Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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Paz, piedad y perdón.


Discurso de Barcelona, 18 de julio de 1938, Azaña

Yo creo que, si de esta acumulación de males ha de salir el mayor bien posible, será con este espíritu, y desventurado el que no lo entienda así. No tengo el optimismo de un Pangloss, ni voy a aplicar a este drama español la simplísima doctrina del adagio “no hay mal que por bien no venga”. Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído embravecidos en la batalla luchando un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad y perdón.


LAS BRIGADAS INTERNACIONALES


Los secretos de la defensa de Madrid, Chaves Nogales

Antiguos soldados de la Gran Guerra muchos de ellos: en su mayoría comunistas alemanes de la columna Thalmann y anarquistas italianos del Batallón de Garibaldi; aquellos tres mil quinientos veteranos que sabían luchar en campo abierto, fueron los que, en la Casa de Campo, en el Puente de los Franceses y Ciudad Universitaria, se pegaron heroicamente al terreno y salvaron Madrid. Los madrileños les habían visto cruzar horas antes por las calles, arracimados en unos camiones en los que a toda velocidad los habían traído de Albacete y de los acantonamientos próximos a Madrid, adonde habían ido concentrándose. Con el puño en alto y gritando        UHP (Unión de Hermanos Proletarios), aquellos hombres venían de los cuatro puntos cardinales de Europa para hacer de los arrabales de Madrid la trinchera mundial de la revolución.

Las Brigadas Internacionales, como es conocido, fueron unidades integradas por unos 40.000 voluntarios de más de cincuenta países, que lucharon junto al ejército de la República. La mayoría de ellos eran veteranos de la Primera Guerra Mundial y trabajadores reclutados por los partidos comunistas, que carecían de experiencia militar. Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid y  en las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel el Ebro. A partir del 23 de septiembre de 1938 fueron retiradas por el Gobierno de Juan Negrín con el propósito de modificar la posición que mantenía el Comité de Naciones Unidas sobre la participación de fuerzas extranjeras en la guerra.

 


PARIS MAYO DE 1940


La agonía de Francia, Chaves Nogales

El éxodo de un millón de parisienses en pos del gobierno y de los funcionarios fue algo espantoso, inenarrable. Día y noche las salidas de París estuvieron obstruidas por cuatro filas de vehículos de toda clase, cargados hasta los topes, que marchaban penosamente deteniéndose constantemente y al paso de los más lentos, los grandes y pesados carromatos que utilizan los campesinos para transportar el heno, tras los cuales habían de marchar, con exasperante lentitud los potentes automóviles de la gran burguesía parisén que se ponía a salvo llevándose celosamente consigo sus riquezas transportables,  la plata,  los tapices, las joyas, los cuadros, hasta los muebles valiosos izados disparatadamente sobre las capotas de los coches. No creo que antes de ahora se haya dado en el mundo el espectáculo formidable del éxodo de un pueblo civilizado, que con todo su progreso material y mecánico, sus aparatos de radio, sus automóviles de lujo, sus motocicletas daba, sin embargo, la sensación exacta de una tribu bíblica que emprendía el camino de la tierra de promisión como en las enormes migraciones legendarias de los pueblos de la antigüedad.

  

 


INCIPIT 1.661. MANUEL CHAVES NOGALES / FRANCISCO CANOVAS SANCHEZ


Preludio

Manuel Chaves Nogales es uno de los escritores españoles más destacados del siglo XX. Sus crónicas periodísticas y sus obras literarias le han situado en un lugar privilegiado de la edad de plata de la cultura española. Abordó de forma sencilla y sugestiva una gran variedad de temas, animado por el deseo de ampliar el número de lectores, sin rebajar la calidad de sus artículos, relatos y reportajes.

Para conocer bien a un escritor, a un científico o a un artista hay que insertarlos en las coordenadas históricas de su tiempo, en las realidades sociales, culturales, institucionales y políticas, ya que, como señaló José María Jover, de esa manera se refleja la relación existente entre la biografía, la coyuntura histórica y la obra. En el caso de Chaves Nogales, la realidad social, el contexto cultural y los sucesos históricos que vivieron España y Europa entre 1897 y 1944 —la lucha por el sufragio universal, la crisis de la democracia parlamentaria, el papel destacado de los medios de comunicación, la aparición de las ideologías totalitarias y los sucesivos conflictos bélicos…— influyeron de forma determinante en su trayectoria vital, su visión del mundo, su escritura periodística y su obra literaria y su compromiso cívico. También, en su muerte, acaecida en 1944 en el exilio londinense, cuando apenas tenía cuarenta y seis años.


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