Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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INCIPIT 189. EL GENERAL DEL EJERCITO MUERTO / ISMAIL KADARE


Capítulo 1
Sobre la tierra extranjera caía una mezcla de agua y nieve. La pista de cemento, los edificios, los guardias del aeropuerto estaban empapados. La nieve fundida bailaba la llanura y los cerros y hacía relucir el asfalto negro de la carretera. Si no hubiera sido el comienzo del otoño, a cualquier otra persona que no fuera el recién llegado general aquella lluvia monótona le habría parecido una triste coincidencia. El general llegaba a Albania procedente de un Estado extranjero, con el fin de repatriar los restos de sus compatriotas muertos en todos los rincones del país durante la última guerra mundial. Las conversaciones entre los dos gobiernos se habían iniciado en la primavera, pero los acuerdos definitivos sólo llegaron a firmarse a últimos de agosto, justo en el momento en que comenzaron las primeras precipitaciones. Era, por tanto, otoño y la lluvia caía a su tiempo. El general lo sabía. Antes de partir se había informado, entre otros varios aspectos, acerca del clima de Albania y sabía que el otoño era allí húmedo y lluvioso. Pero aunque el libro que había leído dijera que en Albania el otoño era soleado y seco a él no le habría resultado insólita aquella lluvia. Todo lo contrario, y la razón era que siempre le había parecido que su misión únicamente podía llevarse a cabo con mal tiempo. Puede que las lecturas y las imágenes de películas que acudían a su memoria no fueran ajenas a ese estado de áni-
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INCIPIT 177. SPIRITUS / ISMAIL KADARE


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Penetramos en la tierra de los albaneses por la zona oriental. Era pleno invierno. La planicie macedonia que dejábamos atrás estaba helada. Nuestros anfitriones de acá, al ver cómo limpiábamos los cristales empañados del coche para ver mejor el paisaje, nos dijeron bromeando que se trataba del mismo invierno. Al menos hasta las proximidades de la capital. Estábamos cansados y desalentados.
Llevábamos meses enteros vagando por los territorios del ex imperio comunista. Nadie acababa de comprender qué es lo que andábamos buscando, Nosotros eludíamos las explicaciones pero, aunque hubiésemos deseado ofrecer alguna a nuestros interlocutores, no habríamos podido hacerlo convenientemente. Había días en que nosotros mismos no teníamos del todo claro lo que queríamos.
Llevábamos en nuestras cajas toda suerte de expedientes y testimonios. Horrores, planos de campos y de prisiones, cartas de internos, decisiones secretas y, por supuesto, recortes de periódicos. Todos aquellos documentos nos habían parecido apa-
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INCIPIT 72 / VIDA, REPRESENTACION Y MUERTE DE LUL MAZREKU / ISMAIL KADARE


I
Prólogo
Los acontecimientos que se referirán a continuación tuvieron lugar durante las vacaciones veraniegas en una villa albanesa. Era un verano hermoso, tan luminoso que asustaba, pues resulta más fácil imaginar tales estíos al cabo de siglos cargados de peligro.
El escenario no era menos espléndido: el litoral marítimo, con su variedad de pequeñas palyas, el paseo de la ciudad que discurría a lo largo de la línea de la costa, los cafés, las cervecerías, finalmente el gran hotel turístico, con su terraza frente al mar, el mejor lugar, al decir de todos, para tomar el cafñe de la mañana, todo ello no hacía sino acrecentar la sensación de opulencia.
Dos pequeñas islas deshabitadas al frente, con todos los vestigios y menudencias hallados en ellas: colillas de cigarrillos, barras de carmín y preservativos usados, al parecer, por los presonajes de esta historia, no puede afirmarse que desempeñaran papel alguno en ella.
Por el contrario, el teatro antiguo de Butrinto, retirado a las entarñas de la cercana depresión, si bien no se alcanzaba a verlos con los ojos, llegó a sospecharse que, desde el contra-

INCIPIT 65. CRONICA DE PIEDRA / ISMAIL KADARE

Era una ciudad sorprendente que, como un ser prehistórico, parecía haber surgido bruscamente en el valle en una noche de invierno para escalar penosamente la falda de la montaña. Todo en ella era viejo y pétreo, desde las calles y las fuentes hasta los tejados de sus soberbias casas seculares, cubiertos de losas de piedra gris semejantes a escamas gigantescas. Resultaba difícil creer que bajo aquella formidable coraza subsistiera y se renovara la carne tierna de la vida.

Al viajero que la veí apor primera vez, la ciudad le despertaba el impulso de establecer una comparación, pero acto seguido, tras hacerle caer en la trampa, ella rechazaba la semejanza, pues era una ciudad que no se parecía a nada. Soportaba tan fugazmente las comparaciones como las lluvias, como el granizo, como el arco iris o las multicolores banderas extranjeras que desaparecían de sus tejados del mismo modo que lleganan, tan efímeras e irreales como perdurable y concreta era ella.

Era un ciudad empinada, quizá la más empinada del mundo, que había desafiado todas las leyes arquitectónicas

INCIPIT 61. TRES CANTOS FUNEBRES POR KOSOVO / ISMAIL KADARE


Nunca había coincidido que se corriera primero la voz de que habría guerra y que después se hiciera la paz. En cambio lo contrario, que tras las esperanzas de paz se declarara de pronto la guerra, eso era algo casi habitual en la gran península.

Algunas veces daba la impresión de que la península era verdaderamente grande y que había en ella sitio para todos: para lenguas y religiones distintas, para una docena de pueblos, estados, reinos y prinicpados, incluso para tres imperios, dos de los cuales, el de los servios y el de los búlgaros, ya se habían hundido, mientras el tercero, el bizantino, para su porpia vergüenza y la de toda la cristiandad, se había declarado vasallo de los turcos.

Pero es así que llegaban otros días en quyue se operaban transformaciones en la mente de las gentes y entonces la región les parecía angosta. La sensación

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