Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

NABOKOVIANA


Campo Santo, W.G. Sebald, p. 170

Recoger por escrito esos momentos visionarios era también para Nabokov algo que requería mucho fuerzo. Con frecuencia tenía que trabajar durante horas en una breve secuencia de palabras, hasta que el ritmo era exacto hasta en su última cadencia, la fuerza de la gravedad había sido vencida y el autor, ahora en cierto modo incorpóreo, podia alcanzar la otra orilla sobre la precaria construcción de su puente de letras. Sin embargo, cuando la empresa tiene éxito, uno se siente llevado por la corriente de las líneas que avanzan más y más, entrando en un reino sinuoso, ligeramente tendente, como todo lo maravilloso, a lo surreal, y se queda, por decirlo así, inmediatamente antes de la revelación de una verdad absoluta, «deslumbradora», como se dice al final de La verdadera vida de Sebastian Knight «en su esplendor y casi confortable en su perfecta sencillez». Para poner en movimiento algo tan bello falta, según Nabokov y la teoría mesiánica de la salvación, no un gran acontecimiento, sino sólo un diminuto esfuerzo espiritual que libere las ideas encerradas en nuestras cabezas, que describen círculos continuamente, en un universo en el que, como en una frase como es debido, esté en el lugar adecuado y bien guardado. Las jugadas maestras que el escritor tiene que hacer al componer de esas frases han sido comparadas por Nabokov con las de una partida de ajedrez en la que los propios jugadores son piezas de otra partida, dirigida por una mano invisible.

 

 


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