Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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I NCIPIT 1.664. LO QUE PODEMOS SABER / IAN McEWAN


El 20 de mayo de 2119 tomé el ferri nocturno desde el puerto de Marlborough y llegué a media tarde al pequeño muelle cerca de Maentwrog-under-Sea por el que se accede a la Biblioteca Bodleiana de Snowdonia. Hacía un día de primavera cálido y tranquilo y la travesía había sido apacible, aunque, como termina descubriendo todo el mundo, dormir sentado en un banco de listones de madera es un suplicio. Ascendí tres kilómetros por un pintoresco sendero hacia el funicular accionado por el agua y la gravedad. Se unieron a mí cuatro usuarios de la biblioteca y charlamos mientras nos desplazábamos unos trescientos metros montaña arriba en la chirriante cabina de roble pulido. Cené solo en el comedor de la biblioteca y luego telefoneé a mi amiga y colega Rose Church para hacerle saber que había llegado sin incidencias. Esa noche dormí bien en la celda que era mi cuarto. No me importó, como ocurriera en mi primera visita, compartir el cuarto de baño con otros siete.


INCIPIT 1.663. AQUI ME PARO / JAVIER MARIAS


Aviones marineros

Hace algunos años escribí un artículo titulado «Madera de avión» en el que confesaba con guasa mis miedos a viajar por el aire, cosa que, por lo demás, y con no escasa valentía, acabo por hacer unas veinte veces al año. Me alegra decir que mi pulso ha mejorado mucho durante los vuelos, no sé si por acostumbramiento o porque ir dejando atrás edades nos hace más desdeñosos de la posible vida futura y más conformes con la ya acumulada. Pero mis traslados en avión de al menos un par de decenios me convirtieron sin falta —durante cincuenta minutos, dos horas, siete o incluso doce— en un niño de pocos años y lleno de supersticiones, que llegaba a sus diversos destinos completamente agotado tras la enorme tensión y el indecible esfuerzo de «llevar» yo mismo el aparato.


INCIPIT 1.662. EL PASTOR Y LOS LIBROS / SANTIAGO RONCAGLIOLO



El 20 de mayo de 2119 tomé el ferri nocturno desde el puerto de Marlborough y llegué a media tarde al pequeño muelle cerca de Maentwrog-under-Sea por el que se accede a la Biblioteca Bodleiana de Snowdonia. Hacía un día de primavera cálido y tranquilo y la travesía había sido apacible, aunque, como termina descubriendo todo el mundo, dormir sentado en un banco de listones de madera es un suplicio. Ascendí tres kilómetros por un pintoresco sendero hacia el funicular accionado por el agua y la gravedad. Se unieron a mí cuatro usuarios de la biblioteca y charlamos mientras nos desplazábamos unos trescientos metros montaña arriba en la chirriante cabina de roble pulido. Cené solo en el comedor de la biblioteca y luego telefoneé a mi amiga y colega Rose Church para hacerle saber que había llegado sin incidencias. Esa noche dormí bien en la celda que era mi cuarto. No me importó, como ocurriera en mi primera visita, compartir el cuarto de baño con otros siete.

Después de desayunar, uno de los archivistas auxiliares, Donald Drummond, me acompañó a mi mesa de estudio. Su ámbito incluía mi periodo, de 1990 a 2030, y estaba muy interesado en mi tema, conocido por el inadecuado nombre de la Segunda Cena Inmortal, y su famoso poema perdido, «Una Corona para Vivien» de Francis Blundy. Era útil contar con alguien que fuera a buscar una cosa y otra de las estanterías, pero los modales bienintencionados de Drummond, su costumbre de interrumpirse a media frase después de palabras menores como «de» y «la» mientras dejaba la boca abierta, me ponían tenso. Tenía la sospecha de que era ferozmente listo. Hablaba más a menudo de la cuenta de su sobrina de catorce años, un prodigio de la matemática. Quería exprimirme el cerebro, lo que sugería que estaba escribiendo algo propio. Empeoré la situación mostrándome exageradamente simpático para disimular mi aversión.

 

 


INCIPIT 1.661. MANUEL CHAVES NOGALES / FRANCISCO CANOVAS SANCHEZ


Preludio

Manuel Chaves Nogales es uno de los escritores españoles más destacados del siglo XX. Sus crónicas periodísticas y sus obras literarias le han situado en un lugar privilegiado de la edad de plata de la cultura española. Abordó de forma sencilla y sugestiva una gran variedad de temas, animado por el deseo de ampliar el número de lectores, sin rebajar la calidad de sus artículos, relatos y reportajes.

Para conocer bien a un escritor, a un científico o a un artista hay que insertarlos en las coordenadas históricas de su tiempo, en las realidades sociales, culturales, institucionales y políticas, ya que, como señaló José María Jover, de esa manera se refleja la relación existente entre la biografía, la coyuntura histórica y la obra. En el caso de Chaves Nogales, la realidad social, el contexto cultural y los sucesos históricos que vivieron España y Europa entre 1897 y 1944 —la lucha por el sufragio universal, la crisis de la democracia parlamentaria, el papel destacado de los medios de comunicación, la aparición de las ideologías totalitarias y los sucesivos conflictos bélicos…— influyeron de forma determinante en su trayectoria vital, su visión del mundo, su escritura periodística y su obra literaria y su compromiso cívico. También, en su muerte, acaecida en 1944 en el exilio londinense, cuando apenas tenía cuarenta y seis años.


INCIPIT 1.660. EL CONTABLE HINDU / DAVID LEAVITT


El hombre sentado al lado de la tarima parecía muy viejo, al menos a los ojos de su público, cuyos miembros eran casi todos muy jóvenes. En realidad no había cumplido aún los sesenta. La maldición de los hombres que aparentan menos años de los que tienen, pensaba a veces Hardy, es que en un determinado momento de su vida cruzan una línea y empiezan a parecer mayores de lo que son. Cuando estudiaba en Cambridge, lo confundían a menudo con un colegial que estaba de visita. Y cuando ya era catedrático, con un estudiante. Luego la edad le había alcanzado, y ahora le había adelantado, así que parecía la mismísima personificación del matemático mayor al que el progreso ha dejado atrás. «Las matemáticas son un juego de jóvenes» (escribiría a la vuelta dc unos años), y a él le había ido mucho mejor que a otros. Ramanujan había muerto a los treinta y tres. Los admiradores actuales, fascinados por la leyenda de Ramanujan, hacían cábalas sobre lo que podría haber conseguido de vivir más años, pero personalmente Hardy opinaba que poco más. Se había muerto con lo mejor de su trabajo ya hecho.

Esto sucedía en Harvard, en la Nueva Sala de Conferencias, el último día de agosto de 1936.

 


INCIPIT 1.659. EL ANGEL DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL / AGUSTIN FERNANDEZ MALLO


PARTE I

Teología

BREVE APROXIMACIÓN  A LA IDEA DE ÁNGEL CAÍDO

 La tecnología en general, y en particular la Inteligencia Artificial (IA de aquí en adelante) en cualesquiera de sus etapas y modalidades, constituye un ámbito del conocimiento y creación humanos que con una fuerza que sólo puede calificarse de primigenia se ha convertido en una fuente de mitos contemporáneos, miedos y místicas exaltaciones, cuando no en una suerte de neorreligión.

Nos proponemos ver el fenómeno Inteligencia Artificial como si fuera por primera vez, no atendiendo exactamente a sus específicos análisis tecnológicos –de los cuales ya existen magníficos textos analíticos y descriptivos– sino como un vasto territorio cuyas fronteras y límites comprenden dentro de sí a lo humano; no en vano, la IA, al menos hasta la fecha, está hecha por humanos, no por otra clase de seres. Para ello, nos valdremos de diferentes dimensiones, tales como teología, antropología, física y metafísica. Lo que entre todos estamos inventando es una ciencia todavía sin nombre, la cual, en mayor o menor medida, es motivo de fascinación en todo subconjunto social. Es por ello que hablamos de tentativas, ensayos y aproximaciones, no de certezas.


INCIPIT 1.658. PANDEMIA / SLAVOJ ZIZEK


Introducción: Noli me tangere

«No me toques», según Juan 20, 17, es lo que le dijo Jesús a María Magdalena cuando ella lo reconoció después de su resurrección. ¿Cómo he de entender yo, un ateo cristiano confeso, esas palabras? En primer lugar, quiero asociarlas con la respuesta de Cristo cuando sus discípulos le preguntan cómo sabrán que ha vuelto, que ha resucitado. Cristo les dice que estará allí donde haya amor entre sus creyentes. Estará allí no como una persona a la que se puede tocar, sino como el vínculo de amor y solidaridad entre la gente. De manera que «no me toques, toca y relaciónate con los demás en el espíritu del amor».


INCIPIT 1.657. ENCICLOPEDIA SECRETA / MARTA SANZ


Desobedecer es agotador

Hay libros con vocación de resistencia, de insurrección y de combate. También hay libros obedientes. La resistencia y la desobediencia se colocan semánticamente un paso por detrás de la insurrección o el combate; aún así, son actitudes de agradecer porque implican una incomodidad para el que lee que se traduce en un riesgo para el escribe: la de ser invisible o que te llamen tonto. Cuando escribes libios desobedientes y te nombran y, en lugar de tonto te llaman malo, posiblemente eso significa que vas por buen camino.

Para desobedecer, en el ámbito del arte, hace falta no ser ”monedita oro para gustarles a todos”, intuir que sólo los idiotas suscitan unanimidades y huir, como de la peste bubónica, de la posibilidad de que la palabra desobediencia se reduzca una marca como la que se usa para anunciar fijadores del bucle rebelde —otra que la publicidad ha adocenano- blue jeans o refrescos con mucha mucha cafeína. Ser desobediente es, por tanto, una meta difícil.


INCIPIT 1.656. CUENTOS AUTOBIOGRAFICOS. VOLUMEN II / ALVARO POMBO


LA ABUELASTRA

Ahora estoy inclinado a escribir cuentos. Llamo cuento a un relato que no pase de los diez o quince folios: puede valer, si es brillante, con solo cuatro o cinco. Esta inclinación coincide con un periodo inquieto de mi vida, una larga convalecencia, mientras espero la publicación de mi segunda tanda de Cuentos autobiográficos, que lanzará en mayo Anagrama.

          Iba a casa de la abuela a merendar los fines de semana. Y en otras ocasiones festivas. Cuando esto sucedía, la abuela se había instalado ya a vivir en su nueva casa de Miranda: El Alta. Era un chalet grande. Si subías al segundo piso veías los tejados de El Sardinero, la playa de El Sardinero y el mar. Era una casa recién inaugurada en medio de una huertajardín de considerable tamaño. En la parte de atrás había una vaquería con dos vacas y un gallinero con diez gallinas pintas. Delante de la casa había otro espacio equivalente, que era una huerta, y un maizal. La mía era una abuela campesina, o mejor, que se hizo campesina con los años, al trasladarse del Muelle a esta finca de El Alta.


INCIPIT 1.655. CATEDRAL / RAYMOND CARVER


PLUMAS

Ese amigo mío del trabajo, Bud, nos había invitado a cenar a Fran y a mí. Yo no conocía a su mujer y él no conocía a Fran. Así que estábamos a la par. Pero Bud y yo éramos amigos. Y yo sabía que en casa de Bud había un niño pequeño. Aquel niño debía de tener ocho meses de edad cuando Bud nos invitó a cenar. ¿Qué ha sido de esos ocho meses? ¡Qué deprisa ha pasado el tiempo desde entonces! Recuerdo el día en que Bud fue al trabajo con una caja de puros. Los repartió en el comedor. Eran puros de importación. Masters holandeses. Pero llevaban una etiqueta roja y un envoltorio que decía: ¡ES UN NIÑO! Yo no fumo puros, pero cogí uno de todos modos.

–Coge un par de ellos – dijo Bud, sacudiendo la caja–. A mí tampoco me gustan los puros. Es idea de ella.

Se refería a su mujer. Olla.


INCIPIT 1.654. LAMENTO LO OCURRIDO / RICHARD FORD


NADA QUE DECLARAR

Todos los socios se reían de una película que habían visto. Cuarenta y cinco años. Comentaban que era tan larga como si durara cuarenta y cinco años. La mujer a la que McGuinness creyó reconocer compartía el chiste con  ellos en la otra punta de la larga mesa. Estaba inclinada hacia delante, como si lo oyera todo por segunda vez.

–¡Señorita Nail! – la llamaban–. ¿Qué le parece, señorita Nail? Díganoslo. – Reían. No entendía por qué.

No era una mujer alta, pero sí delgada, y llevaba un vestido de lino marrón entallado que resaltaba su bronceado y su cuerpo esbelto. La mujer lo había mirado dos veces de pasada..., posiblemente alguna más. Una mirada fugaz que al principio pretendía ser fortuita, pero que podía leerse como de reconocimiento. La mujer había sonreído y apartado la mirada, una sonrisa que posiblemente daba a entender que lo conocía, o lo había conocido. McGuinness se dijo que le extrañaba no recordarla.

Se encontraban en el Monteleone. El local que les servía de reducto en el penumbroso caer de la tarde, con su barra tiovivo. Todavía no se había llenado.


INCIPIT 1.653. EL CIELO DE LA SELVA / ELAINE VILAR MADRUGA


Vendrá la noche y junto a ella el latido de los grillos, La hacienda se convertirá en un montoncito de nada que la oscuridad se tragará con su boca de monstruo. La abuela es la única que se atreve a caminar por los pasillos cuando el sol se ha escondido. No tiene miedo. Vendrá pronto en busca de los grillos porque los odia, odia ese cricricri que parece el llanto de un niño enfermo. Pero en esta hacienda no hay niños enfermos. En esta hacienda nos ocupamos de ser fieles y dormir temprano con un padrenuestro, no más cae la tarde dormimos, igual a las gallinas tristes de los corrales que viven cacareando al sol, que sin el sol no son gallinas sino carne muerta con plumas.

Hacen bien los grillos en huir cuando sienten los pasos de la abuela, que es rápida aunque le duelan los huesos. El dolor se le ha incrustado en su mano izquierda, la mano del corazón. Son los huesos los traidores de la edad, carajo. dice siempre. El año pasado, en estas mismas fechas, soñó una noche que la selva había vuelto a ser roja. Despertó angustiada en la soledad de los pasillos de la hacienda, asqueada del mundo que había sido, asqueada de sus recuerdos y de sí misma. y por un momento tuvo ganas de que le fallara la mente o el corazón. que le doliera el pecho y le crujiera hasta que el esternón se le rajara.

 


INCIPIT 1.652. INCIERTA GLORIA / JOAN SALES

 


Confesión del autor

The uncertain glory of an April day... Todo devoto de Shakespeare conoce estas palabras: y si yo tuviese que resumir mi novela en una sola línea, no lo haría de otra manera.

          Hay un momento en la vida en que parece como si nos despertásemos de un sueño. Hemos dejado de ser jóvenes. Claro que no podíamos serlo eternamente, ¿y qué era, ser jóvenes? Ma jeunesse ne fut qu’un ténébreux orage, dice Baudelaire; quizás cualquier juventud lo ha sido, lo es, lo será. Una tormenta tenebrosa atravesada por relámpagos de gloria –de incierta gloria–, un día de abril...

​          Un oscuro afán nos mueve durante esos años atormentados y difíciles; buscamos, de manera consciente o no, una gloria que no sabríamos definir. La buscamos en muchas cosas, pero sobre todo en el amor: y también en la guerra, si la guerra se nos cruza. Como fue el caso de mi generación.

​          La sed de gloria se vuelve, en ciertos momentos de la vida, dolorosamente aguda; y tanto más aguda será esa sed cuanto más incierta sea la gloria de la que estamos sedientos; quiero decir, más enigmática. Mi novela trata precisamente de capturar alguno de estos momentos en alguno de sus personajes. ¿Con qué resultado? No me corresponde a mí decirlo.

​          Pero sé que mucho le será perdonado a quien mucho haya amado. En otro tiempo era más viva la devoción por san Dimas y por María Magdalena; quizás no corría tanta pedantería como ahora y la gente no trataba de disimular con tesis, mensajes y teorías abstractas el fondo apasionado que todos llevamos dentro.


INCIPIT 1.651. EL BUEN MAL / SAMANTHA SCHWEBLIN


BIENVENIDA A LA COMUNIDAD

Salto al agua desde la punta del muelle y me hundo apretándome la nariz. Tras el impacto inicial abro los ojos, me entrego atenta a la caída que va suavizándose, a los tonos nuevos a mi alrededor, más densos y tornasolados. Desciendo, aguanto sin respirar.

Quizá pasa un minuto. Al fin, despacio, toco el suelo mohoso con los pies, como una astronauta aterrizando en la luna. Me suelto la nariz y bajo los brazos, el cuerpo se tensa. Una contracción llega desde los pulmones, es un espasmo, espero un poco más. Tanteo las piedras atadas a mi cintura, el nudo siempre puede deshacerse. Para evitar arrepentirme, inspiro. Lleno el pecho de agua y un frío nuevo y duro se me pega a las costillas. Quiero que esto pase sin dolor. Una decena de burbujas salen por la boca y la nariz y se elevan.

 


INCIPIT 1.650. CON NADIE / LORENZO SILVA


Bahía de Alhucemas, 1925

En la mente del hombre que acude a su encuentro probable con la muerte no puede dejar de hacerse presente el recuerdo de lo que hasta ese instante le ha deparado la existencia, para bien o para mal. Esta jornada del 9 de septiembre de 1925 no es por cierto la primera en la que Miguel Campins Aura se enfrenta a un trance semejante; ya se ha visto antes cara a cara con el enemigo en el campo de batalla y se ha expuesto al combate sin cuartel. La costumbre le sirve para embridar el miedo e impedir que se convierta en pánico, pero también le obliga a ser consciente de la inminencia y la naturaleza del peligro que sobre él se cierne. Ha visto caer a otros, a su lado y a sus órdenes, y sabe de sobra lo incierta y azarosa que es la suerte que le aguarda al soldado bajo el fuego hostil. Tiene tantas razones como otras veces, o más que nunca, para recapitular un camino que bien puede ser que no vaya más allá.

Lo que no tiene es mucho tiempo, ni el entorno es el más propicio para recrearse en pormenores ni menudencias. Nos cabe imaginar que en la barcaza que avanza al amparo de la noche, hacia la playa en la que se combate desde hace horas, sí llega a acordarse del niño que fue, prematuramente huérfano a causa del cólera que se llevó a su madre y a su hermano menor cuando él apenas contaba cinco años. El niño siempre alienta dentro del hombre que le sucede, más cerca del puente de mando de las emociones y la voluntad de lo que se suele creer.


INCIPIT 1.649. FUTURO IMPERFECTO / XULIA ALONSO


LA DECISION

Te propongo construir

un nuevo canal

sin esclusas

ni excusas

que comunique por fin

tu mirada

atlántica

con mi natural

pacífico.

                                                          Mario Benedetti

Escucho a Silvio Rodríguez. Es un CD que reproduce canciones de otro tiempo. La música y la voz suenan como si el tiempo no hubiera pasado, como tu imagen en mis sueños y en mi recuerdo.

Por mí sí pasa el tiempo, mucho más del que tú y yo imaginábamos cuando estábamos juntos, vivíamos juntos. El tiempo ha pasado y, lo confieso, me pesa, lo arrastro… Creo que ha llegado el momento de soltar lastre, amor mío.

Durante todos estos años, desde el mismo instante en que te sobreviví, me hice cargo de tu memoria. Fue algo inevitable; te amaba, eras mi compañero y padre de nuestra hija


INCIPIT 1.648. ODISEA / STEPHEN FRY


Bienvenidos a Odisea. Este es el cuarto libro de esta serie mía de reinterpretaciones de los mitos griegos. Os aseguro que para entenderlo y disfrutarlo no hace falta haber leído los tres anteriores: Mythos, Héroes y Troya. Naturalmente, espero que os apetezca acudir a ellos o que ya lo hayáis hecho, aunque la historia de la Odisea se sostiene por sí sola, en todos los sentidos.

          Dicho lo cual, quizá merezca la pena que nos demos un paseo por el circuito antes de que empiece la carrera para familiarizarnos con el mundo en el que hemos entrado. Tal vez la mejor forma de hacerlo sea pensar en las tres «edades» que se corresponden con los tres primeros libros de la serie.

LA EDAD DE LOS DIOSES

El nacimiento y ascenso de los dioses constituye la primera parte del libro Mythos. Tras una serie de tumultuosos derrocamientos, doce grandes entidades divinas se establecen en el monte Olimpo para gobernar el mundo y sus territorios. Su rey es Zeus, el Padre Celestial. Al final del libro encontraréis una lista de los principales dioses con una breve descripción de sus naturalezas y responsabilidades.


INCIPIT 1.647. RACIONALIDAD / STEVEN PINKER


Homo sapiens significa «homínido sabio» y, en muchos sentidos, nos hemos ganado el epíteto específico de nuestro binomio linneano. Nuestra especie ha datado el origen del universo, ha sondeado la naturaleza de la materia y la energía, ha descifrado los secretos de la vida, ha desentrañado los circuitos de la conciencia y ha hecho una crónica de nuestra historia y nuestra diversidad. Hemos aplicado estos conocimientos a potenciar nuestro florecimiento, mitigando los flagelos que empobrecían a nuestros antepasados durante la mayor parte de nuestra existencia. Hemos aplazado nuestra esperada cita con la muerte desde los treinta años hasta más de setenta (ochenta en los países desarrollados), hemos reducido la pobreza extrema del 95 % de la humanidad a menos del 9 %, hemos disminuido veinte veces las tasas de mortalidad por las guerras y cien veces las muertes provocadas por la hambruna. Incluso cuando la antigua maldición de la peste ha resurgido en el siglo xxi, hemos identificado las causas en cuestión de días, hemos secuenciado su genoma en unas semanas y hemos administrado vacunas en un año, manteniendo su número de víctimas en una fracción de las de otras pandemias históricas.

 


INCIPIT 1.646. EL LIBRO DE TODOS LOS LIBROS / ROBERTO CALASSO


1. LA TORÁ EN EL CIELO

Novecientas setenta y cuatro generaciones antes de que el mundo fuera creado, fue escrita la Torá. ¿Cómo? Con fuego negro sobre fuego blanco. Era la hija única de Yahvé. El padre quiso que viviera en tierra extranjera. Los ángeles oficiantes le dijeron: «¿Por qué no se queda en el cielo?». Yahvé respondió: «¿Qué os importa a vosotros?». Se acercó a un rey que tomó a su hija como esposa. Yahvé le dijo: «Te he dado a mi única hija. No puedo separarme de ella. Pero ni siquiera puedo decirte que no la tomes, porque es tu esposa. Concédeme tan solo esto, que dondequiera que vayáis haya una habitación para mí».

En la soledad que precede a la Creación, Yahvé fue asistido solo por su hija. Era la Torá, la Ley, y era la Jojmá, la Sabiduría. Ella era la consejera, pero también trabajaba como artífice: calculaba las medidas, se encargaba de sellar las aguas, trazaba límites de arena, soldaba las junturas de los cielos. Y a veces era el plan desplegado de la Creación. Entonces Yahvé la contemplaba en silencio.

 


INCIPIT 1.648. M EL FIN Y EL PRINCIPIO / ANTONIO SCURATI


Jardines de Porta Venezia

Milán, verano de 1943

El mono grita. Arquea el lomo para escupir su aliento a través de su laringe ensanchada, golpea con la lengua el hueso hioides a la altura de la cuarta vértebra cervical, lanza al cielo la blasfemia de sus nalgas lampiñas, su ano protruido, y grita a todo pulmón. Con las mandíbulas tan desencajadas que se le entrecierran los ojos, los dientes de sable al desnudo, la cabeza echada hacia atrás en un espasmo ciego, el mono con hocico de perro grita enloquecido.

Es un grito lancinante, una sirena histérica que desgarra el cielo de nuevo silente. El rugido de los cuatrimotores se ha desvanecido en la lejanía, el estallido de las bombas ha cesado, los humanos guardan silencio, temerosos casi de atraer la atención de los devastadores; yacen mudos, extenuados y circunspectos. Por un breve instante, toda vida superviviente contiene la respiración. Es una noche clara y hermosa, una tibia noche de verano, iluminada casi como si fuera de día por la luna llena, por la tenue luz de las bengalas que caen lentamente y por las llamas de las hogueras. Una noche desfigurada por el aullido del babuino.

 


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