Recuerdo qué día es y al momento lo olvido.





























