Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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Swedenborg


Diálogos, Borges Ferari, p. 490

El demonio es más bien un título: es el jefe. Pero como ellos viven en un mundo así, de envidia y de rivalidad-el mundo de los políticos, digamos-, ninguno de ellos dura, porque los demás están conspirando a favor de otro, que lo sigue, y contra el cual conspiran a su vez. De modo que el hecho de ser el demonio no se aplica a un yo, sino a diversos individuos que se odian entre ellos. Y llevan una vida terrible, pero esa vida, desde luego, es más llevadera para ellos que, bueno, que el insoportable paraíso.

-Entiendo, ahora ...

-Y luego, él describe todo eso con muchos detalles: el infierno, como digo, con ciénagas, lupanares, tabernas; y, sobre todo, conspiraciones continuas. Esas conspiraciones son de personajes que se traicionan también, ya que son de índole demoníaca. Y sin embargo, ambos están regidos por el Señor: el cielo y el infierno. Y el universo está hecho de una suerte de equilibrio entre esas dos regiones: esa zona de sombra y de crímenes y de pecados, y la otra, el sereno cielo conservador, filosófico. Bueno, todo esto es materia de varios libros; yo tengo varias biografías de Swedenborg ... Él fue a Inglaterra porque quería conocer a Newton, pero no llegó nunca a conocerlo. Y después él recibió, bueno, la primera visita de Jesucristo en Londres. Y los sirvientes que él tenía, lo oían; él caminaba, oían sus pasos, ¿no?, el cielo raso: estaba caminando arriba y conversando con los ángeles. También conversando con los ángeles en las calles de Londres; yo escribí un soneto sobre eso.


O DEMO

“Recuerdo que hablábamos de que la buena suerte de los amigos nos producía un extraño descontento. Wilde nos contó la historia del diablo en el desierto de Libia ¿la conoce?¿No? Bueno, pues el diablo andaba ocupándose de sus asuntos y hacía la ronda de su imperio cuando se topó con un grupo de diablillos que andaban atormentando a un santo ermitaño. Utilizaban tentaciones y provocaciones rutinarias que el santo varón resistía sin mucho esfuerzo. “No se hace así”,les dijo su maestro. “Yo os enseñaré. Mirad atentamente” Dicho lo cual, el demonio se acercó pro detrás al eremita y con un tono melosos le susurró al oído: “A tu hermano acaban de nombrarle obispo de Alejandría”. Y de inmediato unos celos feroces ensombrecieron la cara del ermitaño. “Esta es la mejor manera”, dijo el diablo.
Julian Barnes / Arthur & George, p.394

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