Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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"CULTURA POPULAR"


Las singularidades, John Banville, p. 195

Pese a ser un trabajador infatigable, Godley se permitía ciertas distracciones. No tenía oído ni ojo para el arte elevado, pero apreciaba con fervor lo que más tarde se conocería como «cultura popular». Le gustaba la música chabacana más lánguida y almibarada de los años posteriores a la posguerra. Le encantaba asimismo el cine y asistía con frecuencia a las funciones de tarde de la Arcady Arthouse (ilustración 7), una sala universitaria especializada en los clásicos en blanco y negro de los años dorados de Hollywood. Le gustaban los wésterns en particular. Él y Gabriel Swan, que compartía su entusiasmo por «esos cuentos morales de nuestro tiempo», como Godley los definió, se sentaban en la primera fila, en las dos butacas del centro, fascinados, con el rostro alzado con felicidad infantil hacia la parpadeante pantalla luminosa. Más de uno de los autores que estudiaron su figura, con Pavel Popov y B. J. Grace entre los más prominentes, han dado a entender que esta supuesta predilección por los placeres simples y los pasatiempos sencillos era una farsa orquestada con esmero a fin de promover la imagen de una personalidad sin pretensiones y con gustos corrientes, en la línea de otros grandes maestros de la mascarada, como los dos Albert (Einstein y Schweitzer) y el filósofo Ludwig Wittgenstein. «Actúo -solía señalar Godley-, luego soy actor». Tras la muerte de Swan, no volvió a la Arthouse y regaló, o tiró, sus discos gramofónicos.


ESTUDIOS CULTURALES

Las correcciones, Jonathan Franzen, p. 63-64
El reloj del aula señalaba las dos y media. Chip hizo una pausa, esperando que sonase el timbre y pusiera fin al semestre.
-Perdóneme --dijo Melissa.-, pero todo esto es una chorrada.
-¿A qué le llamas chorrada? -dijo Chip.
-Al curso entero -dijo ella--. Es una nueva chorrada cada siete días. Es un critico tras otro rasgándose las vestiduras por el estado de la critica. Ninguno explica exactamente dónde está el problema, pero todos saben sin duda alguna que lo hay. Todos saben que «sociedad anónima» es una expresión soez. Y si alguien se lo pasa bien o gana dinero, ¡qué asco, qué horror! Y es andar a vueltas constantemente con la muerte de tal cosa o tal otra. Y quienes se creen libres no son «verdaderamente» libres. Y quienes se creen felices no son  «verdaderamente» felices. Y ya no es posible ejercer una crítica radical de la sociedad, aunque nadie alcance a explicar con precisión qué es lo que tiene de malo la sociedad para que le resulte indispensable esa critica radical Es tan típico y tan perfecto que odie usted los anuncios -añadió, mientras el timbre, por fin, resonaba en todo Wroth Hall-. Aquí, las cosas están mejorando día a día para las mujeres, para las personas de color, para los gays y las lesbianas. Todo se integra cada vez mejor, todo se abre cada vez más. Y a usted todo lo que se le ocurre es salir con un estúpido e inconsistente problema de significante y significados. O sea, que el único modo que tiene usted de denigrar un anuncio muy positivo para las mujeres porque tiene que denigrado, porque tiene que haber algo malo en todo, consiste en afirmar que es malo ser rico y que es malísimo trabajar para una sociedad anónima, y sí, ya sé que ha sonado el timbre. Cerró su cuaderno de apuntes.

-Muy bien -dijo Chip-. Eso es todo. Habéis cumplido los requerimientos mínimos de Estudios Culturales. Os deseo a todos un buen verano.

INCIPIT 463. EL CERCO DE LONDRES / HENRY JAMES

La solemne cortina de terciopelo que constituía el telón de la Comédie Française había caído tras el primer acto de la obra y nuestros dos americanos habían aprovechado el intervalo para salir del enorme y caldeado teatro en compañía del resto de los ocupantes de las butacas. No obstante, fueron de los primeros en volver y dejaron correr el tiempo que les quedaba del entreacto observando la sala que había sido recientemente depurada de sus añejas telarañas y decorada con frescos ilustrativos del drama clásico. Durante el mes de septiembre, en el Théatre de la Comédie Française, la afluenciade público es relativamente escasa y, en esta ocasión, el drama, La Aventuriere de Émile Augier, no tenía precisamente pretensión de novedad. Muchos de los palcos estaban vacíos, otros ocupados por personas de aspecto provinciano o trashumante. Dichos palcos estaban situados algo lejos de la escena, más bien a la altura de donde se hallaban nuestros espectadores, pero, incluso a cierta distancia, Rupert Waterville podía apreciar ciertos detalles. Se complacía en degustar los detalles y, siempre que iba al teatro, hacía uso de unos delicados pero potentes anteojos. Sabía que era un acto impropio de un hombre verdaderamente distinguido y que era una falta de consideración apuntar hacia una dama un instrumento que era tan sólo algo menos injurioso en sus efectos que una pistola de dos cañones; pero siempre le vencía la curiosidad. Además, estaba seguro de que, en aquel momento y en la representación de aquella antigualla, así le placía calificar la obra maestra de un académico, no podía ser visto por nadie que le conociera. 

GRANDES DAMAS

De El cerco de Londres de Henry James, p.96
-¿Está mirando nuestros libros? Me temo que son bastante aburridos.
-¿Aburridos? ¡Pero si están tan resplandecientes como el día en que fueron encuadernados! -Y volvió las relucientes tapas del libro hacia ella.
-Me temo que hace bastante tiempo que no me fijo en ellos -murmuró la dama, acercándose a la ventana, desde la que se quedó mirando hacia fuera.

Más allá del límpido cristal se extendía el parque, donde el color gris del atardecer empezaba a colgarse de las grandes ramas de los robles. El lugar parecía frío y vacío, y los árboles tenían un aire de consciente importancia, como si la naturaleza de alguna manera hubiera sido sobornada para que se pusiera de parte de las grandes familias del condado. Lady Demesne no era una persona con quien se pudiera conversar fácilmente; no era ni espontánea ni pletórica; se controlaba a sí misma, controlaba muchas cosas. Incluso su simplicidad era de conveniencia. Aunque de una conveniencia bastante noble. Uno podría haber sentido lástima por ella, si hubiera visto que vivía en una constante, tensa comunión con ciertos rígidos ideales. Esto la hacía parecer, a veces, muy cansada, como una persona que se ha comprometido en demasía. Daba la impresión de una quieta luminosidad, que nada tenía que ver con la brillantez, sino con una pureza preservada cuidadosamente. No dijo nada durante un momento y su silencio tenía la apariencia de estar cargado de intención, como si quisiera hacerle saber que tenía algo que tratar con él, sin tomarse la molestia de anunciarlo. Se había acostumbrado a que la gente supusiera lo que ella quería decir y a poder ahorrarse la molestia de explicarse. Waterville realizó algún comentario fortuito sobre la belleza de la tarde - aunque de hecho el tiempo había empeorado- al que ella no se dignó dar respuesta. 

CULTURA Y BARBARIE



De Sobre el concepto de historia de WBenjamin (Obras I, 2, p. 309)
El botín es arrastrado en medio del desfile del triunfo. Y lo llaman bienes culturales. Éstos han de contar en el materialista histórico con un observador ya distanciado. Pues lo que de bienes culturales puede abarcar con la mirada es para él [...] de una procedencia en la que no puede pensar sin horror. Su existencia la deben no ya sólo al esfuerzo de los grandes genios que los han creado, sino también, sin duda, a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. No hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie.

COLOMBIA, AÑOS 80

De El olvido que seremos de Héctor Abad Facciolince, p.213-214
Una vez, sin embargo, en un libro suyo, encontré un escrito de Bertolt Brecht que él dejó varias veces subrayado, un fragmento que me explica algunas cosas y me enseña a leer esos artículos suyos con la perspectiva del momento: “Íbamos cambiando de país como de zapatos,  desesperados cuando en alguna parte sólo había injusticia, pero no indignación. También el odio contra la bajeza desfigura las facciones. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Ustedes, sin embargo, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, piensen en nosotros con indulgencia.»
Revisando sus artículos de esos años, publicados casi todos en el diario El Mundo de Medellín, y algunos también en El Tiempo de Bogotá, encuentro algunas de sus causas desesperadas. Hay uno particularmente duro y valiente contra la tortura publicado poco después de que un amigo y discípulo suyo fuera detenido y torturado por el Ejército en Medellín: “Yo acuso ante el señor presidente de la República y sus ministros de Guerra y de Justicia, y ante el señor  procurador general de la Nación, a los «interrogadores» del Batallón Bomboná de la ciudad de Medellín, de estar aplicando torturas físicas y psicológicas a los detenidos por la IV' Brigada .

… Yo los acuso de colocarlos en medio de un cuarto, vendados y atados, de pie, por días y noches enteras, sometidos a vejámenes físicos y psicológicos de la más refinada crueldad, sin dejarlos siquiera sentarse en el suelo un momento, sin dejarlos dormir, golpeándolos con pies y manos en distintos lugares del cuerpo, insultándolos, dejándolos oír los gritos de los demás detenidos en los cuartos vecinos, destapándoles los ojos solamente para que vean cómo simulan violar a sus esposas, cómo introducen balas en un revólver y sacan a los detenidos a dar un paseo por los alrededores de la ciudad amenazándolos de muerte si no confiesan y delatan a sus presuntos “cómplices”; contándoles mentiras sobre pretendidas «confesiones» en relación con el torturado, obligándolos a ponerse de rodillas y haciéndolos abrir las piernas hasta extremos límites físicos imposibles, para causarles intensísimos dolores, agravados por parárseles encima para seguir así el continuo, extenuante, intenso «interrogatorio»;  dejándoles las ventanas abiertas, sin camisa, en altas horas de la madrugada para que tiemblen de frío; permitiendo que sus miembros inferiores· se edematicen por la forzada posición …

DE CUANDO JLBORGES SE ACERCO A WBENJAMIN

De Ficciones de JLBorges, p.50

 No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía. En la literatura, esa caducidad final es aún más notoria. El Quijote -me dijo Menard- fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patrióticos, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor.

LAS DOS CULTURAS, SEGÚN COETZEE

De Verano, de JM Coetzee, p.21-22
—Y a qué te dedicas? —le pregunta a David, más que curioso.
—Al marketing. Trabajo en el grupo Woolworth. ¿Y tú qué haces?
—Pues me encuentro entre una cosa y otra. He dado clases en una universidad de Estados Unidos, y ahora estoy buscando un puesto aquí.
—Bueno, hemos de reunirnos. Deberías venir a tomar una copa, a cambiar impresiones. ¿Tienes hijos?
—Soy un hijo. Quiero decir que vivo con mi padre. Se está haciendo mayor, necesita que cuiden de él. Pero pasa, hombre. El teléfono está ahí.
Así pues, David Truscott, que no entendía la x y la y, es un floreciente experto en marketing, mientras que él, que no tuvo la menor dificultad para entender la x, y la y, junto con otras muchas cosas más, es un desempleado intelectual. ¿Qué indica esto sobre el funcionamiento del mundo? Lo más evidente que parece indicar es que el camino que conduce a través del latín y el álgebra no es el camino hacia el éxito material. Pero puede indicar mucho más: que comprender las cosas es una pérdida de tiempo, que si quieres tener éxito en el mundo, una familia feliz, una bonita casa y un BMW no deberías tratar de comprender las cosas, sino tan solo sumar las cifras o pulsar los botones o hacer cualquier otra cosa que haga la gente de marketing y por la que son tan espléndidamente recompensados.
El caso es que David Truscott y él no se reunieron para tomar la copa prometida y mantener la charla prometida. Si algún atardecer resulta que él se encuentra en la parte delantera del jardín rastrillando hojas a la hora en que David Truscott regresa del trabajo, los dos se saludan como buenos vecinos, agitando la mano o inclinando la cabeza desde el otro lado de la calle, pero eso es todo. El ve un poco más a la señora Truscott, una mujer menuda y pálida que siempre está metiendo prisa a los niños para que suban o bajen del segundo coche pero David no se la ha presentado y él no ha tenido ocasión de hablar con ella. La vía Tokai es una avenida de mucho tráfico, peligrosa para los niños. No hay ninguna buena razón para que los Truscott crucen a su lado o para que él cruce al de ellos.

SOBRE LA NOVELA NEGRA Y LA ALTA CULTUTA

Prólogo a Cosecha roja, de Dashiell Hammet, de Luis Cernuda
El novelista Dashiell Hammett acaba de morir en Nueva York. Después de haber gustado a tantos lectores, me parece, aunque carezco de noticia bastante como para permitirme afirmarlo, ha debido morir en medio de ese olvido que, tras unos años de éxito ruidoso, desciende de pronto y sin razón visible sobre tantas figuras aparentemente queridas y admiradas por el público norteamericano. Porque, admitámoslo prontamente, se trata de un escritor de gran público, no uno de aquellos que entre nosotros acostumbraba a llamáreles, con expresión bien cursi, y precisamente por los mismos años cuando Hammett gozaba de más éxito, un escritor para «minorías selectas». El propio Dashiell Hammett no dejaría de reírse si pudiera oír eso de ser o de no ser un escritor para «minorías selectas», porque en él se reconoció, al mismo tiempo que a un best-seller, a un escritor para escritores, a un técnico agudo en el arte de la novela y a un estilista.
[…]
Y aunque la ocupación religiosa haya cedido algo en nuestro tiempo, según creo, y dejado por tanto horas desocupadas de un lado, que de otro ocupe la tan incrementada asistencia a los negocios, aún le quedan al hombre, aparte del tiempo que dedica a los entretenimientos del día, horas libres durante las que requiere materia para divertirse. Y ¿dónde mejor que en la lectura? Como no me figuro que le basten siempre a tal propósito libros como esos que se incluyen en tantas inefables listas de «diez mejores libros» (donde suelen incluirse no los libros que .re han leído, sino los que se cree conveniente pretender como leídos), agradezcamos a Dashiell Hammett, que con tanta destreza y talento proporcionara a muchos, con sus obras, nueva y adecuada materia para satisfacer una necesidad humana vieja como el hombre.
Luis Cernuda (1961)

ALTA CULTURA

De el afinador de habitaciones, de celso castro, p.42-43
y draque se quedó cabeceando y, después de un larguísimo trago de cerveza —joder... no sabía nada el niche ese...— y yo le dije que sí, que era el hombre más inteligente de europa, y que yo me había leído todos sus libros, y que iba a ver si encontraba alguno en el almacén para que lo leyese. y al día siguiente le llevé -e1 anticristo- y le dije que, por favor, no lo perdiese, que tenía el sello de la biblioteca. y le conté lo de mi tío, y lo de mi madre, y que vivía con mi abuela, y al final acabé sincerándome con él, y que la verdad es que todos éramos anticristos, seres anómalos y opuestos a la vida por no sé qué conflictos, por un conflicto raro y extraño -un conflicto superior a nosotros e incluso cósmico- del que nada sabemos, constreñidos, igual que tubos huecos en el vacío, cuerpos vacíos y huecos que vibran angustiados, aquí, suspendidos en mitad de
ninguna parte, cuerpecitos vibrátiles, cajitas sensitivas, y es que, en realidad, no somos más que eso -cajas de resonancia- pero bueno, creo que me estoy desviando de mi propósito. en fin, que rosalía me regañaba constantemente, y estaba enfadadísima, y no hacía más que refunfuñar y echarme miradas, y nada, que si lo que yo pretendía en esta vida era ser un chulo y andar con putas, no podía haber elegido mejor maestro que draque. y así estuvo varios días, hasta que poco a poco fue recuperando su humor habitual, y me decía -qué ¿dónde está el maestro?... ¿hoy no va a haber clase?- y también -te has quedado sin libro... ¡por pánfilo!- y es que draque no aparecía por la gaviota

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HAY QUE LEER A CUETO

DOMINGO, 30 DE ENERO DE 2005
JUAN CUETO PERIODISTA Texto: Javier Cuervo Fotos: Ángel González
La cultura de la calma está muy extendida en Europa. España no está muy mentalizada con ella porque es más la histeria, la crispación, el duelo permanente. Porque somos más maniqueos. Esa cultura de la calma se nota en todo. En Milán estuvo el Dalai Lama y nunca vi llenazo mayor... burguesía, políticos... todo Cristo". Juan Cueto, periodista, sufre pereza de volar y de más cosas unidas a la vida que llevó hasta ahora. Este ovetense que acaba de ser nombrado hijo adoptivo de Gijón, este fundador de cadenas televisivas que presidirá el consultivo órgano del ente autonómico audiovisual de la comunidad vecina, disfruta las prestaciones sentimentales y vitales de tener un nieto y ha tenido que esperar a los 62 años para tener la primera crisis de edad.
–¿Zapatero está siendo un trankimazín para la política española?
–Mi teoría es que Zapatero es zen, que Z es Z y así lo está valorando la prensa internacional. The New York Times y Le Nouvel Observateur han hablando del zen de Zapatero. Zapatero es zen y minimalista. La derecha española es de lo más ideologizado y ha funcionado de forma maximalista. Minimalismo y zen son la misma cosa. Basta ver las tiendas de Armani, que se las decora un japonés. Hay una tercera teoría para explicar a Zapatero y es que Miguel Barroso, secretario de Estado de Comunicación, y los que están con él —el ala Oeste de la Moncloa— son consumidores totales de la teleserie El ala Oeste de la Casa Blanca. Copiaron toda la sit-com (comedia de situación) sobre la actividad del presidente demócrata Josiah Bartlett. Acabo de ver la cuarta temporada y es un plagio de Zapatero. Eso que hizo de presentarse en el centro de la Dirección General de Tráfico cuando los atascos de la nevada diciendo "tienen razón, la culpa es nuestra y esto no se va a repetir" es puro presidente Bartlett.
Ese lado zen que tranquiliza la Cueto se declara optimista con los menores de 30 años, "una generación global a la que la droga de diseño ‘ibarretxina’ no hace rasgarse las vestiduras" porque no practican el apocalipsis ‘made in Spain’ que tanto gusta a generaciones precedentes. La crispación y ese televisivo forman el "fenómeno Zapatero" que analiza la prensa internacional. Si funciona entre los jóvenes es porque los menores de 30 entienden el lenguaje del zen, el minimalista y el de la sit-com. Zapatero llega mejor a los menores de 30, que están sincronizados con el mundo. Nosotros venimos de discursos maximalistas. El maximalismo y los grandes diseños se estrellan más con la realidad. González y Aznar eran maximalistas, exigían que todo tuviera planteamiento, nudo y desenlace. Él, no. Parte de que no se pueden decir mentiras y que si hay que hacer algo, se hace y punto y luego se hace otra cosa.
–¿Nota usted tanto el cambio generacional?
–Lo peor es mi generación, la generación bloqueante de los baby boomers. El fenómeno es universal. Es la edad de Clinton, de Felipe González o de Juan Luis Cebrián. No estamos sincronizados, pero tampoco para retirar. Los menores de 30 están sincronizados y tienen Internet, el hip-hop y las sit-com. Salen del instituto o de la "facul" y se pasan el día discutiendo en el Messenger, un programa de charla electrónica, que en España tiene 6,5 millones de usuarios. ¿Cuántos concentran esa audiencia? Escuchan música con los cascos puestos y están on line. El silencio enorme en la habitación de los adolescentes se interpreta mal: ¿qué hacen ahí metidos todo el día, sin ruido y en algo que es gratis?
–¿Confía en ellos?
–Soy optimista para muy pocas cosas, pero sí para la nueva generación global y planetaria, para la que esa nueva droga de diseño, la ibarretxina, no les hace rasgarse las vestiduras porque no practican el apocalipsis made in Spain. Ellos están sincronizados gracias a la globalización —de la que podemos hablar bien, mal o mediopensionista —, pero que ha cambiado el curso y el ritmo. Ellos están sincronizados, on line, mientras que nosotros a su edad estábamos en una España en diferido.
–Usted fue un importador.
–No me pongas colorado. Yo soy un producto de provincia, que en el franquismo era muy dura. Yo quería estar sincronizado a algo que entonces era una suscripción a Cahiers de cinema o escuchar a los Beatles. La música pop fue un gran sincronizador. El pop fue el primer momento global y por eso Úrculo y yo éramos entonces tan amigos y hablábamos de Warhol y Lichtenstein cuando de lo que había que hablar era de Franco y de la dictadura. Mariano Antolín Rato también fue un divulgador de la beat-generation, y todo eso me gustaba, por eso me decían que lo mío era muy frívolo. Salí muy joven fuera, a la vendimia de Francia, cuando estaba en segundo de Derecho, luego a una excavación arqueológica, después a Argelia. En mi provincia había un doble aislamiento: de Madrid a Oviedo los estrenos de cine tardaban meses y el Informaciones o el Abc llegaban tarde. No sé qué habría pasado de haber sido yo un niño belga con todas sus ventajas de nacer en democracia y no tener que demostrar lo que es evidente, como la democracia o la libertad de expresión. Me salvó mi lado pop o avantpop del gusto por música, cine, cómic y otro tipo de expresiones y el interés por los medios, entonces la radio, con Fenestra universitaria. Hicimos un uso rebelde de Radio Asturias y lo asaltaron los falangistas. Cuando llegaron se encontraron con una cinta, porque era en diferido, y con Luciano García.
–¿Eso de la vejez, que tanto repite últimamente, es una nueva coquetería?
–No, es que yo no tuve crisis de los 40 ni de los 50, pero sí a los 60, y por estrés. Tuve un bajón total y me dije "déjate de cosas y dedícate a lo de tu edad". Tengo 62 años, los asumo y me quiero dedicar a entender a los jóvenes, pero no como menorero, sino porque intentar entender es un placer de la vejez. También quiero estar en Asturias por su calidad de vida.
–Usted preside el consejo de comunicación del ente público audiovisual del Principado de Asturias. ¿Para qué sirve una televisión autonómica?
–Una televisión vale para hacer televisión como un periódico vale para hacer periodismo. Servirá para hacer programas que no hacen las generalistas. Así es como funcionan todas las televisiones públicas del mundo y espero que ésta, al ser de nuevo cuño, sea innovadora. Me decía Pérez Ornia, el futuro director general del ente, que quiere que sea muy de directo y, al tiempo, que nos conecte globalmente
porque no hay inconveniente en innovar desde lo local o desde lo global.
–Las televisiones autonómicas tratan bastante la identidad.
–Se da por supuesto porque es una televisión de proximidad. Todas las televisiones en España son locales porque van dirigidas a un público de 40 millones de espectadores en 21 millones de hogares y siguen un modelo italianizante que ya no hay en Italia. En el mundo audiovisual España entra en la modernidad con Almodóvar, Amenábar o Isabel Coixet, pero en la televisión somos la más auténtica falta de creatividad y no exportamos nada, salvo una versión empeorada de Crónicas marcianas. La originalidad española es el monocultivo rosa, que no se da en ninguna televisión del mundo, y la telebasura en horario infantil.
–Hace años ya advertía usted que la única aportación española al periodismo mundial era ¡Hola!
–Sí, monocultivo rosa. Respecto a la TV basura no se explica por qué no quieren aceptar una autorregulación dos empresas italianas, Agostini y Berlusconi, Antena 3 y Tele 5, que ya firmaron un código igual en Italia en 2002. Están haciendo en España cosas que en Italia no se atreven a hacer. Yo en eso sigo al liberal Karl Popper cuando dijo que la televisión es un nuevo poder no previsto, que influye en todo y que debe regularse como hicieron el resto de los poderes. Una anomalía catódica española es que no hay consejo audiovisual de TV. Vale, se hacen las normas, pero ¿quién las aplica? El consejo francés es indiscutible y nadie se pregunta por la libertad de empresa. He hecho una propuesta provocadora de que mientras no exista el consejo audiovisual se delegue en el de Cataluña, que es modélico.
–¿Cuesta mucho una TV autonómica?
–No tiene por qué si es de mucho directo y producción propia. Depende del modelo. En España las televisiones locales surgen como champiñones y no se arruinó nadie. No han invertido nada y muchos creen que con salir en ellas, el público ya queda seducido, pero no es así: la gente distingue entre imágenes buenas y malas como distingue informaciones buenas y malas. Las teles locales tendrían que ser locales, pero todas tienen vocación imperialista. Deberían adaptarse al territorio y encontrar en él el gancho de las noticias y de la publicidad, compitiendo con los periódicos. En Estados Unidos son un éxito, aunque allí las ciudades son más grandes. Pero en la televisión no está nada inventado. No hay un modelo, aparte del de las generalistas, que no me gusta nada. La televisión es muy joven y todavía no ha explotado todas sus posibilidades. Con la digital terrestre cada vez serán más baratas. El éxito de la autonómica dependerá de muchas cosas. No se presta tanta atención a que va a haber una radio pública.
–¿Por qué es importante?
–Por las audiencias y porque se pueden contar otras cosas. Las radios locales están todas en cadena y esto sería una emisión sólo para una comunidad autónoma. El fenómeno de la radio en España es único: seis generalistas que cubren todo el territorio nacional y unas audiencias como no hay igual en Europa. No hay esa audiencia, ni esa competencia, ni ese dinero para la publicidad ni esa politización.
En España las estrellas de la radio son más que las de TV. Mira la campaña de la Constitución europea, con Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo. Los tipos que más imagen tienen no tienen imagen. La pobreza de nuestra televisión es tal que no crea mitos.

Y UNA GRAN FRASE

"Las creencias, en la medida en que suponen unas ilusiones optativas contrarias a la realida, son comparables a una feliz demencia alucinatoria"
Segismundo Freud, 1927

PARA COMENZAR EL AÑO

En estos primeros días de enero, nada mejor que un recuerdo al gran Buenaventura:
"Nosotros edificamos palacios y ciudades en España y América y en todo el mundo. Nosotros los trabajadores podemos incluso edificar nuevas ciudades que las reemplacen, e incluso serán mejores. No, no tenemos ningún miedo a las ruinas, vamos a heredar la tierra. La burguesía puede hacer volar y destruir su mundo antes de abandonar su etapa de la historia. Pero nosotros traemos un mundo nuevo en nuestros corazones"
Salud

HURRA¡¡

Albert Boadella rechaza la máxima distinción que otorga la Generalitat Agencias / BarcelonaEl director teatral Albert Boadella ha rechazado la Cruz de Sant Jordi, máxima distinción de la Generalitat. El director artístico de Els Joglars ha agradecido el gesto y ha entendido que con esta distinción el Gobierno tripartito “quería compensar agravios” anteriores, aunque “todos los catalanes se la merecían más que yo”.
Boadella ha considerado que la Cruz de Sant Jordi es “un galardón con inflación” por la cantidad de personas entre las que se ha repartido. Al respecto, ha recordado una frase de su montaje “La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla”, estrenado en 1997, en la que Josep Pla señala, recogiendo una Cruz de Sant Jordi del suelo, que “desde la implantación generalizada de los automóviles se puede encontrar cualquier porquería en estos lugares...”.

WIKIPEDIA

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