Las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables. Por eso Islandia es una novela.
1 Ada y el adiós (largo lamento)
No me dejes, no imagino nada peor
que perderte.
Carta de Albert Camus a María
Casares (junio de 1944)
1
Veo gente feliz en el tren AVE,
hablan y sonríen. En especial en las mesas de cuatro viajeros. Contemplo a dos
matrimonios. Solo puedo ver los rostros de uno de esos dos matrimonios, un
hombre de unos sesenta años y una mujer tal vez de cincuenta y cinco. Llevan
una sonrisa encima que me parece amenazante, en el sentido de que yo no sonrío,
ni tengo motivos para hacerlo. Están en paz con todo y su rostro emana luz.
Están de vacaciones, deduzco, y van con otro matrimonio amigo, del que no puedo
ver sus rostros porque me dan la espalda. También me inquieta que el otro
matrimonio, que supongo feliz, me dé la espalda. Todo me aflige, todo engorda
mi suplicio personal. Enseguida, enseguida contaré mi dolor, mi angustia, o tal
vez mi desgarramiento, todo viene mezclado en este misterio de vivir.
Ahora se han levantado los cuatro
porque van al bar, y puedo ver que uno de los dos hombres lleva pantalón corto,
pues ya está cerca el calor, a pesar de que es mayo. Visten ropa cómoda. Y yo
tengo dentro de mí como una piedra, una piedra en el alma, una amputación o una
posesión, como si me estuviera torturando un demonio tan invisible como eficaz.
Me resulta amenazante la felicidad de esos dos matrimonios. Me recuerdan que no
he sabido lograr la serenidad, la paz. Me recuerdan que he fracasado, pero aun
así hay en mí un deseo poderoso de seguir adelante.

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