Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p. 216
Arión viajó a Sicilia para una
competencia de poesía. Tocó su lira, cantó sus poemas, ganó el concurso. Su
premio fue un saco de monedas de plata. Pero después, los marineros que tenían
la tarea de llevarlo de regreso a Lesbos le robaron el saco de monedas y Io
amenazaron de muerte. Le dieron dos opciones: morir en el barco y ser
enterrado, más tarde, en tierra firme, o ser arrojado a altamar y ahogarse. Lo
pensó, lo sopesó. Decidió ser arrojado al mar, pero pidió a los marineros un
último deseo: quería tocar su lira una última vez y cantar uno de sus poemas.
Los marineros le concedieron este último deseo y Arión empezó a tocar. Su canto
y su música eran tan potentes, tan hermosos, que se acercaron al barco una
familia de delfines y otros animales marinos para poder escucharlo. Cuando
Arión terminó, se lanzó al mar. Pero una vez en el agua, lo rescataron los
delfines, y uno de ellos Io llevó sobre su lomo hasta tierra firme.















