Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.648. M EL FIN Y EL PRINCIPIO / ANTONIO SCURATI


Jardines de Porta Venezia

Milán, verano de 1943

El mono grita. Arquea el lomo para escupir su aliento a través de su laringe ensanchada, golpea con la lengua el hueso hioides a la altura de la cuarta vértebra cervical, lanza al cielo la blasfemia de sus nalgas lampiñas, su ano protruido, y grita a todo pulmón. Con las mandíbulas tan desencajadas que se le entrecierran los ojos, los dientes de sable al desnudo, la cabeza echada hacia atrás en un espasmo ciego, el mono con hocico de perro grita enloquecido.

Es un grito lancinante, una sirena histérica que desgarra el cielo de nuevo silente. El rugido de los cuatrimotores se ha desvanecido en la lejanía, el estallido de las bombas ha cesado, los humanos guardan silencio, temerosos casi de atraer la atención de los devastadores; yacen mudos, extenuados y circunspectos. Por un breve instante, toda vida superviviente contiene la respiración. Es una noche clara y hermosa, una tibia noche de verano, iluminada casi como si fuera de día por la luna llena, por la tenue luz de las bengalas que caen lentamente y por las llamas de las hogueras. Una noche desfigurada por el aullido del babuino.

 


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