Te quiero más que a la salvación de mi alma

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Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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Formación del Espíritu Nacional


El desván de las musas dormidas. F. Argüelles, p. 239

Las clases de Formación del Espíritu Nacional estaban a cargo de un hombre de aire cansino, apacible de ánimo y ronco de fumar, que gastaba un bigote mínimo y un sombrero de fieltro con pluma. Había sido militar en las guerras africanas e impartía las clases sin gana. Nos hablaba de la familia y de los vínculos del afecto y de la sangre, y nos hablaba de la escuela, y dibujaba en la pizarra un yunque y un martillo y decía que la escuela era la fragua donde se forjaba a los hombres del mañana, y nos explicaba los gremios y los santos patronos de cada gremio. Cuando hablaba de la justicia social dibujaba balanzas y cuando nos enseñaba el principio de la autoridad pintaba una corona cruzada por un bastón y una espada, y al explicarnos la lección de las normas y el bien común dibujaba un semáforo, como los que yo había visto junto al mar. Para el trabajo manual un pico y una pala, para el trabajo creativo una bombilla encendida y para el descanso un cine. Le gustaba dibujar. Cuando más disfrutaba era cuando nos hablaba del Caudillo Dictador. Le temblaban los labios bajo el bigote escaso Y se le aclaraba la voz. Una vez incluso llegó a llorar. Una vertiginosa y brillante carrera, nos decía, estratega genial, reconstructor de la patria, impulsor de los españoles hacia ideales sagrados, y nos aburría con las historias, que repetía una y otra vez, de su experiencia como oficial en África a las órdenes del Caudillo. El militar regentaba un estanco en un pueblo cercano por concesión generosa y expresa del Caudillo y venía a impartir las clases los jueves en una vespa azul con un gran parabrisas.


PRIMERO DE MAYO Mayo de 1975


Mañana enterrarán a Daniel, Aroa Moreno, p. 30

PRIMERO DE MAYO

Mayo de 1975

El dictador, su mujer y los príncipes de España entran en el palco del estadio Santiago Bernabéu en Madrid. Franco alza y agita una pequeña mano temblorosa, su mujer lleva un ramo de flores, también Sofía. Los príncipes flanquean, uno a cada lado, a la pareja. Risas, fotos, aplausos. El pueblo brama. El Régimen, algo desquiciado, también. En el palco no pierden esa postura hierática. España pone atención y emoción. También están el presidente del Gobierno y algunas autoridades en segunda fila. Todos parecen felices y sonríen al público, que les devuelve una enorme ovación. El uno de mayo es el día del trabajador, pero la dictadura le encargó a la Falange y a la Iglesia ocuparse de los festejos y despojarlos de cualquier matiz de reivindicación obrera. Los escudos de todas las provincias españolas cubren los graderíos que sirven de telón de fondo al espectáculo. Delante de ellos se desarrolla una demostración sindical dedicada a la mujer española. Como pórtico, dirá el noticiero, cuarenta señoritas sobre motocicletas ligeras, ataviadas con el traje de trial, realizan distintas evoluciones sobre la pista.


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