Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

EL ANGEL HERIDO

 

                UNA MIRADA INGENUA


Una conciencia nueva, Silvia Bardelás, p. 89

En el cuadro El ángel herido de Hugo Simberg, dos adolescentes vestidos de luto llevan a un ángel herido blanco, con los ojos vendados y un ala manchada de sangre. La interpretación es libre. yo veo la inocencia herida. El adolescente la lleva en retirada. Uno de los niños nos mira fijamente. Somos culpables de esa herida. El cuadro no provoca tristeza, sino una emoción más profunda. Nos recuerda esos momentos en los que algo ya no tiene marcha atrás. La retirada en un campo de batalla es una rendición. Esta retirada ocurre en el campo, la naturaleza acompaña al Ángel y los niños. Han dejado atrás un mundo inhumano. un lugar de humanos quebrados que miran de otra forma. El ángel está ciego, tiene sangre en un ala y no puede volar. Tiene los ojos vendados y no puede ver. Le han robado la mirada. La mirada de un ángel, en ese imaginario que creamos para no olvidar quiénes somos, es ingenua, inocente. Eso significa que puede verlo todo. El problema de la mirada humana es que está condicionada por la razón, condicionada, dirigida. enfocada, perdiendo una visión lateral donde probablemente esté algo vital, desde luego, la intimidad de las cosas que no se deja atrapar. En nuestra inteligencia más primordial, lo que Jung llamaría «inconsciente sabemos que esa mirada ingenua, que brota de nuestra propia ingenuidad, de nuestro ser genuino, de nuestra dad, existe. Por eso podemos representarla con un cuadro. invocarla en un texto como el Fausto de Goethe, cantarla con Lieder de Schubert o en los miles de canciones pop que terminan en grandes éxitos

 


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