Notas para una autobiografía, Roberto Bolaño, p. 242
¿Podría entonces decirse de
Ulises Lima, siguiendo este juego de máscaras, que se trataría de un trasunto
de tu amigo Mario Santiago, de cuya muerte supimos por tu dedicatoria en Los
detectives salvajes?
Sí, fue algo realmente rarísimo.
La literatura y la vida están llenas de casualidades rarísimas. Una de las que
más me han dolido es que justo el día después de terminar yo de corregir Los
detectives salvajes, Mario murió y me dejó choqueado. Fue una muerte infame: lo
atropelló un coche y se dio a la fuga. Mario era alcohólico terminal, pero
estaba bien, hubiera podido continuar mucho tiempo más bebiendo. Bebía a tumba
abierta. Y una madrugada, vete a saber en qué arroyo andaría, con quiénes, no
se supo nunca, lo atropelló un coche que lo deja herido de muerte y se da a la
fuga. Al menos ésa es la explicación oficial. Lo recoge una ambulancia al cabo
de un tiempo, Io llevan a un hospital, muere en el hospital, nadie sabe quién
es y se pasa una semana en la morgue sin nadie que Io vaya a buscar. Un rollo
terrorífico. En México, en enero del 98. Fue bastante jodido. Y es curioso,
porque en Los detectives salvajes el que parece que va a morir es Belano y Lima
parece que va a vivir, y en la vida real ocurrió todo lo contrario.



























