La dificultad del fantasma, Leila Guerriero, p, 127
Capote completamente borracho
cayendo desde el estrado de una universidad en la que hacía una lectura. Capote
deambulando en la noche lleno de pastillas y alcohol, extraviado al salir de
una fiesta. Capote estrellándose con su auto. Capote entrando en clínicas de
rehabilitación. Capote orinándose en la cama. Capote durmiéndose en un charco
de su propio vómito. Capote bebiendo vodka desde el desayuno. Capote
presentándose con el rostro deformado, una inflamación barbitúrica, inconexo y
beodo, en el programa de televisión de Stanley Siegel, Stanley Siegel
preguntándole: «¿Qué va a pasar si no termina este problema de las pastillas y
el alcohol?», y Capote respondiéndole: «La obvia respuesta es que algún día me
mataré».
En el libro de Clarke se lee este
testimonio: “Cuando me levanto por la mañana, a los dos minutos ya estoy
llorando. No paro de sollozar. Y todas las noches me pasa lo mismo. Tomo una
pastilla, me meto en la cama y empiezo a escribir o a releer Io escrito y de
pronto empiezo a llorar. Un dolor insoportable. ¿Cómo voy a poder vivir siempre
con ello? No se trata de un dolor por algo concreto. Es por un montón de cosas.
Me siento muy desgraciado”.

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