La chica más lista que conozco, Sara Barquinero, p.300
Sin embargo, aquellos que sido
los primeros de su familia en ir a la universidad o completar un estudio no
técnico se sienten tan agradecidos solo por la posibilidad de entrar en el
Conocimiento que están dispuestos a cualquier cosa con tal de que esa
oportunidad no les sea arrebatada, como trabajar gratis o aceptar bajezas
morales de sus superiores. En muchas ocasiones, sus propios familiares
contribuyen a ese delirio, porque la posibilidad de ver el nombre de su hijo en
un periódico o la página web de una universidad los asombra demasiado como para
cuestionarla (así como el miedo a las consecuencias de desobedecer que siempre
prende en la clase trabajadora). En cualquier caso, de eso se trata de eso en
contextos universitarios: de la posibilidad de perdonar bajezas morales, de no
resultar demasiado molesto, de no cuestionar las reglas que no están escritas
porque jamás podrían estarlo, pues atentan contra cualquier criterio de
publicidad posible (por mucho que sus autores se declaren fieles admiradores de
la obra de Immanuel Kant).

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