La cicatriz de Ulises, Erich Auerbach, p. 83
Por nacimiento, Proust pertenece a una familia burguesa privilegiada por sus ingresos, su riqueza y unos bienes raíces heredados mucho tiempo antes; su encanto personal le permite acceder a todas partes, también los círculos cerrados de las grandes familias de la nobleza. Todos ven en él un ser afortunado y fuera de lo común. Sin embargo, no goza de buena salud; sufre ataques de ansiedad y trastornos nerviosos de toda clase, es incapaz de ejercer actividad alguna y de tomar decisiones. y su irritabilidad llega al extremo de impedirle salir de casa durante semanas y sin un motivo determinable aunque se lo proponga una vez y otra. Igual de mal le va a su equilibrio moral. A la exacta profundidad de su pensamiento y la nada superficial elegancia de los sentimientos, a su capacidad para penetrar en la esencia de quienes lo rodean, a su tacto y su respeto en los asuntos familiares, se oponen de manera desagradable su egocentrismo, también insensible a más no poder, su reserva en los asuntos más profundos del corazón, su incapacidad de confiar, su excesiva perspicacia, su frialdad y una observación que a menudo saca a la luz el mal con cierta estrechez de miras, Sólo puede amar lo que no posee o lo que teme perder; en cuanto está convencido de tener firmemente a alguien, poseerlo pierde todo encanto y esa persona le resulta indiferente. Sin embargo, es raro que no sienta celos; el motivo más insignificante lo pone furioso al instante, y en especial sospecha siempre y en todas partes, de las mujeres y los hombres que frecuenta, sus desvíos homosexuales: la homosexualidad es, en suma. objeto de su interés más intenso, algo así como un ídolo o un espantajo en torno a los cuales sus pensamientos no cesan de danzar.















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