Arca, Ricardo Menéndez Salmón, p.306
-Hay nombres tan evocadores –anuncia- que tenemos la sensación de que solo podrían existir dentro de una novela. Por ejemplo, el de Anteo Zamboni. Paladee el nombre. Las reminiscencias mitológicas de Anteo. La musicalidad soberbia de Zamboni. Sucede sin embargo, que la vida es más sugestiva que cualquier novela. Más caprichosa y cruel. El 31 de octubre de 1926. en Bolonia. a ciento setenta quilómetros de este estudio, Anteo Zamboni disparó contra Benito Mussolini. Anteo era un jovencísimo anarquista de quince años. Las cosas sucedían de forma veloz en aquel tiempo. Uno se hacía hombre pronto. También envejecía deprisa. Claro que a Anteo no le dio tiempo a envejecer. Una turba de squadristi lo linchó tras el atentado. El periodista e historiador Marco Cesarini Sforza aporta detalles al respecto: innumerables patadas, huellas de estrangulamiento, un disparo de revólver, catorce puñaladas. Yo he visto, al menos, tres fotografias del cadáver de Zamboni. Le puedo asegurar que son pavorosas. ¿Me sigue?

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