Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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DE MENDOZA

Entrará en los anales


Aquí me paro, Javier Marías, p. 297

La figura de Eduardo Mendoza pasará a los anales de la literatura española, sino de la entera sociedad. Nunca se ha visto nada igual en ella a punto de cumplir setenta años, de los cuales lleva treinta y ocho como autor publicado y querido; haber debutado con una novela de enorme éxito público y crítico, La verdad sobre el caso Savolta, que además ha quedado como la más decisiva renovadora de nuestras letras a la muerte de Franco; tras haber visto su larga trayectoria acompañada de ventas masivas que se han mantenido hasta su obra más reciente, El enredo de la bolsa y la vida; tras ser elogiado de manera constante por las reseñas más visibles (las de prensa) y también por los estudios universitarios de varios países, y contar sus novelas con numerosísimas traducciones a los principales idiomas así como a los más improbables (doy por hecho que están incluidos el vietnamita y el macedonio), resulta ser un escritor al que sus colegas, lejos de tenerle la tirria que en nuestro territorio se profesa a cualquiera, pero sobre todo al que destaca y ensombrece a los demás. lo admirarnos profunda y confesamente. Y no sólo eso: también los periodistas, columnistas y tertulianos -gente proclive a encontrar defectos y a poner a caldo al transeúnte- hablan bien de él y de su obra con la mayor simpatía.  Y no sólo eso: en un país en el que a los individuos les suele reventar que triunfe alguien, aunque se dedique a algo que ellos nunca han tenido intención dc probar -recuerdo que mi padre decía que la verdadera envidia no es la de los colegas, comprensible,  sino la del ama de casa a la que pone negra que un torero corte orejas, aunque ella jamás haya albergado el propósito de saltar a una ruedo-, resulta que hasta las amas de casa adoran a Mendoza y celebran sus hazañas.


ROSEMARIE

 


La intriga del funeral inconveniente, Eduardo Mendoza, p. 57

Rosemarie había sido una niña risueña y revoltosa hasta los once o doce años de edad, momento en que se volvió retraída y como abismada en sus pensamientos. En el colegio adquirió fama de altiva y distante; no tenía amigas y parecía refractaria a los fogosos y efímeros enamoramientos primaverales propios de la adolescencia hasta que, a poco de concluido el bachillerato, se cruzó en su camino un joven de origen oscuro, que decía ser primo de Rafa Nadal y, como éste, tenista profesional con un futuro brillante. Para granjearse su interés, Rosemarie se hizo pasar por la primogénita de un rico terrateniente urbano: no había barrio de Barcelona donde su padre no tuviera terrenos, bien edificables, bien gravables con censos fiduciarios. Confiados en estas vagas premisas, ambos decidieron irse a vivir juntos a Madrid, donde el tenista tenia su residencia. El señor y la señora Alibey se hacían cruces.

—Hija, no le conocemos de nada —le hacían ver-, ni siquiera te ha enseñado la foto de él con Rafa Nadal.

Al llegar a Madrid, Rosemarie descubrió que el tenista vivía en un apartamento pequeño y mal ventilado que compartía con otros dos zánganos; que no sólo no era pariente de Rafa Nadal, sino que no era tenista: ni siquiera tenía una raqueta. Era un cazadotes ingenuo que se había creído las mentiras de Rosemarie y contaba con la fortuna de ella para resolver su subsistencia. La relación se rompió de inmediato y ella regresó a Barcelona. La humillación sufrida acentuó su retraimiento; buscó un trabajo rutinario en una oficina, se independizó y a pesar de su temprana edad se consideraba a sí misma una solterona irredenta.

 

                                                                                                                                                                                                                                           

 


TOYOTA


La intriga del funeral inconveniente, Eduardo Mendoza, p. 50

—Te pondré un ejemplo para que lo entiendas. Durante siglos, la Iglesia envió misioneros al Extremo Oriente para sembrar en aquellas remotas tierras la semilla de la verdadera fe. Con resultados poco satisfactorios. Los japoneses son de natural reacios a todo cuanto viene del extranjero, por lo cual, apenas un misionero ponía el pie en su país, lo liquidaban. Ya sabes cómo eran de hábiles con la catana: sacar, tajar y envainar en un abrir y cerrar de ojos. De este modo, muchos mártires alcanzaron la gloria. Hoy en día, las cosas han cambiado y con ellas el método de penetración: el año pasado, y cito una información aparecida en el Financial Times, la Santa Sede firmó un acuerdo con la casa Toyota, en virtud del cual un uno por ciento de los vehículos sale de fábrica con la medalla de san Cristóbal en el salpicadero. Si tienes en cuenta el volumen de exportación de esta marca de automóviles, verás que es un paso gante. Y una prueba más de la resistencia apostólica- ¿Lo has entendido ahora?

—No. señor —dijo Ramoncito Valenzuela. que no había entendido el cortés rechazo del prelado


INCIPIT 1.621. LA INTRIGA DEL FUNERAL INCONVENIENTE / EDUARDO MENDOZA

 


R. V. Barcelona. Ayer tuvo lugar el sepelio de un fulano que apareció asesinado anteayer en su miserable domicilio. El acto tuvo lugar, como queda dicho, en el tanatorio de Sants. Dicho tanatorio dispone de salas de velorio y de dos capillas amplias y muy bien puestas, pero en esta ocasión, dado el bajo nivel económico y moral del interfecto, la ceremonia se celebró en un rincón del parking. Entre los asistentes al mencionado acto se encontraba la hermana del difunto, la cual guardó una actitud compungida hasta que apareció en su móvil un mensaje del supermercado que decía: «Se acabó la hambruna: dos lechugas por el precio de una», momento en el que abandonó precipitadamente el lugar. También estuvo presente un policía jubilado, toda vez que el difunto, en su juventud, había prestado servicios a dicho cuerpo de seguridad y, más tarde y por cuenta propia, había intervenido en la resolución de algún caso. Fue este asistente el único que tomó la palabra para expresar escuetamente el sentir general con la frase: «Se veía venir». A continuación, el empleado del tanatorio masculló: «Descanse en paz», y de este modo puso fin al sencillo funeral. En el susodicho lugar se encontraba también un individuo enfundado en una gabardina larga, con las solapas subidas, sombrero de ala ancha y gafas de sol. Antes de que diera comienzo el acto, el citado individuo se acercó al empleado del tanatorio y le pidió ver por última vez al difunto, alegando que lo conocía de antiguo, a lo que el ya citado funcionario respondió con cajas destempladas que, una vez cerrada la caja, valga la redundancia, ya no se podía volver a abrir sin una orden judicial. Sin replicar, el individuo se retiró y permaneció un rato en un rincón; luego se fue procurando deambular por las partes más oscuras del recinto.


GURB


Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza, p. 74

20.30 Voy a casa de mi vecina, llamo quedamente a su puerta con los nudillos, me abre mi vecina en persona. Me disculpo por importunarla a estas horas y le digo (pero es mentira) que a medio cocinar me he dado cuenta de que no tengo ni un grano de arroz. ¿Tendría ella la amabilidad de restarme una tacita de arroz, añado, que le devolveré sin falta mañana por la mañana, tan pronto abran Mercabarna a las 5 de la mañana)? No faltaría más. Me da la tacita de arroz y me dice que no hace falta que le devuelva el arroz, ni mañana, ni nunca, que para estas emergencias están los vecinos. Le doy las gracias. Nos despedimos. Cierra la puerta. Subo corriendo a casa y tiro el arroz a la basura. El plan está funcionando mejor de Io que yo mismo había previsto.

20.35 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre personalmente. Le pido dos cucharadas de aceite.

20.39 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido una cabeza de ajos.

20.42 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido cuatro tomates pelados, sin pepitas.

20.44 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido sal, pimienta, perejil, azafrán.

20.46 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido doscientos gramos de alcachofas (ya hervidas), guisantes, judías tiernas.

20.47 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido medio kilo de gambas peladas, cien gramos de rape, doscientos gramos de almejas vivas. Me da dos mil pelas y me dice que me vaya a cenar al restaurante y la deje en paz.

 

 


INCIPIT 1.601. SIN NOTICIAS DE GURB / EDUARDO MENDOZA


DÍA 9

0.01 (hora local) Aterrizaje efectuado sin dificultad. Propulsión convencional (ampliada). Velocidad de aterrizaje: 6.30 de la escala convencional (restringida). Velocidad en el momento del amaraje: 4 de la escala Bajo-U1 o 9 de la escala Molina-Calvo. Cubicaje: AZ-0.3.

Lugar de aterrizaje: 63Ω (IIβ) 2847639478363947 3937492749.

Denominación local del lugar de aterrizaje: Sardanyola.

07.00 Cumpliendo órdenes (mías) Gurb se prepara para tomar contacto con las formas de vida (reales y potenciales) de la zona. Como viajamos bajo forma acorpórea (inteligencia pura-factor analítico 4800), dispongo que adopte cuerpo análogo al de los habitantes de la zona. Objetivo: no llamar la atención de la fauna autóctona (real y potencial). Consultado el Catálogo Astral Terrestre Indicativo de Formas Asimilables (CATIFA) elijo para Gurb la apariencia del ser humano denominado Marta Sánchez 

EL SER HUMANO


Sin noticias de Grub, Eduardo Mendoza, p. 80

Los seres humanos, en cambio, a semejanza de los insectos, atraviesan por tres fases o etapas de desarrollo, si el tiempo se lo permite. A los que están en la primera etapa se les denomina niños; a los de la segunda, currantes, y a los de la tercera, jubilados. Los niños hacen lo que se les manda; los currantes, también, pero son retribuidos por ello; los jubilados también perciben unos emolumentos, pero no se les deja hacer nada, porque su pulso no es firme y suelen dejar caer las cosas de las manos, salvo el bastón y el periódico. Los niños sirven para muy poca cosa. Antiguamente se los utilizaba para sacar carbón de las minas, pero el progreso ha dado al traste con esta función. Ahora salen por la televisión, a media tarde, saltando, vociferando y hablando una jerigonza absurda. Entre los seres humanos, como entre nosotros, se da también una cuarta etapa o condición, no retribuida, que es la de fiambre, y de la que más vale no hablar.


LOS SERES HUMANOS


Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza, p. 16

Los seres humanos son cosas de tamaño variable. Los más pequeños de entre ellos lo son tanto, que si otros seres humanos más altos no los llevaran en un cochecito, no tardarían en ser pisados (y tal vez perderían la cabeza) por los de mayor estatura. Los más altos raramente sobrepasan los 200 centímetros de longitud. Un dato sorprendente es que cuando yacen estirados continúan midiendo exactamente lo mismo. Algunos llevan bigote; otros barba y bigote. Casi todos tienen dos ojos, que pueden estar situados en la parte anterior o posterior de la cara, según se les mire. Al andar se desplazan de atrás a delante, para lo cual contrarrestar el movimiento de las piernas con un vigoroso braceo. Los más apremiados refuerzan el braceo por mediación de carteras de piel o plástico o de unos maletines denominados Samsonite, hechos de un material procedente de otro planeta. El sistema de desplazamiento de los automóviles (cuatro ruedas pareadas rellenas de aire fétido) es más racional, y permite alcanzar mayores velocidades. No debo volar ni andar sobre la coronilla si no quiero ser tenido por excéntrico. Nota: mantener siempre en contacto con el suelo un pie —cualquiera de los dos sirve— o el órgano externo denominado culo.


MENDOZA Y KAFKA

 


Dos tardes con Kafka, Manuel Vilas, p.122

Bueno, hay un suceso y una excepción muy notable respecto. El escritor español Eduardo Mendoza dijo e público que Kafka era un mal escritor y que por eso mandó quemar sus libros, porque sabía que sus libros eran m los. Mendoza no soportaba a Kafka. Sus palabras están colgadas en YouTube con el título «Kafka era un mal escritor y él lo sabía».

Como gran gratificación a esta descalificación a Kafka Eduardo Mendoza recibió el prestigioso premio Kafka de Literatura.

Esto son cosas de Kafka. La mejor forma que tuvo Kafka de humillar a Eduardo Mendoza fue regalarle el premio Kafka.

También debe ser denunciada la ignorancia de ese jurado, que le dio el premio Kafka al único escritor del mundo que odiaba a Kafka.

Es una especie de sadismo kafkiano.

El único escritor del mundo que odia a Kafka recibe el premio Kafka de literatura. Es como rle el premio Cervantes a Lope de Vega.

Por eso hay algo siniestro siempre en el intento humano de solemnizar la literatura, y, como digo, no debemos descartar la mano del fantasma de Kafka en todo esto. Más bien esa mano decidió darle el premio Kafka a un odiador de Kafka para que luego se viera en la necesidad de retractarse.

Pues el colmo de la risa kafkiana viene luego, en el año 2015, que es el año en el que Mendoza recibe el premio Kafka. Ahora hay que volver de nuevo a YouTube y ver el vídeo que el Instituto Cervantes de Praga subió a las redes, festejando el gran acontecimiento de que un escritor español recibiera un premio tan importante. En ese video Mendoza alaba y adora a Kafka, todo es ditirámbico. ¿Qué ha pasado en tanto solo cinco o seis años?

La pasta, ha pasado la pasta con que está dotado el premio Kafka.

Para Mendoza el dinero lo es casi todo, muy probablemente para mí también, pero para Kafka no era importante. Y eso es demostrable con la vida que llevó. Mendoza y yo mismo hemos elegido el dinero porque tenemos miedo a morirnos de hambre. Es el miedo que Kafka no tuvo. Kafka eligió otra cosa, pero nadie sabe decir qué fue exactamente lo que eligió. Brod diría que la santidad. Milan Kundera y otros dirán que la vida salvaje o la vida sin dimensiones espaciales y temporales. Estaban diciendo lo mismo, Brod y Kundera y Canetti, lo mismo.

LORD PEPITO


Tres enigmas para la Organización, Eduardo Mendoza, p. 364

Desde hacía algo más de una década se había afincado en Palamós un aristócrata inglés, de apellido Jenkins, hombre de unos cincuenta años de edad, robusta constitución, talante expansivo y cuantiosa fortuna. Pagando a tocateja y sin regatear un euro había comprado una casa moderna, de dos plantas, con jardín, piscina y vista al mar en la urbanización del Club de Golf Can Masclet, algo alejada del núcleo urbano, así como un amarre en el puerto deportivo de Palamós, donde tenía atracado un bonito yate de setenta metros de eslora. Nadie entendía la razón de aquellas dos adquisiciones, porque su propietario no jugaba al golf y apenas salía a navegar, razón por la cual la embarcación no disponía de tripulación fija: su dueño la contrataba para cada singladura. En cambio, utilizaba con cierta frecuencia el yate para dar unas fiestas fastuosas en las que todos los invitados se emborrachaban y algunos se caían por la borda, siendo de inmediato rescatados por la policía de costas. De este modo, míster Jenkins adquirió notoriedad entre los habitantes de la localidad, donde se le conocía por el sobrenombre de Lord Pepito.

La existencia de Lord Pepito discurría por cauces tranquilos y previsibles la mayor parte del año; sólo de cuando en cuando un asunto requería su presencia en Londres o en otro punto del planeta; entonces Lord Pepito se ausentaba por periodos indeterminados, a veces de hasta tres meses, transcurridos los cuales, regresaba a su casa de Can Masclet y daba una fiesta en su yate. Nunca contaba nada sobre estos viajes repentinos, pero a veces insinuaba tener estrechos contactos con el MIS, con el MI6 e incluso con el MI7. Esta última afirmación arrojaba dudas sobre la veracidad de las anteriores.


INCIPIT 1.442. TRES ENIGMAS PARA LA ORGANIZACION / EDUARDO MENDOZA


Barcelona, primavera del año 2022.

En la calle Valencia, a escasos metros del Paseo de Gracia, refulgente de hoteles suntuosos y tiendas lujosas de grandes marcas internacionales, casi enfrente del pequeño pero simpático museo de antigüedades egipcias, donde no faltan momias, sarcófagos y tablillas, así como un número indeterminado de figuritas, se levanta un edificio estrecho, de estilo decimonónico, fachada de piedra gris con algunos relieves florales, balcones alargados con barandas de herraje y zaguán oscuro. No hay portero y es inútil pulsar el interfono. En las gruesas jambas de la puerta de entrada, una docena de placas de latón indican que el edificio, destinado en  sus orígenes a vivienda de familias acomodadas, está ocupado ahora por oficinas. Las placas que corresponden al segundo piso son cuatro.


LOS HOMBRES


Tres enigmas para la Organización, Eduardo Mendoza, p. 245

-Mira, hija -prosigue la señora Mendieta-, yo ya soy muy mayor y eso te hará pensar que no entiendo las cosas de los jóvenes porque en mi tiempo todo era distinto y lo que no era distinto ya lo he olvidado. No te engañes. Las cosas nunca han sido distintas, o el mundo no estaría lleno de gente. Y he olvidado muchas cosas, pero otras las tengo presentes como si estuvieran sucediendo en este mismo momento. Así que te voy a dar un consejo. No me harás caso, por supuesto, pero te lo voy a dar de todos modos. Es muy sencillo. No te fíes de los hombres. En este terreno, quiero decir. En otros terrenos los hay buenos, malos y regulares. Pero en éste, todos van a lo mismo. Primero te hacen creer que sólo quieren acostarse contigo, pero, en el fondo, lo que quieren es casarse. Y si te dejas embaucar, estás perdida. Porque los hombres, para un rato, están bien, pero como maridos, son insoportables. Y o estuve casada un montón de años y en rigor no me puedo quejar: mi Adrià era un santo varón; nunca me dio disgustos, siempre  fue paciente y dadivoso. Ahora, aburrido a más no poder. Me dirás que en tu caso él es distinto. Por supuesto, todos lo son: cada uno es un desastre a su  manera. Antes de conocer a mi marido tuve un novio paranoico; luego otro que parecía normal y resultó que coleccionaba ardillas disecadas.


EL JOROBADO


Tres enigmas para la organización, Eduardo Mendoza, p. 176

-Ah, eso ... -dice el jorobado-. He de andar con tiento, sí. Pero ustedes no tienen nada que temer. Aquí estoy muy a gusto. Y mis trastornos no son congénitos. Los adquirí con los años y tal como vinieron se pueden ir, o eso dice el doctor. La que sí es congénita es la deformidad. Nací con ella. Mis padres se llevaron un buen disgusto, como es natural. Cada uno por su cuenta estudiaba el árbol genealógico del otro para ver si encontraba un antepasado a quien achacar aquel percance genético. Ninguno quería asumir la responsabilidad y por el empeño de achacársela al otro arruinaron su relación matrimonial. Por supuesto, acudieron a un montón de especialistas para tratar de solucionar el problema, pero ya saben ustedes lo que pasa: cuando uno consulta a varios médicos buscando el diagnóstico más favorable, acaba ahogado en un torbellino de opiniones contradictorias. Uno proponía píldoras; otro, inyecciones; otro, cirugía; otro, ejercicios. Lo probaron todo, y entre unas cosas y otras adquirí los trastornos que ahora me estoy tratando. De mejorar la pinta, en cambio, nada. Y o, conforme crecía, me iba dando cuenta del embrollo ocasionado bien a mi pesar y buscaba la manera de compensarlo. Cuando empecé a ir al colegio trataba de sacar las mejores notas para que mis padres estuvieran orgullosos de mí al menos en ese terreno. Estaba atento en clase, hacía los deberes a conciencia, aprendía las lecciones de memoria y me aplicaba mucho en todo. Pero fue inútil: los profesores me tenían tirria porque alborotaba la clase. Los niños se burlaban de mí, yo me enfurecía y, como era tan corto de miembros, me caía del banco, los compañeros se reían y me saltaban encima. Donde yo estaba, reinaba la indisciplina. Por culpa de mi mal carácter. No sé si conocen al Increíble Hulk. Y o era igual, pero en vez de volverme verde, me ponía rojo como un tomate.


INCIPIT 1.258. BARCELONA MODERNISTA / CRISTINA Y EDUARDO MENDOZA


El período modernista es aquel dominado por el Modernismo, un estilo artístico que se manifestó de un modo especial en la arquitectura y las artes plásticas a finales del siglo XIX y principios del XX. Por supuesto, todos los términos de esta definición son relativos y discutibles. Si bien es cierto que el Modernismo dio sus frutos más conocidos y duraderos en el terreno de las artes plásticas, el movimiento no habría existido sin un contenido ideológico cimentado en una realidad histórica compleja, cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto. Del mismo modo, el período a que hemos circunscrito el Modernismo (finales del siglo XIX, principios del XX) es aproximativo. Por una parte, los períodos históricos no empiezan ni acaban a toque de clarín; por otra parte, no todas las actividades que configuran un movimiento evolucionan al mismo ritmo. Una persona puede concebir una idea nueva por la noche y plasmarla al día siguiente en un artículo periodístico; un pintor, en las mismas circunstancias, necesitará un cierto tiempo para adaptar al nuevo ideario su lenguaje pictórico, destilado a lo largo de años de reflexión y trabajo; un arquitecto, por último, habrá de contar además con la evolución de una industria, una mano de obra y unos modos de construcción tradicionales. De ahí que, mientras en un sector se da por definitivamente saldado un período o movimiento, en otro sector de la misma sociedad ese período pervive en pleno vigor. Se da además el caso de que muchos creadores, cuyas obras caracterizan un determinado período, se aferran a la vida, y aun a la vida activa, después de que los especialistas han proclamado el fin de ese período, e incluso contribuyen al ocaso de aquél con su propia evolución personal y artística. En el fondo, estas divergencias no deben preocuparnos demasiado. Las sociedades, como las personas, están en perpetua evolución y los llamados períodos históricos no son más que divisiones artificiales de dicha evolución, ideadas en forma convencional para facilitar el trabajo del estudioso, no para ser fuente de polémicas.


SIGLO XX


Transbordo en Moscú, Eduardo Mendoza, p. 368

En cambio, un siglo tocaba a su fin. El siglo XIX había sido el siglo de las ideologías; el siglo xx había sido el de las empresas colectivas, tan colosales como desastrosas. Fue una etapa de guerras y exterminio, de dictaduras sangrientas y amenaza nuclear. Tanta gente murió que los supervivientes no se consideraron afortunados, sino cobardes. Ahora, los que crecimos a la sombra de las matanzas no podíamos entender que a partir de un momento las hegemonías se iban a decidir en los bancos centrales y en las bolsas de valores. Por más que el calendario sólo fuera una convención mecánica con fines de organización, no podía negar el impacto simbólico de aquel inminente cambio de página. Yo era un hijo del siglo xx y una parte esencial de mí se iría con él. Por supuesto, todo seguiría igual, pero en la época que se avecinaba, yo sería un simple huésped, quizá porque siempre me ha costado menos entender las ideas que entender a las personas.

De Sodoma y Gomorra sólo se salvó la familia de Lot, pero en el transcurso de la huida, la mujer de Lot volvió la vista atrás y se convirtió en una estatua de sal. No se sabe la razón de aquella terrible metamorfosis. Tal vez vio que después de la violenta cólera de Jehová, en las ciudades malditas continuaba la juerga. Como el estupor la convirtió en estatua, no pudo comunicar lo que había visto, y como la estatua era de sal y, por consiguiente, estaba destinada a disolverse con las primeras lluvias, ni siquiera pudo dejar un humilde recordatorio de su perplejidad.


VENECIA


Transbordo en Moscú, Eduardo Mendoza, p. 330

me escucharon cuando les referí cómo los huesos de san Marcos, evangelista y domador de leones, habían sido sustraídos de Alejandría y llevados de contrabando a Venecia, donde actualmente reposaban en la basílica de su nombre, si bien el león se había quedado fuera, subido a una columna, como los perros a la puerta de un supermercado; y cómo, unos siglos más tarde, los venecianos habían tratado de repetir la hazaña apoderándose de los restos de san Nicolás, muy preciados por sus ·efectos calmantes sobre las tempestades. En aquella ocasión, sin embargo, la operación quedó frustrada, porque se les adelantaron los habitantes de Bari, desde cuyo puerto aún hoy san Nicolás de Bari vela por el comercio marítimo de aquella ciudad. Para compensar la pérdida, los venecianos se habían hecho nada menos que con la cabeza de san Jorge, para la cual Palladio había diseñado la basílica de San Giorgio Maggiore. Con aquellas explicaciones los tenía resignados a las visitas y yo me entretenía, porque, una vez superada la primera impresión, Venecia siempre me ha parecido una ciudad más curiosa que bonita. Algunas iglesias y palacios poseen una innegable belleza y armonía, pero el conjunto resulta exagerado y un tanto absurdo. No hay razones convincentes, ni estratégicas ni prácticas, para levantar toda una ciudad en el agua, sobre piIones, pudiendo asentarla unos pocos kilómetros más adentro, en lugar menos insalubre y sin tanta complicación. Probablemente su planteamiento se debió al deseo de imitar la magnificencia de Constantinopla, con la que los venecianos tenían estrechos vínculos y donde, según todas las crónicas de la época, imperaba un mal gusto espantoso, hasta que en 1453los otomanos, gente refinada, la conquistaron y procedieron a destruirla sistemáticamente. Venecia se libró de la destrucción y acabó convertida en una atracción turística que, con un poco de esfuerzo, se liquida en dos o tres días, transcurridos los cuales, la ciudad rechaza y avasalla al forastero, que siente que cada rincón le recuerda la inferioridad estética de su lugar de procedencia.


ANDY WARHOL


Transbordo en Moscú, Eduardo Mendoza, p. 178

- Andy Warhol fue el último artista que habló el lenguaje de su clase. Me refiero a su clase social. Andy era el representante de la clase media y su portavoz en el campo de la expresión plástica. Su imaginario no era el de los intelectuales ni el de los visionarios, sino el de la clase media. Andy era un hombre modesto. Se rodeó de tipos exuberantes, pero él era de una modestia provinciana. En el Studio 54 seguía siendo un monje de clausura. Como artista pertenecía a un modelo que empezó en el Renacimiento y acabó hace unos meses, cuando enterramos a Andy en el cementerio de su pueblo. Entre los retratos de Marilyn, de Elizabeth Taylor o de Mao y los frescos de Pi ero della Francesca hay diferencias técnicas, pero unos y otros responden a una misma razón. Todos los que he citado antes, los Rothkos, los Rauschenberg, pintan su visión de la realidad, su universo interior, son profetas. Andy pintó lo que había visto en la cocina de su madre y se quedó tan ancho. Detergentes, sopa enlatada y portadas de revista dominical. El mundo lo celebró como si hubieran aterrizado los marcianos en Times Square. Él se cuidó mucho de deshacer el malentendido. Usted me ha preguntado si soy pesimista. No lo sé. No sé lo que vendrá ahora. Eso lo decidirán el mercado y las  tendencias ...


PRIMATOLOGOS


Transbordo en Berlin, Eduardo Mendoza, p. 170

Los primatólogos de referencia son más ingenuos que san Francisco de Asís. Jarre Goodall, la que más. Es inteligente, tiene una formación sólida, habría podido ser una científica importante. Pero se pasó una temporada en Gombe y luego ha escrito literatura juvenil, nada más. Y lo mismo podríamos decir de Frans de Waal o de Craig Stanford. Los simios les han engañado de mala manera. Si los bonobos fueran como ellos los describen, se habrían extinguido hace milenios. ¡Simios pacifistas! La agresividad es un elemento esencial en cualquier ser vivo. Hasta en las florecillas del campo. La evolución es una lucha continua. ¿O no han leído a Nietzsche? En el caso de los seres humanos, Homero convirtió en literatura una brutalidad que existía, en su forma más extensa y descarnada, desde el origen de los tiempos. Hoy los primatólogos tratan de hacer lo mismo con la conducta de los primates. Pero no nos engañemos: si los primates siguen evolucionando y alcanzan el raciocinio humano, cosa que está por ver, lo harán gracias a la ferocidad y a los bajos instintos. Si algo distingue a los humanos de las fieras es la capacidad de empatía, de generosidad y de perdón. Unas cualidades que no habrían desarrollado si la existencia no estuviera regida por la enemistad y la guerra. Sin la selva no habría tal cosa como la ley de la selva, y sin la ley de la selva, no habría ley.

-Entiendo su argumentación, pero sigo sin saber sobre qué material trabaja usted.

-Básicamente, me paso el día encerrado en la biblioteca. Alguna vez he visitado centros donde hay chimpancés en cautividad. Unos sitios malolientes y muy poco gratos de ver, créame; pero por razones empíricas he de observar a los primates en su elemento natural.

-¿El elemento natural de los primates no es la libertad?

-No, no, todo lo contrario. Los primates son seres sociales, como nosotros y como la mayoría de los animales. Su elemento natural, como el nuestro, es una estructura predeterminada, limitada y sometida a normas muy rígidas. ¿Quién es más representativo del ser humano, Mowgli o un vendedor de enciclopedias a domicilio? El individuo es un ovillo enmarañado de impulsos contradictorios, acciones instintivas y autoengaño. Como máximo es material para novelistas. A los científicos sólo nos debería interesar el ser social, cuya conducta se puede reducir a unas pautas verificables y susceptibles de ser reducidas a patrones más o menos fijos.


INCIPIT 1.177. TRANSBORDO EN MOSCU / EDUARDO MENDOZA

It was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity.

Barcelona (de nuestros enviados especiales)

PREGUNTA. -Dentro de unos días vas a contraer matrimonio. ¿Qué significa para ti este acontecimiento?

RESPUESTA. -Bueno, verá, esta boda, como todas las bodas, es importante para los contrayentes, para sus allegados y para nadie más. Desde el punto de vista social, tiene la importancia que el público y los medios de difusión le quieran dar. Ustedes se mostraron interesados y aquí estoy yo, a su entera disposición.

Yo quería casarme del modo más discreto posible, en el registro civil, con dos testigos y media docena de familiares. Al final nos acabó casando el obispo en Pedralbes, con la iglesia abarrotada.


DANCING


Transbordo en Moscú, Eduardo Mendoza, p. 120

No exagero al decir que Gdansk fue hasta hace muy poco la llave del Báltico. Por esta causa participó activamente en las llamadas cruzadas del Norte, y aquí dirimieron sus diferencias reyes y príncipes, por no hablar de la orden de los Templarios, la de los Caballeros Teutones y la de los Hermanos de la Espada de Livonia. Posteriormente, Gdansk formó parte de la Liga Hanseática: ustedes habrán observado la influencia holandesa en las construcciones, tan similares a las casas nobles de Amsterdam o Utrecht, por citar dos ejemplos. El viento de la Historia, siempre cambiante, a menudo tormentoso, quiso que la ciudad pasara a pertenecer al reino de Prusia, con el nombre de Danzig, por el que es más conocida en el mundo entero. Durante siglos, Danzig fue una ciudad populosa, próspera, cosmopolita y culta. Algunos de sus hijos han adquirido justo renombre universal. Así Gabriel Fahrenheit, que aquí nació y realizó sus estudios, aunque fue en Amsterdam donde hizo su invento señero: el termómetro de mercurio, si bien echó a perder su utilidad práctica al fijar el punto de congelación del agua en los 32 grados Farenheit y el de ebullición en los 212 grados Farenheit, con el consiguiente desconcierto de quien debe usarlo. También nació en Danzig el filósofo Schopenhauer, hombre excéntrico y avinagrado.

Hizo una pausa para ver si habíamos asimilado aquella información y si deseábamos hacer alguna pregunta, y, ante nuestro atento silencio, se sirvió un vaso de vodka, lo apuró de un trago y prosiguió.

-Finalizada la Primera Guerra Mundial, Danzig fue devuelta a Polonia y pasó a llamarse Gdansk.

Unos años más tarde, Hitler reclamó la ciudad y el corredor que la une a Prusia, como antes había hecho con la región de los Sudetes. Cuidado, no quiero decir que Hitler fuera un buen tipo. Hizo cosas censurables. Pero en el caso de Danzig, no le faltaban razones de peso. El SS por ciento de sus ciudadanos eran de etnia y lengua alemanas. Si les hubieran preguntado a ellos, no sé cuál habría sido el resultado de la consulta. Pero eso no se le ocurrió a nadie, o nadie quiso hacerlo. El gobierno polaco se cerró en banda y empezó un tira y afloja: el uno que sí y que sí, y los otros, que no y que no, hasta que, harto de porfiar, al Führer se le hincharon las narices y dijo: conque ésas tenemos, ¿eh? Pues vais a ver. Porque no sé si ustedes saben que Hitler era austriaco y los austriacos y los polacos siempre han andado a la greña. Total, que envió a la Luftwaffe y en unas horas de Gdansk ya no quedaba nada. Inglaterra y Francia tomaron cartas en el asunto, Stalin no podía quedarse de brazos cruzados ... Total: la destrucción completa de Polonia en unos días y, eventualmente, la de Alemania también.


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