Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.657. ENCICLOPEDIA SECRETA / MARTA SANZ


Desobedecer es agotador

Hay libros con vocación de resistencia, de insurrección y de combate. También hay libros obedientes. La resistencia y la desobediencia se colocan semánticamente un paso por detrás de la insurrección o el combate; aún así, son actitudes de agradecer porque implican una incomodidad para el que lee que se traduce en un riesgo para el escribe: la de ser invisible o que te llamen tonto. Cuando escribes libios desobedientes y te nombran y, en lugar de tonto te llaman malo, posiblemente eso significa que vas por buen camino.

Para desobedecer, en el ámbito del arte, hace falta no ser ”monedita oro para gustarles a todos”, intuir que sólo los idiotas suscitan unanimidades y huir, como de la peste bubónica, de la posibilidad de que la palabra desobediencia se reduzca una marca como la que se usa para anunciar fijadores del bucle rebelde —otra que la publicidad ha adocenano- blue jeans o refrescos con mucha mucha cafeína. Ser desobediente es, por tanto, una meta difícil.


MOISES ANTE FREUD


El libro de todos los libros, Roberto Calasso, p.271

En cuanto a ese celebrado “progreso en la espiritualidad”, era fácil entender cuál había sido el primer paso. Y Freud lo identificó con un giro sorprendente, que repercutió sobre toda visión de la figura de Moisés. Remontándose hasta la prehistoria, donde Freud se movía con la seguridad sonámbula de un guía turístico, el momento decisivo que habría puesto en marcha el progreso de la espiritualidad se encontraría en la transición del matriarcado al patriarcado. Pero ¿de dónde deduce esta audaz afirmación? Impasible, Freud responde como sigue: “Este cambio de la madre al padre señala una victoria de la espiritualidad sobre la sensibilidad, por lo que es un progreso en la civilización, ya que la maternidad es probada por el testimonio de los sentidos, mientras que la paternidad es una hipótesis fundada sobre un juicio y un presupuesto». La irreducible duda acerca de los hechos. como se reconoce en la máxima “Pater semper incertus”, equivaldría así a la victoriosa “toma de posición que eleva el proceso del pensamiento por encima de la percepción sensible”. Ciertamente, nadie antes de Freud llegado a una conclusión tan atrevida y vodevilesca, como quedaba de manifiesto en la historia de Moisés, caso ejemplar en el progreso en la espiritualidad, pero también del pater incertus: quedará siempre la duda, es verdad, de si Moisés fue judío o egipcio; si fue el precursor del monoteísmo exclusivista de Akenatón o el Moisés madianita que adoraba a Yahvé, dios-volcán no muy distinto de otros dioses de Oriente Medio; o finalmente, si había sido un pobre niño judío salvado por la hija de un faraón o el príncipe egipcio Thorrnés, cuyo nombre acababa de salir a luz en las excavaciones de Tell-el-Amarna. Esa incertidumbre, parecía insinuar Freud, permanecería irresuelta y seguiría acompañando, en la sombra, cualquier “progreso en espiritualidad”.


INCIPIT 1.656. CUENTOS AUTOBIOGRAFICOS. VOLUMEN II / ALVARO POMBO


LA ABUELASTRA

Ahora estoy inclinado a escribir cuentos. Llamo cuento a un relato que no pase de los diez o quince folios: puede valer, si es brillante, con solo cuatro o cinco. Esta inclinación coincide con un periodo inquieto de mi vida, una larga convalecencia, mientras espero la publicación de mi segunda tanda de Cuentos autobiográficos, que lanzará en mayo Anagrama.

          Iba a casa de la abuela a merendar los fines de semana. Y en otras ocasiones festivas. Cuando esto sucedía, la abuela se había instalado ya a vivir en su nueva casa de Miranda: El Alta. Era un chalet grande. Si subías al segundo piso veías los tejados de El Sardinero, la playa de El Sardinero y el mar. Era una casa recién inaugurada en medio de una huertajardín de considerable tamaño. En la parte de atrás había una vaquería con dos vacas y un gallinero con diez gallinas pintas. Delante de la casa había otro espacio equivalente, que era una huerta, y un maizal. La mía era una abuela campesina, o mejor, que se hizo campesina con los años, al trasladarse del Muelle a esta finca de El Alta.


INCIPIT 1.655. CATEDRAL / RAYMOND CARVER


PLUMAS

Ese amigo mío del trabajo, Bud, nos había invitado a cenar a Fran y a mí. Yo no conocía a su mujer y él no conocía a Fran. Así que estábamos a la par. Pero Bud y yo éramos amigos. Y yo sabía que en casa de Bud había un niño pequeño. Aquel niño debía de tener ocho meses de edad cuando Bud nos invitó a cenar. ¿Qué ha sido de esos ocho meses? ¡Qué deprisa ha pasado el tiempo desde entonces! Recuerdo el día en que Bud fue al trabajo con una caja de puros. Los repartió en el comedor. Eran puros de importación. Masters holandeses. Pero llevaban una etiqueta roja y un envoltorio que decía: ¡ES UN NIÑO! Yo no fumo puros, pero cogí uno de todos modos.

–Coge un par de ellos – dijo Bud, sacudiendo la caja–. A mí tampoco me gustan los puros. Es idea de ella.

Se refería a su mujer. Olla.


INCIPIT 1.654. LAMENTO LO OCURRIDO / RICHARD FORD


NADA QUE DECLARAR

Todos los socios se reían de una película que habían visto. Cuarenta y cinco años. Comentaban que era tan larga como si durara cuarenta y cinco años. La mujer a la que McGuinness creyó reconocer compartía el chiste con  ellos en la otra punta de la larga mesa. Estaba inclinada hacia delante, como si lo oyera todo por segunda vez.

–¡Señorita Nail! – la llamaban–. ¿Qué le parece, señorita Nail? Díganoslo. – Reían. No entendía por qué.

No era una mujer alta, pero sí delgada, y llevaba un vestido de lino marrón entallado que resaltaba su bronceado y su cuerpo esbelto. La mujer lo había mirado dos veces de pasada..., posiblemente alguna más. Una mirada fugaz que al principio pretendía ser fortuita, pero que podía leerse como de reconocimiento. La mujer había sonreído y apartado la mirada, una sonrisa que posiblemente daba a entender que lo conocía, o lo había conocido. McGuinness se dijo que le extrañaba no recordarla.

Se encontraban en el Monteleone. El local que les servía de reducto en el penumbroso caer de la tarde, con su barra tiovivo. Todavía no se había llenado.


SANTIAGO 1978

 


Futuro imperfecto, Xulia Alonso, p. 81

Así llegué a Santiago, a la universidad que no pisaría más que para matricularme. Santiago, sinónimo de libertad para mí.

Santiago era un hervidero de actividad. Era el año 1978. Franco había muerto tres años antes. Coincidió mi adolescencia con el fin de la dictadura y, de alguna manera, me sentía como los tiempos: optimista, llena de expectativas. Me sentía como se siente uno en la juventud, más capaz que sus mayores, indestructible. Así me sentía yo. Una vez fuera de la jaula nadie me marcaba límites, no había límites. Así pues me dispuse a explorar ávidamente y todo lo que vi me pareció fascinante.

Santiago era el escenario perfecto, una ciudad de otro tiempo, un lugar donde era fácil despegarse de la realidad, una ciudad llena de universitarios, gente joven con el estómago lleno, rebosantes de energía, y, sobre todo, rebosantes de tiempo. Una ciudad donde, como en tantas otras, junto a la ilusión que el momento político favorecía, se instaló el negocio floreciente de las sociedades modernas: las drogas.

Santiago me fascinó. En Santiago de mostraban mil de las millones de maneras posibles de vivir; la gente me parecía tan libre… Cada uno vestía como quería, hacía el horario que le daba la gana, se comía a cualquier hora, se dormía despreocupadamente. Ausencia de disciplina, de imposiciones… ¡qué maravilla¡

               

 


INCIPIT 1.653. EL CIELO DE LA SELVA / ELAINE VILAR MADRUGA


Vendrá la noche y junto a ella el latido de los grillos, La hacienda se convertirá en un montoncito de nada que la oscuridad se tragará con su boca de monstruo. La abuela es la única que se atreve a caminar por los pasillos cuando el sol se ha escondido. No tiene miedo. Vendrá pronto en busca de los grillos porque los odia, odia ese cricricri que parece el llanto de un niño enfermo. Pero en esta hacienda no hay niños enfermos. En esta hacienda nos ocupamos de ser fieles y dormir temprano con un padrenuestro, no más cae la tarde dormimos, igual a las gallinas tristes de los corrales que viven cacareando al sol, que sin el sol no son gallinas sino carne muerta con plumas.

Hacen bien los grillos en huir cuando sienten los pasos de la abuela, que es rápida aunque le duelan los huesos. El dolor se le ha incrustado en su mano izquierda, la mano del corazón. Son los huesos los traidores de la edad, carajo. dice siempre. El año pasado, en estas mismas fechas, soñó una noche que la selva había vuelto a ser roja. Despertó angustiada en la soledad de los pasillos de la hacienda, asqueada del mundo que había sido, asqueada de sus recuerdos y de sí misma. y por un momento tuvo ganas de que le fallara la mente o el corazón. que le doliera el pecho y le crujiera hasta que el esternón se le rajara.

 


MI MADRE


Futuro imperfecto, Xulia Alonso, p. 75

MI MADRE

Cánta morte eu vivín polo alento ó revésdo meu sentir!

MARÍA MARIÑO

Yo nací para creer ciegamente. Fui educada para tener fe, para aceptar un destino predeterminado sellado en el mismo instante de la selección cromosómica que marcaría mi género, como mi madre, como la suya, como la madre de la suya que, contaba la mía, se desmayó mientras trabajaba en el campo con el disgusto de sentir un nuevo hijo en su vientre, el séptimo. Casi todos esos hijos huyeron de la miseria y emigraron a Argentina, menos Concha, la primera mujer de mi abuelo Manuel, la que murió de peritonitis y fue sustituida por su hermana, mi abuela Olimpia, emigrante retornada. Era su destino.

Yo crecí creyendo: creía lo que mi madre me decía, creía Io que me decían en el colegio, creía lo que nos decían en la iglesia... creía ciegamente. Crecí educada por mi madre, como marcaban los cánones, en los principios que correspondían a mi género: resignación, docilidad, entrega, aceptación del sufrimiento como destino inseparable de la condición femenina. De niña respondí de forma impecable a Io que de mí se esperaba: buena estudiante, solista del coro de la iglesia, catequista cuando llegó la edad.

Primero quise ser monja, después misionera. Escuchaba con atención a mi profesor de religión, el refugio donde iba a poder encontrar la paz, según mi madre. Me enseñaron, y lo creí, que la verdad prevalece frente a la mentira, que el buen comportamiento recibe siempre una compensación, que todos somos iguales, que la justicia siempre vence, que dios es justo.


INCIPIT 1.652. INCIERTA GLORIA / JOAN SALES

 


Confesión del autor

The uncertain glory of an April day... Todo devoto de Shakespeare conoce estas palabras: y si yo tuviese que resumir mi novela en una sola línea, no lo haría de otra manera.

          Hay un momento en la vida en que parece como si nos despertásemos de un sueño. Hemos dejado de ser jóvenes. Claro que no podíamos serlo eternamente, ¿y qué era, ser jóvenes? Ma jeunesse ne fut qu’un ténébreux orage, dice Baudelaire; quizás cualquier juventud lo ha sido, lo es, lo será. Una tormenta tenebrosa atravesada por relámpagos de gloria –de incierta gloria–, un día de abril...

          Un oscuro afán nos mueve durante esos años atormentados y difíciles; buscamos, de manera consciente o no, una gloria que no sabríamos definir. La buscamos en muchas cosas, pero sobre todo en el amor: y también en la guerra, si la guerra se nos cruza. Como fue el caso de mi generación.

          La sed de gloria se vuelve, en ciertos momentos de la vida, dolorosamente aguda; y tanto más aguda será esa sed cuanto más incierta sea la gloria de la que estamos sedientos; quiero decir, más enigmática. Mi novela trata precisamente de capturar alguno de estos momentos en alguno de sus personajes. ¿Con qué resultado? No me corresponde a mí decirlo.

          Pero sé que mucho le será perdonado a quien mucho haya amado. En otro tiempo era más viva la devoción por san Dimas y por María Magdalena; quizás no corría tanta pedantería como ahora y la gente no trataba de disimular con tesis, mensajes y teorías abstractas el fondo apasionado que todos llevamos dentro.


INCIPIT 1.651. EL BUEN MAL / SAMANTHA SCHWEBLIN


BIENVENIDA A LA COMUNIDAD

Salto al agua desde la punta del muelle y me hundo apretándome la nariz. Tras el impacto inicial abro los ojos, me entrego atenta a la caída que va suavizándose, a los tonos nuevos a mi alrededor, más densos y tornasolados. Desciendo, aguanto sin respirar.

Quizá pasa un minuto. Al fin, despacio, toco el suelo mohoso con los pies, como una astronauta aterrizando en la luna. Me suelto la nariz y bajo los brazos, el cuerpo se tensa. Una contracción llega desde los pulmones, es un espasmo, espero un poco más. Tanteo las piedras atadas a mi cintura, el nudo siempre puede deshacerse. Para evitar arrepentirme, inspiro. Lleno el pecho de agua y un frío nuevo y duro se me pega a las costillas. Quiero que esto pase sin dolor. Una decena de burbujas salen por la boca y la nariz y se elevan.

 


INCIPIT 1.650. CON NADIE / LORENZO SILVA


Bahía de Alhucemas, 1925

En la mente del hombre que acude a su encuentro probable con la muerte no puede dejar de hacerse presente el recuerdo de lo que hasta ese instante le ha deparado la existencia, para bien o para mal. Esta jornada del 9 de septiembre de 1925 no es por cierto la primera en la que Miguel Campins Aura se enfrenta a un trance semejante; ya se ha visto antes cara a cara con el enemigo en el campo de batalla y se ha expuesto al combate sin cuartel. La costumbre le sirve para embridar el miedo e impedir que se convierta en pánico, pero también le obliga a ser consciente de la inminencia y la naturaleza del peligro que sobre él se cierne. Ha visto caer a otros, a su lado y a sus órdenes, y sabe de sobra lo incierta y azarosa que es la suerte que le aguarda al soldado bajo el fuego hostil. Tiene tantas razones como otras veces, o más que nunca, para recapitular un camino que bien puede ser que no vaya más allá.

Lo que no tiene es mucho tiempo, ni el entorno es el más propicio para recrearse en pormenores ni menudencias. Nos cabe imaginar que en la barcaza que avanza al amparo de la noche, hacia la playa en la que se combate desde hace horas, sí llega a acordarse del niño que fue, prematuramente huérfano a causa del cólera que se llevó a su madre y a su hermano menor cuando él apenas contaba cinco años. El niño siempre alienta dentro del hombre que le sucede, más cerca del puente de mando de las emociones y la voluntad de lo que se suele creer.


INCIPIT 1.649. FUTURO IMPERFECTO / XULIA ALONSO


LA DECISION

Te propongo construir

un nuevo canal

sin esclusas

ni excusas

que comunique por fin

tu mirada

atlántica

con mi natural

pacífico.

                                                          Mario Benedetti

Escucho a Silvio Rodríguez. Es un CD que reproduce canciones de otro tiempo. La música y la voz suenan como si el tiempo no hubiera pasado, como tu imagen en mis sueños y en mi recuerdo.

Por mí sí pasa el tiempo, mucho más del que tú y yo imaginábamos cuando estábamos juntos, vivíamos juntos. El tiempo ha pasado y, lo confieso, me pesa, lo arrastro… Creo que ha llegado el momento de soltar lastre, amor mío.

Durante todos estos años, desde el mismo instante en que te sobreviví, me hice cargo de tu memoria. Fue algo inevitable; te amaba, eras mi compañero y padre de nuestra hija


FALACIAS


Racionalidad, Pinker, p. 128

De hecho. una familia entera de falacias informales dimana las ansias excesivas por pensar en blanco y negro. Tenemos la falsa dicotomía: «Naturaleza versus crianza»; «América: ámala o  déjala”; “O estás con nosotros o estás con los terroristas»; «O eres parte solución o eres parte del problema». Está la falacia de la pendiente resbaladiza: «Si legalizarnos el aborto, pronto legalizaremos el infanticidio»; «Si permitimos que las personas se casen con un individuo que no es del sexo opuesto, tendremos que permitir que la gente case con individuos que no son de la misma especie». Y la paradoja del montón comienza con la verdad de que si algo es un montón, entonces sigue siendo un montón si quitamos un grano. Pero cuando quitamos otro, y luego otro, llegamos a un punto en el que ya no es un montón, lo cual implica que no existe tal cosa como un montón. Siguiendo la misma lógica, el trabajo se hará incluso si lo pospongo solo un día más (la falacia del mañana) y no puedo engordar solo por comer una patata frita más (la falacia de la dieta).

La respuesta de Wittgenstein a Leibniz y Aristóteles no es un tema de debate para los seminarios de filosofía. Muchas de nuestras controversias más feroces implican decisiones acerca de cómo reconciliar los conceptos borrosos basados en el parecido de familia con las categorías clásicas exigidas por la lógica y el derecho. ¿Es un óvu lo fertilizado una persona? ¿Tuvieron «sexo» Bill y Monica? ¿Es un vehículo utilitario deportivo un coche o una camioneta? (Esta última clasificación puso en circulación en Estados Unidos decenas de millones de vehículos que cumplían normas más laxas de seguridad y emisiones). Y no hace mucho tiempo recibí el siguiente correo elecTónico del Partido Demócrata:

Los republicanos de la Cámara de Representantes están forzando la legislación esta semana para clasificar la pizza como las comidas escolares. ¿Por qué? Porque está en marcha una ingente labor de lobbying sobre los legisladores republicanos por parte de la industria de la pizza congelada

En este Congreso republicano, casi cualquier cosa está en venta para los grupos de presión más poderosos —incluida la definición literal de la palabra verdura- y en esta ocasión se está haciendo a expensas de la salud de nuestros hijos.

Firma esta petición y difunde el mensaje: la pizza no es verdura.

 

 


EL PORVENIR DE UNA ILUSION


El libro de todos los libros, Roberto Calasso, p. 297

Romain Rolland apreció mucho El porvenir de una ilusión y escribió una carta a Freud, pero en el libro faltaba algo, añadió. No había ninguna mención aquello que para Rolland era da fuente auténtica de la religiosidad» y podía ser definido como sentimiento oceánico. Fórmula que Rolland recuperaba de Ramakrishna: «Una muñeca de sal quiso medir la profundidad del océano, pero antes de llegar muy lejos se había disuelto. Se había convertido en una única cosa con el agua del océano. ¿Quién podía entonces retroceder y decir cuán profundo era el océano?».

El sentimiento oceánico se deslizó en Freud como la carcoma. Y. dos años después, terminó asomando en la página de apertura de El malestar en la cultura- Pero Freud enseguida se justificó y así se lo hizo saber a Rolland: iNo se espere una valoración del sentimiento "oceánico", intento simplemente deducirlo analíticamente, para, por así decirlo, despejar mi camino». ¿Era tan molesto aquel sentimiento, incluso para Freud, que se reconocía refractario a la mística («La mística es para mí algo inaccesible como la música»)? qué, entonces, convertirlo el punto dc partida de un libro que se proponía explicar que la civilización no puede no ser infeliz? De cualquier manera, por afán de precisión, Freud quiso añadir una observación personal: “Yo mismo no logro descubrir en mi sentimiento “oceánico”. Y de inmediato puso en marcha los engranajes del análisis: «Podemos por lo tanto establecer la siguiente línea pensamiento: por lo general, nada es para nosotros más que el sentimiento de nosotros mismos, del propio Yo. Estee Yo se nos muestra autónomo, unitario, contrapuesto a todo lo más. Que tal apariencia sea falaz, que el Yo tenga hacia su interior, sin ninguna delimitación clara, continuidad en una entidad psíquica inconsciente, que nosotros llamamos Ello, y a la cual viene a servir como de fachada, lo hemos entendido primera vez gracias a la investigación psicoanalítica, de la que esperamos muchas otras informaciones acerca de la relación entre el Yo y el Ello. Pero hacia el exterior, al menos, el Yo parece tener límites bien claros y precisos». Esto era todo lo que Freud estaba dispuesto a admitir. Y excluía el acceso a cualquier sentimiento oceánico. Aquí se marcaban los límites.

 


GRETEL ADORNO


El libro de todos los libros, Roberto Calasso, p. 278

En una carta a Gretel Adorno. Benjamin escribía que en el estilo tardío de Freud «los pensamientos más grandes» se presentaban «de pasada». Y así precisamente se puede leer un pasaje del Moisés que el propio Freud consideraba cuando menos arriesgado. Pasaje de un lamarckismo extremo, desconsiderado y desmedido, que sin embargo tenía la virtud de poner en duda todo el sistema, universalmente aceptado, de las relaciones entre hombres y animales: «Si admitimos la permanencia de estas huellas mnemónicas en la herencia arcaica, habremos tendido un puente sobre el abismo que separa la psicología individual de la colectiva, y podremos tratar a los pueblos como individuos neuróticos. Aun aceptando que no tenemos actualmente ninguna prueba válida de las huellas mnemónicas en la herencia arcaica al margen de los fenómenos residuales del trabajo analítico que exigen ser derivados de la filogénesis, esta prueba nos parece, empero, lo bastante válida para postular semejante estado de cosas. Si no fuera así, no avanzaríamos ni un más por el camino que hemos emprendido, tanto en el análisis como en la psicología colectiva. Es una temeridad inevitable.

"Actuando así obtenemos también algo más. Reducimos la grieta entre el hombre y el animal que los viejos tiempos dc arrogancia humana han ampliado en exceso. Si los instintos de los animales, que les permiten comportarse desde el inicio en una nueva situación vital como si fuese pasada y desde hace tiempo familiar, si de alguna manera esta vida instintiva de los animales admite una explicación, no puede ser más que esta: los animales llevan consigo en su nueva existencia las experiencias de su especie, es decir, han conservado en sí recuerdos de lo que habían experimentado sus progenitores. En el fondo, en el animal hombre las cosas no serían tan diferentes. Su herencia arcaica, aunque de extensión y contenido diferentes, se corresponde a los instintos de los animales».


UN ESPECTRO IRREDENTO


El libro de todos los libros, Roberto Calasso, p. 261

A nadie se aplican mejor las teorías de Freud que al propio Freud. Antes que ciencia, el psicoanálisis es autobiografía. Esto no limita irremediablemente su alcance, ya que la psique de Freud era lo suficientemente amplia como para alojar a muchas otras, aunque no a todas. Y a ningún libro de Freud el psicoanálisis se aplica mejor que a El hombre Moisés y la religión monoteista. Ninguna otra obra suya ha estado tan marcada por tantos temores, dudas, interrupciones, justificaciones y procrastinaciones como el Moisés. Ninguna ha estado envuelta en una nube tan cerrada de temores: el miedo a revelar un secreto, un secreto peligroso, hasta dañino. Al mismo tiempo, ningún otro libro de Freud, ni siquiera La interpretación de los sueños, da tantas muestras de orgullo por el descubrimiento. Este es un libro del estilo tardío de Freud «que nunca se admirará lo suficien, según Benjamin, el estilo de «quien poco o nada tiene que perder» (Freud dice lo mismo) y está preparado para lanzar una apuesta temeraria, que no tiene precedentes.


INCIPIT 1.648. ODISEA / STEPHEN FRY


Bienvenidos a Odisea. Este es el cuarto libro de esta serie mía de reinterpretaciones de los mitos griegos. Os aseguro que para entenderlo y disfrutarlo no hace falta haber leído los tres anteriores: Mythos, Héroes y Troya. Naturalmente, espero que os apetezca acudir a ellos o que ya lo hayáis hecho, aunque la historia de la Odisea se sostiene por sí sola, en todos los sentidos.

          Dicho lo cual, quizá merezca la pena que nos demos un paseo por el circuito antes de que empiece la carrera para familiarizarnos con el mundo en el que hemos entrado. Tal vez la mejor forma de hacerlo sea pensar en las tres «edades» que se corresponden con los tres primeros libros de la serie.

LA EDAD DE LOS DIOSES

El nacimiento y ascenso de los dioses constituye la primera parte del libro Mythos. Tras una serie de tumultuosos derrocamientos, doce grandes entidades divinas se establecen en el monte Olimpo para gobernar el mundo y sus territorios. Su rey es Zeus, el Padre Celestial. Al final del libro encontraréis una lista de los principales dioses con una breve descripción de sus naturalezas y responsabilidades.


INCIPIT 1.647. RACIONALIDAD / STEVEN PINKER


Homo sapiens significa «homínido sabio» y, en muchos sentidos, nos hemos ganado el epíteto específico de nuestro binomio linneano. Nuestra especie ha datado el origen del universo, ha sondeado la naturaleza de la materia y la energía, ha descifrado los secretos de la vida, ha desentrañado los circuitos de la conciencia y ha hecho una crónica de nuestra historia y nuestra diversidad. Hemos aplicado estos conocimientos a potenciar nuestro florecimiento, mitigando los flagelos que empobrecían a nuestros antepasados durante la mayor parte de nuestra existencia. Hemos aplazado nuestra esperada cita con la muerte desde los treinta años hasta más de setenta (ochenta en los países desarrollados), hemos reducido la pobreza extrema del 95 % de la humanidad a menos del 9 %, hemos disminuido veinte veces las tasas de mortalidad por las guerras y cien veces las muertes provocadas por la hambruna. Incluso cuando la antigua maldición de la peste ha resurgido en el siglo xxi, hemos identificado las causas en cuestión de días, hemos secuenciado su genoma en unas semanas y hemos administrado vacunas en un año, manteniendo su número de víctimas en una fracción de las de otras pandemias históricas.

 


INCIPIT 1.646. EL LIBRO DE TODOS LOS LIBROS / ROBERTO CALASSO


1. LA TORÁ EN EL CIELO

Novecientas setenta y cuatro generaciones antes de que el mundo fuera creado, fue escrita la Torá. ¿Cómo? Con fuego negro sobre fuego blanco. Era la hija única de Yahvé. El padre quiso que viviera en tierra extranjera. Los ángeles oficiantes le dijeron: «¿Por qué no se queda en el cielo?». Yahvé respondió: «¿Qué os importa a vosotros?». Se acercó a un rey que tomó a su hija como esposa. Yahvé le dijo: «Te he dado a mi única hija. No puedo separarme de ella. Pero ni siquiera puedo decirte que no la tomes, porque es tu esposa. Concédeme tan solo esto, que dondequiera que vayáis haya una habitación para mí».

En la soledad que precede a la Creación, Yahvé fue asistido solo por su hija. Era la Torá, la Ley, y era la Jojmá, la Sabiduría. Ella era la consejera, pero también trabajaba como artífice: calculaba las medidas, se encargaba de sellar las aguas, trazaba límites de arena, soldaba las junturas de los cielos. Y a veces era el plan desplegado de la Creación. Entonces Yahvé la contemplaba en silencio.

 


AFRODITA


Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p. 120

A veces, leyendo las siempre fascinantes pero siempre confusas sagas de los dioses griegos y romanos, me parece que lo que estaban haciendo escritores como Hesíodo o, más tarde, Ovidio, era ofrecer una especie de diccionario. Un diccionario en el sentido de un lugar donde los conceptos y las palabras se definen unas en relación con otras, solo que en este diccionario, esas relaciones son matrimonios, traiciones, incestos, amasiatos, amantazgos. Siempre es más fácil recordar la historia de una tremenda traición o un gran amor que una mera relación léxica entre palabras.

Afrodita, diosa de la Belleza, tiene una de las historias mejor conocidas, y es una de mis entradas favoritas del de los dioses en la Teogonía. Su historia está llena de gore, pero también de una dulzura extraña. La Tierra está furiosa con el Cielo, su amante, porque decidió encerrar a algunos de sus hijos —los más anómalos, los cíclopes y los centinamos-  en las profundidades oscuras de algún calabozo cósmico en vez de dejarlos vivir libre y plenamente. Así que reúne a los demás hijos, los titanes, y les pide que castiguen a su padre, les pide que Io castren. Ninguno se anima a hacerlo salvo Cronos, dios del Tiempo, que alegremente acepta el encargo  de matar a su padre. Así que un día, cuando el Cielo desciende sobre la Tierra para satisfacer sus deseos. Cronos lo atrapa y con un serrucho gigante le corta los testículos. Los avienta al Océano. Los testículos del Cielo flotan sobre el agua del Océano durante días, meses, tal vez siglos, hasta que un día, de la espuma blanca que emerge de ellos, nace Afrodita.

En una versión de la historia, la más literal. Afrodita es simplemente hija de la Tierra y el Cielo gracias a las acciones de su hermano Tiempo. Pero en otro sentido, más hondo. el diccionario de Hesíodo define la belleza como la unión del Cielo y la Tierra por medio del tiempo. O tal vez, como la unión del aire y el agua con la intervención del tiempo. O incluso la mezcla de dos elementos opuestos, uno palpable y otro inefable, a través del paso del tiempo. Y la clave radica,  por supuesto, en el tiempo. La belleza no surge Ipso facto, como nacen otras deidades de la frente o las piernas de Zeus. La belleza nace solo con el tiempo, a su tiempo, después de un tiempo. y no sin dolor y tiempo de espera.

 

 


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