Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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GROSSMAN


Diarios. A ratos perdidos 5 y 6, Rafael Chirbes, p. 306

Sobre la difícilmente explicable SUMISIÓN y mansedumbre de los que sabían que iban a morir en los campos de concentración alemanes:

En ese tiempo, una de las particularidades más sorprendentes de la naturaleza humana que se reveló fue la sumisión. Hubo episodios en que se formaron enormes colas en las inmediaciones del lugar de la ejecución y eran las propias víctimas las que regulaban el movimiento de las colas. Se dieron casos en que algunas madres previsoras, sabiendo que habría que hacer cola desde la mañana hasta bien entrada la noche en espera de la ejecución, que tendrían un día largo y caluroso por delante, se llevaban botellas de agua y pan para sus hijos. Millones de inocentes, presintiendo un arresto inminente, preparaban con antelación fardos con ropa blanca, toallas, y se despedían de sus más allegados. Millones de seres humanos vivieron en campos gigantescos, no solo construidos, sino también custodiados por ellos mismos [ ... ]. Sobre la base de la esperanza -una esperanza absurda, a veces deshonesta, a veces infame- surgió la sumisión que a menudo era igual de miserable y ruin [ ... ]. Pero, naturalmente, la desesperación total y lúcida no generó solo levantamientos y resistencia: engendró también el deseo -extraño en un hombre normal- de ser ejecutado lo más pronto posible (págs. 261-263). Reviso la vieja edición de Vida y destino


INCIPIT 89. TODO FLUYE / VASILI GROSSMAN

El tren procedente de Jabarovsk llegaba a Moscú a las nueve de la mañana. Un joven en pijama se rascó la cabeza desgreñada y miró por la ventanilla la penumbra de la mañana otoñal. Luego, bostezando, se dirigió a las personas que hacían cola en el pasillo con toallas y jaboneras en la mano.-Ciudadanos, ¿quién es el último?Detrás del tipo que sostenía un tubo de dentrífico retorcido y un trozo de jabón envuelto en papel de periódico, le explicaron, iba una mujer corpulenta que se había ausentado momentáneamente de la cola.-¿Por qué hay sólo un baño abierto? -preguntó el joven-. Nos acercamos al final del trayecto, a la capital, pero los encargados de los vagones sólo se ocupan de intercambiar mercancías; no tienen tiempo para atender a los pasajeros como es debido.Al cabo de unos minutos apareció la mujer corpulenta que vestía una bata, y el joven le dijo:-Ciudadana, voy detrás de usted. Mientras tanto me vuelvo a mi compartimento, así no doy vueltas por el pasillo.Una vez allí, el joven abrió una maleta anaranjada y admiró su contenido.Uno de sus compañeros de compartimento, de nuca gorda e hinchada, roncaba; otro, un joven calvo

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