Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

SOCRATES


 La metafísica de la juventud, Walter Benjamin, p.177

Lo más grotesco de la figura de Sócrates es que   este hombre tan poco entregado a las musas trazó el centro erótico de las relaciones del círculo platónico. Pero si su amor a la capacidad general de comunicarse carece de arte, ¿de dónde extrae entonces su capacidad? De la voluntad. Sócrates construye el eros para ponerlo al servicio de sus propios fines. Esta perversión viene a reflejarse en la naturaleza castrada de su persona, ya que a fin de cuentas a eso se refiere la repugnancia de los atenienses (sentimientos que, por muy subjetivos que sean, no carecen de razón histórica). Sócrates intoxica a la juventud, la seduce. Su amor por ella no es el fin (Zweck) de un eidos todavía puro, sino un simple medio. Sócrates es el mago, el mayéutico que cambia los sexos, el condenado inocente que muere por ironía y a despecho de sus adversarios. Su ironía se alimenta del espanto, pero ahí sigue él, oprimido, paria y despreciado. Poco menos que como un payaso.


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