Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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La dificultad del fantasma


La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p, 127

Capote completamente borracho cayendo desde el estrado de una universidad en la que hacía una lectura. Capote deambulando en la noche lleno de pastillas y alcohol, extraviado al salir de una fiesta. Capote estrellándose con su auto. Capote entrando en clínicas de rehabilitación. Capote orinándose en la cama. Capote durmiéndose en un charco de su propio vómito. Capote bebiendo vodka desde el desayuno. Capote presentándose con el rostro deformado, una inflamación barbitúrica, inconexo y beodo, en el programa de televisión de Stanley Siegel, Stanley Siegel preguntándole: «¿Qué va a pasar si no termina este problema de las pastillas y el alcohol?», y Capote respondiéndole: «La obvia respuesta es que algún día me mataré».

En el libro de Clarke se lee este testimonio: “Cuando me levanto por la mañana, a los dos minutos ya estoy llorando. No paro de sollozar. Y todas las noches me pasa lo mismo. Tomo una pastilla, me meto en la cama y empiezo a escribir o a releer Io escrito y de pronto empiezo a llorar. Un dolor insoportable. ¿Cómo voy a poder vivir siempre con ello? No se trata de un dolor por algo concreto. Es por un montón de cosas. Me siento muy desgraciado”.


CAPOTE


La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p. 15

Vive con su madre, que consume cantidades brutales de alcohol y pastillas. Intenta terminar una novela en medio de una vida doméstica infernal. Lo invitan a la residencia literaria de Yadoo, a cuarenta minutos de Nueva York. Allí conoce a Newton Arvin, uno de los críticos literarios más importantes de Estados Unidos. Se enamoran. En 1948, a los veintitrés años, publica su primera novela: Otras voces, otros ámbitos. El éxito es fulminante. Lo llaman genio. La foto que se reproduce en la contratapa —lánguido y decadente— genera la misma cantidad de tinta que los comentarios sobre el libro: demasiado lascivo, dicen; demasiado perverso. Publica El arpa de hierba en 1951, Se oyen las musas en 1956, Desayuno en Tiffany's en 1958. En 1954, entre una cosa y otra, su madre se suicida. Él. para entonces, ya es la versión años cincuenta de Io que hoy sería un influencer: va a las fiestas más exclusivas de la ciudad, se vincula con mujeres hermosas y millonarias -sus «cisnes»-, como Babe Paley, la esposa de William Paley, presidente de la CBS; Slim Keith, esposa primero de Howard Hawks y luego de Leland Hayward,  un poderoso productor teatral; Gloria Guinness. esposa del magnate Loel Guinness; Lee Radziwill. hermana de Jackie Kennedy; Marella Agnelli, noble italiana casada con el heredero del imperio Fiat,  Gianni Agnelli. Tiene la voz estremecedora de un muñeco articulado, una manera graciosa de pronunciar las eses, una risa grave que no se condice con esa voz. Dice de sí mismo: «Tengo el tamaño de una escopeta y soy igual de ruidoso». Es bajo, muy rubio, delgado, pérfido, inteligente, egocéntrico, escritor convencido de ser el mejor entre los suyos, alguien que ha logrado en relativamente poco tiempo hacerse un nombre y abrir las puertas del cielo.


Plegarias atendidas


La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p. 125

La fecha de publicación de Plegarias atendidas estaba prevista para 1968, pero se postergó una y otra vez. «En 1971», se lee en la biografía de Clarke, «cuando ya se habían terminado todos los plazos que Random House le había extendido, dijo: "La verdad es que en el fondo no deseo realmente terminarlo. Porque se ha convertido en parte de mi vida. Es como agarrar de pronto a un hermoso animal, o a un niño, a un niño encantador, sacarlo al patio y pegarle un tiro en la cabeza, porque ya nunca volvería a ser mío"

Plegarias atendidas nunca fue un hermoso animal ni un niño encantador. En 1975, Esquire publicó el primer capitulo, «Mojave». El segundo, titulado “La Cóte Basque, 1965”, se publicó en 1976 y ventiló, con nombres apenas disfrazados, intimidades humillantes de sus amigas ricas: Lee Radziwill, Pamela Churchill, Babe Paley, Gloria Guinness. Chismes, infidelidades, traiciones, cuentos acerca de sábanas de hotel bañadas en sangre menstrual de las amantes de sus maridos. Todas se reconocieron, y las casas de esas mujeres a quienes Capote había adorado se cerraron con desprecio. Se transformó en un paria. Si en público decía que no le importaba -«¿Qué creían, que estaban con un bufón contratado para divertirlos? No: estaban con un escritor, y pagaron el precio»—, en privado se lamentaba horriblemente: «Yo no quería herir a nadie. No creía que fuera a provocar tanto alboroto», le decía a su amiga Joanne Carson.


INCIPIT 1.634. LA DIFICULTAD DEL FANTASMA / LEILA GUERRIERO

 


Por intentar un comienzo, podría ser este.

Jueves 13 de abril de 2023, cementerio de Palamós, un pueblo de dieciocho mil habitantes en la Costa Brava, España. Tres sujetos –dos hombres, una mujer– buscan una tumba. Hay panteones, largas filas de nichos y algunas lápidas. No tienen pistas, pero el sentido común les hace pensar que lo que buscan no es un panteón –demasiado fastuoso–, ni un nicho –demasiado popular–, sino una lápida. Pero, aunque el cementerio es pequeño, la lápida no aparece. La mujer hace una búsqueda rápida en Google, encuentra un nombre asociado a una imagen y les dice a los hombres:

–La lápida es esta. Hay que buscar esto.

Recorren los pasillos que ya recorrieron, infructuosamente. De pronto, uno de ellos se detiene.

–Acá está. Es esta.

Lo dice parcamente, como si reprimiera el entusiasmo, como si temiera equivocarse o acertar. La lápida es grande, de granito oscuro. Al pie hay flores de plástico que parecen nuevas. En una placa de bronce se lee: «Robert Ruark. Escritor. Nació en Carolina del Norte el 29 de diciembre de 1915. Falleció en Londres el 1 de julio de 1965. Gran amigo de España. EPD». Allí yacen los restos del hombre que, se supone, hizo que el fantasma que la mujer busca llegara a este pueblo.

 Es solo una manera de comenzar una historia. Durante algunos días parecerá adecuada.


BARBARA LENNIE


La llamada, Leila Guerriero, p. 336

El 25 de abril de 2022, el periodista Manuel Jabois entrevistó en el diario El País, de España, a Bárbara Lennie, que se preparaba para el estreno de la obra de teatro Los farsantes. Jabois comenzó preguntándole por sus orígenes. Ella dijo: «Mis padres se fueron de Argentina y me tuvieron en Madrid, y en cuanto pudieron nos fuimos de nuevo a Buenos Aires. Allí viví hasta 1990. Después nos volvimos definitivamente a España». «¿Por qué se fueron sus padres?», preguntó Jabois. «Exilio. Mi padre salió de Argentina a Brasil, y de ahí a España. Luego le siguió mi madre. Tenían grados diferentes de militancia, los dos estaban en contra de la dictadura militar y fueron perseguidos.» «La política», dijo Jabois. «Es parte de mi identidad. En mi familia lo han atravesado casi todo. Mi tía es una desaparecida. Mi otra tía tuvo que exiliarse en Brasil, vive allí. Mis abuelos han estado secuestrados en la ESMA, mi otra tía también fue torturada.» «Sus abuelos», dijo Jabois. «Eran montoneros. Los secuestraron para interrogarlos por mi tía, su hija, a la que desaparecieron.» «¿Tiene hermanos?» «Mi padre tuvo una hija con una mujer que también estuvo secuestrada en la ESMA. Joder, es un horror. En algún momento tengo que hacer algo con todo esto.»


INCIPIT 1.443. LA LLAMADA / LEILA GUERRIERO


Empieza con un cántico en latín, en una terraza.

Hay viento la noche del 27 de noviembre de 2022 en Buenos Aires. La terraza corona un edificio de dos plantas que retiene una firme autoconciencia de su belleza con esa altanería refinada de las construcciones antiguas. Se llega a ella después de atravesar un corredor extenso cubierto de paneles de vidrio ensombrecidos por el hollín -un detalle que aporta humanidad, un defecto necesario- y subir una escalera, una ascensión virtuosa de mármol blanco. Inserta en el centro de la manzana, la terraza parece una balsa rústica rodeada por olas de edificios más altos. Todo luce atacado por una sequedad armónica, un ascetismo de diseño (lo que no es extraño puesto que dos de las personas que viven aquí son arquitectas): cañas indias, enredaderas, bancos largos, sillas plegables de lona, una banqueta con almohadones blancos. La mesa, de madera cruda, está debajo de una tela de media sombra que se agita con lo que fue primero brisa y ahora es un viento fresco que despeja el calor ingobernable del fin de la primavera austral. En la parrilla se cocinan a fuego lento morcillas, pollo, lomo. Cada tanto, uno de los dueños de casa, el fotógrafo Dani Yako, se acerca hasta allí para controlar la cocción. Está, como siempre, vestido de negro: chomba Lacoste, jeans. Hace algunos años tenía un bigote aparatoso. Ahora lleva barba corta, los mismos anteojos de marcos gruesos.


UN POCO DE PLACER


La llamada, Leila Guerriero, p. 245

-Porque me daba miedo, porque tenía pánico. Ya bastante estaba diciendo en esos putos juicios, hablando siete horas y media, como para además poner toda la carne al asador. «¿Y usted cómo no se resistió?» El juez de este último juicio me preguntaba: «¿Dónde la llevó la primera noche, la segunda, la tercera, la cuarta?». Le dije: «¡Mire, no las contaba!». Desde el momento del secuestro, no hay nada que pueda ser considerado que se hace por voluntad propia. Pero que en determinadas circunstancias tú hayas podido incluso tener placer sexual en esa situación, que era una violación, es perfectamente comprensible. En medio de esa noche oscura, donde estabas solo como un perro, que un tipo, aunque fuera un represor, te hiciera una caricia y te tratara humanamente, bueno, chica, no deja de ser una violación, pero por lo menos en ese mínimo momento evades. Un poco de placer. Una descarga. Pero todo eso es como un tabú. Como el tema del consentimiento. En el campo, el consentimiento no existe. Ni aunque hubieras follado con ese tipo mejor que con nadie en tu vida. Aun así es una violación. Todo eso que ocurre está condicionado por una situación de amenaza brutal. Pueden hacer contigo lo que quieren. Cortarte en pedacitos, secuestrar a tu hijo, a tu madre, a tu tía. ¿Fue una violación aunque hubiera placer? Por supuesto que sí. Yo creo que hay un sustrato terriblemente machista y no queda del todo claro que las mujeres no provocamos las violaciones.La justicia es troglodita, y la violada es la provocadora,la sucia.


SILVIA LABAYRU


La llamada, Leila Guerreiro, p. 170

-No lo fue pero lo era para mí. La situación era muy humillante. Entre mujeres siempre parece una cosa suave. Y no. Hay cosas que no te gustan y no te gustan. Además, yo tenía mucho miedo. Porque, como no me llevaba tapada, sabía dónde iba. Y esta violación por parte de su esposa no me atrevía a contarla. No solo eso, sino que me costó mucho entender que ella también era una violadora. Además, en esa época denunciar una violación era objeto de doble condena. En el mundo militante, que las secuestradas denunciáramos las violaciones venía a perjudicar la moral revolucionaria, la imagen de los montoneros. A Sara Solarz de Osatinsky, la esposa de uno de los máximos militantes montoneros, Marcos Osatinsky, que estaba en la que le habían matado a su marido y a sus dos hijos, un ahí adentro la violó durante meses y ella en uno de los juicios lo declaró. Se la querían comer porque había mancillado el nombre de Osatinsky. Entonces estos excompañeritos que militan tanto los derechos humanos prefieren que las violaciones queden impunes antes que este tema tan escabroso salga a la luz. Ellos mismos no las entienden como violaciones. Y nosotros tampoco teníamos tan claro que lo que ocurrió había sido una violación. Se empezaban a cruzar cosas: ¿hasta qué punto me he prostituido? Pero ahí dentro tú no decides nada. En un campo de concentración no hay  consentimiento posible. Te dicen: «Sí, te violaron, fue forzado, pero bueno, a lo mejor te gustó”. Y si me gustó, ¿qué? ¿Es menos violación? No. Es lo mismo. Además, en ese lugar tenías que hacer que no se te notara el miedo, el rechazo. Todo era: «Qué suerte, gracias por violarme, esto me va a hacer bien para mi recuperación».


ARGENTINA 1976


La llamada, Leila Guerriero, p. 167

Causa por violación, 2021. Hechos probados: «No recordaba si a la tercera o cuarta vez la sacó del mismo modo de la ESMA y le dijo que la iba a llevar a su casa, donde le exigió que tuviera relaciones sexuales con él y con su esposa. Le dijo que su esposa sabía cuál era su condición y ella tenía que decir que era una prisionera que estaba siendo muy bien tratada, que esta, ba bajo lo que ellos llamaban proceso de recuperación [ ... ]. La llevó en coche a su domicilio que estaba situado en la calle Marcelo T. de Alvear 1960 [ ... ]. Cuando entró, la señora la saludó con normalidad [ ... ]. La mujer era alta, de pelo oscuro, corto, lacio, delgada, ojos marrones, y su hija, llamada María Virginia, estaba durmiendo en la cuna en su cuarto. Después de estar un rato hablando con la esposa, le dijo que se llamaba Amalia Bouilly. La llevaron a su habitación, la desnudaron y le pidieron que tuviera sexo con ellos [ ... ], la niña durmiendo en el cuarto de al lado. [ ... ] él la penetró, ella le pedía cosas, le pedía que la besara, que la tocara, que le practicara sexo oral, le chupaba los pechos que estaban muy dañados por la tortura [ ... ]. Luego le exigieron dormir con ellos en la cama matrimonial y durante la noche, en el momento en que la esposa estaba dormida, él volvió a penetrarla. A la mañana [ ... ] se vistió y él la sacó de allí en el coche y le exigió que no comentara con nadie a dónde la había llevado [ ... ] estas violaciones conjuntas [ ... ] ocurrieron más veces, como cinco o seis [ ... ]. Una de las veces en que su padre estaba en vuelo [ ... ]. González se presentó allí con su mujer y la violaron los dos, en la casa de su padre».


LA ESMA


La llamada, Leila Guerriero, p. 19

El predio de la ESMA ocupa diecisiete hectáreas. Desde el 24 de marzo de 2004, y por decreto del entonces presidente Néstor Kirchner, ya no lleva el nombre de Escuela de Mecánica de la Armada y es el Espacio Memoria y Derechos Humanos. Muchos le dicen «la ex-ESMA». Todas las personas entrevistadas para este libro la siguen llamando como entonces: «Vamos a la ESMA», «Nos encontramos en la ESMA», «Me llamaron desde la ESMA». Funcionan allí, en diversos edificios, el Museo Sitio de Memoria ESMA, el Archivo Nacional de la Memoria, la Casa por la Identidad, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, el Espacio Cultural Nuestros Hijos, el Museo Malvinas, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Equipo Argentino de Antropología Forense, entre otras cosas. Está casi al final de la avenida del Libertador -una vía amplia con construcciones elegantes en las que vive parte de cierta aristocracia criolla tradicional-, a pocas cuadras del límite entre la ciudad y la zona norte del conurbano bonaerense.


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