Freud y el matrimonio, JM Coetzee, p. 30
No existe constancia escrita de
que Freud estuviera nunca enamorado antes de enamorarse de Martha. A Ernest
Jones, su primer biógrafo, le chocó la «indiferencia respecto a las mujeres»
que caracterizó su juventud. En su papel de novio de Martha, Freud no causó una
gran impresión: sus cartas están llenas de sentimientos apasionados, pero
también lo muestran notablemente celoso y dominante. Le exige a Martha que se
decida entre él y Max Meyer. Y que si lo elige a él, a Sigmund, tendrá que romper
relaciones con Mayer y dirigirse a él no como Max sino como herr Mayer. En cuanto
a Fritz Wahle, Sigmund y él eran amigos, pero de ahí en adelante empezará a
tratarlo como enemigo.
Tan pronto Martha se promete a él
y a nadie más que él, Sigmund le exige saberlo todo, absolutamente todo, sobre
su persona. Martha deberá llevar un diario secreto en el que pondrá por escrito
sus pensamientos más íntimos. ÉI llevará también un diario; periódicamente los intercambiarán.
Se podría escribir un libro sobre la moda entre enamorados del siglo XIX de
intercambiar diarios íntimos, confesar sus pensamientos más recónditos, sus
actos más reprobables. Este asunto de los diarios no ocasionaba, en la mayoría
de los casos, más que desgracias. Lev Tolstói le dio a leer su diario íntimo a
futura esposa: Sofya necesitó meses para recuperarse del shock; dudo que jamás
se perdonara. Freud consideraba equitativo el intercambio de diarios: él tenía
que leer los secretos de Martha y ella los de él. Cada cual aparecía desnudo
frente al otro. ¿Qué podía haber más equitativo que eso? Pero en realidad el
juego no era equitativo, las reglas las había inventado él; ella tan sólo obedecía.
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