Me llamo Charles Highway, aunque si pudiesen echarme una ojeada seguro que jamás se lo imaginarían. Es un apellido enérgico, viajado, cipotudo, y por mi aspecto nadie deduciría ninguna de esas cualidades. Empezando porque llevo gafas, y las llevo desde los nueve años. Y porque mi figura de estatura mediana, desprovista de culo y de cintura, con una caja torácica ondulada y piernas estevadas borra todo indicio de aplomo. (En ningún sentido, por cierto, debería confundirse este modelo con el tipo ágil y elástico tan popular entre mis contemporáneos. No nos parecemos en nada. Recuerdo que tenía que hacerme un par de dobleces en los extremos de mis pantalones, y que rellenaba sus fondillos con camisas de talla de adulto. Ahora elijo mi ropa más reflexivamente, aunque lo que ha mejorado no es mi gusto sino mi intuición.) Pero sí poseo una de esas voces cachondas que ahora están de moda, esas que acostumbran a tener un irónico gangueo y que resultan excelentes para inquietar a los mayores. Y supongo que, además, mi rostro tiene expresiones extrañamente amedrentadoras. Es anguloso, pero delicado; nariz larga y delgada, labios anchos y delgados..., y unos ojos: con pestañas exuberantes, ocre oscuro salpicado de motitas siena tostada... Ay, qué pobres resultan las palabras.
PINCIO
23 años sin opinar
Lo más visto
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
ADOLESCENCIA
El libro de Rachel, Martin Amis
Pasolini
Mujeres elegantes, Milena Busquets, p. 57
Pasolini
Ayer fui a ver una obra de teatro
dirigida por Alex Rigola y basada en un poema de Pier Paolo Pasolini. No había
leído a Pasolini, ni visto ninguna de sus películas; solo sabía (como todos los
cultos incultos y los incultos cultos; cultos cultos quedan cinco o seis en
todo el país) que era homosexual y extraordinariamente guapo (como los
italianos, que cuando son guapos son los hombres más guapos del mundo, por esa
combinación de virilidad, glamur, joie de vivre y profundidad tan difícil de
conseguir), pero ni siquiera me acordaba de que había muerto asesinado. Sabía
que era comunista, que en sus películas había mucho sexo, sexo difícil,
político. El sexo le interesaba desde un punto de vista personal (era un
apasionado y un loco. un hambriento), pero también social y cultural, como
instrumento para cambiar y entender el mundo. Sabía que era un hombre muy
comprometido con su época, los años sesenta y setenta, y sabía, claro, que era
un mito. En fin, la verdad es que me daba un poco de pereza ir a ver una obra
basada en un poema suyo.
El mismo mar de todos los veranos
Mujeres elegantes, Milena Busquets, p. 241
El mismo mar de todos los veranos
Mi madre publicó, hace muchos
años, una novela que se titulaba El mismo mar de todos los veranos. Desde
entonces he escuchado tantas veces esa frase que es casi como si la hubiese
escrito yo.
No he leído el libro y no sé a
qué mar Se refería, supongo que al de Cadaqués, tal vez no. Todos vivimos
varias vidas, con varios mares y varios amores. Algunos parecen definitivos y
algunos lo son. A veces lo sabemos desde el primer segundo y otras veces
necesitamos tiempo (meses, años, cuando ya han acabado) para darnos cuenta.
Puede que mi madre se equivocase
con su título tantas veces repetido (sabes que has escrito algo interesante
cuando la gente empieza a repetirlo sin saber ni siquiera de dónde sale. Dejar
una frase, aunque sea solo una, eso estaría bien). Pensaba que mi madre siempre
tenía razón, iera tan lista!; pero la gente inteligente es también la que más
errores comete porque es la que más opciones baraja y la que más se arriesga,
Los tontos casi nunca se equivocan; los listos, todo el rato.
SWANN, GUSTAV
Mujeres elegantes, Milena Busquets, p. 231
Swann, uno de los personajes de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. En Un amor de Swann, este tarda mucho en enamorarse de Odette, pero al darse cuenta una noche de que no está en casa de los Verdurin, decide (sin motivo aparente) dejarlo todo para ir a buscarla. A partir de ese momento, pasa años de sufrimiento hasta que un día, cuando todo ha pasado, se dice: «Y pensar que he perdido años de mi vida, que he deseado la muerte, que he vivido la historia de amor más importante de mi vida con una mujer que ni siquiera me gustaba, ique ni siquiera era mi tipo!».
El protagonista de Muerte en
Venecia. ¿Se enamora Gustav del joven Tadzio? ¿O es más bien una obsesión, el
homenaje a otra gente que conoció antes, el símbolo de la vida y de la juventud
pasadas? En cualquier caso, siente una fascinación inmediata por el joven y en
cierto modo es correspondida: el joven también lo ve a él. Y Tadzio será la
última persona a la que mire (y vea) Gustav antes de morir. Tadzio lo saluda
(¿se despide?) desde el borde del mar y a continuación señala al horizonte (la
eternidad, el principio y el final, lo desconocido). Junto con los de Blade
Runner y Lo que e/ viento se llevó, mi final favorito en una película.
Pero en realidad lo importante no
es cuánto tardas en querer a alguien. sino durante cuánto tiempo lo quieres. Y
solo hay una respuesta posible: eternamente. Todo lo demás es un estrepitoso
MUJERES ELEGANTES
Mujeres elegantes, MIlena Busquets, p. 279
Son elegantes las cuatro protagonistas de Gritos y susurros
de Ingmar Bergman, sobre todo Anna, la criada, tal vez un poco menos guapa que
las otras tres, pero capaz de enfrentarse a la muerte (la mayor elegancia:
saber enfrentarse a la muerte) y de mostrar compasión.
Hannah Arendt era elegante. Y también fue la mujer más inteligente
del siglo XX.
Pina Bausch era el colmo de la elegancia. Y un genio
absoluto.
Colette, con su amor por los hombres y las mujeres, su
vitalidad. su genio, su rebeldía. su libertad, su independencia, también era elegante.
Virginia Woolf. su carta de despedida (de nuevo. la forma de
enfrentarse a la muerte), su mirada melancólica, sus largos vestidos
victorianos, sus sombreros, sus libros alucinantes, el conocimiento preciso.
compasivo y luminoso de los seres humanos.
Annie Ernaux, su honestidad, su forma de ser sexualmente
explicita sin ser nunca ni pornográfica ni obvia es un milagro de elegancia y
de talento.
Karen Blixen, esquelética y muy enferma, con sus turbantes y
su rostro, sus cuentos... Era un genio.
Mary Poppins también era elegante: generosa. imaginativa valiente.
intransigente.
Milena Jescnská, la Milena de las cartas de Kafka, de la que
él escribió: «Milena es un fuego vivo. No puede vivir sin quemar algo». Murió
en un campo de concentración (como cuenta su amiga Margarete Bubcr-Neumann en
Milena).
LONDRES
Sobre la historia natural de la destrucción, WG Sebald, p. 111
Casi nadie dudará hoy de que el
mariscal del aire Göring hubiera arrasado Londres si sus recursos técnicos se
lo hubieran permitido. Speer cuenta cómo Hitler, en 1940, en una cena en la
Cancillería del Reich, fantaseaba sobre la destrucción total de la capital del
imperio británico: «¿Han visto alguna vez un mapa de Londres? Está tan
densamente edificado que un incendio bastaría para destruir la sociedad entera,
como ocurrió ya hace doscientos años, Göring quiere, mediante innumerables
bombas incendiarias de efectos totalmente nuevos, producir incendios en las distincas
partes de la ciudad, incendios por todas partes. Miles. Entonces se unirán en una gigantesca
conflagración. Göring tiene razón: las bombas explosivas no funcionan, pero se
puede hacer con bombas incendiarias: idestruir Londres por completo! ¿Qué
podrán hacer sus bomberos cuando todo esté ardiendo?.
EL ANGEL HERIDO
UNA
MIRADA INGENUA
Una conciencia nueva, Silvia Bardelás, p. 89
En el cuadro El ángel herido de
Hugo Simberg, dos adolescentes vestidos de luto llevan a un ángel herido
blanco, con los ojos vendados y un ala manchada de sangre. La interpretación es
libre. yo veo la inocencia herida. El adolescente la lleva en retirada. Uno de
los niños nos mira fijamente. Somos culpables de esa herida. El cuadro no
provoca tristeza, sino una emoción más profunda. Nos recuerda esos momentos en
los que algo ya no tiene marcha atrás. La retirada en un campo de batalla es
una rendición. Esta retirada ocurre en el campo, la naturaleza acompaña al Ángel
y los niños. Han dejado atrás un mundo inhumano. un lugar de humanos quebrados
que miran de otra forma. El ángel está ciego, tiene sangre en un ala y no puede
volar. Tiene los ojos vendados y no puede ver. Le han robado la mirada. La
mirada de un ángel, en ese imaginario que creamos para no olvidar quiénes
somos, es ingenua, inocente. Eso significa que puede verlo todo. El problema de
la mirada humana es que está condicionada por la razón, condicionada, dirigida.
enfocada, perdiendo una visión lateral donde probablemente esté algo vital,
desde luego, la intimidad de las cosas que no se deja atrapar. En nuestra
inteligencia más primordial, lo que Jung llamaría «inconsciente sabemos que esa
mirada ingenua, que brota de nuestra propia ingenuidad, de nuestro ser genuino,
de nuestra dad, existe. Por eso podemos representarla con un cuadro. invocarla
en un texto como el Fausto de Goethe, cantarla con Lieder de Schubert o en los
miles de canciones pop que terminan en grandes éxitos
DAVID FOSTER WALLACE
Una conciencia nueva, Silvia Bardelás, p. 25
UN MUNDO AGOTADO
El mundo de la infancia no era
lógico, era real. Es tan enorme la
distancia entre la lógica y la realidad que cuesta creer cómo hemos llegado a
confundirlas, cómo hemos llegado a negar la realidad cuando trasciende los límites
de la lógica. En la primera escena de La broma infinita de Foster Wallace, el
protagonista, Hal, está sometido a juicio. Un tribunal académico decide si
puede entrar en la universidad y acceder a una beca. Tiene un historial de
notas horribles, pero a la vez es un gran jugador de tenis y ha escrito
artículos asombrosos. Hal escucha una larga conversación sobre su persona, o
más bien, sobre los datos de su persona, y no puede ver en esos hombres que
componen un tribunal otra cosa que no sea manchas en la piel, cejas demasiado
pobladas o calvas amarillentas. Son cuerpos histéricos. No es capaz de
responder a un lenguaje que le advierte pero no le atiende. Esos cuerpos
empiezan a tener la certeza de que el joven que tienen delante no es normal, no
entienden su silencio. Y entonces él se acuerda del primer recuerdo de su
hermano, una escena en el jardín de su casa, Su hermano lo ve a él con cinco
años, lleva un pijama rojo y ha comido algo asqueroso que todavía le cuelga en
la mano, La madre, preocupada, está dispuesta a superar el asco para salvar a
su hijo. Entonces, las sensaciones y emociones primarias que llegan a su mente
en ese recuerdo hacen que Hal hable, que se enfrente al tribunal. “Mis
instintos sintácticos y mecánicos son mejores que los de ustedes, y esto lo
digo con el debido respeto. Pero trascienden lo mecánico. Yo no soy una
máquina.”
LA EDUCACION SENTIMENTAL
Una conciencia nueva, Silvia Bardelás, p. 83
La educación sentimental ya
representaba la nueva vida como una máquina de producción. Una materia,
Frédéric Moreau, entra en un tubo y después de seguir una larga cadena de
transformaciones, sale convertido en otra cosa, en un producto. Una vez ha
entrado esa materia prima en la máquina, ya no puede salir. Por eso Flaubert
comienza con el bachiller recién graduado, listo para entrar en la máquina. Al
principio, toma una decisión, en lugar de seguir una formación académica para
acabar teniendo una vida tediosa, decide dejarse llevar por sus sentimientos.
Puede llegar a ser un pintor o incluso sueña con la gloria de un escritor. El
sentimiento que le produce la posibilidad de conseguir esa vida le satisface
suficientemente como para no pintar ni escribir nunca. El sentimiento pasional
hacia la mujer imposible de alcanzar le permite mantener cierta dignidad, como
si fuera fiel a un ideal hasta el punto de rechazarla al final para no
degradarse. El sentimiento de nostalgia de una revolución no vivida o el
sentimiento de rechazo hacia gente que considera inferior le permiten mantenerse
al margen de los acontecimientos políticos. Las sensaciones en el campo al lado
de su amante le hacen pensar que su vida está bien. El sentimiento por delante,
pensado y atribuido a las cosas, sin que surja de la relación Con ellas, la
proyección del yo en todo lo exterior, la imposibilidad de ver al otro como
otro, el asco al ver a otros Como son, el rechazo a la vejez, la enfermedad, la
fealdad, la pobreza.
INCIPIT 1.646. SOBRE LA HISTORIA NATURAL DE LA DESTRCCION / WG SEBALD
El truco de la eliminación es el reflejo defensivo de cualquier experto.
STANISLAW LEM, Incógnita
Es difícil hacerse hoy una idea
medianamente adecuada de las dimensiones que alcanzó la destrucción de las
ciudades alemanas en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, y más
difícil aún reflexionar sobre los horrores que acompañaron a esa devastación.
Es verdad que de los Strategic Bombing Surveys de los Aliados, de las encuestas
de la Oficina Federal de Estadística y de otras fuentes oficiales se desprende
que sólo la Royal Air Force arrojó un millón de toneladas de bombas sobre el
territorio enemigo, que de las 131 ciudades atacadas, en parte sólo una vez y
en parte repetidas veces, algunas quedaron casi totalmente arrasadas, que unos
600.000 civiles fueron víctimas de la guerra aérea en Alemania, que tres
millones y medio de viviendas fueron destruidas, que al terminar la guerra
había siete millones y medio de personas sin hogar, que a cada habitante de
Colonia le correspondieron 31 ,4 metros cúbicos de escombros, y a cada uno de
Dresde 42,8....
INCIPIT 1.645. MARIA REPUBLICA / AGUSTIN GOMEZ ARCOS
Puerta pesada, grande. Puerta metálica. Que se abre con ruido de cerrarse. Puerta trampa. Para siempre.
Afuera, el callejón polvoriento.
El pregón de un vendedor ambulante. Adentro. el patio de muros altos. Umbrío,
sombreado por granados y limoneros. Grana y oro. Por encima, viento tórrido y
polvo sofocante. Aire sucio, sin claroscuros.
Mes de agosto. Los limoneros
verdes v los granados escarlatas impiden que el sol reseque las losas de piedra,
viejas de nueve siglos cristianos, de nueve siglos árabes, de tres siglos
romanos, que un jardinero laico (vicia momia cedida por el Señor Obispo) riega
minuciosamente cada media hora. El vapor de agua, nube de soledad, se eleva y
se detiene un momento entre las ramas. sugestivo y perezoso, buscando un juego
lúbrico impropio del lugar. Pero el tiempo, que no nene zas. lo volatiliza
antes de que se convierta en gota, gota cuajada. gota desprendida.
Pájaros anónimos, invisibles y
sonoros. en duermevela: pájaros de mediodía de agosto.
INCIPIT 1.644. MUJERES ELEGANTES / MILENA BUSQUETS
Prólogo
Hace quince años tuve un blog. Lo
empecé sin pensarlo demasiado, simplemente quería escribir (y nunca he escrito
solo para mí; un escritor existe cuando alguien lo lee, aunque solo sea una
persona en el universo, y cuando se expone a los demás). En teoría era un blog
de moda, pero es difícil hablar de moda sin hablar de belleza, y hablar de
belleza sin hablar de amor, y hablar de amor sin hablar del mundo entero.
En poco tiempo encontré un grupo
de lectores que se divertían con mis textos, dejaban comentarios, dialogaban
entre sí, discutían y añadían valor e interés a lo que yo escribía. Me leía más
gente de lo que yo pensaba, ¡incluso mi madre se convirtió en una apasionada
seguidora! Era una escritura ligera e inmediata, a vuelapluma, cuando se me
ocurría algo, lo escribía al momento. A veces metía la pata, pero a menudo
acertaba; suelo estropear las cosas (y también las ideas y las frases) cuando
las pienso demasiado, no soy una intelectual.
Y un día lo dejé, mi madre había
muerto, el blog ya no me divertía. Quería escribir un libro.
Se tituló También esto pasará.
Seguí publicando y me convertí (un poco a regañadientes) en una escritora
profesional (yo lo que quería ser era una estrella del rock, Madonna o algo
así; la mayoría de los escritores que conocía eran bastante aburridos y
desdichados).
INCIPIT 1.643. CONFERENCIAS REUNIDAS 1960-1985 / JORGE LUIS BORGES
Poesía gauchesca
El tema que trataré, la poesía
gauchesca, se vincula desde luego con el Brasil. Recuerdo que Groussac decía
que la primera aparición histórica del gaucho corresponde a esa región que el
Brasil y la Argentina se disputaron: el Uruguay. Afirmaba también que la
palabra «gaucho» puede ser de origen brasileño. Es así que en boca de viejos
orientales he oído decir gaúcho (acentuando la u), lo cual sería la forma
intermedia entre guacho y gaucho. El protagonista de la poesía gauchesca
correspondería no sólo a las dos riberas del Plata, sino también a la región de
Rio Grande do Sul y hasta San Pablo.
INCIPIT 1.642. LAS BATALLAS DE BARCELONA / JORDI AMAT
Prólogo
Explicaciones
No tengo que ir demasiado lejos
de casa para descubrirlo. Solo he de dirigirme a la frontera entre el Eixample
y el barrio popular de Sants, al edificio de la calle Tarragona, números 84 al
90. Allí el portero automático es una frontera distópica en la que se confunden
las eras de una civilización. Aquí hay una batalla silenciosa. En el frente,
según el último comunicado de guerra, se enquista la batalla que destruye la
identidad de Barcelona. La ganan quienes la han transformado en mercancía. La
pregunta es incómoda, pero es obligada: ¿es democrática una ciudad donde no
pueden vivir quienes han nacido en ella?
Para llamar al piso, un código.
Ni una llave necesitas. Contrasta su modernidad digital con la portería de los
días del desarrollismo de posguerra y los punzones en el marco de la puerta para
que no se caguen las palomas. Una antigua vecina explica que algunos conserjes
se prejubilaron, al mayor lo despidieron y ahora la propiedad ha externalizado
el servicio. Me siento en el banco de una parada de autobús, frente al
edificio. A media mañana, ventanas abiertas de par en par. No es por el calor.
Son nubes de polvo. Cuando acaben con un bloque de pisos, seguirán con otro que
ahora tiene la puerta tapiada. Cada cinco minutos el tipo del carrito amarillo
vacía sacos y más sacos de baldosas rotas en el contenedor de residuos de la
construcción. Obras por todo el bloque para reconvertir lo que eran pisos de
alquiler, cada vez menos, en pisos de alquiler de temporada, aprovechando una
rendija administrativa.
INCIPIT 1.641. BRAVURA / CARRERE
Antes de mover el cuerpo, su mirada abarca sucesivamente la penumbra húmeda del pasillo en el que va a entrar y, un momento antes de que la puerta se cierre, el espectáculo de la calle que acaba de abandonar y de la que ahora le separa la pesada hoja de roble. Como la casa no contiene mobiliario y él mismo ya no posee nada, sólo tiene que mover su propio peso, pero es suficiente para agotarle: todo pesa más entre estos muros espesos, empezando por la puerta, cuyo umbral cruza cada vez menos, ya que cada gesto exige un esfuerzo, como si la gravedad se multiplicase y la atracción de la tierra fuera más imperiosa en este lugar preciso de Londres.
A veces, nada más entrar, en
lugar de subir, conteniendo el jadeo, el tramo de peldaños que se vislumbra al fondo
del estrecho corredor y le conduce a su guardarropa, se arrodilla delante de la
puerta, pega el ojo a una rendija que ha descubierto, mira al exterior. Estas
sesiones de acecho le agradan, al menos le agradaban al principio, a pesar de
la angostura de su campo visual. Para él sigue siendo la mejor manera de ver el
mundo: sin que le vean, sin que le pidan que se mezcle con él, que participe.
INCIPIT 1.640. TRAS MI ROSTRO / GREGOR VON REZZORI
Con nostalgia saluda el que soy al que pudo haber sido. Kierkegaard
Érase una vez un día en el que
quise echar un vistazo al futuro. Sólo una ojeada muy breve. Hoy, tras varias
incursiones en lo que luego habría de ser el pasado, no tengo ya demasiada curiosidad
por el mañana. He aprendido que lo que va a venir, viene. Lo que ha de acaecer,
acaece. Acaece conmigo y por encima de mí, dejando apenas opciones para el
instante siguiente. Lo sé: ese instante siguiente —todo instante siguiente—
está henchido de fatalidad. Cualquier camino escogido al arbitrio tendrá
consecuencias cuyos giros no soy capaz de prevenir. Los determina la época,
confluyen y se desvanecen en ella, como se desvanece todo. El único testimonio de
lo que ha sido es lo que pueda contarse después al respecto. El mundo es un
inmenso depósito de hechos narrados que pueden narrarse otra vez. Todo lo que
ha sido, ha sido, como los dinosaurios. Érase una vez.
Aquel lejano día me atormentaba
un deseo y quería saber si se cumpliría. Era el deseo de dar un paso fuera de
Alemania, un lugar en el que había caído como en una trampa. Los
acontecimientos de la época me habían arrastrado hasta allí en su crecida y un
buen día me vi varado en Hamburgo, a orillas del río Elba, un sitio del todo
ajeno a mí.
INCIPIT 1.639. EN PALABRAS SENCILLAS / RICHARD FORD
Nota del autor
Los lectores a menudo me plantean
una cuestión, cuya respuesta es el tema de este librito: ¿me considero un
novelista político? Y, en ese caso, ¿cómo he llegado a esa conclusión? ¿Y por
qué? ¿Y cuándo? Al principio, este asunto no me interesaba mucho, pero con el
tiempo he cambiado de opinión.
Escribir narrativa siempre me ha
proporcionado razones y oportunidades para intentar hacerlo cada vez mejor:
eligiendo temas más interesantes, escribiendo frases más claras y afortunadas,
siendo más exigente con las formalidades del relato, mostrándome más ambicioso
al incorporar materiales dispares y, en definitiva, actuando con más
inteligencia en el proceso de la escritura. Aunque a veces no se reconozca, una
razón importante que subyace a la hora de escribir otro libro es conseguir que
el nuevo sea mejor que el anterior.
INCIPIT 1.638. LA BOLA / DANIEL VERDU
Introducción
Nieva en el Panteón
Siempre nieva en voz baja, sin
que nadie pueda decir una palabra. El blanco y la sordina que imponen las
partículas de hielo convierten cualquier espacio en una habitación pequeña y
acolchada, de esas que solo hay en determinados hospitales, los que ayudan a domesticar
tormentos. Casi todo lo que transcurre durante ese tiempo es como si no
estuviera teniendo lugar realmente. Y eso, exactamente, es lo que se
desencadenó ese día a las siete de la mañana, justo después de que sonase el
despertador en aquel piso de la piazza Cairoli.
Hacía diez años que no pasaba. El
locutor de la RAI no dejaba de repetirlo. Así que nos asomamos a la vieja
ventana de madera temiendo un terremoto, un meteorito u otra derrota de la
Roma, los únicos tres fenómenos capaces de agitar la ciudad. Pero la noticia
era solo la nieve. Una alfombra blanca había sepultado los adoquines y las
aceras, ocultando los restos de basura y borrachera de la noche anterior en el
Campo de’ Fiori. La brisa helada enmascaraba el olor dulzón del alcohol y de la
porquería acumulada tras varios días sin avistar el camión de la basura. Desde
ahí arriba, asomados a la ventanita de madera del salón, Roma parecía una
ciudad limpia y uniforme, aunque no fuese a durar demasiado.
INCIPIT 1.637. LA MIRADA DE ULISES / ERICH AUERBACH
INTRODUCCIÓN
Erich Auerbach, un filólogo en el exilio
Mi idea de Dios es confusa, pero
Cristo y la Pasión son para mí cosas concretas, enternecedoras y profundamente
conmovedoras que provocan ira y amor.
Zbigniew Herbert 1
En la historia intelectual del
siglo xx, Erich Auerbach (1892-1957) figura, junto a Hannah Arendt y Walter
Benjamin, entre los eminentes exiliados cuyas ideas y argumentos en torno a la
filosofía de la cultura se discuten hoy en todo el mundo. En sus escritos, los
tres exponen de maneras muy distintas el modo en que la experiencia de la
marginación determinó su pensamiento en cuanto intelectuales alemanes y judíos 2.
1 Conversación con Renata Gorczyńska (ensayista, traductora,
crítica literaria) traducida del polaco al alemán por Helga Gutsche, Sinn und
Form, n.º 5, septiembre/octubre de 2004. 2Véase Matthias Bormuth, «Krise des
Historismus und provisorische Existenz. Hannah Arendt, Erich Auerbach und
Walter Benjamin», en: Antonia Grunenberg, Volker Gerhardt y Stephan Gosepath
(ed.), Verborgene Tradition und unzeitgemäße Aktualität? Hannah Arendt
1906-2006, volumen especial, n.º 16 de Deutsche Zeitschrift für Philosophie,
Berlín, Akademie, 2008, pp. 145-165.
PROUST, STENDHAL Y FLAUBERT
La mirada de Ulises, Erich Auerbach, p. 86
A su lado, los personajes de las
grandes novelas realistas del siglo XX son meras comparsas, personajes a los
que se ha atrapado por algún extremo de su ser y acto seguido se los ha
compuesto. La gran inutilidad y la aparente falta de composición de la novela,
que no exige de ninguna de sus figuras absolutamente nada que deba suceder para
conducir el desarrollo del relato en tal o cual dirección, les concede la
libertad de moverse como más propio les parezca; la necesaria limitación que
para Stendhal o Flaubert (por no mencionar a otros) se origina a partir de la
construcción, del inamovible plan pragmático de sus obras, está ausente en el
caso de Proust. Así, el producto, caprichoso y casi botánico, brota de un modo
totalmente autónomo, apenas se siente la mano del hacedor, y si otros grandes
escritores, desdeñando la descripción y el análisis, logran con pocas palabras
que un personaje sea, en su momento trágico, inolvidable durante siglos, esa
actitud, quizá más sublime, no corresponde a la novela; al lado de la obra de
Proust, casi todas las novelas que conocemos parecen novelas cortas. En busca
del tiempo perdido es una crónica de la memoria—en la que el lugar de la
sucesión temporal empírica pasa a ocuparlo el encadenamiento secreto y a menudo
descuidado de los acontecimientos, que el biógrafo del alma, el que vuelve la
vista atrás y mira dentro de sí mismo, siente como propio—. Lo que ha ocurrido
no tiene ya poder alguno sobre él, v el autor nunca pretende que aún no ha
ocurrido lo que sucedió hace mucho tiempo y que todavía esté por decidir lo
decidido mucho tiempo antes, Es por eso que no hay ni tensión ni punto dramático culminante, nada se
precipita ni se amontona, y tampoco, después, hay solución y calma.
PROUST
La cicatriz de Ulises, Erich Auerbach, p. 83
Por nacimiento, Proust pertenece a una familia burguesa privilegiada por sus ingresos, su riqueza y unos bienes raíces heredados mucho tiempo antes; su encanto personal le permite acceder a todas partes, también los círculos cerrados de las grandes familias de la nobleza. Todos ven en él un ser afortunado y fuera de lo común. Sin embargo, no goza de buena salud; sufre ataques de ansiedad y trastornos nerviosos de toda clase, es incapaz de ejercer actividad alguna y de tomar decisiones. y su irritabilidad llega al extremo de impedirle salir de casa durante semanas y sin un motivo determinable aunque se lo proponga una vez y otra. Igual de mal le va a su equilibrio moral. A la exacta profundidad de su pensamiento y la nada superficial elegancia de los sentimientos, a su capacidad para penetrar en la esencia de quienes lo rodean, a su tacto y su respeto en los asuntos familiares, se oponen de manera desagradable su egocentrismo, también insensible a más no poder, su reserva en los asuntos más profundos del corazón, su incapacidad de confiar, su excesiva perspicacia, su frialdad y una observación que a menudo saca a la luz el mal con cierta estrechez de miras, Sólo puede amar lo que no posee o lo que teme perder; en cuanto está convencido de tener firmemente a alguien, poseerlo pierde todo encanto y esa persona le resulta indiferente. Sin embargo, es raro que no sienta celos; el motivo más insignificante lo pone furioso al instante, y en especial sospecha siempre y en todas partes, de las mujeres y los hombres que frecuenta, sus desvíos homosexuales: la homosexualidad es, en suma. objeto de su interés más intenso, algo así como un ídolo o un espantajo en torno a los cuales sus pensamientos no cesan de danzar.
iAbsalón, Absalón¡
En palabras sencillas, Richard Ford, p.16
Lo que podría haber observado, pero no lo hice, fue cómo mi otra lectura de ese momento, la obra maestra Faulkner iAbsalón, Absalón¡', retrataba Misisipí, un lugar que yo conocía íntimamente porque vivía y era de allí, como un entorno en ebullición de paradojas políticas: había personajes y comportamientos formidables extravagantes, declaraciones desmesuradas, engaños, odios, pasiones repentinas y tragedias casi interminables, todo ello de naturaleza intrínsecamente política Faulkner captaba Misisipi de manera tan completa que, para mí, lograba que no se pareciera en nada a ningún otro lugar del mundo; era tan vívidamente inmersivo como escenario de la narración que hasta ocultaba el hecho de que el gran tema de Absalón (el modo en que esclavitud y el odio racial corrompen irremediablemente la historia y a todos los que la crean) era el tema político perpetuo del Sur en el que yo había nacido y el que conviviría todos los días de mi vida. Si podemos medir el efecto de una novela política por cómo transforma el discurso público, puedo decir que Absalón, Absalón! no solo superó mi capacidad de comprensión. que también alteró de manera permanente mi diálogo conmigo mismo. Aunque tampoco es que me diera cuenta de ello en ese momento.
INCIPIT 1.636. UNA CONCIENCIA NUEVA / SILVIA BARDELAS
SER HUMANO EN EL SIGLO XXI
En la crisis económica de 2008 hubo un momento
de auténtica parálisis. Llevaba a mis hijos a la parada del autobús y apenas
había coches. Los restaurantes, cines, tiendas siempre estaban vacíos. Una vez
vi a la madre de una amiga del pasado rodeada de policía en Ikea. Había robado
salmón. Me fui al coche con vergüenza, curioso cómo la vergüenza ajena se
convierte en propia, y volví para intentar sacarla de esa situación. Me
acordaba de su inmensa casa separada del mundo por un muro altísimo. Pensé en
el absurdo mecanismo de necesitar salmón. Cuando llegué ya no estaba. Me sentí
aliviada de no tener que enfrentarme a aquella situación. Lo había intentado.
Con eso me bastaba, pero con eso no me bastaba.
Desde el coche veía colas de gente
esperando una bolsa de comida, gente que se había quedado sin trabajo. No eran
necesarios, sobraban. Unos meses antes habría peleas por sus servicios. Ellos
no sólo no tenían nada, sino que eran totalmente dependientes de que otros
tuvieran algo. Era necesario que unos pocos tuvieran mucho para que la mayoría
pudiera comer. Entre ellos no hablaban. Hacían cola en silencio. Eran
individuos, tan individuos como los que se suicidaban por haber perdido su
capacidad de comer salmón. Me di cuenta de que la crisis había puesto de
manifiesto que no éramos una red de seres humanos que se retroalimentaban.
Todos dependíamos de un sistema que si fallaba ponía de manifiesto un vacío
existencial que el ruido tapaba.
PROTEO
Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p. 39
La cosa fue que nunca nadie le
dio ningún crédito por haber descubierto esos mosaicos, porque era jornalera y
el crédito se lo llevó el arqueólogo. Pero Nanna siguió excavando y en un
momento dado encontró un vestíbulo con mosaicos aún más hermosos, perfectamente
preservados, con una representación del mito del dios Proteo: un dios del mar,
elusivo, siempre cambiante, profeta y pastor de las bestias marinas, hijo del
dios mayor del mar, Poseidón, y de Fénice. Proteo podia no solo ver el futuro,
como la mayoría de los profetas, también veía el pasado remoto con absoluta
claridad. pero detestaba revelar sus profecías a los mortales. Si alguien
acudía a él en busca de información, Proteo cambiaba de forma, para
escabullirse. En manos de su captor, se convertía en pez espada, en cámara, en
tempestad, en medusa, en burro, en cepillo de dientes, en fuego, en barco, en
libro.
¿En cepillo de dientes?
Bueno, en lo que fuera. Así,
transformándose de una cosa en otra, despistaba y mareaba a su captor y lograba
escapar.
Pez espada, cámara, tempestad,
medusa, burro, cepillo de dientes, fuego, barco, libro, repite ella.
Sí, o en cualquier otra cosa,
esos son solo ejemplos. Simplemente se metamorfoseaba en cosas distintas. Pero
si su captor aguantaba y podía seguir reconociéndolo en todas sus metamorfosis,
en algún momento Proteo volvía a su forma original de dios y revelaba la verdad
sobre el pasado y el futuro antes de regresar otra vez a las aguas.
LA MEMORIA DE SHAKESPEARE
Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p.118
DE CÓMO SE OBSERVAN LOS DíAS
Cuando tenía once o doce años, mi
padre me leyó un cuento de Borges, «La memoria de Shakespeare», sobre la
relación entre la memoria y la imaginación. El narrador del cuento se está
tomando un trago en un bar después de un congreso de shakespearianos, cuando de
pronto se le acerca un hombre y le dice algo así como:
Te ofrezco la memoria de
Shakespeare, ¿la aceptas?
El narrador es un catedrático de
cierta edad. probablemente un poco deprimido. y en definitiva nada propenso a
creer en ninguna clase de magia o de alquimia. y ni siquiera en la posibilidad
de las segundas oportunidades en la vida. Así que, un poco incrédulo. y tal vez
un poco borracho. acepta la oferta, paga sus tragos y se va a su cuarto de
hotel a dormir. Sería un despropósito resumir lo que ocurre después de eso.
Como tantos cuentos de Borges —tan a medio camino entre la parábola biblica y
la fisica teórica— este tiene una trayectoria más bien filosófica en vez de una
trama y un desarro110 en el sentido tradicional. Lo importante es que, a partir
de ese momento, a partir de que el narrador acepta la memoria de Shakespeare,
lo que se desenvuelve es la vida interior de un hombre en cuya imaginación
confluyen ahora las aguas de dos memorias: la portentosa memoria de Shakespeare
y el caudal más modesto de su experiencia pasada.
La dificultad del fantasma
La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p, 127
Capote completamente borracho
cayendo desde el estrado de una universidad en la que hacía una lectura. Capote
deambulando en la noche lleno de pastillas y alcohol, extraviado al salir de
una fiesta. Capote estrellándose con su auto. Capote entrando en clínicas de
rehabilitación. Capote orinándose en la cama. Capote durmiéndose en un charco
de su propio vómito. Capote bebiendo vodka desde el desayuno. Capote
presentándose con el rostro deformado, una inflamación barbitúrica, inconexo y
beodo, en el programa de televisión de Stanley Siegel, Stanley Siegel
preguntándole: «¿Qué va a pasar si no termina este problema de las pastillas y
el alcohol?», y Capote respondiéndole: «La obvia respuesta es que algún día me
mataré».
En el libro de Clarke se lee este
testimonio: “Cuando me levanto por la mañana, a los dos minutos ya estoy
llorando. No paro de sollozar. Y todas las noches me pasa lo mismo. Tomo una
pastilla, me meto en la cama y empiezo a escribir o a releer Io escrito y de
pronto empiezo a llorar. Un dolor insoportable. ¿Cómo voy a poder vivir siempre
con ello? No se trata de un dolor por algo concreto. Es por un montón de cosas.
Me siento muy desgraciado”.
CAPOTE
La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p. 15
Vive con su madre, que consume
cantidades brutales de alcohol y pastillas. Intenta terminar una novela en
medio de una vida doméstica infernal. Lo invitan a la residencia literaria de
Yadoo, a cuarenta minutos de Nueva York. Allí conoce a Newton Arvin, uno de los
críticos literarios más importantes de Estados Unidos. Se enamoran. En 1948, a
los veintitrés años, publica su primera novela: Otras voces, otros ámbitos. El
éxito es fulminante. Lo llaman genio. La foto que se reproduce en la contratapa
—lánguido y decadente— genera la misma cantidad de tinta que los comentarios
sobre el libro: demasiado lascivo, dicen; demasiado perverso. Publica El arpa
de hierba en 1951, Se oyen las musas en 1956, Desayuno en Tiffany's en 1958. En
1954, entre una cosa y otra, su madre se suicida. Él. para entonces, ya es la
versión años cincuenta de Io que hoy sería un influencer: va a las fiestas más
exclusivas de la ciudad, se vincula con mujeres hermosas y millonarias -sus
«cisnes»-, como Babe Paley, la esposa de William Paley, presidente de la CBS;
Slim Keith, esposa primero de Howard Hawks y luego de Leland Hayward, un poderoso productor teatral; Gloria
Guinness. esposa del magnate Loel Guinness; Lee Radziwill. hermana de Jackie
Kennedy; Marella Agnelli, noble italiana casada con el heredero del imperio
Fiat, Gianni Agnelli. Tiene la voz
estremecedora de un muñeco articulado, una manera graciosa de pronunciar las
eses, una risa grave que no se condice con esa voz. Dice de sí mismo: «Tengo el
tamaño de una escopeta y soy igual de ruidoso». Es bajo, muy rubio, delgado,
pérfido, inteligente, egocéntrico, escritor convencido de ser el mejor entre
los suyos, alguien que ha logrado en relativamente poco tiempo hacerse un
nombre y abrir las puertas del cielo.
Plegarias atendidas
La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p. 125
La fecha de publicación de
Plegarias atendidas estaba prevista para 1968, pero se postergó una y otra vez.
«En 1971», se lee en la biografía de Clarke, «cuando ya se habían terminado
todos los plazos que Random House le había extendido, dijo: "La verdad es
que en el fondo no deseo realmente terminarlo. Porque se ha convertido en parte
de mi vida. Es como agarrar de pronto a un hermoso animal, o a un niño, a un
niño encantador, sacarlo al patio y pegarle un tiro en la cabeza, porque ya
nunca volvería a ser mío"
Plegarias atendidas nunca fue un
hermoso animal ni un niño encantador. En 1975, Esquire publicó el primer
capitulo, «Mojave». El segundo, titulado “La Cóte Basque, 1965”, se publicó en
1976 y ventiló, con nombres apenas disfrazados, intimidades humillantes de sus
amigas ricas: Lee Radziwill, Pamela Churchill, Babe Paley, Gloria Guinness.
Chismes, infidelidades, traiciones, cuentos acerca de sábanas de hotel bañadas
en sangre menstrual de las amantes de sus maridos. Todas se reconocieron, y las
casas de esas mujeres a quienes Capote había adorado se cerraron con desprecio.
Se transformó en un paria. Si en público decía que no le importaba -«¿Qué
creían, que estaban con un bufón contratado para divertirlos? No: estaban con
un escritor, y pagaron el precio»—, en privado se lamentaba horriblemente: «Yo
no quería herir a nadie. No creía que fuera a provocar tanto alboroto», le
decía a su amiga Joanne Carson.
GIRALT TORRENTE
Lo desorden, p. 99
Mi bisabuelo Gonzalo era tan
mujeriego y se llevaba tan mal con su esposa que en el lecho de muerte pidió un
beso en la boca a la mejor amiga de ella. Años estando ya casado, había
aprovechado un viaje a Buenos Aires para pedir la mano de una joven de allí y
publicitarlo en las páginas de sociedad de todos los periódicos del Río de la
Plata.
Mi bisabuela Ángela, cuya madre,
mi tatarabuela Francisca, hablaba en su jardín todas las mañanas con Dios,
había sido tan infeliz en su matrimonio que de vieja soñaba que, oyendo misa,
el cura bajaba del púlpito y la besaba en la boca.
Mi bisabuela Teresa, una campesina
orgullosa y adinerada de una aldea costera de Pontevedra, estaba tan convencida
de la decadencia de la sangre de su familia a la que por su altura y delgadez
apodaban os lanceiros, que se casó con el hombre más fuerte de su aldea, pese a
no tener él oficio ni fortuna y, una vez segura de haber quedado encinta, lo
despidió Con el dinero suficiente para emigrar a América.
Mi bisabuela Maria era tan osada
que había conseguido salvar a su primogénito, prófugo del ejército republicano
en el Madrid sitiado de la guerra civil, ocultándolo en casa y telefoneando
todos los días al cuartel con fingida preocupación creciente para preguntar por
él e indignarse o llorar, según le diera considerara más adecuado para la mejor
representación de su artificio.
Mi bisabuelo Vicente era el
perfecto marido, el perfecto hermano, el perfecto cuñado... Adoraba, en fin, a
su familia y de toda se ocupaba, pero no soportaba estar con ella ni un minuto
y se pasaba el día fuera de casa, en el Casino o la Gran Peña, los clubes de
tipo inglés de los cuales era socio, y a menudo no regresaba ni para dormir.
Mi abuela María, que cada vez que
admitía a una nueva sirvienta le daba un baño y le cambiaba el nombre por uno
de su elección, harta de la pesadumbre con la que mi abuelo Juan Giralt Esteva
regresaba de trabajar de su fábrica de vidrio, una noche lo había recibido con
el rostro cubierto por una careta de payaso.
Mi abuela Josefina, que era muy
escrupulosa y en algunos asuntos padecía y hacía padecer con un sofocante
puritanismo, ante los obstáculos que su madre le pusiera para casarse con mi
abuelo Gonzalo, al que por su vocación de hombre de Letras se consideraba un
pobre partido, optó por fugarse y vivir felizmente amancebada con él antes de
casarse un año después. Son ejemplos de las historias de muertos que mi madre
me contaba. Hablar de muertos es una de las formas por las que el pasado
prolonga su influencia en el presente, y, si bien yo lo aprendí de mi madre, no
era un rasgo privativo suyo.
El periódico de la democracia
El periódico de la democracia, Javier Cercas, p.57
Fue uno de los días más felices de mi vida.
INCIPIT 1.635. EL ANIVERSARIO / ANDREA BAJANI
La última vez que vi a mi madre, me acompañó a la puerta de casa para despedirse. Luego, antes de cerrarla, se quedó esperando hasta verme desaparecer en el hueco de la escalera. Mi madre nunca fue de gestos de despedida, sobre todo porque la atenazaba una forma de timidez muy cercana a la autonegación. Lo cual, en la práctica, le imposibilitaba toda retórica: no habría podido transformar de ninguna manera en puesta en escena, ni siquiera transitoria, lo que ella misma consideraba tan marginal. Por esta misma razón, me parece, no se reconocía el derecho a certificar el principio o el final de nada. Se quedaba detrás de mi padre cuando la puerta se abría, y seguía detrás de mi padre cuando, al término de cada una de mis visitas, el batiente los engullía en el interior de la casa.
Y con todo, aquel día fue ella la
última que se despidió de mí, sola más allá del umbral, en el arranque de la
escalera. Más que despedirse, de alguna manera me siguió. Con la perspectiva de
los años que han pasado desde entonces, casi diría que le resultaba imposible
dejar que me marchara. Es un hecho que mientras yo me iba acercando a la salida
retrocediendo, cubriendo cada paso con palabras fumígenas, mi madre avanzaba
con un paso similar. Vista con las gafas de la escritura, la escena adquiere la
apariencia de una danza, un pie de hombre hacia atrás y un pie de mujer
siguiéndolo, otro paso de hijo, y uno más de madre, y así hasta la salida.
INCIPIT 1.634. LA DIFICULTAD DEL FANTASMA / LEILA GUERRIERO
Por intentar un comienzo, podría ser este.
Jueves 13 de abril de 2023,
cementerio de Palamós, un pueblo de dieciocho mil habitantes en la Costa Brava,
España. Tres sujetos –dos hombres, una mujer– buscan una tumba. Hay panteones,
largas filas de nichos y algunas lápidas. No tienen pistas, pero el sentido
común les hace pensar que lo que buscan no es un panteón –demasiado fastuoso–,
ni un nicho –demasiado popular–, sino una lápida. Pero, aunque el cementerio es
pequeño, la lápida no aparece. La mujer hace una búsqueda rápida en Google,
encuentra un nombre asociado a una imagen y les dice a los hombres:
–La lápida es esta. Hay que
buscar esto.
Recorren los pasillos que ya
recorrieron, infructuosamente. De pronto, uno de ellos se detiene.
–Acá está. Es esta.
Lo dice parcamente, como si
reprimiera el entusiasmo, como si temiera equivocarse o acertar. La lápida es
grande, de granito oscuro. Al pie hay flores de plástico que parecen nuevas. En
una placa de bronce se lee: «Robert Ruark. Escritor. Nació en Carolina del
Norte el 29 de diciembre de 1915. Falleció en Londres el 1 de julio de 1965.
Gran amigo de España. EPD». Allí yacen los restos del hombre que, se supone,
hizo que el fantasma que la mujer busca llegara a este pueblo.
INCIPIT 1.633. LO DESORDEN / LA ORDEN DEL FINNEGANS
Orden de expulsión
IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN
Los seguidores
de los blogs de El País debieron de quedarse bastante desconcertados cuando, en
junio de 2011, apareció un artículo de Malcolm Otero Barral titulado «¿Qué fue
de Ray Loriga?». Se habla en él de un peculiar grupo de escritores que se hacen
llamar la Orden del Finnegans y cada 16 de junio viajan a Dublín para celebrar
el Bloomsday y, con tal excusa, reírse un poco e ingerir abundantes pintas de
cerveza Guinness en varios de los numerosos pubs de la capital irlandesa. La
alusión que en el título se hace al escritor Ray Loriga queda en el texto
reducida a una enigmática acusación y una estrafalaria condena. El cargo que se
le imputaba era el de «deserción inexcusable» y la condena que acabó
aplicándosele fue la quema pública de un dibujo que le representaba mientras
una mujer disfrazada de dama eduardiana gritaba alborozada: «Bye bye, Ray!».
Pero
comencemos por el principio. El Bloomsday empezó a celebrarse el 16 de junio de
1954, exactamente cincuenta años después del día en que, según el Ulises,
Leopold Bloom realizó el recorrido dublinés que arrancaba del hogar conyugal
que compartía con Molly y, tras llevarle por lugares como el cementerio de
Glasnevin, la tienda de licores de Davy Byrne, el hotel Ormond, la playa de
Sandymount, el hospital de maternidad o el burdel de Bella Cohen en Nighttown,
le devolvía borracho a su casa, en cuyo patio trasero acababa de orinar en
compañía del no menos borracho Stephen Dedalus.
INCIPIT 1.632. ABRIL O NUNCA / JUAN GOMEZ BARCENA
Teresa cumple años dos veces cada año. En Madrid y en Benidorm. Con mamá y con papá. En abril y en abril. El orden es siempre el mismo: primero en Madrid, primero con mamá, primero el día 3 de abril. Su verdadero cumpleaños. Porque las cosas solo pueden ser verdaderas una vez, el resto es repetición, y al padre, a Daniel, siempre le toca celebrar esa repetición: un cumpleaños que nunca transcurre en la ciudad de la niña, nunca con sus amigas, nunca el 3 de abril. Este año será el día 13, sábado: una fecha de mentira. Lo sabe Daniel y, sentada en el asiento de copiloto, lo sabe también Teresa, que guarda un silencio solemne mientras el coche arranca y la puerta del garaje se va elevando poco a poco. Una expresión adulta. Una mirada que no le pertenece a ella, sino a su madre. Al menos eso piensa Daniel. De un tiempo a esta parte siente que el rostro de su hija se ha ido poblando de gestos heredados, gestos que siempre pertenecen a Patricia, y que por eso ama y rechaza al mismo tiempo. El cuerpo de la niña como el campo de una batalla perdida de antemano, en el que no puede reconocer nada propio, salvo la derrota.
Teresa mirando la cagada de
gaviota que blanquea el parabrisas, con el ceño fruncido: el gesto de Patricia
al examinar una factura.
Teresa apartándose un mechón de
la frente usando solo dos dedos: los dedos de Patricia, el mechón de Patricia.
Teresa que se vuelve de pronto
para mirarlo con la barbilla apuntando al cielo, exactamente igual que
Patricia. Teresa, un metro cincuenta y tres centímetros de estatura, y sin
embargo capaz de mirarte a veces desde las alturas.
INCIPIT 1.631. PRINCIPIO, MEDIO, FIN / VALERIA LUISELLI
ÍNDICE DE CONTENIDOS
En el principio eran una madre y
una hija. Después, por ahí de la mitad, habría otras madres e hijas, algunos
hombres, otras personas en general. Pero por ahora somos solo ella y yo, y un
haz de luz entra a la recámara por la ranura entre las cortinas, y la luz cruza
el aire humoso y espeso y pega en la cama, donde se esparce por las arrugas de
las sábanas dibujando su silueta entera —pies, piernas, torso, cuello— hasta
que se dispersa en su cara descubierta, y está dormida, y le toco la frente con
la palma de la mano y la despierto.
EL MUNDO
Llevaba un rato buscando algo así
como un nuevo comienzo. Injusto o extraño, quizás, pedirle eso al tiempo: la
posibilidad de empezar, de empezar de nuevo. Lo único que tenía que hacer, o
eso creía entonces, era responder a una pregunta: ¿cómo lo reinvento todo:
nuestra historia, nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de estar en el
mundo? Por ahora íbamos a ser solo ella y yo.
INCIPIT 1.630. MOON TIGER / PENELOPE LIVELY
-Estoy escribiendo una historia universal —dice Claudia.
Las manos de la enfermera se
detienen un instante mientras mira a esta mujer, esta mujer anciana y enferma.
-Madre mía —responde—. No parece
moco de pavo, ¿eh?
Y vuelve a sus tareas: estira,
alisa y coloca.
-Levante un poquito, querida. Eso
es, muy bien. Ahora le traigo una taza de té.
Una historia del mundo. Para
rematar las cosas. Y por qué no.
Se acabó lo de escribir
banalidades sobre Napoleón, Tito, la batalla de Edgehill, Hernán Cortés… Esta
vez, voy con todo. La caída imparable triunfal y homicida, desde las cloacas
hasta las estrellas, universal y particular, tu historia y la mía. Yo creo que
estoy capacitada: el eclecticismo siempre ha sido mi fuerte.
LA MUERTE DE PAUL AUSTER
Historias de fantasmas, Siri Hustvedt, p. 104
Nuestro querido Paul ha muerto hoy a las 6.58, Hemos puesto la música de Sophie. Hemos puesto Old On, de Tom Waits. No ha podido aguantar. “Os puede oir. Hablad con él”, ha dicho Kettlie. Le he cogido la cara. Le he dicho: «Dios mío, nos hemos divertido, ¿verdad?», Es lo que me ha venido a la cabeza, la diversión. Parecía tan importante. Ha habido sufrimiento, pero también mucha diversión. Quería estar lo más cerca posible de su cuerpo antes de que muriera, de su cuerpo que respiraba, de su pecho que subía y bajaba, sentir su piel caliente. los pelos finos de la barba, grises con un toque negro y esos ojos enormes. Ojos embrujados- Lo he besado una luego me he apartado para que Sophie se sentara y pudiera abrazarlo, acariciarlo y besarlo también. Me he quedado mirando cada respiración entrecortada, y luego ha estado unos segundos sin respirar. ¿Cuántos segundos entre una respiración y otra? No Io sé. Yo observaba ¿Es la última? ¿Lo es? Estaba tan cerca de su boca, abierta y jadeante. Hemos esperado el siguiente aliento. pero no ha llegado. La muerte. Y entonces nos hemos quedado con él, con su cuerpo, su cuerpo sin vida, y la cabeza todavía estaba caliente al tacto. Kettlie ha dicho que esa era la última parte del cuerpo en perder el calor. He notado cómo se enfriaba su cabeza. Y lo he dicho en voz alta: «Ahora tiene la cabeza fría”. Quería conocer la muerte. tocarla. Quería que fuera real porque sabía que no lo seria Io suficiente. Y le he dicho a Sophie: “¿Ves? No da miedo». Lo he dicho también para mi. Le he apretado las piernas y los brazos, tan tan flacos, flacos a causa del cáncer, lo brazos y las piernas consumidos por la enfermedad. Y le he acariciado la cata muerta, aún hermosa.




























