Una conciencia nueva, Silvia Bardelás, p. 83
La educación sentimental ya
representaba la nueva vida como una máquina de producción. Una materia,
Frédéric Moreau, entra en un tubo y después de seguir una larga cadena de
transformaciones, sale convertido en otra cosa, en un producto. Una vez ha
entrado esa materia prima en la máquina, ya no puede salir. Por eso Flaubert
comienza con el bachiller recién graduado, listo para entrar en la máquina. Al
principio, toma una decisión, en lugar de seguir una formación académica para
acabar teniendo una vida tediosa, decide dejarse llevar por sus sentimientos.
Puede llegar a ser un pintor o incluso sueña con la gloria de un escritor. El
sentimiento que le produce la posibilidad de conseguir esa vida le satisface
suficientemente como para no pintar ni escribir nunca. El sentimiento pasional
hacia la mujer imposible de alcanzar le permite mantener cierta dignidad, como
si fuera fiel a un ideal hasta el punto de rechazarla al final para no
degradarse. El sentimiento de nostalgia de una revolución no vivida o el
sentimiento de rechazo hacia gente que considera inferior le permiten mantenerse
al margen de los acontecimientos políticos. Las sensaciones en el campo al lado
de su amante le hacen pensar que su vida está bien. El sentimiento por delante,
pensado y atribuido a las cosas, sin que surja de la relación Con ellas, la
proyección del yo en todo lo exterior, la imposibilidad de ver al otro como
otro, el asco al ver a otros Como son, el rechazo a la vejez, la enfermedad, la
fealdad, la pobreza.

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