Mujeres elegantes, Milena Busquets, p. 57
Pasolini
Ayer fui a ver una obra de teatro
dirigida por Alex Rigola y basada en un poema de Pier Paolo Pasolini. No había
leído a Pasolini, ni visto ninguna de sus películas; solo sabía (como todos los
cultos incultos y los incultos cultos; cultos cultos quedan cinco o seis en
todo el país) que era homosexual y extraordinariamente guapo (como los
italianos, que cuando son guapos son los hombres más guapos del mundo, por esa
combinación de virilidad, glamur, joie de vivre y profundidad tan difícil de
conseguir), pero ni siquiera me acordaba de que había muerto asesinado. Sabía
que era comunista, que en sus películas había mucho sexo, sexo difícil,
político. El sexo le interesaba desde un punto de vista personal (era un
apasionado y un loco. un hambriento), pero también social y cultural, como
instrumento para cambiar y entender el mundo. Sabía que era un hombre muy
comprometido con su época, los años sesenta y setenta, y sabía, claro, que era
un mito. En fin, la verdad es que me daba un poco de pereza ir a ver una obra
basada en un poema suyo.

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