Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

AFRODITA


Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p. 120

A veces, leyendo las siempre fascinantes pero siempre confusas sagas de los dioses griegos y romanos, me parece que lo que estaban haciendo escritores como Hesíodo o, más tarde, Ovidio, era ofrecer una especie de diccionario. Un diccionario en el sentido de un lugar donde los conceptos y las palabras se definen unas en relación con otras, solo que en este diccionario, esas relaciones son matrimonios, traiciones, incestos, amasiatos, amantazgos. Siempre es más fácil recordar la historia de una tremenda traición o un gran amor que una mera relación léxica entre palabras.

Afrodita, diosa de la Belleza, tiene una de las historias mejor conocidas, y es una de mis entradas favoritas del de los dioses en la Teogonía. Su historia está llena de gore, pero también de una dulzura extraña. La Tierra está furiosa con el Cielo, su amante, porque decidió encerrar a algunos de sus hijos —los más anómalos, los cíclopes y los centinamos-  en las profundidades oscuras de algún calabozo cósmico en vez de dejarlos vivir libre y plenamente. Así que reúne a los demás hijos, los titanes, y les pide que castiguen a su padre, les pide que Io castren. Ninguno se anima a hacerlo salvo Cronos, dios del Tiempo, que alegremente acepta el encargo  de matar a su padre. Así que un día, cuando el Cielo desciende sobre la Tierra para satisfacer sus deseos. Cronos lo atrapa y con un serrucho gigante le corta los testículos. Los avienta al Océano. Los testículos del Cielo flotan sobre el agua del Océano durante días, meses, tal vez siglos, hasta que un día, de la espuma blanca que emerge de ellos, nace Afrodita.

En una versión de la historia, la más literal. Afrodita es simplemente hija de la Tierra y el Cielo gracias a las acciones de su hermano Tiempo. Pero en otro sentido, más hondo. el diccionario de Hesíodo define la belleza como la unión del Cielo y la Tierra por medio del tiempo. O tal vez, como la unión del aire y el agua con la intervención del tiempo. O incluso la mezcla de dos elementos opuestos, uno palpable y otro inefable, a través del paso del tiempo. Y la clave radica,  por supuesto, en el tiempo. La belleza no surge Ipso facto, como nacen otras deidades de la frente o las piernas de Zeus. La belleza nace solo con el tiempo, a su tiempo, después de un tiempo. y no sin dolor y tiempo de espera.

 

 


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