Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

Peter's Café Sport.


Proyecto Nocilla, Fernández Mallo, p. 403

Un artículo de un escritor llamado Enrique Vila-Matas, un breve artículo que había leído hacía muchos años en un periódico, en el que este escritor hablaba de un bar de un puerto de las Azores, y lo asocié inmediatamente a ese en el que ahora ella y yo estábamos, un bar quizá también de madera, no sé, un bar en el que aquel escritor contaba que los marineros que cruzaban el Atlántico se dejaban mensajes en un tablón de corcho de la entrada o esculpidos con una navaja en la pared cuando el corcho estaba ya repleto y cuyos destinatarios no eran los lugareños sino otros marineros que, sabían, pasarían por aquel bar de las Azores tarde o temprano, en ocasiones incluso años después de haberse escrito el mensaje, como si el verdadero destinatario de todas esas palabras no fueran las personas sino, cartero inmóvil, el propio océano Atlántico, que en tiempo real las emite, recibe y custodia, eso había pensado yo cuando leí aquel artículo en aquel periódico escrito por un hombre llamado Enrique Vila-Matas, una historia y un bar de las Azores que, casualmente, hacía poco tiempo había vuelto recordar a raíz de que un amigo que estaba llevando a sueldo un velero del Caribe a Mallorca nos había llamado al llegar a las Azores para anunciarnos que ya estaba allí, Que la travesía había salido bien «hasta el momento», recalcó; era la primera vez que este amigo hacía esa ruta; es más, era la primera vez que salía mucho más allá de la bahía de Palma de Mallorca, Recuerdo que la comunicación telefónica aquel día era pésima. Yo le pregunté por el bar, el bar aquel del que tenía referencia por un artículo de un escritor llamado Enrique Vila-Matas y en el cual se decía que la gente se mandaba mensajes en un corcho que tardaban un año en llegar, y me dijo que el bar había desaparecido producto de un golpe de mar. Nos quedamos unos segundos en silencio, colgados de los auriculares, no entendiendo muy bien por qué se hizo aquel silencio antes de seguir hablando de los pequeños detalles de su aventura náutica.

 


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