A los quince años, se muda con su madre a otro pueblo y empieza en otro colegio. No es una edad fácil para hacer algo así; el orden social del colegio ya está bien establecido y le cuesta hacer amigos. Pasado un tiempo hace un amigo, otro individuo solitario. A veces quedan después de clase en el nuevo centro comercial al estilo de Occidente que acaban de abrir en el pueblo.
—¿Lo has hecho alguna vez? —le
pregunta su amigo.
—No —dice István.
—Yo tampoco —dice su amigo, y en
cierto modo eso facilita la confesión.
Tiene una forma sencilla y
natural de hablar de sexo. Le dice a István con qué chicas del colegio
fantasea, y qué fantasea hacer con ellas. Dice que a veces se masturba cuatro o
cinco veces al día, e István se siente un incompetente ya que por lo general él
lo hace una o dos veces. Cuando lo confiesa, su amigo dice:
—Seguro que tienes el impulso
sexual bajo.
Puede que sea verdad, que él
sepa.
No sabe cómo es para otra gente.
Solo tiene su experiencia
personal.
Un día su amigo le dice que lo ha
hecho con una chica que vive al otro lado de las vías del tren.