Amanda dice que mi primer recuerdo es en realidad el suyo –que se lo he robado. Son tres gigantes en fila india: verde, rojo y azul brillando en la oscuridad. Cada uno ocupa uno de los tres grandes paneles del armario y me van a comer. Llevan al hombro una azada acorde a su color y un gorrito de campo. Están muy enfadados conmigo porque tengo mucha fiebre. (Madrid, 2 de junio de 2023.)
A veces sueño con una casa, que va cambiando y es la casa de
mi infancia. En ella viven algunas personas que también cambian y son mi
familia. Yo las quiero un montón, porque tenemos infinitos recuerdos
compartidos. Cuando despierto desaparecen o se mezclan con las de verdad. Y
pienso que la vida es apenas un asunto de plasmas y de cables, de quimeras.
Estos
parientes del sueño saben un secreto –uno importante. Yo no los termino de
escuchar cuando ellos quieren decírmelo al oído. Mueven los labios, pero no lo
comprendo. O soy casi ciego y no puedo verlos como me gustaría, y mis esfuerzos
solo lo complican más. O logro escucharlos, y verlos y tocarlos, y comparto por
unos instantes su secreto, que desde luego era importante; pero lo olvido. Y me
revuelvo un rato entre las sábanas y miro el techo, y clico el Instagram y voy
al baño. Entonces siento que les he fallado pero que ya habrá más
oportunidades. Que tarde o temprano lo traeré conmigo.
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