Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

Sin embargo, aquellos que sido los primeros de su familia en ir a la universidad


La chica más lista que conozco, Sara Barquinero, p.300

Sin embargo, aquellos que sido los primeros de su familia en ir a la universidad o completar un estudio no técnico se sienten tan agradecidos solo por la posibilidad de entrar en el Conocimiento que están dispuestos a cualquier cosa con tal de que esa oportunidad no les sea arrebatada, como trabajar gratis o aceptar bajezas morales de sus superiores. En muchas ocasiones, sus propios familiares contribuyen a ese delirio, porque la posibilidad de ver el nombre de su hijo en un periódico o la página web de una universidad los asombra demasiado como para cuestionarla (así como el miedo a las consecuencias de desobedecer que siempre prende en la clase trabajadora). En cualquier caso, de eso se trata de eso en contextos universitarios: de la posibilidad de perdonar bajezas morales, de no resultar demasiado molesto, de no cuestionar las reglas que no están escritas porque jamás podrían estarlo, pues atentan contra cualquier criterio de publicidad posible (por mucho que sus autores se declaren fieles admiradores de la obra de Immanuel Kant).


LUCHA DE CLASES


La chica más lista que conozco, Sara Barquinero, p. 282

Por creativos y libres que parezcan otro tipo trabajas, es posible que los sean forma de evaluación más equitativa, pues cuanto más concreto sea el examen, más se juega de peras el conocimiento adquirido y no el capital cultural acumulado antes de iniciar estudios. Por ejemplo, alguien que hubiese nacido en una familia en cuyas cenas se habla de literatura podría frecuentemente adornar un trabajo de análisis de una lectura obligatoria con conocimientos que no posee del todo y que no dicen nada de su capacidad para entender dicha lectura obligatoria, mientras que un estudiante de clase popular solo podrá medírselas con su propia capacidad de síntesis. Los exámenes y las calificaciones obtenidas en diferentes asignaturas a lo largo de los años son una de las medidas igualadoras entre clases económicas y culturales. Sin embargo, y en general. los candidatos a doctorados financiados o a bajos puestos en la idiosincrasia académica (o sus valedores) de lo que quejan es de que se valoren sus calificaciones por encima de otras cuestiones como el «interés de su investigación», «capacidad de escritura”. «encaje en el departamento», etcétera.

 

 


Manuel Vilas


Islandia, Manuel Vilas, p. 173

Ahora soy un ser humano que no duerme, que no sabe si ha puesto o no agua en la cafetera, que no encuentra una taza, que no tiene nada que desayunar, que se despierta llorando y de repente se acuerda de que se acostó llorando, que no sabe cómo subirse a un autobús en la ciudad de Madrid, que da los buenos días de una forma delictiva a sus vecinos, un culpable más de estar desesperado.

Los desesperados son los más culpables del mundo. No saben hacer nada. Tartamudean, se les caen las naranjas de la bolsa en los supermercados y todo el mundo sabe que no es por un descuido sino porque están desesperados y por tanto algo habrán hecho. No sabemos por qué los desesperados cantan como almejas. Porque muchos de ellos, entre los que me cuento, intentamos disimular con verdadero arte. Pero apestamos a culpabilidad. Tenemos cara de culpables. Culpables de lo que sea, pero culpables.

Somos los reos emocionales de este enorme imperio que mezcla basura y belleza al que hemos llamado civilización.

 


ROBERTO BOLAÑ0¡¡¡¡

 


Notas para una autobiografía, Roberto Bolaño, p. 376

Yo en Chile estuve preso ocho días, ocho días. En Alemania colocaron —no sé en dónde— que había estado medio año preso, lo cual me pensar que los alemanes o son muy exagerados o que ellos ocho días era una porquería y necesitaban aggiornarlo un poco más; o que mi inglés, cuando dije eso, estaba a peor de lo que yo creía. Porque ocho días en inglés es «eight days» y medio año es «six months». Bueno, debí decir «eight days». Yo, en todo caso, siempre lo he dejado claro que estábamos en situaciones muy distintas. El caso es que yo, durante los ocho días en que estuve detenido —y que no fui torturado—, me extrañó muchísimo enorme profesionalidad de ese ejército en la máquina de moler carne que era la represión. Pero una verdadera máquina de moler carne, pero iqué bien lo hacían! Cómo respetaban cada paso: era como una obra de teatro no de teatro kabuki. Todos nosotros interpretábamos una obra de teatro japonesa —sin que nadie supiera hablar japonés, por supuesto— y que nos daba una sensación de irrealidad, de sueño. Por ejemplo, durante esos ochos días un compañero se quiso suicidar. ¡Y va el tonto y lo dice! «Si te quieres suicidar no lo digas, isuicídate!» Y este tipo dice: “Yo no aguanto más. O me sacan de este limbo o me suicido». Lo sacaron del limbo. Lo tuvieron veinticuatro horas en una celda de castigo de presos comunes y al cabo de ida veinticuatro horas volvió y yo nunca he visto en mi vida –tenía veinte años— salir a alguien más o menos entero y ver cómo regresa alguien absolutamente demolido. Y claro, esto Io hicieron ellos en su estructura de teatro kabuki simplemente para convencerlo de que no se suicidara, de que dentro de lo mal que él estaba no estaba nada mal. Era como una especie de psicoanálisis, pero como si en vez de que te diera el psicoanálisis un psicoanalista te lo diera un carnicero psicópata, pero que se refrenaba siempre. Y tenía un cierto encanto, sobre todo si uno lo veía con veinte años y bajo la óptica del humor negro. Por supuesto que si yo hubiera tenido mujer e hijos, me hubiera sentido muy mal y hubiera intentado suicidarme. Bueno, de hecho a los veinte años uno está siempre haciendo teatro y en algún momento pensé: «esto va a ser interminable y esto es kafkiano, y lo mejor que puedo hacer es suicidarme».

 

 


MARIO SANTIAGO


Notas para una autobiografía, Roberto Bolaño, p. 242

¿Podría entonces decirse de Ulises Lima, siguiendo este juego de máscaras, que se trataría de un trasunto de tu amigo Mario Santiago, de cuya muerte supimos por tu dedicatoria en Los detectives salvajes?

Sí, fue algo realmente rarísimo. La literatura y la vida están llenas de casualidades rarísimas. Una de las que más me han dolido es que justo el día después de terminar yo de corregir Los detectives salvajes, Mario murió y me dejó choqueado. Fue una muerte infame: lo atropelló un coche y se dio a la fuga. Mario era alcohólico terminal, pero estaba bien, hubiera podido continuar mucho tiempo más bebiendo. Bebía a tumba abierta. Y una madrugada, vete a saber en qué arroyo andaría, con quiénes, no se supo nunca, lo atropelló un coche que lo deja herido de muerte y se da a la fuga. Al menos ésa es la explicación oficial. Lo recoge una ambulancia al cabo de un tiempo, Io llevan a un hospital, muere en el hospital, nadie sabe quién es y se pasa una semana en la morgue sin nadie que Io vaya a buscar. Un rollo terrorífico. En México, en enero del 98. Fue bastante jodido. Y es curioso, porque en Los detectives salvajes el que parece que va a morir es Belano y Lima parece que va a vivir, y en la vida real ocurrió todo lo contrario.


ROQUE DALTON

 


Notas para una autobiografía, Roberto Bolaño, p. 232

Creo que no se trata de elegir a un solo poeta. Entre los poetas que has mencionado, para mí. Roque Dalton fue un poeta al que admiraba como sólo los jóvenes veinteañeros pueden admirar o, más bien dicho, querer a los escritores. . A los veinte años se quiere a los escritores. A los cuarenta y seis. como tengo ahora yo, a lo más que llegases a admirarlos, pero no a quererlos. Yo lo que siento ahora es cariño por jóvenes escritores. A Roque Dalton lo quisimos mucho y, además, encarna, de alguna manera, la figura canónica del intelectual latinoamericano que sabe ser Valiente. Es lo que dice Borges en unos versos: “Nunca un hombre se arrepiente / de haber sido valiente”; son muy sencillos, pero de una justeza total. Y creo que es cierto, aunque tal vez, en según qué cosas, sí que se arrepiente, Pero, generalmente, nunca. O sólo cuando la responsabilidad de uno se bifurca, se extiende, y toca la vida de otros. Cuando tu valentía implica poner en juego o en un brete a gente que no ha pedido entrar en esa disyuntiva de ser valiente o ser cobarde, sobre todo cuando ésta supone. a veces. morir. Y Roque Dalton era eso, el hombre que fue valiente, que tuvo una muerte horrible y, al mismo tiempo; dentro de una tradición de humor negro, una muerte de la que te podías reír a gritos: pasa toda una noche discutiendo con los comandantes de la guerrilla salvadoreña y propone no empezar la lucha armada; los comandantes lo escuchan —todos son muy jóvenes, todos menores que él—, se hace tarde y Roque Dalton Se acuesta; los comandantes siguen hablando entre ellos y deciden que nada, que la lucha armada tiene que empezar, y que Roque Dalton tiene que morir. Y mientras está dormido, va uno y le pega un tiro en la nuca. Es una cosa atroz, como para fortalecer la fe en los movimientos revolucionarios.

 

               

 


LAS BIBLIOTECAS MAÑANA


Aquí y ahora: Cartas, Paul Auster, JM Coetzee, p. 190

No cabe duda de que al diseñar la biblioteca los arquitectos siguieron el consejo de los bibliotecarios, esos bibliotecarios de la nueva generación que consideran que los libros están anticuados, y que sueñan con una biblioteca sin papel.

¿Qué tiene esa gente contra los libros? ¿Por qué no comparten mi idea de la biblioteca como hectáreas y hectáreas de estanterías sumidas en penumbra que sostienen hileras interminables de libros apelotonados extendiéndose hasta el infinito en todas direcciones?

El argumento en contra de la biblioteca borgiana es casi demasiado tedioso como para repetirlo: demasiado tedioso y demasiado concluyente, en una época en que la economía ha sido proclamada reina de las ciencias. Y es que los libros ocupan demasiado espacio. No hay forma de justificar la preservación de un objeto físico que ocupa veinte centímetros por quince por tres de costoso espacio, y que además puede pasarse décadas y hasta centurias cogiendo polvo en una estantería sin que nadie Io toque ni lo lea. Si dejamos a nuestros seres amados difuntos dentro de agujeros en el bien los consignamos a las llamas, ¿por qué iba a ser un sacrilegio deshacerse de los libros muertos?

Deshacerse de los libros, reemplazarlos por imágenes de libros, imágenes electrónicas. Deshacerse de los muertos, reemplazarlos por fotografías.

Me llena de aflicción la perspectiva de las bibliotecas del futuro. Y estoy seguro de que muchos comparten ese sentimiento. Pero, sentimentalismos aparte, ¿qué puede justificar esa aflicción? ¿Un ansia de realidad en un mundo de sombras? Los libros no son reales, por lo menoS no lo son en ningún sentido importante. Las letras mismas de las páginas son signos, imágenes de sonidos, o sea imágenes de ideas. El hecho de que lo que llamamos libro se pueda coger con las manos y tenga Olor y tacto propios es un simple accidente de su producción que no tiene relevancia alguna para lo que transmite el libro.


INCIPIT 1.622. NOCTURNO DE VENECIA / JOHN BANVILLE



Crepúsculo, una habitación desierta, un retazo de seda negra sobre una mesa de mármol, aguas que se oscurecen más allá. Esa era la escena, deshabitada, oscura y silenciosa, con la que soñaba desde hacía meses, a menudo dos o tres noches seguidas, siempre el mismo sueño, el mismo cuadro, más o menos, más que menos. ¿Qué quería decir, qué significaba? No lo sabía, no acertaba a imaginarlo, y el enigma que lo envolvía me inquietaba casi tanto como el propio sueño. Suponía que de alguna forma tendría que ver con Venecia, pues en Venecia pasaríamos mi esposa y yo los primeros meses del nuevo año —y, de hecho, del nuevo siglo—, y naturalmente me obsesionaba aquella ciudad misteriosa, por no decir fantasmal, enclavada, de manera increíble, en medio de un pantano.

Lo más llamativo del sueño, aparte de su carácter repetitivo, era que los escasos objetos que en él aparecían —la mesa, el pedazo de tela arrugada, la ventana que daba a lo que yo suponía que era la laguna— se me antojaban de algún modo familiares, hasta el punto de que cuando empezaba a despertar, perplejo y angustiado, en una maraña de sábanas húmedas y con la boca seca, estaba convencido de que la habitación soñada era una habitación de Venecia que había visitado y, más que visitado, en la que me había alojado. Sin embargo, ¿cómo era posible, dado que no conocía la ciudad, que nunca había estado allí?


ROSEMARIE

 


La intriga del funeral inconveniente, Eduardo Mendoza, p. 57

Rosemarie había sido una niña risueña y revoltosa hasta los once o doce años de edad, momento en que se volvió retraída y como abismada en sus pensamientos. En el colegio adquirió fama de altiva y distante; no tenía amigas y parecía refractaria a los fogosos y efímeros enamoramientos primaverales propios de la adolescencia hasta que, a poco de concluido el bachillerato, se cruzó en su camino un joven de origen oscuro, que decía ser primo de Rafa Nadal y, como éste, tenista profesional con un futuro brillante. Para granjearse su interés, Rosemarie se hizo pasar por la primogénita de un rico terrateniente urbano: no había barrio de Barcelona donde su padre no tuviera terrenos, bien edificables, bien gravables con censos fiduciarios. Confiados en estas vagas premisas, ambos decidieron irse a vivir juntos a Madrid, donde el tenista tenia su residencia. El señor y la señora Alibey se hacían cruces.

—Hija, no le conocemos de nada —le hacían ver-, ni siquiera te ha enseñado la foto de él con Rafa Nadal.

Al llegar a Madrid, Rosemarie descubrió que el tenista vivía en un apartamento pequeño y mal ventilado que compartía con otros dos zánganos; que no sólo no era pariente de Rafa Nadal, sino que no era tenista: ni siquiera tenía una raqueta. Era un cazadotes ingenuo que se había creído las mentiras de Rosemarie y contaba con la fortuna de ella para resolver su subsistencia. La relación se rompió de inmediato y ella regresó a Barcelona. La humillación sufrida acentuó su retraimiento; buscó un trabajo rutinario en una oficina, se independizó y a pesar de su temprana edad se consideraba a sí misma una solterona irredenta.

 

                                                                                                                                                                                                                                           

 


TOYOTA


La intriga del funeral inconveniente, Eduardo Mendoza, p. 50

—Te pondré un ejemplo para que lo entiendas. Durante siglos, la Iglesia envió misioneros al Extremo Oriente para sembrar en aquellas remotas tierras la semilla de la verdadera fe. Con resultados poco satisfactorios. Los japoneses son de natural reacios a todo cuanto viene del extranjero, por lo cual, apenas un misionero ponía el pie en su país, lo liquidaban. Ya sabes cómo eran de hábiles con la catana: sacar, tajar y envainar en un abrir y cerrar de ojos. De este modo, muchos mártires alcanzaron la gloria. Hoy en día, las cosas han cambiado y con ellas el método de penetración: el año pasado, y cito una información aparecida en el Financial Times, la Santa Sede firmó un acuerdo con la casa Toyota, en virtud del cual un uno por ciento de los vehículos sale de fábrica con la medalla de san Cristóbal en el salpicadero. Si tienes en cuenta el volumen de exportación de esta marca de automóviles, verás que es un paso gante. Y una prueba más de la resistencia apostólica- ¿Lo has entendido ahora?

—No. señor —dijo Ramoncito Valenzuela. que no había entendido el cortés rechazo del prelado


INCIPIT 1.621. LA INTRIGA DEL FUNERAL INCONVENIENTE / EDUARDO MENDOZA

 


R. V. Barcelona. Ayer tuvo lugar el sepelio de un fulano que apareció asesinado anteayer en su miserable domicilio. El acto tuvo lugar, como queda dicho, en el tanatorio de Sants. Dicho tanatorio dispone de salas de velorio y de dos capillas amplias y muy bien puestas, pero en esta ocasión, dado el bajo nivel económico y moral del interfecto, la ceremonia se celebró en un rincón del parking. Entre los asistentes al mencionado acto se encontraba la hermana del difunto, la cual guardó una actitud compungida hasta que apareció en su móvil un mensaje del supermercado que decía: «Se acabó la hambruna: dos lechugas por el precio de una», momento en el que abandonó precipitadamente el lugar. También estuvo presente un policía jubilado, toda vez que el difunto, en su juventud, había prestado servicios a dicho cuerpo de seguridad y, más tarde y por cuenta propia, había intervenido en la resolución de algún caso. Fue este asistente el único que tomó la palabra para expresar escuetamente el sentir general con la frase: «Se veía venir». A continuación, el empleado del tanatorio masculló: «Descanse en paz», y de este modo puso fin al sencillo funeral. En el susodicho lugar se encontraba también un individuo enfundado en una gabardina larga, con las solapas subidas, sombrero de ala ancha y gafas de sol. Antes de que diera comienzo el acto, el citado individuo se acercó al empleado del tanatorio y le pidió ver por última vez al difunto, alegando que lo conocía de antiguo, a lo que el ya citado funcionario respondió con cajas destempladas que, una vez cerrada la caja, valga la redundancia, ya no se podía volver a abrir sin una orden judicial. Sin replicar, el individuo se retiró y permaneció un rato en un rincón; luego se fue procurando deambular por las partes más oscuras del recinto.


INIPIT 1.620. AQUI Y AHORA : CARTAS 2008-2011 / PAUL AUSTER, JM COETZEE


14-15 de julio de 2008

Querido Paul:

He estado pensando en las amistades, en cómo surgen, en por qué duran –algunas– tanto tiempo, más tiempo que los compromisos pasionales de los que a veces se considera (erróneamente) que son tibias imitaciones. Estaba a punto de escribirte una carta sobre todo esto, empezando por la observación de que, teniendo en cuenta lo importantes que son las amistades en la vida social, y lo mucho que significan para nosotros, particularmente durante la infancia, resulta sorprendente lo poco que se ha escrito sobre el tema.

Pero luego me he preguntado a mí mismo si esto es realmente cierto. De manera que antes de sentarme a escribir he ido a la biblioteca a hacer una comprobación rápida. Y, oh maravilla, no me podría haber equivocado más. En el catálogo de la biblioteca había montones de libros sobre el tema, veintenas, muchos de ellos bastante recientes. Cuando fui un poco más allá y les eché un vistazo a aquellos libros, sin embargo, recuperé algo de autoestima. A fin de cuentas yo había tenido razón, o por lo menos la había tenido a medias: la mayor parte de lo que aquellos libros decían de la amistad no tenía demasiado interés. Parece ser que la amistad sigue siendo en cierto modo un enigma: sabemos que es importante, pero no tenemos nada claro por qué la gente traba amistad y la conserva.


INCIPT 1.619. EL VERANO EN QUE MI MADRE TUVO LOS OJOS VERDES / TATIANA TIBULEAC


Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi
madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda,
tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás.
Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto
a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría
matado con medio pensamiento. Junto a mí, silenciosos y
asustados, desfilaban los padres. Un triste hatajo de perlas
falsas y corbatas baratas, venido a recoger a sus hijos defectuosos,
escondidos de los ojos de la gente. Al menos ellos se
habían tomado la molestia de subir. A mi madre yo le importaba
un pimiento, al igual que el hecho de que hubiera
conseguido terminar unos estudios.
Dejé que sufriera casi una hora; observé que al principio
se mostraba irritada, caminaba arriba y abajo a lo largo de
la valla, luego se quedó inmóvil, a punto de echarse a llorar,
como alguien con quien se hubiera cometido una injusticia.

INCIPIT 1.618. ISLANDIA / MANUEL VILAS

 


Las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables. Por eso Islandia es una novela.

1 Ada y el adiós (largo lamento)

No me dejes, no imagino nada peor que perderte.

Carta de Albert Camus a María Casares (junio de 1944)

1

Veo gente feliz en el tren AVE, hablan y sonríen. En especial en las mesas de cuatro viajeros. Contemplo a dos matrimonios. Solo puedo ver los rostros de uno de esos dos matrimonios, un hombre de unos sesenta años y una mujer tal vez de cincuenta y cinco. Llevan una sonrisa encima que me parece amenazante, en el sentido de que yo no sonrío, ni tengo motivos para hacerlo. Están en paz con todo y su rostro emana luz. Están de vacaciones, deduzco, y van con otro matrimonio amigo, del que no puedo ver sus rostros porque me dan la espalda. También me inquieta que el otro matrimonio, que supongo feliz, me dé la espalda. Todo me aflige, todo engorda mi suplicio personal. Enseguida, enseguida contaré mi dolor, mi angustia, o tal vez mi desgarramiento, todo viene mezclado en este misterio de vivir.

Ahora se han levantado los cuatro porque van al bar, y puedo ver que uno de los dos hombres lleva pantalón corto, pues ya está cerca el calor, a pesar de que es mayo. Visten ropa cómoda. Y yo tengo dentro de mí como una piedra, una piedra en el alma, una amputación o una posesión, como si me estuviera torturando un demonio tan invisible como eficaz. Me resulta amenazante la felicidad de esos dos matrimonios. Me recuerdan que no he sabido lograr la serenidad, la paz. Me recuerdan que he fracasado, pero aun así hay en mí un deseo poderoso de seguir adelante.


INCIPIT 1.617. NOTAS PARA UNA AUTOBIOGRAFÍA / ROBERTO BOLAÑO


Notas para una autobiografía

«Yo nací en Santiago, pero nunca viví en Santiago. Viví en Valparaíso, luego en Quilpué; en Viña; en Cauquenes, una zona llena de alcohólicos y espiritistas...»

 «Mis padres se cambiaban mucho de casa, pero los motivos eran inconfesables. Yo siempre creí que todas las familias chilenas se trasladaban mucho; en realidad, sólo era la mía. El año 68, mi familia quiso ir a México, todos, lo que para mí fue yo diría, la experiencia más vital. En total he vivido en México cerca de diez años y para mi percepción de lo que era ser escritor, eso fue básico. De hecho, mis primeras lecturas son de autores mexicanos, una literatura riquísima, que me ha marcado como ninguna otra. Es un mosaico interminable».

 «Decidí ponerme a escribir a los dieciséis años, en México, y además en un instante de ruptura total, con la familia, con todo. Y me resultó muy divertido, muy emocionante, pero bastante jodido, porque yo era como son los jóvenes poetas, que van en contra de todo, pero encima yo tenía la desfachatez, según el establishment, de ser chileno».

 «México fue una universidad gratis, prolongada y sin vuelta atrás, porque desde que yo me fui el año 77, nunca más he vuelto. Y he tenido bastantes invitaciones y ocasiones de volver».

 «La vida misma no creo que haga escribir a nadie. El momento en que uno decide ser escritor es un instante de locura total y de voluntad, entendida en el sentido nietzscheano de la palabra, que es un sentido bastante delirante. Escribir no es normal, lo normal es leer y lo placentero es leer, incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima».


INCIPIT 1.616. COSAS QUE BRILLAN CUANDO ESTAN ROTAS / NURIA LABARI

    

Es mentira: la realidad no supera la ficción. Necesitamos la ficción para superar la realidad.
    El 11 de marzo de 2004 Madrid sufrió un ataque terrorista y 190 personas saltaron por los aires en trenes de cercanías. Diez minutos después de que las bombas estallaran, sonó mi móvil. Entonces yo tenía veinticuatro años. Treinta minutos después estaba en la estación de Santa Eugenia detrás de un cordón policial y diecinueve días después estaba sentada en el sofá de Jamal Zougam, el presunto autor material de los atentados del 11-M, entrevistando a su madre, Aicha Achab y a sus hermanas, Samira y Zineb. Las dos semanas que transcurrieron entre las bombas y aquella entrevista me las pasé en la calle, en los hospitales, en la morgue, en la mezquita de la M-30, en Lavapiés, en la Elipa… Y descansé en pequeñas habitaciones, en cuartos blancos siempre demasiado pequeños con víctimas, con piscólogos, con abogados, con periodistas, con miembros del SAMUR, con directores de colegio, con voluntarios, con madres… Hacía frío en todas partes. Recuerdo ese frío porque nunca se fue del todo.   resto del contenido que no se vera.

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