M El fin y el principio, Antonio Scurati, p. 147
Cada una de las diversas fuerzas
policiales, más o menos autónomas, más o menos ilegales, tiene su propio sótano
enlodado de sangre y sus propias escuadras de sádicos. Se tortura en via
Rovello y en la sede de la Muti en el cuartel Salines (inyecciones,
apaleamientos, palizas), pero también se tortura en las lujosas habitaciones
del Hotel Regina o en la «ratèra» de San Vittore, donde la Gestapo se ensaña (fracturas
de miembros, descargas eléctricas, enemas envenenados). Asimismo torturan
rutinariamente los especialistas de la oficina de investigación política de la
Guardia Nacional Republicana en via Copernico 32, donde el tristemente famoso
director de la sección supervisa personalmente las torturas (alfileres bajo las
uñas, latigazos, quemaduras en los pezones), e incluso en las oficinas de la
inspección especial de la policía antipartisana del cuerpo de policía
republicana, en la jefatura de via Fatebenefratelli. Bajo todo tipo de uniforme
se cela la sádica ferocidad de los torturadores. En via Pace 10 se halla un
cuartel independiente de la aviación, donde los hombres del IX Batallón
Antiparacaidista de los Osados, el llamado Batallón Azul, emplean sistemáticamente
la tortura en los interrogatorios de los Combatientes de la resistencia, e
incluso los «heroicos» infantes de marina de la X Flotilla MAS desgarran los
cuerpos de sus enemigos en las salas más oscuras del cuartel de piazzale Fiume
cuando consideran que han de arrancarles una confesión.
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