Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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VIDA Y DINERO

De Una palabra tuya de Elvira Lindo, p.18
¿Cambian las personas? Lo dudo. Es posible que el dinero sea lo único que nos haga cambiar en esta vida. Ese es el motivo de mi afición a los juegos de azar, que sospecho que si de pronto recibiera un dinero inesperado, una gran cantidad, podría mejorar como persona y llevar una vida que estuviera más de acuerdo con mi idea de la felicidad, pero como no me ha ocurrido son sólo especulaciones.

INDIGENTES

De La invención de la soledad de PAuster
Es un momento difícil para los pobres. Hemos entrado en un periodo de enorme prosperidad, pero, a medida que avanzamos por la autopista de los beneficios cada vez más grandes, olvidamos que una incontable cantidad de personas se quedan tiradas en el arcén. La riqueza crea pobreza. Ésa es la ecuación secreta de una economía de libre mercado. N o nos gusta hablar de ella, pero, a medida que los ricos se hacen más ricos y poseen cada vez mayores cantidades de dinero que gastar, los precios suben. No hace falta que le diga a nadie lo que ha ocurrido con d mercado inmobiliario de Nueva York en los últimos años. El coste de la vivienda ha subido mucho más de lo que nadie habría creído posible hace poco tiempo. Ni siquiera yo, orgulloso propietario, podría permitirme mi propia casa si tuviera que comprarla ahorca. Para muchos otros, ese incremento ha mostrado con claridad la diferencia que existe entre tener un lugar donde vivir y no tener un lugar donde vivir. Para algunas personas, ha supuesto la diferencia entre la vida y la muerte.
La mala suerte puede alcanzarnos a todos en cualquier momento. No requiere mucha imaginación pensar en las cosas que podrían acabar con nosotros. Toda persona vive con la idea de su propia destrucción, e incluso la persona más feliz y exitosa tiene algún rincón oscuro del cerebro donde se reproducen continuamente historias de terror. Imaginas que te quedas sin trabajo. Imaginas que alguien que depende de ti tiene una enfermedad. y que las facturas médicas acaban con tus ahorros. O que te juegas tus ahorros en una mala inversión o una mala tirada de dados. La mayoría de nosotros sólo estamos a un desastre de distancia de las verdaderas dificultades. Una serie de desastres puede arruinarnos. Hay hombres y mujeres que vagabundean por las calles de Nueva York y que una vez estuvieron en posiciones de aparente seguridad. Tienen títulos universitarios. Tenían trabajos de responsabilidad y mantenían a sus familias. Ahora atraviesan tiempos difíciles, ¿y quiénes somos para pensar que esas cosas no nos podrían ocurrir a nosotros?

Durante los últimos meses, un terrible debate sobre lo que hay que hacer con ellos ha envenenado el aire de Nueva York. De lo que deberíamos hablar es de lo que hay que hacer con nosotros. Es nuestra ciudad, después de todo, y lo que les ocurre a ellos también nos ocurre a nosotros. Los pobres no son monstruos porque no tengan dinero. Son gente que necesita ayuda, y no nos ayuda a ninguno de nosotros castigarlos por ser pobres. En mi opinión, las nuevas reglas que ha propuesto la Administración actual no sólo son crueles, sino que no tienen ningún sentido. Si duermes en la calle, serás arrestado. Si vas a un refugio, tendrás que trabajar para tener una cama. Si no trabajas, te echarán a la calle, y allí volverán a arrestarte. Si eres padre y no cumples las regulaciones laborales, te quitarán a tus hijos. Las personas que defienden esas ideas dicen ser hombres y mujeres devotos y  temerosos de Dios. Deberían saber que todas las religiones del mundo insisten en la importancia de la caridad; no como algo que ha de ser alentado, sino como una obligación, una parte esencial de la relación personal con Dios. ¿Por qué nadie se ha molestado en decirles a esas personas que son unos hipócritas?

LA PARTE MALDITA

De Derrumbe de Eduardo Menéndez Salmón, p.187-188
-Consumamos -dijo Vera-. Esta tarde. Gastemos dinero porque sí, por el puro placer de rodearnos de cosas. Démonos un festín. ¿Quieres un televisor nuevo? -preguntó mirando a su padre-. Comprémaslo. ¿Quieres un viaje a Barbados? - preguntó mirando a su madre-. Vayamos, hagámoslo. Armani, Kenzo, Panasonic, Bulgari, Nokia, Philips, Apple, Mercedes Benz. Hermanémonos. Esta tarde. Sí. Comamos y luego subamos al coche, los tres, para derrochar el sueldo de papá de los dos últimos meses. Me compraré ropa interior musical. ¿De qué os reís? Existe. Lo sé. He oído hablar de ella. Todo aquello que puedas desear ya existe, alguien lo habrá ideado incluso antes de que tú lo soñaras. Están por todas partes -y Vera hizo un gesto vago, como si espantara moscas, mientras en su pecho la fotografía de Humberto ardía en su pequeño holocausto--: en nuestros dormitorios y baños, en nuestros lugares de trabajo y de recreo; ellos, los hacedores de mundos, los auténticos y únicos demiurgos, los constructores de cuchillas de afeitar, tuberías de plomo, diafragmas invisibles al escáner.
Cuando su hija calló, Valdivia tembló de amor.
“Ríe, Vera”, pensó. “Nunca dejes de hacerlo. Nunca”

Y sin embargo, en su corazón generoso, comprendió que aquella risa era sólo una máscara, que Vera estaba llorando por su edad, por su tiempo, por todo cuanto ya, tan joven, resultaba irrecuperable.

Algunas consideraciones sobre la actual caída libre

Félix de Azúa en El estado Mental, octubre 2014
Entre los años ochenta del siglo pasado y el comienzo del siguiente se dio en España un crecimiento acelerado, acompañado de ambiciosas reformas democráticas, que causó una impresión indiscutible de salida del agujero franquista. Era engañoso. Ha bastado una crisis financiera, neutralizada en otros países con escasas pérdidas, para desnudarnos y devolver las cosas a donde estaban antes de la muerte de Franco.
Nadie sabe cuánto se ha detraído de las clases medias a favor de las cajas de ahorro y la administración del Estado, pero ha sido lo suficiente como para pauperizar severamente a la población hasta situarla, como en el franquismo, en dos grupos: aquellos que se encuentran próximos al poder y los abandonados a su suerte. Todo este inmenso sacrificio, además, no ha comportado ni siquiera que sus causantes hayan tenido que pagar por ello. La mayoría de los culpables siguen gozando de sus sueldos y privilegios en partidos, sindicatos y demás instituciones del aparato del Estado, como si nada hubiera pasado.
Lo cual, como es de ley, sólo facilitará que vuelva a producirse otro expolio en breve plazo. En algún caso aislado la justicia está actuando profesionalmente, pero en la mayoría se esfuerza por encubrir a unos y otros. No ha faltado, en la izquierda, quien ha intentado ocultar su temeraria ineptitud echando la culpa a un fantasmal poder financiero similar al que Podemos agita como origen de todos los males terrestres. Es como envolverse en la bandera.

El segundo gran desastre tiene su origen en la reforma trivializadora de la educación en España, iniciada por los socialistas, pero secundada por la derecha con verdadero entusiasmo. Gracias a ello han ido desapareciendo los mecanismos que permitían a los más jóvenes usar herramientas críticas personales para defenderse de las mentiras del poder y del contrapoder. Ahora sólo cuentan con los útiles informativos para masas, los cuales dirigen a su inmensa clientela siempre en el sentido del menor esfuerzo intelectual, la simplificación y el maniqueísmo. El colectivismo y el gregarismo han ganado terreno.

LA CRISIS COMENZO A LAS CINCO DE LA TARDE

De Compro oro, de Isaac Rosa, p. 12-13
ESCRIBIR UN NOSOTROS PARA QUE NO NOS LO ESCRIBAN ELLOS
Vivimos rodeados de ficciones. Diría más: asediados por ficciones. Por representaciones ficticias de la realidad. No me refiero a novelas. Ni cuentos. Ni siquiera series de televisión. Sino esas otras narrativas que hoy detentan la hegemonía de la ficción: la política. La economía. El periodismo de los grandes medios. ¿Qué otra cosa ofrecen todos ellos, sino ficciones? Y por supuesto la publicidad, como síntesis y modelo de las tres anteriores. ¿Te gusta conducir?
Las versiones oficiales hace tiempo que son ficciones. Relatos. El triunfo del storytelling de marras, el arte de contar historias, válido en todo lugar y hora. Narraciones que poseen todo lo que debe tener un buen relato para ser eficaz, para persuadir, para imponerse: personajes, cronología, intriga, nudos, conflicto, desenlace, estructura, ritmo, estilo. Héroes, villanos, incertidumbre. Final feliz, a veces. Final abierto otras: continuará. No se vayan todavía, aún hay más. La conexión emocional y la seducción irresistible propias del pensamiento narrativo y que tan bien conocen los vendedores de cuentos de este tiempo.

La crisis, por supuesto. La versión oficial, dominante, institucional, consensual de esto que llaman crisis es otra ficción, una gran ficción, con una base narrativa impecable. La  ficcionalización empieza por el propio manejo del tiempo, su linealidad y su acotación: que tenga un comienzo y un final. La crisis, nos cuentan, empezó exactamente el 15 de septiembre de 2008, día de la caída de Lehmann Brothers. Podrían precisar la hora, para así conseguir un arranque tópico de mala novela: "La marquesa salió a las cinco de la tarde". "La crisis comenzó a las cinco de la tarde". La trampa está ya en la propia cronología: en nuestro cerebro de consumidores de relatos damos por cierto que si hay un comienzo tiene que haber un final. con su fecha y hora. Que la crisis terminará el 23 de abril de 2015, o el 18 de septiembre de 2017, o el 30 de febrero de 2022. A las cinco de la tarde.

SOBRE LA CRISIS ECONOMICA EN LA EUROZONA

De Compro oro de Isaac Rosa, p.15
Compro oro. Es el título de uno de estos cuentos, pero si lo he elegido para titular el conjunto es porque es mucho más que una historia. El propio sintagma ya es en sí mismo un relato, una  bomba nuclear que estalla y expande significados. Leemos "compro oro" y entendemos. Al pronunciarlo se enciende un proyector en el cerebro donde vemos todo lo que contiene esa expresión: usura, desesperación, caída, memoria, miseria, familia, pero también un pasado, un presente y un futuro, y todo un paisaje de ruinas y basura donde brilla el reclamo: ·compro oro".
Compro oro. Si lo elijo como título es porque pocas expresiones de nuestro tiempo reflejan mejor lo que nos está pasando, de dónde venimos, hasta qué profundidad estamos cayendo, qué incierto es el futuro.
Compro oro. Todo lo que uno añada después es redundante. El cuento mismo podría concluir en la octavilla con que se abre, que es por sí sola un cuento perfecto: "Compramos oro de cualquier quilataje, desde monedas de 22 quilates y joyería fina de 18, hasta oro de 9 quilates. Joyas rotas, piezas sueltas, desparejadas, pasadas de moda, ¡todo lo que sea de oro se lo compraremos! Monedas, relojes, incluso dientes de oro. Oro blanco, oro amarillo, oro rosa. También realizamos empeños de joyas, ¡pregúntenos! Además compramos todo tipo de artículos de plata, monedas, lingotes, juegos de café, cuberterías, bandejas, joyería. Pago en efectivo al instante.

Un relato estremecedor, que se reparte en flyers por la calle y que contiene en pocas líneas la historia de nuestra vida, donde están el juego de café, las joyas desparejadas, los dientes.

EXPAÑA

Resumen de Una vida absolutamente maravillosa, de Vila-Matas

Un país que dilapidó el tiempo del esplendor amasando infortunios. Un país de tertulias. Un país fuera del tiempo. Con verdaderas masas de fumadores llenando las terrazas de invierno, esperando a los chinos. No supimos ser prósperos y ahora cualquiera endereza el entuerto. Un país de vociferantes en podios de cáscaras de gambas. Lo único bueno es que ya podemos  irnos de puente eterno. Ha terminado ocurriéndonos lo que Michon dice que le pasó a  Rimbaud: murió de la misma mano de aquellos cuyo trabajo lo enriquecían; se habia enriquecido con una muerte suntuosa, sangrienta romo la de un rey al que inmolan sus súbditos; sólo fue rico en oro, y de eso murió. 

CLASES SOCIALES Y PATOS

 De Magma, de Lars Iyer
A veces piensa que se debe a que soy de clase trabajadora. No puedo sobreponerme a la idea de que alguien me esté escuchando de verdad, dice W., de que yo tenga un público. Lo cual, si se piensa en ello, es bastante insólito. Pienso que estoy hablando ante gente mejor que yo,   más refinada. Lo cual, naturalmente, casi siempre es cierto. W. dice que los odio y los amo; que únicamente deseo su aprobación, aunque al mismo tiempo no la deseo; que eso es lo último que deseo.

W. tiene sus momentos patéticos, admite. A veces percibe cómo el Schwärmerei se eleva en su pecho. A veces su voz comienza a ascender en decibelios. Pero como sabe que yo vaya  continuación, ¿quién notará sus excesos entonces? Yo hago que la gente del público se estremezca, dice. Provoco que se muevan con nerviosismo debido a un horror involuntario. ¡Todo ese Schwärmerei ¡Todo ese pathos!

DINERO

De Hotel Savoy, de Joseph Roth

-Nada es bastante. Mucho son mil millones-dice Glanz, soñador-. Hoy en día el mundo no  existe. ¿Sabemos acaso lo que va a pasar mañana? Mañana vendrá la revolución. Pasado mañana llegarán los bolcheviques. Las viejas leyendas se han vuelto realidad. Hoy mete usted cien mil en un cajón y mañana va usted a sacarlos y sólo son cincuenta mil. Hoy en día suceden   estos milagros. ¡Y aún gracias que el dinero siga siendo dinero!

MEDIDAS



Rajoy debería pedirle a Obama para que los EEUU tomasen definitivamente las riendas de este país, poniéndonos un Presidente de color y unos ministros tecnócratas yanquis. Como hizo Bruselas poniendo un primer ministro tecnócrata en Italia, pero americanos, que no sepan nada de lo que es la derecha ni la izquierda española, simplemente que conviertan España en un producto, en un parque, ya no fiel a sí mismo, sino elevado al cubo.

Que todo sea todo el rato flamenco, flamenco-pop, pero también sardanas, muñeiras y jotas, Ibiza, toros (sin que mueran al final), tapas, Nadal, prostitutas vestidas de Carmen y de Cospedal con mantilla y peineta, tomatinas, sol, playa y Almodóvar y Bigas Luna y Buñuel, y el nuevo gran Las Vegas en Huesca, que queda cerca del extranjero.

Que EEUU le de la independencia al País Vasco y Francia y que gestione y potencie la imagen de España, del mismo modo que supieron potenciar su propio país.

Y ya nos dejamos de tonterías y de Bankia; todo en dólares y libras o monedas suizas.

Y, a la vez, podemos vender Canarias a Noruega y alguna de las Baleares a Islandia, que les va bien; y las Cíes al príncipe monegasco, para fiestas.

CRISIS EN LA EUROZONA

Es cierto, haciendo balance de la situación, que parece que no hayamos avanzado, y es muy probable que no hayamos avanzado. Incluso es posible que hayamos retrocedido, cosas ambas difíciles de determinar cuando no se conoce el punto de partida ni el objetivo último de nuestro caminar. Pero también puede darse lo contrario, es decir, que hayamos avanzado sin darnos cuenta. Bien es verdad que avanza...r sin enterarse de que se avanza es lo mismo que no avanzar, al menos para el que avanza o pretende avanzar. Visto desde fuera es distinto. Aun así, yo abrigo la esperanza de que este avance real o imaginario, dentro de poco nos conducirá a la solución definitiva o, cuando menos, al principio de otro avance....


El enredo de la bolsa o la vida, de Eduardo Mendoza



DEL AHORA Y DEL AYER

Hizo una pausa.

-Tened en cuenta -comenzó de nuevo, levantando un brazo desde el codo, la palma de la mano hacia fuera, de modo que con los pies cruzados ante sí parecía un buda predicando, vestido a la europea y sin la flor de loto en la mano-, tened en cuenta que a ninguno de nosotros le sería posible conocer esa experiencia. Lo que a nosotros nos salva es la eficiencia ... el culto por la eficiencia. Pero aquellos jóvenes, en realidad no tenían demasiado en qué apoyarse. No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más, imagino. Eran conquistadores, yeso lo único que requiere es fuerza bruta, nada de lo que puede uno vanagloriarse cuando se posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros. Se apoderaban de todo lo que podían. Aquello era verdadero robo con violencia, asesinato con agravantes en gran escala, y los hombres hacían aquello ciegamente, como es natural entre quienes se debaten en la oscuridad. La conquista de la tierra, que por lo general consiste en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nuestras , no es nada agradable cuando se observa con atención. Lo único que la redime es la idea. Una idea que la respalda: no un pretexto sentimental sino una idea; y una creencia generosa en esa idea, en algo que se puede enarbolar, ante lo que uno puede postrarse y ofrecerse en sacrificio .. .

CHISTE

De La mano invisible de Isaac Rosa, p.179


Qué más te da quién esté detrás de esto, yo en la fábrica tampoco sabía bien quiénes eran los dueños ni quiénes estaban en los despachos de la sede central. Mira a los presentes, uno a uno, juega a adivinar si alguno de ellos tendrá en su casa una limpiadora que una o dos veces por semana les friegue los baños yios suelos y les planche la ropa. Léete bien el contrato antes de quejarte, que seguro que lo pone ahí pero no nos hemos dado cuenta. Varias veces ha trabajado por horas en casas que eran como la suya, de trabajadores que no debían de ganar mucho más que ella, dos sueldos y una hipoteca, finales de mes apretados, breves vacaciones y un capricho de vez en cuando, pero sin embargo la llamaban y le pagaban treinta euros en lugar de limpiarse ellos mismos la casa. A mí en el fondo me gusta esto, creo que estamos participando en algo importante, no sé qué pero algo importante, en todo caso estamos mejor de lo que estaríamos en cualquier empresa haciendo lo mismo, y tampoco están las cosas por ahí como para ponernos exquisitos. Casas de barrio humilde, pisos sin ascensor ni calefacción, electrodomésticos de marca blanca, muebles baratos, monos colgados en los tendederos, furgonetas de reparto aparcadas, y sin embargo tenían limpiadora, le recordaba a un cuento que le repetía su madre cuando era pequeña, érase una vez una familia muy pobre muy pobre, el padre era pobre, la madre era pobre, los hijos eran pobres, la criada era pobre; su madre se reía al contarlo y ella no le veía la gracia, y sin embargo ella también se lo ha contado a sus hijos, que tampoco entienden el chiste, y qué más, mamá, eso es todo, vaya cuento.

CRISIS


De La mano invisible, de Isaac Rosa, p. 284El ingreso anual de cualquier sociedad es siempre exactamente igual al valor de cambio del producto anual total de su actividad, o más bien es precisamente lo mismo que ese valor de cambio. En la medida en que todo individuo procura en lo posible invertir su capital en la actividad nacional y orientar esa actividad para que su producción alcance el máximo valor, todo individuo necesariamente trabaja para hacer que el ingreso anual de la sociedad sea el máximo posible. Es verdad que por regla general él ni intenta promover el interés general ni sabe en qué medida lo está promoviendo. Al preferir dedicarse a la actividad nacional más que a la extranjera él sólo persigue su propia seguridad; y al orientar esa actividad de manera que produzca un valor máximo él sólo busca su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos. El que sea así no es necesariamente malo para la sociedad. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentara fomentarlo.

DINERO


De Union Atlantic, de Adam Haslett, p.248
En el centro de la sala se veía la balanza de metal que todavía se empleaba para calibrar la pureza del oro. A su lado había dos pares de protectores de pies fabricados en magnesio para los trabajadores, por si se les caía un lingote mientras lo trasladaban.
—Ahora estamos a veinticinco metros por debajo de la accra —explicó Henry—. A diez metros por debajo del nivel del mar. Adelante —la animó, señalando las hileras de armazones de metal, sólo identificadas por un número, que ocupaban las paredes del suelo al techo—. Eche un vistazo.
Evelyn lo miró con suspicacia, como si se tratara de una encerrona, pero luego sucumbió a la curiosidad y se acercó a uno de los armazones, que contenían lingotes de un amarillo oscuro, de tres metros de altura y seis de profundidad. Al cabo de un momento se volvió, miró el pasillo y se quedó contemplando el elevado número de armazones.
—Es la mayor reserva de oro monetario del mundo
—añadió él—. Aquí hay una proporción importante de todo el oro extraído a lo largo de la historia.
—Y todo esto pertenece al gobierno?
—No. Las reservas del Tesoro se encuentran en Fort Knox y en West Point. Casi todo lo que ve aquí es propiedad de bancos centrales del extranjero. La mayor parte de los países del mundo guardan aquí sus reservas. Nosotros nos limitamos a custodiarlas. Cuando los gobiernos quieren cerrar un negocio, nos llaman y trasladamos el oro de una cámara a
otra.
—Tanto confían en nosotros?
—Para estos asuntos sí.
Ella se acercó a otro armazón y se quedó mirando la brillante pared de oro.
—Todos los días vienen visitantes, que se quedan en la primera puerta —dijo Henry—. Creo que el año pasado tuvimos veinticinco mil. A la gente le encanta ver esto. Me viene a la mente una frase de Galbraith: «El proceso mediante el cual los bancos crean dinero es tan sencillo que la mente no lo asimila. Parece que lo decente es que exista un misterio más profundo.» Supongo que esto es lo que queda del misterio. Sin embargo, todo lo que nos rodea apenas tiene importancia —añadió mientras abarcaba la cámara con un amplio ademán—. Sumándolo todo, no vale más de ochenta o noventa mil millones. Cada hora se mueve más dinero por vía electrónica. Y todo se basa únicamente en la confianza. En la cooperación. A veces incluso podría denominarse fe; yo lo llamo así en ocasiones, aunque una fe terrenal. Sin ella no podría comprarse ni una barra de pan.
»Aunque, como mi hermana siempre se encarga de recordarme, la gran pregunta ética es qué hace la gente, o los gobiernos, con ese dinero. Comprar medicamentos, comida o armas? Cualquiera de esas opciones resulta posible. Somos libres de elegir lo que sea. El sistema tiene que funcionar. La gente tiene que confiar en los billetes que lleva en la cartera. Y eso surge de algún sitio. Surge de los bancos.

SHOPPING

De Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, p. 197
Un poco de historia. En 1956 se construyó el primer gran centro comercial techado y climatizado, el Southdale Shopping Center, cerca de Minneapolis (Estados Unidos). El Gran Centro Comercial consiste en un pasillo central (“mall”) y un almacén ancla que se ubica en el extremo de la galería. El centro ofrece todo “bajo techo” y permite hacer compras independientemente del clima o de los problemas de estacionamiento, y propone así concentrar a los clientes en un solo lugar climatizado con varios puestos de venta de productos y marcas distintas. Estos centros se convierten además en lugares de esparcimiento y de paseo para toda la familia. El proyecto a realizar en nuestra ciudad ya fue presentado al interventor militar y sería e1 primero a realizarse en la Argentina» (El Pregón, 2 de agosto de 1971).

CRISIS

De El mundo de ayer, de Stefen Zweig, p. 396
Los cordones de zapato costaban más que antes un par de zapatos, no, qué digo, más que una zapatería de lujo con dos mil pares de zapatos; reparar una ventana rota costaba más que antes toda la casa; un libro, más que antes una imprenta con todas sus máquinas. Con cien dólares se podían comprar hileras de casas de seis pisos en la Kurfürstendamm; las fábricas no costaban más, al cambio del momento, que antes una carretilla. Unos adolescentes que habían encontrado una caja de jabón olvidada en el puerto se pasearon durante meses en automóvil y vivieron como reyes con sólo vender cada día una pastilla, mientras que sus padres, antes gente rica, andaban por las calles pidiendo limosna. Había repartidores que fundaban bancos y especulaban con todas las monedas extranjeras. Por encima de todos sobresalía la figura gigantesca del más grande de los aprovechados: Stinnes. A base de ampliar su crédito beneficiándose de la caída del marco, compraba todo cuanto se podía comprar: minas de carbón y barcos, fábricas y paquetes de acciones, castillos y fincas rústicas, y todo ello, en realidad, con nada, pues cada importe, cada deuda, se convertía en cero, Pronto fue suya la cuarta parte de Alemania y el pueblo alemán, que siempre se embriaga con el éxito ostentoso, perversamente lo aclamó como genio. Miles de parados deambulaban ociosos por las calles y levantaban el puño contra los estraperlistas y los extranjeros en sus automóviles de lujo que compraban una calle entera como si fuera una caja de cerillas; todo aquel que sabía leer y escribir traficaba, especulaba y ganaba dinero, a pesar de la sensación secreta de que todos se engañaban y eran engañados por una mano oculta que con premeditación ponía en escena aquel caos con el fin de liberar al Estado de sus deberes y obligaciones. Creo conocer bastan bien la historia, pero, que yo sepa, nunca se había producido una época de locura de proporciones tan enormes. Se habían alterado todos los valores, y no sólo los materiales; la gente se mofaba de los decretos del Estado, no respetaba la ética ni la moral, Berlín se convirtió en la Babel del mundo.

SOLUCIONES A LA CRISIS

De Teatro completo, de Juan Benet, p. 47-48 (Siglo XXI, 2010)
ANASTAS.
Sentaos todos. Así me gusta. Vamos a celebrar el primer Consejo de este Gobierno tan reciente como brillantemente formado. Un equipo de hombres jóvenes —técnicos en su mayoría—, perfectamente preparados y con una gran experiencia administrativa, se disponen a gobernar el país, atrozmente desmantelado por la cuadrilla de viejos e ineptos caciques que les precedieron. Los tiempos no cambian, pero sí los apelativos. Lo que se pide de ustedes, caballeros, no es poco: una mayor flexibilidad en el procedimiento, mejor compenetración entre los servicios, un tipo de inversiones con miras a equilibrar la balanza de pagos, atrozmente escorada. En lo posible olvidaremos el Fisco para atender a la Hacienda y en cuanto a la Industria cabe hacer dos cosas con ella: o fomentar su desarrollo, haciendo de tripas corazón, o suprimirla de raíz de una vez para siempre, visto que lo único que proporciona —además de mucha hambre— es un continuo dolor de cabeza. Particularmente yo me inclinaría, así pues, por desmantelarla, haciendo borrón y cuenta nueva. A ustedes les toca decidir. .
Lo anteriormente dicho vale igualmente para la Agricultura, el Comercio, la Instrucción Pública... Son cosas todas ellas caras y enojosas que, bien miradas, apenas aportan nada al bienestar público. Creo, señores, que con algo de habilidad por nuestra parte se podrán suprimir sin que nadie se aperciba de ello. Otra cosa muy distinta la constituyen las Relaciones Exteriores y el Ejército. Por lo que se refiere a lo primero podemos —si tal es el parecer de ustedes— continuar e intensificar nuestra anterior política de aislamiento hasta llegar a un grado de soledad difícilmente imaginable. Ello contribuirá en alto grado a simplificar el Comercio, las Aduanas, el cuerpo de Carabineros y el Diplomático, una partida de gandules que nos está dejando en la miseria. Con el cierre total de las fronteras podremos, además, incrementar el Ejército para tenerlas bien vigiladas. He oído que los haberes de la tropa son miserables. Si manteniendo el mismo presupuesto de Defensa, aumentamos los cuadros de oficiales y clases, todos tocarán a menos y cundirá el malestar; contra lo que la gente cree no hay como la estrechez y el malestar para mantener a la tropa en los cuarteles, jugando al naipe. Tal ha de ser nuestra línea general: ambiciosa, atrevida y optimista. Con semejante programa podemos mirar con franquía al porvenir; la patria rejuvenece y sonríe. En este sentido sólo una cosa me preocupa y es que desemboquemos en un exceso de bienestar. La prosperidad no es cosa de hombres. Y nada más. Con estas breves palabras, juiciosas y rotundas —como corresponden a tan providencial monarca— les he dado trabajo para meses, tal vez años. Ya pueden ustedes comenzar, y no alcen demasiado la voz porque quiero meditar sobre lo que se nos viene encima.
(ANASTAS se reclina sobre el Trono y, simulando dormir espía a sus MINISTROS.)

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