Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
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HISTORIA UNIVERSAL

Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado, Ferlosio, p. 36
Los golpes de la espada no son, en modo alguno, accidentes que ocurran durante los trabajos de construcción de una nación, sino la propia y normal actividad del instrumento idóneo para levantarla. Las heridas que se reciben y se infieren durante la batalla no son el precio que hay que pagar por la victoria, sino el medio de ganarla o de pederla. El derramamiento de sangre que ha inundado -y, a la vez, ha hecho- su historia no es el precio que ha habido que pagar por la creación de Francia, sino el impulso, el procedimiento y la argamasa con que ha sido creada. Quiero decir que aquí estamos ante una verdadera relación de causa a efecto y una verdadera relación de medio a fin entre la sangre derramada y la patria construida; aquí, pues, la relación de intercambio, la relación sacrificial, no sustituye sino que se superpone, dado que es bien patente hasta qué punto se habla de «sacrificios" con respecto a los sufrimientos por la patria. El artificioso giro de pasarse sin más de la invención, fabricación y prueba de artefactos pirotécnicos a la formación histórica de pueblos y naciones, manteniendo, no obstante, subrepticiamente unívocas respecto de ambos casos las expresiones prix de sang y sacrifice, lleva tal vez por único designio el de hacernos sentir más apropiadas y menos sospechosas las dichas expresiones, hasta dejarlas indistintamente homologadas en orden de razón tanto aplicadas al accidente técnico del Challenger como aplicadas a la historia de los pueblos y la creación de las naciones; pues la Historia es, por cierto, y sobre todo la Historia Universal, la que más generosa, contundente e indiscutiblemente abona, ratifica y legitima la concepción, universalmente atacada, de la necesidad del sacrificio

14 DE ABRIL

De Rojos y blancos de Pío Baroja, p.137
En el Heraldo de Aragón  hay un artículo que dice: “Los artífices de! 14 de abril que se han visto obligados a tomar el camino del destierro”
La verdad es que yo no recuerdo con exactitud qué es lo que ocurrió el 14 de abril. Supongo que es una fecha de la Revolución española; pero no sé cuál. Aquí, en París, no tengo libro que consultar.
A continuación, se inserta una lista estúpida, en la que se ven mezclados los nombres de unos escritores con los de unos políticos, a los que yo no conozco ni sé quiénes son: entre ellos figuran Rodríguez Pérez, Calviño, Gubiert, Mayol y algunos otros que deben ser políticos, y entre los escritores estoy yo, que, de primera intención, no recuerdo qué es lo que pasó el 14 de abril. Qué necedades. Yo no hablaría nunca de la política de Zaragoza, si no estuviera enterado de ella. ¡Qué estupidez!
Del 14 de abril no sé nada, ni sé qué pasó. De fechas históricas modernas, recuerdo el 93 en Francia, en parte por la novela de Víctor Hugo, el 14 de julio con la toma de la Bastilla, el 2 de mayo en Madrid con Oaoiz y Velarde, el año 23 con la intervención del duque de Angulema.

EL FIN DEL IMPERIO ROMANO

De Las tabillas de boj de Apronenia Avitia, p.19
En 396, nada. Es la división del imperio. Espurio Posidio Barca asistía a la Curia cuando el viudo Pammaquio hizo su célebre entrada y tornó asiento entre sus colegas, durante las sesiones del senado, vistiendo un sayal de monje. Sin duda el primero compartió el silencio, el estupor con que fue recibido el segundo. Apronenia Avitia, en la carta Quotiens tua sumo conloquia ... ,   escribe con vividez la muda conmoción, la estupefacción, el alelamiento al que se abandonan al principio los senadores reunidos, el rumor y poco a poco el desentumecimiento de esos cuerpos, la creciente marea de voces, la desesperación o la sincera angustia que se apodera de algunos ante el atuendo provocador y sombrío entre las togas de lino blanco con la banda púrpura que indica la dignidad senatorial. El senador P. Saufeyo Menor se levantó, rogó silencio y dijo, sin levantar la voz por mucho énfasis que pusiera en sus palabras, que esas ropas, entre los muros de la Curia, eran peores que un huno en la frontera.

LECCION DE HISTORIA

De Una vida absolutamente maravillosa, de E .Vila-Matas, p.65
En una reciente encuesta con setenta niños napolitanos, procedentes de todos los colegios de la ciudad, se preguntaba a los niños entre otras cosas cuál era su personaje histórico preferido. Uno de los niños, dotado sin duda de un genio innato y de un claro futuro como «maldito»,    contestó así a esta pregunta: «El personaje que más me gusta es Calígula, porque estaba loco. Calígula me cae muy simpático, porque estaba como una chota. Nombró senador a su caballo,  se comió a su hijo para imitar a Saturno, y quería ser adorado como a un dios ... Pero también me cae muy simpática y me gusta mucho la cabeza de Juan Bautista. Me encanta. Además, gritaba en el desierto, donde nadie podía oírlo. No estaba tan loco como Calígula, pero casi ... Aunque ahora que lo pienso bien me gusta mucho otro personaje. Se llama Benito, esta figura que sale en todos los pesebres napolitanos. Me cae muy bien este Benito, porque duerme siempre y no le importa nada de lo que sucede a su alrededor. Creo que es el personaje más feliz de todos los personajes históricos».

RECUERDOS DEL IMPERIO ANTIGUO TARDIO

De La tablillas de boj de Apronenia Avitia, de Pascal Quignard, p. 68
 «¿Conoces a Quinto Alcimio?», preguntó ella, mirándome a los ojos. Yo me turbé. «¡Se la chupé durante tres cosechas y tú me ofreces vino de Baia!», gritó. «¡Di que me traigan Massica!» Ordené que le trajeran lo que pedía. Ella soltó un rosario de nombres de gente ya muerta. La cogí del brazo y le pedí que caminásemos un poco por el parque. Accedió. Había amado a Quinto en los años en que Flavio Afranio Siagrio era prefecto de la Ciudad y compañero de Antonio. Exhalaba un fuerte hedor. Se rascó el vientre, abrió las piernas y orinó ruidosamente. Estaba un poco embriagada. Nos acercamos al estanque. Los patos se deslizaban en silencio por las manchas de luz del alba. Ella se sentó en el banco de piedra, golpeándose con vigor los anchos muslos.
-Me llamo Lalage Asdiga -dijo-. El mar devora las costas y forma bahías. Tengo la boca y el trasero de una trucha. He sido hermosa. El tiempo es un dios de agua, de acantilados que se desmoronan, de arena. Todo nos surca, todo nos derrumba en la muerte. Hace mucho tiempo que las frutas dispuestas en la cesta perdieron su frescor y fui repudiada. Amaba a Quinto y a veces, en mis sueños, aún siento deseo por él.

Su voz era dulce, y su acento tenía una asombrosa pureza. Se levantó y me cogió del brazo. Regresamos al palacio. «¡He depilado el culo de tus amantes y me das olivas!», gritó cuando llegamos a donde las criadas podían oírnos. Ordené que le preparasen una cesta de carnes elegidas con cuidado y dulces almibarados. 

INCIPIT 308. PERICLES EL ATENIENSE / REX WARNER


PRÓLOGO
EL FILOS0FO ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE ESCRIBE A ALGUNOS MIEMBROS DEL CONSEJO DE LA CIUDAD DE LAMPSACO
Mucho me honráis, amigos míos, al pedirme que escriba, para enseñanza de las edades futuras, una relación de los pensamientos y acciones de Pericles, el Ateniense, de cuya muerte acabamos de enterarnos. Y tengo por lo menos dos razones para que me deleite la tarea que me pedís. En primer lugar, Pericles era mi discípulo y mi amigo; me salvó la vida. De no haber sido por él, nunca hubiera llegado a esta agradable ciudad de Lampsaco. Por ello, se justifica que desee conmemorar y, en la medida de mis fuerzas, hacer inmortal a un hombre a quien debo mucho y que me inspira gran consideración. Pero tengo otros motivos, ya no de  naturaleza personal, que me impelen a escribir acerca de este gran hombre. Pues creo que ha de admitirse que ha sido el más emprendedor, el más resuelto y el más inteligente de todos los griegos de nuestra época. Dejando por completo a un lado el encanto de su naturaleza y la brillantez de sus realizaciones, constituye un personaje de importancia filosófica. Los méritos que le atribuyo son, lo admito, grandes. Sin duda ninguna, cabe decir que Pericles era inferior a TemÍstocles o a Cimón como general, a Esquilo o a Sófocles como poeta, a mí mismo o a Parménides como filósofo. ¿Y entonces? Aspectos como los enumerados no impiden que sea superior a todos nosotros. Como señalé de forma muy cuidadosa en mi obra filosófica, en todo existen elementos de todo, si bien una característica, cuando está bien acentuada,  determinará la apariencia del conjunto.  

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