Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

Vladimir Dmitricvich


Campo Santo, W.G. Sebald, p. 172

Se encuentra al final del primer capítulo ec Habla. memoria, y es una descripción de una de las escenas más repetidas en Vyra, en que los campesinos dcl pueblo. casi siempre al mediodía, cuando los Nabokov estaban sentados a mesa en el comedor del primer piso, iban a su finca para exponer algún deseo. Si el asunto podía arreglarse a satisfacción de la delegación -esa era la costumbre-, los campesinos, aunando fuerzas. lanzaban al aire tres veces al bondadoso señor Vladimir Dmitricvich, y lo recogían al caer. «Desde mi puesto en la mesa, escribe Nabokov. «presenciaba de pronto, por una de las ventanas del oeste, un caso maravilloso de levitación. Allí, por un instante, la figura de mi padre, con traje blanco de verano agitado por el viento, aparecía despatarrada en el aire, con los miembros en posición curiosamente desenfadada, y sus rasgos hermosos e imperturbables hacia el cielo. Tres veces volaba así, acompañado del poderoso halehop de sus invisibles lanzadores, la segunda vez ascendía más que la primera y luego, en su último y más alto vuelo, se apoyaba, como para siempre, contra el cobalto azul del mediodía de verano, como uno de esos personajes paradisíacos que se ciernen cómodamente, con los abundantes pliegues de sus vestiduras, en la cúpula de una iglesia, mientras debajo, una por una. las velas se van encendiendo en manos mortales para formar un enjambre de llamas diminutas en la niebla del incienso, y el sacerdote canta el eterno reposo. y los lirios funerales ocultan el rostro dc quien se encuentre allí. entre las flotantes luces, en el ataúd abierto,»


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