Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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OBREROS


Chavs, Owen Jones, p.313
Claramente, estos nuevos puestos de trabajo no sustituirían a los antiguos, y tampoco deberían hacerlo. Si nos deshiciéramos de todos los limpiadores, basureros, conductores de autobús, cajeros de supermercados y secretarias, por ejemplo, la sociedad se detendría en seco. En cambio, si al despertar una mañana descubriéramos que hubiesen desaparecido todos los muy bien pagados ejecutivos publicitarios, consultores empresariales y directores de capital riesgo, la sociedad seguiría funcionado como antes; en muchos casos, probablemente un poco mejor. Conque, para empezar, los trabajadores necesitan reclamar un sentimiento de orgullo y valor social. Hacerlo supondría un gran paso adelante para reivindicar que los sueldos y las condiciones de los trabajos mal pagados deben mejorarse a fin de reflejar la importancia que tienen en la vida de todos nosotros.
Hemos visto que el trabajo en la Gran Bretaña actual es mucho más precario que antes. Los empresarios británicos tienen mucha más libertad para disponer de sus trabajadores que en casi cualquier otro lugar de Occidente. Hay un ejército de trabajadores eventuales que carece siquiera de derechos básicos y que puede ser despedido de un momento a otro. Además de la sensación de inseguridad alimentada por las condiciones de contratación y despido, es verdaderamente deshumanizante ser tratado como un mueble o un mero recurso económico que puede tirarse cuando ya no se necesite. Se han dado casos recientes de trabajadores despedidos a través de un mensaje de texto y hasta por megafonía. La seguridad laboral debe estar en el centro de un nuevo movimiento progresista.
Pero debe ir mucho más allá de los sueldos y condiciones laborales. Una nueva política con la clase como parte central debe abordar la profundamente arraigada alienación que sienten muchos trabajadores, sobre todo del sector servicios: el puro tedio y aburrimiento que a menudo acarrea el trabajo rutinario y repetitivo. No se trata únicamente de dar más capacitación a los empleos y variar las tareas diarias de los trabajadores, aunque esto forme parte de ello. También se trata de dar a los trabajadores control y poder genuinos en el lugar de trabajo.

BANDAS



Chavs, Owen Jones, p. 254
Nada resume la plaga de conducta antisocial en las mentes de muchos como esas bandas de adolescentes encapuchados que haraganean de forma amenazante en las calles. Pero, como ha descubierto la Fundación Joseph Rowntree, las bandas pueden ser grupos de adolescentes que se juntan para protegerse, mirar unos por otros e incluso evitar problemas. Tras estudiar la cultura de bandas en seis zonas, los investigadores descubrieron un fuerte vínculo entre el comportamiento territorial y las comunidades más pobres. Formar parte de una banda proporciona a algunos jóvenes diversión, emoción y apoyo que de otra forma no tendrían. Además, la Fundación reveló “conexiones entre viviendas inadecuadas y entornos familiares a menudo difíciles, y la territorialidad. El comportamiento territorial a algunos les parecía ser producto de la marginación, la falta de oportunidades y actividades atractivas, de aspiraciones limitadas y una expresión de identidad”.
Asimismo, las bandas “podían considerarse un mecanismo de supervivencia para jóvenes que viven en la pobreza”. Es frecuente oír a comentaristas y políticos conservadores culpar a la mala educación de los padres por la conducta antisocial entre los jóvenes de clase trabajadora. Simon Heffer, uno de los principales columnistas de derechas del país, me dijo que necesitamos “Castigar -y quiero decir castigar con bastante dureza-la mala educación paterna. Me refiero a que ves casos de chicos que crecen delinquiendo y que están por debajo de la edad de responsabilidad penal. ¡Encerremos a sus padres! Demos a los hijos en acogida, y que se aseguren de que se crían correctamente y se educan en acogida”.
Contrariamente a esta opinión, sucesivos informes de la Fundación Joseph Rowntree han revelado que, en realidad, los padres suelen jugar un papel enormemente positivo en los barrios duros de clase trabajadora. «Hay una opinión generalizada de que el comportamiento antisocial de los jóvenes se puede achacar simplemente a la mala actuación de los padres”, señalaba Peter Searman, coautor de un informe. “Pero los padres que hemos entrevistado describían estrategias sofisticadas para minimizar la exposición de sus hijos al peligro y protegerlos de las tentaciones de descarriarse”
Las bandas pueden proporcionar una forma de la solidaridad que ha salido de comunidades de clase trabajadora cada vez más fragmentadas. Las bandas pueden dar sentido a la vida, estructura y recompensas a un creciente número de jóvenes con negras perspectivas. No es de extrañar que hayan apelado a algunos chicos de clase trabajadora que han crecido en la pobreza y no tienen fe en el futuro. De hecho, como señala un estudio, ofrecen una  oportunidad de «ascenso” mediante la toma de riesgos y la actividad delictiva, muy a menudo el único tipo de éxito que los jóvenes consideran a su alcance. Debido «a la actual y machacona insistencia en el éxito escolar y académico”, algunos jóvenes buscaban «otro lugar para validarse”.

LA CLASE OBRERA


Chavs, Owen Jones, p. 129
Si se quiere explotar el mito de que la clase ha muerto en la Gran Bretaña actual, y de que cualquiera puede ascender a lo más alto a través de sus propios esfuerzos, el Palacio de Westminster es un buen sitio para empezar. Los diputados entran y salen ufanos de reuniones con miembros de grupos de presión y electores, mientras, de vez en cuando, se pasan por la Cámara para hablar o votar cuando suena el estridente toque de campana. Pertenecientes en su inmensa mayoría a la clase media y entornos profesionales, la combinación de salario y dietas del diputado medio los sitúa cómodamente en el 4% más privilegiado de la población.
Correteando tras ellos, o chismorreando mientras toman un café en Portcullis House, hay un ejército de jóvenes y ambiciosos investigadores parlamentarios. Con prácticas no remuneradas (muchas veces, a diferencia de sus jefes, incluso sin los gastos pagados) casi siempre como requisito previo para figurar en las listas  de colaboradores de un diputado, el Parlamento es un coto cerrado de la clase media. Solo los que pueden vivir de la generosidad económica de sus padres pueden meter el pie.
Al servicio tanto de los diputados como de los periodistas está el personal de limpieza y hostelería. Muchos de ellos se recorren Londres en autobuses nocturnos para llegar a la Cámara al despuntar el alba. Su sueldo los sitúa fácilmente en el 10% inferior de la población. Hasta que se ganó una lucha por un sueldo digno en 2006, el personal de limpieza de la “Madre de Todos los Parlamentos” estaba subsistiendo con el salario mínimo en una de las ciudades más caras del planeta. Al ver a mujeres de mediana edad empujando carritos con los restos de pollo asado y tarta de chocolate, no sería disparatado pensar que uno hubiera entrado en una mansión aristocrática victoriana.
Sería fácil, pero demasiado cómodo, representar el Parlamento como un microcosmos del sistema de clases británico. No lo es, pero sin duda muestra la brecha que divide a la sociedad actual. Cuando entrevisté a James Purnell justo antes de las elecciones de mayo de 2010, que llevaron a los tories y a sus aliados liberales demócratas al número 10 de Downing Street, le expuse cuán poco representativo era el Parlamento: dos tercios de los diputados venían de un entorno profesional y tenían cuatro veces más probabilidades de haber estudiado en un colegio privado que el resto de la población. Cuando mencioné el hecho de que solo uno de cada veinte diputados era de familia obrera, se quedó realmente impresionado. “¿Uno de cada veinte?»
Cuando le pregunté si esto había dificultado que los políticos comprendieran los problemas de la gente de clase trabajadora, difícilmente podía disentir. “sí, desde luego. Creo que en gran medida se ha convertido en un coto cerrado ... » Para Purnell, esta apropiación del poder por parte de la clase media era el resultado de un sistema político que se ha vuelto cerrado para la gente corriente.

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