UNA
MIRADA INGENUA
Una conciencia nueva, Silvia Bardelás, p. 89
En el cuadro El ángel herido de
Hugo Simberg, dos adolescentes vestidos de luto llevan a un ángel herido
blanco, con los ojos vendados y un ala manchada de sangre. La interpretación es
libre. yo veo la inocencia herida. El adolescente la lleva en retirada. Uno de
los niños nos mira fijamente. Somos culpables de esa herida. El cuadro no
provoca tristeza, sino una emoción más profunda. Nos recuerda esos momentos en
los que algo ya no tiene marcha atrás. La retirada en un campo de batalla es
una rendición. Esta retirada ocurre en el campo, la naturaleza acompaña al Ángel
y los niños. Han dejado atrás un mundo inhumano. un lugar de humanos quebrados
que miran de otra forma. El ángel está ciego, tiene sangre en un ala y no puede
volar. Tiene los ojos vendados y no puede ver. Le han robado la mirada. La
mirada de un ángel, en ese imaginario que creamos para no olvidar quiénes
somos, es ingenua, inocente. Eso significa que puede verlo todo. El problema de
la mirada humana es que está condicionada por la razón, condicionada, dirigida.
enfocada, perdiendo una visión lateral donde probablemente esté algo vital,
desde luego, la intimidad de las cosas que no se deja atrapar. En nuestra
inteligencia más primordial, lo que Jung llamaría «inconsciente sabemos que esa
mirada ingenua, que brota de nuestra propia ingenuidad, de nuestro ser genuino,
de nuestra dad, existe. Por eso podemos representarla con un cuadro. invocarla
en un texto como el Fausto de Goethe, cantarla con Lieder de Schubert o en los
miles de canciones pop que terminan en grandes éxitos



























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