Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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ADOLFO SUAREZ


No callar, Javier Cercas, p. 84

Su imagen ahora más conocida y más secreta, aquella en que se le ve sentado en su escaño azul de presidente durante la tarde del 23 de febrero de 1981, solo y un poco espectral en medio de un rojo desierto de escaños vacíos, mientras los golpistas acribillan a tiros el hemiciclo del Congreso. Por entonces yo no conocía un texto en el que, mucho antes que yo, apenas tres años después del golpe, Rafael Sánchez Ferlosio había tenido quizá una intuición semejante y había formulado el elogio más exaltado que conozco de este hombre común y corriente que demostró ser cien veces mejor que tantos que se creían superiores a él, incluidos algunos mequetrefes adornados de matrículas de honor que le rodeaban en el Gobierno y que se reían de él a sus espaldas porque no había leído a Maquiavelo, incluido el periódico El País, que escribió contra él algunos editoriales terribles, incluido el autor de este artículo. «Sin embargo ..., oh, sin embargo», escribe Ferlosio, «Suárez, siendo como es harto escaso de elocuencia, hubo de verse, con todo, en el trance, afortunadamente excepcional, de tener que demostrar a cuerpo limpio qué es lo que haría cuando no fuese cuestión de palabras: llenó la copa hasta los bordes, y la espuma que rebosó de modo incontenible por toda la circunferencia de cristal era la pura nata de los héroes.» No de los héroes de la traición, no: de los héroes a secas. A ver quién supera eso.


INCIPIT. 1.133 23 FEBRERO 1981 / JUAN FRANCISCO FUENTES


ÉRASE UNA VEZ EL GOLPISMO

Esta no es una historia del golpismo español, pero sí de uno de sus episodios de mayor impacto y trascendencia, tanto por su repercusión mediática -fue la primera asonada militar retransmitida en directo- como por sus consecuencias históricas. El estrepitoso fracaso del golpe trajo consigo la consolidación de una democracia tambaleante y la derrota definitiva del golpismo, del que puede decirse que ya nunca levantó cabeza. El principal protagonismo en la defensa del orden constitucional correspondió al rey Juan Carlos I, jefe de las Fuerzas Armadas, asistido por aquellas autoridades civiles y militares que consiguieron evitar el temido vacío de poder. También Adolfo Suárez, rehén de los golpistas, como el resto del Gobierno y del Congreso, contribuyó a reafirmar con su actuación de aquella noche la supremacía del poder civil frente a sus enemigos, aunque fuera de manera simbólica. Primero permaneció sentado en la cabecera del banco azul, desafiando las órdenes de Tejero -«¡Al suelo todo el mundo!»-, mientras los asaltantes ametrallaban el techo del hemiciclo. Unas horas después, aislado en una salita del Congreso, hizo valer su auctoritas ante el teniente coronel de la Guardia Civil en un tenso cara a cara que el presidente del Gobierno resolvió con una fórmula castrense: “¡Cuádrese!”. Tejero, que entró en aquella salita retándole con la mirada y empuñando su pistola, dio media vuelta y se fue. Suárez acababa de escribir, sin saberlo, el epitafio del poder militar en España.


23F


El negociado del ying y el yang, Eduardo Menodoza
-¿Los del segundo tienen chacha?
-No. La que canta es Mariona.
-¿No se había casado?
-Se separó hace un año y ha vuelto con sus padres.
-Pues no tiene edad para andar cantando estas piezas de museo.
-Eso díselo a ella.
A mí la copla me irritaba porque atribuía a claudicación el recuento florido de tantas penas de amores. Pero ya he dicho que, en aquella época de transición, cuando parecía que por fin nos habíamos vuelto adultos, todos nos sentíamos un poco abandonados y quien más, quien menos, todos nos refugiábamos en una forma u otra de nostalgia.
Mientras tanto, la política seguía su curso. En febrero un conato de golpe de Estado encabezado por un puñado de militares nos dio un buen susto. Por fortuna duró poco y sirvió para convencer a todos los españoles de que no había vuelta atrás en el camino emprendido. También sirvió para dejar constancia de que Franco había muerto, para bien y para mal. Durante sus largos años en la jefatura del Estado había acumulado tanto poder que los españoles acabamos creyendo que todo cuanto ocurría en el país se debía única y exclusivamente a su voluntad. Ahora, después del fracasado golpe de Estado y la subsiguiente convicción general de que el poder estaba en manos del pueblo, tuvimos que aceptar el hecho incómodo de que la marcha del país dependía de fuerzas muy diversas, entre las cuales figuraban en lugar destacado nuestras propias decisiones. Aquel convencimiento y un gobierno anodino sumieron al país en una especie de atonía que a mí, personalmente, no me venía mal.

INCIPIT 428. ANATOMIA DE UN INSTANTE / JAVIER CERCAS

PRÓLOGO
EPÍLOGO DE UNA NOVELA
A mediados de marzo de 2008 leí que según una encuesta publicada en el Reino Unido la cuarta parte de los ingleses pensaba que Winston Churchill era un personaje de ficción. Por aquella época yo acababa de terminar el borrador de una novela sobre el golpe de estado del 23 de febrero, estaba lleno de dudas sobre lo que había escrito y recuerdo haberme  preguntado cuántos españoles debían de pensar que Adolfo Suárez era un personaje de ficción, que el general Gutiérrez Mellado era un personaje de ficción, que Santiago Carrillo o el teniente coronel Tejero eran personajes de ficción. Sigue sin parecerme una pregunta impertinente. Es cierto que Winston Churchill murió hace más de cuarenta años, que el  general Gutiérrez Mellado murió hace menos de quince y que cuando  escribo estas líneas Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y el teniente coronel Tejero todavía están vivos, pero también es cierto que Churchill es un personaje de primer rango histórico y que, si bien Suárez comparte con él esa condición al menos en España, es dudoso que lo hagan el general  Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, no digamos el teniente coronel Tejero; además, en tiempos de Churchill la televisión no era aún el principal fabricante de realidad a la vez que el  principal fabricante de irrealidad del planeta, mientras que uno de los rasgos que define el golpe del23 de febrero es que fue grabado

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