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Podemos definir los ordenadores
como máquinas de triturar números. Podemos pedirles que nos den la posición
exacta dentro de 100 años de un satélite, o que pronostiquen las subidas y
bajadas de la bolsa por un período de un mes. Nos darán la información en pocos
segundos. Pero tareas que no revisten complejidad para los seres humanos, como
reconocer rostros o leer textos escritos a mano, resultan muy difíciles de
programar y de hecho aún no están satisfactoriamente resueltas. Parece ser que
nuestra red de neuronas cerebrales sí contiene los mecanismos necesarios para
realizar esas operaciones. De ahí el interés en crear computadoras inspiradas
en el cerebro humano.
B. Jack Copeland & Diane
Proudfoot

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