Según las creencias de los primeros vascos, quienes se enamoraban de las lamias, seres mitológicos de aspecto similar al de las sirenas, se convertían en delfines. Ese era el precio que debían pagar los amantes de las lamias por su atrevimiento: su transformación en una criatura marina de una apariencia opuesta a la humana, tan diferente como cabe imaginar e inmersa en un hábitat desconocido y alejado de la superficie terrestre. Un cambio radical que acontecía de la noche a la mañana, como el inicio de un viaje, quizá una odisea adversa, quizá una aventura favorable, en todo caso un viaje ajeno a cualquier rutina, como una expedición a un destino incierto. Lo que aguardaba a las personas reencarnadas en delfines nadie lo sabía, pero, fuera felicidad o melancolía, lo importante es que no había marcha atrás. El cambio era definitivo e irremediable.
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 1.268. LA VIDA ANTERIOR DE LOS DELFINES / KIRMEN URIBE
Según las creencias de los primeros vascos, quienes se enamoraban de las lamias, seres mitológicos de aspecto similar al de las sirenas, se convertían en delfines. Ese era el precio que debían pagar los amantes de las lamias por su atrevimiento: su transformación en una criatura marina de una apariencia opuesta a la humana, tan diferente como cabe imaginar e inmersa en un hábitat desconocido y alejado de la superficie terrestre. Un cambio radical que acontecía de la noche a la mañana, como el inicio de un viaje, quizá una odisea adversa, quizá una aventura favorable, en todo caso un viaje ajeno a cualquier rutina, como una expedición a un destino incierto. Lo que aguardaba a las personas reencarnadas en delfines nadie lo sabía, pero, fuera felicidad o melancolía, lo importante es que no había marcha atrás. El cambio era definitivo e irremediable.
INCIPIT 1.267. DE ONDARROA A NUEVA YORK / KIRMEN URIBE
Al novelista lo mueve la
intuición. La construcción del relato, teorizado, todo eso viene más tarde. Lo
primero es encontrar una buena historia y, para ello, no hay nada mejor que la
intuición. Os cuento: yo crecí entre mujeres feministas de los años setenta. Siempre
tuve la sensación de pertenecer a una familia diferente, eran mujeres laicas
que se replantearon todo: la sociedad, las relaciones personales, la propia
familia ... Ser un niño diferente acarreaba mucha incomprensión, también
soledad, ya que la sociedad aún no estaba preparada para asimilar los cambios que
planteaban las mujeres que me ayudaron a crecer.
Para esta cuarta novela quería
buscar un espejo en el que se reflejase aquella niñez tan especial
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